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viernes, 24 de abril de 2020

En tiempo de Coronavirus, ¡Cuidémonos Mutuamente!

Orlando Plath
8 de abril de 2020

El virus, covid-19, el coronavirus le cayo como anillo al dedo al orden de los estados en tiempos donde la revuelta era internacionalista desde América, Europa hasta Asia donde casualmente se origino la pandemia, teorías sobre su origen hay muchas, posiblemente nunca tengamos la certeza de nada, lo que si sabemos son los efectos sociales y económicos que ha provocado en el mundo. Las clases inevitablemente se agudizarán, la precariedad de la salud en los países latinoamericanos sobre todo en aquellos en extremo neoliberal se  notará aún más y nuevamente morirán los de siempre, la clase oprimida, los pobres. Pienso que en la sociedad de clases el llamamiento a cuarentena total no es realmente efectivo, porque la cuarentena es un privilegio de clases y somos muchxs lxs que no contamos con la posibilidad de guardarnos en lo que Judith Butler llamo “falsa idea de hogar” (1), además que los sectores productivos controlados por capitales no permitirán que esta medida les afecte, en el fondo la cuarentena total solo vendrá a potenciar dispositivos de control por el Estado que en nada parecen detener el avance del coronavirus, sino al contrario restringen libertades individuales, proporcionan libertades a órganos represivos. Aclaro que no se trata de apelar a un llamamiento reaccionario de su contrario sino a ser conscientes que tal medida ha sido solo una cortina de humo que invisibiliza el problema de fondo más allá de la tremenda crisis sanitaria, el virus es funcional al capitalismo, entonces si la cuarentena total no se le opone a este no tendrá un efecto real para detener la pandemia y salvar vidas. Por supuesto que en primera instancia todxs han estado de acuerdo que los estados declaren cuarentena total, los falsos críticos de siempre también, el análisis debe ser poco más allá, más profundo. Se ha orquestado también un espectáculo comunicacional gracias a los medios mercenarios en torno a la pandemia, produciendo un tipo de psicosis colectiva en América Latina al ver la experiencia del coronavirus en Europa y Asia la cual no ha sido nada favorable para nuestras sensibilidades y subjetividades (fundamentales en la potencia o sistema inmune).

El individualismo, el orden de los estados tras un proceso de biopoder, los capitales funcionales al coronavirus se notarán más y producirán muerte y enfermedad, antes sin pandemia y ahora más con pandemia. El llamamiento desde la resistencia al menos, necesariamente tendrá que apelar a la solidaridad ante todo, practicar la expropiación colectiva, el apoyo mutuo, no fortalecer el estado y ser conscientes de la gravedad de la pandemia desde el saber y la practica solidaria. Solidaridarizar con los presxs quienes se encuentran en condiciones de cárcel y hacinamiento peor que las ciudades (arquitecturas carcelarias por lo cual también desconfío de la cuarentena total), lo que permiten los brotes aún más rápido. No hay futuro, lo hemos tenido claro siempre, pero es prioridad defender nuestra clase explotada ahora más que nunca.

domingo, 28 de abril de 2019

Sobre la importancia de "lo psicológico" en el "medio revolucionario" (2)

«...Expresar los propios fracasos, límites, vulnerabilidades, contradicciones, es algo que incomoda a un sector del movimiento libertario que afincado voluntariamente en la derrota tiene la necesidad de vender propaganda triunfalista...
Muchas de nosotras estamos metidas en círculos de retroalimentación y autocomplaciencia. Pero cuando decidimos salir de ahí, lo habitual es que fuera haga mucho frío. La gente que suele ir más allá vive intoxicada por una épica alentada por las que nunca se mueven de su sitio. Muchas jóvenes han dado lo mejor de sus vidas y se han convertido en carne de indigencia, cárcel, cementerio o depresión seducidas por aquel latiguillo que nos invita a “morir por las ideas”...
Nos precipitamos al vacío entre aplausos, pero cuando toca recoger los restos a todo el mundo le espera algún asunto más importante en otro lado.
Decía Emma Goldman en una carta a Max Nettlau que “nosotras, las revolucionarias, somos como el sistema capitalista. Sacamos de los hombres y mujeres lo mejor que poseen, y después nos quedamos tan tranquilas viendo cómo terminan sus días en el abandono y la soledad.”
La mayoría de las veces las estructuras mentales de nuestros colectivos son, como decía Goldman, similares a las de una empresa capitalista, o incluso peores, porque en la militancia no hay bajas por depresión. No se entiende la necesidad de tomar aire o bajar un pistón sino es en clave de deserción, no paramos de presionar a las demás para que den más de sí mismas sin evaluar cuánto estamos dando nosotras, juzgamos cuál es el momento más apropiado para que las demás tiren la toalla como si su resistencia física y emocional no contara.
Lo peor es que esa tendencia a exigir se recrudece con las más comprometidas. Las vemos tan fuertes, tan seguras, que reclamamos más de lo que humanamente pueden dar. Al final la enfermedad física, anímica, social, puede destrozarlas, pero no lo vemos porque el personaje nos tapa a la persona.
En estas circunstancias, la sensibilidad y la ternura deberían ser parte del aire que respiramos en los ambientes libertarios, pero en vez de eso padecemos de hipercriticismo (no hacia nosotras, sino hacia las demás).
El contacto con la realidad ajena al movimiento también mata, como un ambiente vírico hostil hace con un organismo inmunodeprimido. Llegas a la gente, les ayudas, y esperas que correspondan a tu esfuerzo. La primera decepción, la primera traición, el primer golpe, es como si algo se te derrumbara por dentro. Ya decía Ortega que “el esfuerzo inútil conduce a la melancolía”. Para sobrevivir a este caos ordenado, necesitamos tener certezas, secuencias lógicas a las que aferrarnos. Las anarquistas tenemos las nuestras: “la gente decidiendo por sí misma opta siempre por lo mejor”, “si ayudas te ayudan”, “no habría maldad si el medio fuera el adecuado”, etc. Cuando alguna de estas premisas son destrozadas por la realidad, dentro nuestro se produce un cataclismo que replica durante meses y a veces años. Nuestras convicciones más íntimas son quebrantadas. Después de estas experiencias se entiende el atractivo de la automarginación, la endogamia y el gueto autótrofo. Desgraciadamente ya habrá tiempo de descubrir que entre clones no hay menos desencantos. Aunque se enmascare con un lenguaje teórico sofisticado, se reproducirán exactamente las mismas desilusiones y seguramente también nos tocará a nosotras fallarle a alguien. Pero esta obviedad es algo que se suele aprender demasiado tarde.
Un día, precisamente cuando me di cuenta asustado de que ya no había nada (por humillante, traumático o doloroso que fuera) que me forzara a renunciar, comprendí que todas esas certezas que tenía sobre la vida y la gente en realidad eran absurdas reglas mentales. Comprendí que la vida no tiene sentido, ninguno concreto y predefinido; tiene el que le des a tu propia vida. Comprendí que ayudar a la gente no implicaba reciprocidad, que no existe una justicia universal retributiva. Comprendí que iba a continuar el desafío ajeno a si las demás me correspondían o a la cordura del mundo, porque yo lo había decidido así y no por ninguna compulsión cósmica. Iba a intentar joder el sistema porque no quería someterme a él y porque el resto de personas debía tener la misma oportunidad que yo.
Hoy seguimos aquí... no podemos quemar los puentes a nuestras espaldas si delante no hemos construido antes nada. Lo contrario supone inmolar a toda una generación en el altar de las ideas. El capitalismo no nos puede haber absorbido tanto como para que olvidemos que ningún proyecto o doctrina, por grandes e importantes que sean, valen nada ante la más humilde y sencilla forma de vida.»

Ruyman Rodríguez. "Cruzar el Rubicón" (Fragmentos)

[Tomado de Fuego Editorial]

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El suicidio, la depresión y nuestros compañeros

Hablar de la depresión y el suicidio seguramente nos sugerirá ir a la raíz de estas problemáticas que han invadido masivamente a la sociedad moderna, pero sobre esto les hablaremos en otra ocasión. Ahora nos gustaría comentarles sobre una triste realidad que ha perseguido a los anarquistas durante toda su historia conocida. Es un hecho que quien elige un camino de rebeldía y lucha contra lo que le oprime o considera injusto, se enfrentará a innumerables dificultades y dolencias, mucho más que el esclavo obediente que se ha resignado al camino más cómodo. En este sentido, muchos compañeros y compañeras anarquistas han adquirido innumerables dolencias emocionales y trastornos de salud mental a causa de los problemas que la lucha contra la autoridad ha ido acarreando; nos referimos a los accidentes en acciones de revuelta, a las detenciones, a los encarcelamientos, al rechazo muchas veces familiar y también porque no decirlo; a la soledad.

Aunque los anarquistas nos presentamos al mundo como individuos deseosos de postular y practicar el amor, el apoyo mutuo y la libertad en nuestras vidas, la verdad que la práctica nos ha ido diciendo que la mayoría nos encontramos contaminados con las conductas y males de la sociedad, es así como estamos inmersos en lo mismo que genera los suicidios y la pobreza emocional; un mundo de mentiras basado en la angustia, las exigencias, las presiones, en el egoísmo y en el individualismo en el mal sentido de la palabra.

Casos conocidos por algunos han sido los suicidios de compañeros anarquistas como el poeta José Domingo Gómez Rojas (1896-1920) o el antimilitarista Julio Rebosio (1896-1920) quienes tras haber sufrido la violencia estatal, el encarcelamiento, sumado a la pobreza económica y los problemas dentro de sus relaciones afectivas, terminaron muriendo en vida con serias problemáticas mentales que desencadenaron en depresión y posterior suicidio.

Creemos que es más que una necesidad como anarquistas plantearnos una autocrítica si nuestros postulados tales como el amor o el apoyo mutuo realmente los llevamos a la práctica; nosotros creemos que no, por lo menos no mayoritariamente, puesto que de no ser así, no tendríamos compañeros con depresiones y al borde del suicidio.

Escrito por Difusión Libertaria Chillán.
Publicado en El Amanecer, nº18 , Marzo 2013.

martes, 12 de junio de 2018

A mayor desarrollo económico, mayor atomización y depresión humanas

Nota de LP: Excelente artículo sobre la dictadura de la economía y su inhumano progreso, la alienación/depresión generalizada y cómo enfrentarla desde una perspectiva anticapitalista, comunista. Tomado del boletín Comunidad de Lucha (Santiago de Chile), 31 de mayo de 2018 (las negritas son nuestras):  

A mayor desarrollo económico, mayor atomización


El progreso, que no es sino el desarrollo tautológico de la economía por sus propios medios, para su propia autoreproducción, supone el sumergir a cada vez más humanxs en una forma de subsistencia consistente en poner la vida al servicio de este desarrollo, lo que se traduce en la práctica a levantarse cada mañana para abordar las máquinas, por cierto atestadas de otrxs en similares condiciones a la nuestra, que nos llevan al claustro de los centros productivos, en los que debemos rendir cuentas todo el día a quienes muchas veces preferiríamos partirles la cara –aunque muchas veces su situación sea similar a la nuestra–, para luego abordar las mismas máquinas de vuelta al claustro habitacional de nuestras casas o de lo que llamamos nuestros hogares. 

Estando la actividad humana encadenada al ciclo cotidiano del TRABAJA/CONSUME/DUERME, y desarrollándose ésta en un espacio cada vez menos pensado en las necesidades humanas y cada vez más para la circulación de humanxs-mercancías, es de esperarse que las relaciones humanas se vean cada vez más mermadas: las relaciones interpersonales están ancladas a los centros productivos, y quienes generen encuentros de camaradería afectiva fuera de los horarios asfixiantes de éstos deben sortear los obstáculos del dinero (necesario para ‘recrearse’), del tiempo y, cómo no, contar con la energía suficiente restante de la jornada laboral. Esto no podría sino hacer de la incomunicación y el aislamiento unas de las características dominantes en la vida de cada persona. De ahí que nos enfermemos con lo que la ciencia del Capital llama comúnmente como depresión, el ‘resfriado común’ de la psicología.

Claro que esto no le importa a quienes dominan sino hasta que es un problema para la economía, como evidencia la Organización Mundial de la Salud cuando advierte en su último informe sobre salud mental que ‘la caída de la productividad y otras dolencias médicas vinculadas a la depresión tienen un alto coste global, que la OMS cifra en un billón de dólares al año’, o que ‘por cada dólar invertido por un país en salud mental, se ahorra otros cuatro en trabajo (al generar mayor productividad laboral) y en salud (al evitar tratamientos contra estas patologías)¹. Es decir, la tristeza apabullante que agobia a la humanidad no es un problema mientras no se interponga en el camino del desarrollo económico, y si se le tiene en consideración, es sólo a propósito de este mismo desarrollo. 

De paso, el mismo informe advertiría que Chile lidera el ranking de depresión², que por cierto implicaría grandes pérdidas monetarias para el Capital local a propósito de la cantidad de licencias médicas emitidas a causa de este ‘trastorno’. Esto probablemente debido a la atomización humana inherente al desarrollo económico, pero sin una estructura lo suficientemente fuerte para ‘contener’ los síntomas de este mismo desarrollo, como suele ocurrir en los llamados ‘países en vías de desarrollo’. Y no es que en los países centrales de acumulación capitalista la gente no enferme de tristeza y soledad, pero su enfermedad ha sido lo suficientemente encauzada en los canales del progreso como para que esto no suponga un problema considerable para la economía.

Y teniendo en cuenta este panorama de desolación global y generalizada, otros datos entregados por este informe, como aquellos que indican que la depresión se extendió un 20% más en la población global los últimos 10 años, o  que casi 800.000 personas se suicidan cada año en el mundo, lo que equivale a un suicidio cada cuarenta segundos, no serían sino un dato secundario al lado de aquel que advierte la afrenta que supone para la economía que enfermemos de tristeza, soledad y estrés (sea por exceso de trabajo o por falta de él).

Contra esto, debemos tener claro que la guerra que libramos contra el Capital y sus agentes (incluso contra aquellxs que nos interpelan en nombre de nuestra propia salud) no es menos importante que nuestras prácticas por romper con nuestro propio aislamiento. Habría que ser muy iluso para creer que uno acaba con su propia alienación simplemente oponiéndose a la alienación generalizada; en cambio, un primer paso para la re-construcción de vínculos de camaradería afectiva genuinos podría ser el constatar la propia alienación y miseria, tomando nota de lo que esta produce en nuestras propias relaciones interpersonales, incluso con nuestrxs más cercanxs y entre ellxs: como la neurosis y frustración que entrañan nuestras relaciones afectivo-sexuales, la imposibilidad de establecer contacto real con el otrx, la incomunicación con quienes suponemos nuestrxs seres amadxs, el sentimiento generalizado de soledad en compañía, la necesidad de constituir nichos identitarios…

La lucha para la reconstitución de una comunidad humana pasa también por poner en práctica formas de afecto y confraternización que sirvan, por un lado, para la experimentación de formas de comunidad que entren en contradicción con la socialización enfermante del Capital, y, por el otro, para nuestra propia reconstitución y sanación personal: una práctica colectiva para la reconstitución personal. Si bien estas prácticas no serían más que mero comunitarismo si a la vez no apuntasen al corazón mismo de la alienación generalizada -es decir, a esta forma concreta de producir la vida, su base material (que es la raíz común de nuestra miseria psíquica, física, afectiva, sexual, etc.)-, creemos que el autocuidado y que el cuidado entre nosotrxs mismxs son parte fundamental en la constitución de comunidades que entren en ruptura con la comunidad ilusoria del Capital, pues creemos que la guerra contra la domesticación debe librarse también contra nuestra propia domesticación internalizada.

¡Barramos de raíz con esta realidad y con lo que esta realidad hace de nosotrxs!



2. www.biobiochile.cl/chile-lidera-ranking-depresion-oms (si bien no se advierte en la nota citada qué países o regiones participarían en dicho ranking)