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viernes, 16 de abril de 2021

Breve psicología de masas del triunfo electoral del banquero Lasso en la hacienda Ecuador

El banquero ladrón del feriado bancario de 1999 y apoyador de la brutal represión estatal de la revuelta de octubre de 2019, Guillermo Lasso, fue elegido democráticamente como nuevo presidente de esta hacienda capitalista llamada Ecuador, el pasado domingo 11 de abril del 2021. Si bien el porcentaje del ausentismo electoral y del voto nulo fueron "récord"[*] y el porcentaje de Arauz fue considerable, las masas votaron mayoritariamente por Lasso el banquero, el burgués, el explotador, el enemigo de clase, más por trauma y odio al correísmo (gobierno explotador, corrupto y represor, igual que todo gobierno) que por el programa político del candidato de la derecha empresarial tradicional. Las masas de este país, pues, sufren -¿o gozan?- de amnesia histórica (tanto del feriado bancario de 1999 como de la revuelta de octubre de 2019); quieren trabajar y trabajar para consumir hasta morir (aunque hacer esto ahora sea objetivamente más difícil, dado el alto índice de desempleo y subempleo existente); odian a su antiguo amo, patrón y padre autoritario (Correa, el "socialista del siglo XXI" igual de ladrón, mentiroso y represor que cualquier otro capitalista en el poder), pero en cambio quieren un nuevo amo, patrón y padre autoritario (Lasso, el banquero ladrón, socio de la mafia socialcristiana, neoliberal y proimperialista); y también quieren ser como él o al menos parecérsele, porque es "trabajador, emprendedor y exitoso" y porque busca "la paz social y el progreso". En fin, dado que "el Estado es el resumen oficial de la sociedad" (Marx, carta a Pavel Annenkov) y no un ente separado de ella, psicosocialmente hablando el triunfo de Lasso en estas tierras representa el lado esquizofrénico y masoquista del deseo gregario en un contexto predominantemente contrarrevolucionario y, más concretamente, de crisis, pandemia y contra-revuelta. (Este tipo de contexto es, de hecho, la base material que explica el porqué de este tipo de psicología de masas.) O también, representa los azotes de la dictadura burguesa llamada democracia resonando sobre las espaldas de la clase trabajadora derrotada y ciudadanizada, domesticada, con patriótico y religioso autoflagelo incluido, tal como en una procesión de semana santa. Por cierto, en las masas está incluida -aunque lo niegue- la mal llamada "clase media", que en realidad es clase trabajadora con título profesional, con empleo pero que vive a punta de crédito y deudas, imbuida de arribismo, conservadurismo, esquizofrenia tapiñada y siglos de colonialidad. Así de enferma se encuentra la sociedad capitalista en esta parcela del planeta: la democracia en la cual las masas este domingo acaban de elegir como su presidente a un banquero que ya les robó y les dejó en la calle años atrás, es la misma democracia en la cual hace apenas más de un mes se dio la masacre dentro de las cárceles (lumpenproletarios matándose entre sí por orden de sus lumpenburgueses) y sus videos gore circulando en redes sociales junto con comentarios fascistas por parte de ciudadanos de bien (quienes de seguro también votaron por Lasso).

 ¿Será que las masas reaccionan con una nueva revuelta cuando el banquero las haga más mierda otra vez, a punta de privatizaciones, flexibilizaciones, paquetazos y hasta con nuevo feriado bancario y nueva oleada migratoria al extranjero? ¿A punta de terror de Estado cuando estallen nuevas protestas en las calles? (¿O será que desearán incluso algo peor, como una dictadura militar, tal como hace dos años lo desearon las masas en Brasil, por lo cual -entre otras razones- ganó democráticamente Bolsonaro? Cuidado con el lado perverso del deseo gregario...) Medidas antiproletarias todas éstas que no dependen de la ideología y la política económica de tal o cual gobierno en particular, sino que es lo que la actual crisis capitalista internacional le exige hacer a todo gobierno en general (si hubiese ganado Arauz, tarde o temprano tendría que hacer lo mismo, como lo hizo Correa). Pero la respuesta proletaria contra tales medidas también existe, como lo demostraron las revueltas del 2019. Y el FMI prevé una nueva oleada internacional de estallidos sociales para el 2022. Entonces ¿Octubre volverá, y recargado? Hasta que eso pase -si es que pasa-, a las masas nos toca seguir sobreviviendo en cada vez peores condiciones, tanto material como psíquicamente hablando. (Esto es más realista que una "ofensiva popular contra el neoliberalismo", como salieron a decir algunas organizaciones de izquierda no electoral el mismo domingo.) Pero aun así, este domingo las masas votaron por el banquero Lasso, como diciendo "te odio Correa y me vengo de tí simbólicamente votando por Lasso" y, al mismo tiempo, "pegue no más, patroncito", mejor dicho, "robe no más, banquerito" (los bancos nos roban todos los días en cada transacción), siga no más robando y gobernando (Lasso ha sido parte del gobierno de Mahuad y de Moreno), como si les “valiera verga” la vida o como si quisieran morirse de una vez (de coronavirus, de depresión o de hambre, pero morirse) o en, su defecto, creyendo que un banquero puede ser “Papá Noel” o “Jesucristo, Nuestro Salvador”… Asesinato simbólico del padre, síndrome de abandono, complejo de Electra, síndrome de Estocolmo, esquizofrenia, masoquismo, pulsión de muerte, deseo enajenado, idealización y paternalismo/clientelismo en un solo acto masivo, mejor dicho, de rebaño... Siga no más robando y pegando estos cuatro años siguientes, “taita amo patrón” Lasso, hasta que, como cuando se vira la tortilla, después de que el presidente banquero haya robado millones y millones de dólares a costa del trabajo ajeno y el sufrimiento de millones y millones de trabajadores y sus familias -creer que no lo va a hacer es como pedirle a la araña que no se coma a las moscas-, la misma gente ya no lo soporte en su bolsillo, su barriga, su garganta y su cabeza. Porque algún rato la explotación y la opresión es algo que se siente en el cuerpo (social) y éste reacciona. La historia reciente -feriado bancario de 1999 y revuelta proletaria del 2000- nos dice que ese es un escenario posible, por aquello de que "la historia se repite dos veces: una como tragedia y otra como farsa" (Marx, El 18 Brumario de Luis Bonaparte), o viceversa. Al parecer, "la pedagogía de la praxis" de las masas también incluye aquello de que "la letra con sangre entra", y en varios "rounds" o ciclos históricos. Así como también incluye la necesaria autocrítica despiadada, como el presente texto.

 No idealicemos, romanticemos, infantilicemos ni victimicemos al proletariado o al "pueblo". Las masas también se equivocan y aprenden de los errores, en carne propia y con cabeza propia, así sea después de muchos años o varias generaciones. Se equivocaron al sentarse a negociar en la revuelta de octubre de 2019 y se equivocaron al participar en elecciones presidenciales este año. Y esto es algo que hay que asumirlo y "trabajarlo", criticarlo y superarlo, asimismo en carne propia y con cabeza propia. Negarlo sólo reproduce y prolonga el problema de fondo: la capacidad de autoemancipación de las masas proletarias -que no en vano son la aplastante mayoría de la sociedad- boicoteada por su propia capacidad de autoenajenación y auto-opresión, en determinadas condiciones materiales históricas y sociales. Problema cuyas condiciones son detentadas y ejercidas por la burguesía en tanto clase dominante, porque debajo de sí tiene una clase dominada que le permite ser tal. Como en toda relación de poder, si hay un dominante es porque hay un dominado. Si hay un explotador es porque hay un explotado. Por eso mismo, donde hay dominación hay resistencia, donde hay explotación hay conflicto, donde hay miseria hay rebelión. Los dos polos de esta conflictiva relación de clase se implican, se reproducen y dependen mutuamente. Capital y Trabajo, y sus personificaciones sociales: burguesía y proletariado, conforman una unidad o totalidad social concreta, histórica y cotidiana, como en la relación amo-esclavo. (Relación que, políticamente y sobre todo en coyunturas electorales, se traduce en una bidireccional e insana relación paternalista/clientelar. Ejemplo concreto: el banquero Lasso ofreciendo trabajo y regalando alimentos en barrios populares y comunidades indígenas, a cambio de votos. Así como también hubo, por el contrario, unos pocos barrios y comunidades que lo rechazaron incluso a piedrazos.) Por lo tanto, no se puede abolir el uno sin abolir el otro y, más concretamente, no se trata de "liberar al Trabajo" sino de liberarse del Trabajo para liberarse del Capital y del Estado. Por lo tanto, la revolución social no consiste en "la toma del poder" ni en "la autogestión" de la sociedad capitalista por parte del proletariado o la clase trabajadora, sino, por el contrario, en la autoabolición del proletariado, entendido como la contradicción viviente que sostiene y motoriza a toda esta sociedad burguesa. Porque la lucha de clases es el motor dialéctico del desarrollo, la crisis, la reestructuración y también de la posible destrucción/superación revolucionaria del capitalismo. Y, sobre todo, porque abolido el esclavo -el proletariado-, abolido el amo -la burguesía-; es decir, porque así quedaría abolida la relación de clase y, sobre esta base pero de manera inseparable, quedaría abolida también toda otra forma de opresión y explotación actual (de sexo, género, "raza", nacionalidad, edad, especie, etc.). Lo cual implica y exige necesariamente -junto con la abolición de la propiedad privada sobre los medios de producción y distribución, de la producción mercantil y del Estado- la autocrítica y autotransformación integral de la humanidad proletarizada en el sinuoso y tortuoso camino de la lucha por sus necesidades materiales y vitales contra las necesidades fetichistas y psicópatas de explotación y acumulación por parte del Capital y su Estado; esto es, la autocrítica y la autotransformacion del -heterogéneo y dividido- proletariado al calor de la misma lucha de clases y la revolución social. Sin lo cual, no es posible su autoemancipación y su autoabolición, es decir no es posible la revolución. Este tipo de autocrítica es, de hecho, parte de no idealizar y no victimizar al proletariado, sino de recordarnos que somos responsables y capaces de nuestra propia emancipación, así esto nos "cueste" generaciones.

 Entonces, que el catastrófico desarrollo del capitalismo y la lucha de clases real hagan lo que tengan que hacer, para ver si así las masas proletarias dejan de pelear por los intereses de sus patrones y amos de derecha y de izquierda por igual, dejando a la par de creer en salvadores y representantes de todo tipo; y empiezan de nuevo a confiar sólo en sus propias fuerzas para producir y controlar sus propias vidas, sin necesidad de Estado ni de mercado, de jefes ni de intermediarios económicos ni políticos, mediante su autoorganización asamblearia y territorial que se haga cargo de, y transforme en la marcha, todos los asuntos de la vida cotidiana de las masas. Las revueltas, insurrecciones y comunas proletarias de hace dos años en todas partes demostraron que esto sí es posible. Reiteramos: sólo el mismo desarrollo catastrófico del capitalismo y la lucha de clases real pueden producir tales condiciones y situaciones. Porque, histórica y estructuralmente hablando, el capitalismo contiene contradicciones mortales y produce su propio sepulturero. Y porque el comunismo no es una ideología ni una utopía, mucho menos ese capitalismo de Estado que fue la URSS y China, sino "el movimiento real que anula y supera el estado de cosas actual" (Marx, La Ideología Alemana), el movimiento práctico que tensiona y subvierte las condiciones existentes. La "conciencia de clase", actuando como fuerza material social, es consecuencia y no causa de ello, contrario a lo que piensan, dicen y hacen las variopintas vanguardias iluminadas y "concientizadoras" de izquierdas, que en realidad también luchan por ser los nuevos representantes, organizadores y jefes de sus "liberados". Por su parte y por el contrario, la autodeterminación y la autorregulación colectiva e individual son características de un organismo social sano -entendiendo por sano lo desalienado o lo libre de alienación-: la comunidad material de los individuos libremente asociados o el comunismo en anarquía; más aún si proviene espontánea, caótica, contradictoria e impuramente del antagonismo, la ruptura y la autoliberación de un organismo social vivo pero putrefacto como lo es este sistema de enajenación, explotación, dominación y muerte. La nueva sociedad sin clases ni Estados sólo puede ser el resultado de este movimiento social de carácter contradictorio e impuro, histórico e internacional, impersonal y anónimo. Decimos impersonal y anónimo, ya que el movimiento revolucionario del proletariado es el movimiento de los nadies y los sin nada que perder que lo queremos todo para disfrutarlo en común porque, a fin de cuentas, "todo es de todos": sí, el proletariado ha producido todo lo que existe y, por tanto, todo debería pertenecerle y ser para su disfrute... Sin duda, todavía estamos lejos de la revolución social que acabe con el capitalismo y la sociedad de clases. Pero, al mismo tiempo y dialécticamente, sólo la lucha de clases real y su devenir es el camino para ello y quien tiene la última palabra. Sí, el proceso y el devenir de la lucha de clases real es lo esencial y lo determinante en la historia. Hasta entonces, a las masas nos toca seguir luchando por la sobrevivencia diaria en cada vez peores condiciones. Lo cual, desde luego, es y será una bomba psicosocial de tiempo cuyo desenlace es incierto.

Nota bene: La única manera de realmente comprender y transformar la realidad es aceptarla tal cual es y no como creemos ni como quisiéramos que fuera. El principio de realidad o de inmanencia es revolucionario, por más que sorprenda, perturbe, escandalice, incomode, moleste, choque y/o duela. (Dos ejemplos: el lado perverso y la fuerza material del deseo gregario, así como también la capacidad de autoemancipación integral de las masas y los individuos.) En este último caso, es un dolor que libera del autoengaño. La psicología de masas, iniciada por el psicoanalista anarquista Otto Gross y el freudomarxista Wilhelm Reich, forma parte de este horizonte-camino revolucionario y, por lo mismo, marginal y a contracorriente, más aún en estos tiempos y en estas tierras. Lo cual, sin embargo, no impide que unos proletarios lo reivindiquemos, lo sostengamos y lo comuniquemos al resto de proletarios -de esta y de nuevas generaciones- para su reflexión, discusión y acción autoemancipatoria. 


Locura Proletaria
Quito, abril de 2021
 

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[*]  Sobre el porcentaje "récord" del voto nulo y del ausentismo en las recientes elecciones presidenciales de la hacienda Ecuador, huelga decir que, si bien es un síntoma de malestar frente a la farsa electoral e incluso frente al orden establecido, no es garantía de que ese malestar se esté (auto)politizando en una dirección revolucionaria, es decir en una dirección comunista y anárquica de masas. Ni siquiera en la revuelta de octubre de 2019 fue así. Peor ahora. Para nada. Las masas siguen luchando a diario por su sobrevivencia material y psíquica en cada vez peores condiciones; pero, al mismo tiempo, siguen creyendo en representantes y salvadores de todo tipo, es decir siguen engordando a su autoenajenación y su auto-opresión en beneficio de la clase dominante. 
Algunos conocidos de izquierdas dicen, con ingenuidad y optimismo, que es decidor, positivo y esperanzador que "un tercio de la población" de esta hacienda capitalista no haya votado por Lasso ni por Arauz... pero igual votó. Incluso dicen que esto es un "rechazo de las elecciones burguesas" y que "el voto nulo se está organizando en los sectores populares". Falso. El voto, aunque sea nulo, sigue siendo voto, el acto democrático y ciudadano por excelencia. El voto nulo no rompe ni desborda las reglas de juego de la dictadura de la burguesía y su Estado llamada democracia; al contrario, las reproduce, en este caso, "desde abajo y a la izquierda". Con y sin voto nulo, con y sin elecciones, el Estado democrático burgués sigue siendo el monopolio de la decisión y la dictadura de los ricos sobre los pobres. 
La realidad aquí y ahora es que, en un contexto de crisis, pandemia y contra-revuelta, el proletariado está derrotado, ciudadanizado, domesticado y sigue brillando por su ausencia en tanto sujeto autónomo, antagonista y revolucionario, por más que haya organizaciones-vanguardias de izquierda que "se saquen la madre" haciendo "trabajo de base" y de "concientización", para llegar a ser sus nuevos "libertadores" y opresores de izquierda, imitando ese capitalismo de Estado del siglo XX mal llamado "comunismo". Porque no se trata de cambiar de amo, sino de dejar de tenerlo, recuperando el control sobre nuestras vidas y las condiciones que las hacen posibles. La emancipación de los trabajadores -mediante la autoorganización, la acción directa, la solidaridad, la insurrección y la comunización- será obra de los propios trabajadores o no será obra de nadie. 
Por lo tanto, no hay que hacerse falsas expectativas con ese "tercio de la población" que democrática y ciudadanamente votó nulo y que no votó, ni mucho menos con los otros dos tercios de la población que democrática y ciudadanamente votaron por el correísta Arauz y por el banquero Lasso -ahora presidente-, por más que choque y duela admitir esta cruda y adversa realidad. Las masas están luchando a diario por la sobrevivencia alienada, no por la revuelta ni menos por la revolución (no en vano Lasso representa al "empleador" que "nos va a dar trabajo"). La revolución está en otra parte y todavía está lejos, por más que hoy sea más necesaria que nunca. Desgarradora contradicción de este período histórico.
Sin embargo, el mismo desarrollo catastrófico del capitalismo y la lucha de clases real harán lo suyo para que ya no lo esté o, al menos, no tanto. En la historia se ha visto situaciones en que los látigos de la contrarrevolución hacen andar a los caballos de la revolución. Una dictadura democrática empresarial como la de Lasso sin duda será contrarrevolucionaria a tope. Y el FMI prevé una nueva oleada internacional de estallidos sociales para el 2022. Pero sólo la lucha de clases tiene la última palabra y, más concretamente, lo que la clase proletaria haga o no por su propia emancipación en tales situaciones. 

domingo, 20 de mayo de 2018

Autoliberación Consciente - Nueva página


«Nadie puede empezar a pensar, a sentir, a actuar, a menos que lo haga partiendo del punto inicial de su propia alienación. Todos somos asesinos y prostitutas, sin importar a qué cultura, sociedad, clase o nación pertenezcamos, ni lo normal, moral o maduro que uno pueda considerarse. La humanidad está apartada de sus auténticas posibilidades. Esta visión básica nos impide tomar una idea inequívoca sobre la cordura del sentido común o sobre la locura del llamado demente. Nuestra alienación alcanza incluso nuestras raíces. El darnos cuenta de esto representa el trampolín esencial para una meditación seria sobre cualquier aspecto de la actual vida interhumana. Somos criaturas confundidas y enloquecidas, extraños a nuestra verdadera identidad, a los demás, al mundo material y espiritual; incluso dementes, desde un punto de vista ideal que podemos vislumbrar pero no adoptar. Hemos nacido en un mundo donde nos aguarda la alienación. Somos hombres en potencia en un estado alienado, que no es el sistema natural. La alienación, como nuestro destino presente, se obtiene sólo mediante una injuriosa violencia perpetrada por los seres humanos contra los seres humanos» (R. D. Laing, Política de la experiencia)

Este archivo contiene libros, artículos y videos que dan cuenta de algunos enfoques psicológicos (y contra-psicológicos) cuya base común es procurar la autoliberación consciente de los seres humanos, a partir de la confianza en su capacidad innata para vencer por sí mismos los obstáculos que encuentran en su proceso de crecimiento. Se trata de concepciones que critican las ideas psicológicas convencionales, denunciando su reduccionismo cientificista, su limitación individualista y su acomodamiento al sistema de dominación social. A partir de esta crítica podemos vislumbrar dos líneas de ruptura: por un lado tenemos que mientras más se profundiza en dirección contraria a la concepción reduccionista y atomizante del sujeto, más difusos se hacen los límites entre psicoterapia, espiritualidad, crítica social y praxis política emancipatoria; mientras que por otro lado, ese mismo cuestionamiento permite captar con mayor claridad el hecho señalado por Ian Parker de que «la psicología, como una fuerza de control social, nunca ha sido monolítica. Por el contrario, existe una historia de desacuerdos y divisiones en la propia disciplina y recuerdos de revueltas revolucionarias que dieron lugar a nuevas ideas. También existen contradicciones, líneas de fuga y espacios para la emancipación a favor y en contra de la psicología, en la misma conciencia alienada que tenemos del mundo y de quienes somos».

En una veta quizás menos alentadora pero ineludible, las palabras de R. D. Laing que dan la bienvenida a este archivo expresan bien el hecho de que para autoliberarnos de forma integral, debemos primero hacernos conscientes de lo que nos impide liberarnos, de la distancia que aún nos separa de nuestro potencial como seres humanos maduros. Aquí aparece inevitablemente el problema de la tensión dialéctica que liga la existencia individual y la colectiva, en una relación que no termina de definirse del todo y cuyo orden de prioridad sigue revelándose tenazmente como centro del conflicto. Hace algunas décadas Gary Snyder nos advirtió sobre lo ridículo de querer transformarse uno mismo sin transformar la sociedad, comparando ese empeño al de intentar enfriar la sopa revolviéndola sin apagar el fuego debajo de la olla. Hoy, cuando la inconformidad social es más o menos políticamente correcta y el statu quo permite un tipo de oposición impotente basada en la autoimagen tranquilizadora del "inconformista" y del "despierto", la advertencia en sentido contrario también es válida. La autoliberación consciente supone no sólo hacer frente a la sociedad alienada, lo cual es comparativamente sencillo, sino también enfrentarse al abismo interior que la alienación abre en uno mismo. El insurgente ucraniano Néstor Makhno apuntaba a esto cuando sugería a los proletarios: «buscad en vuestras profundidades y allí encontrareis la verdad»; mientras que otro revolucionario de aquella época, Anton Pannekoek, señalaba un aspecto igualmente crucial al afirmar que «el proletariado no es débil porque esté dividido, está dividido porque es débil». Todo lo cual significa simplemente que ningún movimiento de transformación social relevante puede surgir de las relaciones trabadas entre un montón de lisiados psicoafectivos, capaces sólo de mirar hacia afuera y por tanto impedidos de poder ver nada.

«Por medio del aislamiento el poder cerca y fija lo irreductible; y sin embargo, el aislamiento es invivible. Los dos brazos de la tenaza son por un lado la amenaza de desintegración: locura, enfermedad, marginalización, suicidio... y por otro las terapias que apuntan a la mera supervivencia: comunicación vacía, cohesión familiar o amistosa, psicoanálisis al servicio de la alienación, curas médicas... La Internacional Situacionista tendrá que definirse tarde o temprano como una terapéutica». (Raoul Vaneigem)

Ver con ojos desnudos lo que esta sociedad realmente es y lo que nos hace puede llegar a ser tan doloroso como ver las partes podridas de la propia personalidad, y cuando ese ver es sincero normalmente una cosa va aparejada con la otra. De modo que nuestro enfoque podría muy bien ser ilustrado por el concepto de pathei mathos, que los griegos antiguos usaban para referirse al importante papel del dolor en la adquisición de la sabiduría: «agradece al dolor que te libera del autoengaño». En efecto, las corrientes psicológicas acogidas en este archivo no consideran el dolor y las crisis como enfermedades que hay que atacar, sino que reconocen su potencia como agentes curativos; y desde ahí tienden a abordar la experiencia humana de forma unitaria, tanto en su aspecto individual y psicosomático, como en su dimensión comunitaria y espiritual, entendiendo dicha experiencia como un proceso de formación y completamiento de potencialidades.

De acuerdo con el concepto de pathei mathos, el dolor es una condición necesaria para alcanzar una sabiduría integral y una genuina liberación. Condición necesaria pero no suficiente, pues para que el dolor pueda enseñarnos algo hace falta interiorizarlo reflexivamente. Aún cuando la emoción es fundamental, se necesita del pensamiento reflexivo y de su expresión consciente para poder unificar de forma creativa los aspectos hoy fragmentados de la existencia humana. En el plano convivencial, esto supone desertar juntos de la hipocresía social que sostiene la apariencia de satisfacción en que envejecen y mueren los humanos reducidos a cosas por la lógica de la producción moderna. Que no sepan lo que les pasa y menos encuentren los medios para expresarlo y compartirlo, que no alcancen esa autenticidad, es el síntoma más elocuente de que no han sabido sobreponerse a la amenaza de aniquilación que pesa sobre cada uno en el competitivo mercado de la personalidad. Nunca una tristeza tan profunda se había calzado tan bien sus máscaras. 

El optimismo estoico que asegura a cada cual su supervivencia en la economía de los afectos, es el primer obstáculo a vencer en la lucha por la autenticidad y el goce de vivir. Nada va a pasar mientras no nos sobrepongamos a ese terrorismo de la apariencia, como personas que no tienen miedo de la verdad porque saben sostenerse firmemente sobre sus propios pies. Nada va a pasar mientras no sepamos crear un terreno en que lo individual y lo colectivo se expresen recíprocamente como dos aspectos del mismo sujeto auto-consciente, lo que Marx había llamado Gemeinwesen. La alegría de vivir que queremos no es la pequeña alegría del viejo mundo alienado, sino la que surge de haber descubierto esa fuerza nueva, la capacidad de madurar como individuos sociales a pesar de un extravío ancestral que parecía definitivo.

Nietzsche lo dijo así: «Nosotros somos partos prematuros de un futuro aún no demostrado».

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Mi intención al crear este archivo online es contribuir al enriquecimiento de proyectos emancipatorios, ya sea que tengan un carácter individual o colectivo, personal u organizacional. En los documentos contenidos acá hay innumerables herramientas teóricas y prácticas que podrían servirles, independientemente de cuánto subrayen la dimensión terapéutica de su trabajo, mientras busquen con franqueza la autoliberación de la gente implicada.

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Todos los documentos publicados en este sitio pueden ser impresos en formato de fotocopia anillada, o directamente en formato de libro si lo solicitan a este taller-editorial: inapropiables.wordpress.com

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