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lunes, 14 de junio de 2021

El narcisismo como norma. La deformación psíquica en la sociedad capitalista tardía

Revista Krisis - Crítica de la sociedad mercantil
Nuremberg-Alemania, 2019

Traducción: Antiforma (Santiago de Chile, junio 2020)

Nota de LP (Quito, junio 2021): En esta sociedad mercantil del aislamiento, la competencia, el individualismo y la apariencia, más aún en estos tiempos de pandemia-confinamiento-virtualización de la vida social, quien diga que no es narcisista es un inconsciente, un hipócrita, un inmaduro y/o un tóxico. Para superar este problema psicológico es preciso empezar por admitirlo, junto con esforzarse por comprender sus causas, condiciones y posibles soluciones sociales o colectivas. Aquí comparto, pues, un artículo desde la perspectiva de la nueva crítica del valor a fin de contar con algunos elementos de reflexión teórica para que podamos criticar y superar tanto el narcisismo social como el narcisismo individual, sobre todo quienes necesitamos y deseamos destruir esta antihumana sociedad de clases y fetiches para construir una comunidad humana material y espiritual donde el libre desenvolvimiento de cada uno sea la condición del libre desenvolvimiento de todos.

P.D.: "Agradece el dolor que te libera del autoengaño". 

***

Toda sociedad reproduce sus condiciones de existencia en los individuos que pertenecen a ella, mientras que éstos a su vez reproducen la estructura social a través de sus acciones. Si la sociedad entra en crisis, esto se refleja en la existencia de los individuos. Cada vez menos personas trabajan en las condiciones laborales llamadas normales, en tanto que son cada vez más las que viven en una pobreza relativa o se hallan al borde de la pobreza. Según un estudio referido a Alemania, país exportador, las personas con empleo precario conforman entre el 25 y el 40 por ciento de la población activa; mientras que nueve de cada diez alemanes dicen tener miedo de bajar en la escala social y caer en la miseria. Esta amenaza y los temores asociados a ella producen una respuesta específica que pone en peligro la cohesión social: el narcisismo como modo de ser, promovido y exigido masivamente por la forma social capitalista.

El creciente aislamiento del individuo burgués

El credo neoliberal, que impone las directrices en la política y la economía, reza así: "Una buena sociedad es una sociedad de individuos fuertes". A estos individuos se les dice constantemente que deben competir por los puestos de trabajo, por los cupos en el sistema de enseñanza y en general por el éxito y el prestigio. Al hacerlo, deben demostrar voluntad de cambio, un alto grado de flexibilidad personal y un constante esfuerzo por mejorar. En el capitalismo las personas son convocadas principalmente como productores privados aislados, que sólo se vinculan entre sí a través del dinero y las mercancías. Todas las demás formas de relacionarse se consideran inferiores y tienden a ser suprimidas; o bien, si son indispensables -como sucede con la crianza de los niños-, se encuentran restringidas y puestas al servicio del proceso general de explotación. Esta tendencia se ha intensificado en las últimas décadas y ha incrementado de forma extraordinaria el aislamiento de los individuos burgueses. En este contexto, el concepto de narcisismo acuñado por Sigmund Freud [“el complemento libidinoso del egoísmo inherente a la pulsión de autoconservación” (Freud, 2014)] ha ido adquiriendo una gran relevancia en los últimos años. Dan fe de ello los muchos libros de venta masiva cuyos títulos se refieren a esta evolución. Así por ejemplo el libro La sociedad narcisista del psicoanalista Hans-Joachim Maaz, publicado en 2012; La generación sin parejas del periodista Michael Nast (2016) o ¡Yo primero! La sociedad egolátrica de la politóloga Heike Leitschuh (2018). Por otra parte, el tema adquiere vez más importancia en la prensa; especialmente desde la elección del narcisista emblemático Donald Trump como presidente de los EE.UU.

El rasgo distintivo del narcisismo es la tendencia desenfrenada al auto-centrismo, que se manifiesta en un exagerado sentido de la importancia propia, en fantasías de éxito y poder ilimitados, y en un deseo de admiración excesiva. Bajo esta superficie hay, sin embargo, una autoestima extremadamente baja. Los narcisistas padecen un hambre insaciable de reconocimiento y validación desde el exterior, lo que les hace también muy vulnerables a las demandas neoliberales de flexibilidad adaptativa. En este contexto, muchos narcisistas son auténticos maestros de la auto-expresión y el auto-mercadeo.

El narcisismo en el posfordismo

Sigmund Freud (1914) fue el primero en ocuparse de este fenómeno. Según Freud, para llegar a ser individuos maduros y seguros de sí mismos en la sociedad burguesa, todos los niños de entre tres y cinco años deben atravesar y superar lo que él llamó complejo de Edipo, proceso que acontece al interior de la familia nuclear burguesa. Tal es el paso decisivo que todos debemos dar para que se forme nuestra personalidad burguesa y nos hagamos capaces de participar en la reproducción material y simbólica de esta sociedad. El resultado es, entre otras cosas, una orientación general hacia el progreso, tal como se cultiva y se transmite en las típicas familias burguesas. En épocas anteriores, los esfuerzos de adaptación asociados a la experiencia edípica -sobre todo la voluntad de trabajar, la diligencia y la auto-disciplina- se veían recompensados por el hecho de que eso le conducía a uno por un camino predeterminado en la vida, en el que hallaba estructuras claras y un futuro laboral seguro.

Pero eso no es lo único que sucede mientras se transita por la fase edípica. Cuando el niño empieza a socializarse como sujeto burgués, aparece también la amenaza del fracaso social. El niño reacciona ante este peligro imaginando un estado de completa autonomía, en el que ha desaparecido todo rastro de dependencia hacia los demás. Si por un lado la parte edípica del sujeto, el hombre consolidado, no sólo se somete sin quejas a las condiciones externas sino que contribuirá activamente a su mantenimiento y reproducción; por otro la parte narcisista se defiende de la realidad externa limitante y amenazante, refugiándose en una interioridad en la que él mismo gobierna de forma absoluta y omnipotente.

Es esta segunda tendencia psíquica la que ha sido promovida enormemente en el posfordismo, es decir, desde los años 70, y ha terminado relegando a un segundo plano la configuración edípica. Hoy en día, la seguridad laboral se ha convertido en un lujo, y esto implica que el comportamiento edípico "correcto" encuentra cada vez menos recompensas. Ya nadie escapa a los arbitrios del "libre mercado"; hoy casi ningún trabajo es seguro, pues está sujeto a la subcontratación, la reestructuración o simplemente puede desaparecer en cualquier momento. Actualmente cualquiera puede volverse inútil de un instante a otro debido a desarrollos impredecibles, tales como un cambio repentino en el sabor de la masa o un nuevo método de producción introducido sin que nadie pudiese preverlo. En un mundo cada vez menos fiable y que amenaza la existencia, los individuos se ven completamente arrojados hacia sí mismos. La parte edípica de la personalidad encuentra cada vez menos puntos de referencia para orientarse, con lo cual crece la sensación de estar indefensos y a merced de los demás. Los individuos responden tratando a toda costa de suprimir o desplazar este sentimiento, que experimentan como una sentencia de muerte.

Al exigirle a las personas una adaptabilidad cada vez más incondicional y al mismo tiempo una mayor capacidad para publicitarse a sí mismas, esta sociedad hace crecer desmesuradamente la parte narcisista de la personalidad. Por otro lado, la venta de la propia fuerza de trabajo se está convirtiendo cada vez más en la venta de la propia personalidad como si fuera una mercancía: cada cual debe poder ofrecer a cada instante su propia versión de lo que el mundo del trabajo demanda. Acuciado por la pregunta que se agita en el fondo de su mente acerca de cómo aumentar el propio valor de mercado -o al menos de cómo evitar que decaiga-, cada cual va revelando gradualmente todo lo que ha conformado su personalidad hasta ahora, en un continuo ejercicio de abnegación que se hace tanto más fácil cuanto más haya revelado de sí mismo previamente. Esta forma de vida genera intensos sentimientos de vacío y falta de autenticidad. ¿Quién puede decir qué tipo de persona es y qué tipo de persona no es, dada la constante disposición a adaptarse a nuevas situaciones de trabajo y después de muchos cambios de pareja? Es precisamente este proceso el que conduce a una personalidad narcisista, que puede ser cualquier cosa porque detrás de ella hay una gran nada.

Inscripción de las mujeres en el desarrollo general

Durante mucho tiempo el condicionamiento económico general de la infancia se aplicó casi exclusivamente a los niños varones. Hasta la década de 1970 más o menos las adolescentes habían experimentado un desarrollo diferente al de sus pares masculinos. Hasta entonces "la niña entra en el complejo de Edipo como en un puerto" (Freud), en el que se prepara no para el papel de competidora sino para el de mujer cuidadora como futura esposa y madre. Dominaba una división sexual del trabajo ligada a la formación de una esfera pública de competencia generalizada, ocupada principalmente por hombres, por un lado; y una esfera privada, doméstica y familiar ocupada principalmente por mujeres, por otro. En este último ámbito la mujer era, entre otras cosas, la responsable del cuidado y educación de los niños. En las últimas cinco décadas se ha producido, sin embargo, una relativa equiparación de los sexos; pese a lo cual sigue prevaleciendo una imagen de masculinidad basada en el éxito laboral y la capacidad para proveer la mayor parte del ingreso familiar. Las mujeres son casi siempre las primeras en ceder cuando se trata de hacer tiempo para la familia. Aunque los hombres han hecho algunas concesiones en cuanto a las tareas domésticas, las mujeres siguen dedicando a las tareas domésticas cerca de una hora y media diaria más que ellos. Además, debido al empleo forzoso de ambos miembros de la pareja, muchas familias no tienen más remedio que entregar lo antes posible sus hijos a instituciones educativas, esto es, guarderías y jardines infantiles. Allí los niños son sometidos cada vez más a medidas con las que se busca prepararlos para el sistema de enseñanza y, por lo tanto para la actividad laboral, aunque todavía esté lejana. Por otra parte, los padres dedican cada vez más el tiempo y la energía que les queda a preparar a sus hijos lo antes posible para que ingresen en la competición generalizada. Muchos proporcionan a sus hijos juguetes educativos, vídeos de "baby Einstein", etc., poco después de nacer o incluso estimulan al feto con música clásica supuestamente beneficiosa. Cada vez más niños viven en hogares orientados al rendimiento. El resultado es una experiencia de profunda soledad, intensificada ya en la primera infancia. Debido a la incertidumbre general de la vida en el posfordismo, las limitaciones sociales se manifiestan cada vez más temprano y de forma más abrupta, mientras que al mismo tiempo se dejan de lado las experiencias de apego y afecto personal.

Capitalismo y estado mental

El núcleo de las sociedades constituidas capitalistamente es el valor que se autovaloriza, es decir, el dinero como capital, cuyo único propósito es transformarse en más dinero mediante el atajo de la producción de una mercancía (o servicio prestado) y su venta: "El capital se utiliza para producir capital, para producir más capital, para seguir produciendo más capital" (Distelhorst, 2014), en un círculo interminable y completamente sin sentido que absorbe todo lo que le rodea. En el centro de este movimiento no hay más que el vacío de la auto-proliferación sin fin, una nada sin contenido que paso a paso va socavando cualquier otra relación significativa, arrastrándolo todo hacia su vacua tautología.

En la modernidad tardía las personas compiten entre sí más que nunca antes. Como describimos anteriormente, el mundo laboral de hoy ya no parece ser esa estructura fiable, aunque exigente, en la que las personas sólo debían estar dispuestas a encajar para llevar una vida segura y agradable. En cambio, la amenaza de cambios radicales se ha vuelto constante y omnipresente. Esto se hace patente, entre otras cosas, en la expansión de las relaciones laborales precarias, en el creciente debilitamiento del Estado de bienestar y en el retorno de la pobreza. En el capitalismo el miedo al fracaso es generalizado. También las relaciones personales son sacarificadas cada vez más en nombre de la flexibilidad general y degeneran en asociaciones temporales o en "redes", utilizadas sobre todo para mantenerse en el juego y aumentar las oportunidades laborales gracias al mayor número posible de "contactos". En un entorno así la empatía hacia los demás es un lujo cada vez más escaso.

La deseabilidad general del comportamiento narcisista

Hoy en casi todas partes el comportamiento narcisista se considera algo deseable y causa de éxito: en el mundo del trabajo, en los medios de comunicación, en la política y en muchos otros ámbitos es recompensado con reconocimiento, admiración y promoción. En vista de estas circunstancias, los expertos discuten seriamente sobre si el narcisismo debería dejar de considerarse un trastorno de la personalidad en las normas de diagnóstico psiquiátrico. Actualmente no sólo las propias habilidades, sino también los sentimientos, rasgos de personalidad y relaciones se han convertido en subproductos del marketing general. El narcisismo, liberado ya de las viejas restricciones y siempre listo para reinventarse, base de la meritocracia totalmente flexible e insegura del nuevo milenio, es la forma subjetiva inherente al capitalismo en crisis.

Este ambiente produce y fomenta la auto-promoción más despiadada y más carente de lazos (ya sea con otras personas, o con la empresa o profesión). Lo que cada individuo opone a este vacío y a esta falta de vínculos es la convicción de ser alguien especial. Cultivan así su propia grandeza, fuerza y brillantez imaginarias. Incluso si sólo tienen una simple pasantía o un trabajo mal pagado con pésimas condiciones contractuales y sin perspectivas de futuro, exageran la verdad para verse y sentirse mejor. Mientras se hallan constantemente al borde de la nada, se engañan a sí mismos diciéndose que en realidad pueden lograr cualquier cosa. Internamente, esto da lugar a un contraste entre sus fantasías de omnipotencia, es decir, su ilusión de libertad e independencia individual absoluta por un lado, y el sentimiento de impotencia ante la creciente inseguridad y heteronomía de su propia existencia por el otro. Tal contradicción no es fruto únicamente del ambiente familiar, sino que hunde sus raíces en la sociedad burguesa. Así como el dinero que se ha convertido en capital, después de multiplicarse exitosamente debe comenzar inmediatamente a buscar la siguiente oportunidad de inversión... asimismo el individuo debe recomenzar una y otra vez, lo más rápido posible, la búsqueda del éxito para que el vacío interior y los miedos no se apoderen de él. Tanto el capital como la personalidad narcisista se desenvuelven así en un dinamismo interminable, vacío y tautológico; y es por eso que se complementan y refuerzan tan bien.

Pronóstico

En la forma subjetiva del narcisista, que se alaba constantemente a sí mismo, se sobreestima de forma desmesurada y es incapaz de comprometerse, y que debe venderse a diario como trabajador altamente adaptable, el productor privado aislado que requiere la relación capitalista alcanza su forma perfecta. Vacío en su interior, luchando sin descanso por la confirmación externa y el reconocimiento superficial de su personalidad, constituye el contenido más apropiado para el movimiento vacío, infinito y en última instancia sin sentido, de la explotación capitalista. Esto tiene un lado oscuro y terrible. Si el narcisista no logra satisfacer las exigencias de la sociedad, tiende a emprender acciones sustitutivas que le permitan desplegar la energía que propulsa su auto-referencialidad. La forma más destructiva de esta deriva es sin duda el ataque asesino indiscriminado, en que la megalomanía narcisista se realiza a través de la autodestrucción y la destrucción de los demás.

Debe quedar claro que estar bien adaptado a una sociedad enferma no puede ser un signo de buena salud mental. Sin embargo, la abolición de la forma-sujeto narcisista no es posible en las condiciones actuales. Una vida al margen de la auto-regulación narcisista tendría una forma completamente diferente: sin obsesión por el trabajo, sin estrés de competición y de rendimiento, sin necesidad de ser un luchador solitario y sin la presión de auto-expresarse y auto-afirmarse continuamente. Mientras prevalezcan estas limitaciones no estarán dadas las condiciones para el desarrollo de individuos sociales libres más allá de la subjetividad mercantil. La esperanza reside en reconocer que nosotros, como seres humanos, somos seres genéricos que requieren vínculos diversos, y no simples relaciones unidimensionales. Los requisitos materiales para ello están presentes desde hace mucho tiempo en nuestro mundo, que se caracteriza por la sobre-producción; sin embargo, para llegar a ello no podemos dejar que la socialización transcurra dentro de un proceso inconsciente de explotación valorizadora, proceso al que nos enfrentamos como una fatalidad y que, por nuestra parte, ejecutamos y reproducimos a diario. Este proceso se está volviendo cada vez más disfuncional, pero esto por desgracia no significa que nos estemos dirigiendo automáticamente hacia una sociedad liberada. No tenemos ninguna garantía de que sea posible revertir el proceso social destructivo y reemplazarlo por una socialización humana; sin embargo la crítica radical de la forma del sujeto en el capitalismo, de su lógica y su dinámica psicosocial interna, es un primer paso necesario en esa dirección.


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Relacionados:

La sociedad autófaga. Capitalismo, desmesura y autodestrucción - Anselm Jappe (2019)

Narcisismo individual y social. Capítulo 4 de El corazón del hombre. Su potencia para el bien y para el mal  - Erich Fromm (1964)

Introducción del narcisismo - Sigmund Freud (1914)

sábado, 28 de septiembre de 2019

Capitalismo y Esquizofrenia. Un diálogo imaginario entre Cesarano, Deleuze, Jappe, Cooper, Laing y Locura Proletaria

— CESARANO. Sobre la esquizofrenia bajo la subsunción real/dominación total del Capital:
 
«Ya desde ahora la homologación del Dominio se está volviendo resplandeciente, para que el terror de la transformación acabe con las miradas que se dirigen al reflejo nostálgico de los «paraísos perdidos». La escasez se acompaña de la regresión, que conforma su estilo, tanto en la esfera de los infiernos individuales como en aquella de una socialidad autocrítica. Del mismo modo que la psiquiatría vanguardista se propone «curar» la supervivencia a través de la conexión de cada uno al misterio desvelado de su nacimiento-muerte [Laing], así la sociología más moderna [post-moderna] prepara la resurrección de «comunidades», etnias, «razas», luego de que el capital ha acabado de extirpar sus raíces y de cancelar su especificidad. Todo apunta a una propagación de la apologética que eterniza el «yo dividido» en la dimensión de la especie que se ha vuelto a dividir en «comunidades». A los ideólogos del capital autocrítico no se les ha escapado la sustancia eversiva del alzamiento, débilmente exorcizada en las modelaciones cibernéticas, de una totalidad real, viva, ya de hecho en tensión con la superficie blindada de la totalización que operan los modos de producción capitalistas. Es ésta la realidad material que le da forma al «concepto» de especie. Y en contra de ésta —la internacional que se realiza más allá de sus esquemas ideológicos y arcaicos, económico-políticos— empuña las armas, una vez más, la mistificación científica. Del mismo modo que la apologética del yo dividido adorna con «poesía» los momentos autonomizados en los que el individuo partido (esquizofrenia, corazón roto) realiza el valor de sí como agente del capital, así la reintroducción de las «comunidades» separadas adorna con eticidad modernista los restos marginados de un pasado irreproducible. En el corazón de las sociedades inmóviles, subsumidas bajo el dominio de lo sagrado y atrapadas en la reencarnación reiterada del Símbolo y del Verbo, se expresaba una especificidad cualitativa que es inconciliable con la homologación violenta de toda forma de existencia a simples momentos de la aparición, del valor de cambio. Análogamente, en la «excepcionalidad» de la condición esquizofrénica se expresaba una resistencia hacia la generalización violenta de la intercambiabilidad entre los individuos como forma exclusiva de la adecuación a la identidad socialmente impuesta. En ambas proposiciones estratégicas nuevas, lo que hoy se desentierra es la forma ahora vacía de la «resistencia» particular a la identidad: a fin de que su superación realmente universalizada, hecha por la especie y, en este sentido específico, más allá de lo particular, el movimiento comunista sobreindividual y sobreparticular, ralentice su impulso y se encalle —eso es lo que ellos esperan— en un nuevo laberinto. De no haber sido necesaria, esta estrategia defensiva que el capital ha puesto en marcha muestra hasta qué punto el alzamiento de la comunidad global, la presentación amenazante de la especie como subjetividad en un proceso irreductible a las trampas de la carencia eternizada, aterrorizan tanto a los gestores de los poderes como a los administradores delegados de los reforzamientos de la «policía» política, mistificados bajo la coartada de las «necesidades de la lucha».» (Giorgio Cesarano y Paolo Faccioli, «Lo que no se puede callar», 1975)
 
«En «Critica dell’utopia capitale» Cesarano explica claramente cómo en el delirio esquizofrénico cae el muro con el que el lenguaje heredado encarcela la comunicación, y por tanto cae la barrera perceptiva que marca la frontera entre el Yo y el mundo, abriendo así la posibilidad explosiva de una relación dialéctica entre un individuo y otro. Al mismo tiempo, debió advertir del riesgo de la “condena privada”, que esperando “la explosión de sentido vivo experimentado como peripecia individual, ha querido prender fuego de una vez a la totalidad del propio sentido”. En el «Manuale di sopravivenza», por otro lado, quiso advertir contra las nuevas formas de autovalorización que transforman la experiencia “psicótica” o “neurótica” en un nuevo rol espectacular.» (Francesco Santini, «Apocalipsis y sobrevivencia», 1994)

— DELEUZE-GUATTARI. La esquizofrenia como límite exterior y tendencia opuesta del capitalismo: 
 
«Sin embargo, cometeríamos un error si identificásemos los flujos capitalista y los flujos esquizofrénicos, bajo el tema general de una descodificación de los flujos del deseo. Ciertamente, su afinidad es grande: en todo lugar el capitalismo hace pasar flujos-esquizos que animen “nuestras” artes y “nuestras” ciencias, tanto como se cuajan en la producción de “nuestros” enfermos, los esquizofrénicos. Hemos visto que la relación entre la esquizofrenia y el capitalismo sobrepasaba de largo los problemas de modo de vida, de medio ambiente, de ideología, etcétera, y que debía ser planteada al nivel más profundo de una sola y misma economía, de un solo y mismo proceso de producción. Nuestra sociedad produce esquizos como produce champú Dop o coches Renault, con la única diferencia de que no pueden venderse. Pero, precisamente, ¿cómo explicar que la producción capitalista no cesa de detener el proceso esquizofrénico, de transformar al sujeto en entidad clínica encerrada, como si viese en ese proceso la imagen de su propia muerte llegada desde dentro? ¿Por qué encierra a los locos en vez de ver en ellos a sus propios héroes, su propia realización? Y allí donde ya no puede reconocer la figura de una simple enfermedad, ¿por qué vigilia con tanto cuidado a sus artistas e incluso a sus sabios, como si corriesen el riesgo de hacer correr flujos peligrosos para ella, cargados de potencialidad revolucionaria, en tanto que no son recuperados o absorbidos por las leyes del mercado? ¿Por qué forma a su vez una gigantesca máquina de represión general-represión con respecto a lo que sin embargo constituye su propia realidad, los flujos descodificados? Ocurre que el capitalismo, como hemos visto, es el límite de toda sociedad, en tanto que opera la descodificación de los flujos que las otras formaciones sociales codificaban y sobrecodificaban. Sin embargo, es su límite, o cortes relativos, porque sustituye los códigos por una axiomática extremadamente rigurosa que mantiene la energía de los flujos en un estado de ligazón al cuerpo del capital como socius desterritorializado, pero también e incluso más implacable que cualquier otro socius. La esquizofrenia, por el contrario, es el límite absoluto que hace pasar los flujos al estado libre en un cuerpo sin órganos desocializado. Podemos decir, por tanto, que la esquizofrenia es el límite exterior del propio capitalismo o la terminación de su más profunda tendencia, pero que el capitalismo no funciona más que con la condición de inhibir esa tendencia o de rechazar y desplazar ese límite, sustituyéndolo por sus propios límites relativos inmanentes que no cesa de reproducir a una escala ampliada. Lo que con una mano descodifica, con la otra axiomatiza. Ese es el modo como debemos volver a interpretar la ley marxista de la tendencia opuesta. De manera que la esquizofrenia impregna todo el campo capitalista de un cabo a otro. Pero este lo que hace es ligar las cargas y las energías en una axiomática mundial que siempre opone nuevos límites interiores al poder revolucionario de los flujos descodificados. En semejante régimen, resulta imposible distinguir, aunque sea en dos tiempos, la descodificación de la axiomatización que viene a reemplazar los códigos desaparecidos. Al mismo tiempo los flujos son descodificados y axiomatizados por el capitalismo. La esquizofrenia no es, pues, la identidad del capitalismo, sino al contrario su diferencia, su separación y su muerte...» (Gilles Deleuze y Félix Guattari, «El Anti Edipo. Capitalismo y Esquizofrenia», 1972 cit. en ENAJENADXS # 9, 2003)

— JAPPE. Crítica del sujeto «esquizo» de Deleuze como sujeto ideal del mercado:
 
«el sujeto «esquizo» de Deleuze es el sujeto ideal del mercado, como lo es el hacker o el raider (predador empresarial). Al quebrar los «significantes despóticos» de los que habla Deleuze, finalmente es el mercado el que se impone como amo. Según Dufour, Deleuze va incluso más allá del liberalismo: para el autor del Anti Edipo, puesto que toda identidad es paranoica, hay que estar inventando de nuevo todo el tiempo. Algo que, como observa Dufour, responde perfectamente al espíritu del nuevo capitalismo, al que no le gustan los sujetos propietarios de sí mismos». Deleuze quería ir más rápido que el propio capitalismo introduciendo el lenguaje de la economía en el análisis de los procesos simbólicos. Su elogio del «nomadismo» y la «máquina» ha sido plenamente recuperado por las estrategias más recientes del marketing.» (Anselm Jappe, «La sociedad autófaga. Capitalismo, desmesura y autodestrucción», 2018)

—  COOPER. La esquizofrenia como crisis microsocial capitalista: 
 
«La esquizofrenia es una situación de crisis microsocial, en la que los actos y la experiencia de una persona son invalidados por los otros, en función de ciertas razones culturales y microculturales (generalmente familiares) comprensibles, que finalmente hacen que dicha persona sea identificada más o menos precisamente como “enfermo mental” y confirmada a continuación (según un procedimiento de etiquetaje específico pero fuertemente arbitrario) en la identidad de “paciente esquizofrénico” por los agentes médicos o cuasi médicos.» (David Cooper, «Psiquiatría y antipsiquiatría», 1967 cit. en ENAJENADXS # 9, 2003 )

 LAING. La esquizofrenia como etiqueta social alienada/alienante y como "viaje" psico-espiritual más allá de los límites de este mundo: 
 
«Esquizofrenia es un diagnóstico, una etiqueta que ciertas gentes le cuelgan a otras. Esto no prueba que la persona etiquetada esté sometida a un proceso esencialmente patológico, de origen y naturaleza desconocidos, que se desarrolla en su cuerpo. No significa tampoco que el proceso sea, primaria o secundariamente, un proceso psico-patológico que se desarrolla en su espíritu. Pero lo que sí establece como hecho social es que la persona etiquetada es uno entre Ellos. Es fácil olvidar que el proceso es una hipótesis, afirmar que es un hecho y, en consecuencia, formular el juicio de que es una inadaptación biológica y, como tal, patológica. Pero la adaptación social a una sociedad desequilibrada puede ser muy peligrosa. El piloto de bombardero perfectamente adaptado puede representar una amenaza mucho mayor para la supervivencia de la especie que el esquizofrénico internado convencido de que la Bomba está en él. Puede ser que nuestra sociedad esté biológicamente desequilibrada y que ciertas formas de alienación esquizofrénica tengan, en relación con la alienación de la sociedad, una función socio-biológica que nosotros ignoramos. (...)
 
No existe un “estado” al que se le pueda llamar “esquizofrenia”, pero esta etiqueta es un hecho social, y un hecho social es un acontecimiento político que, al trastornar el orden público, implica una definición de (y de las consecuencias para) la persona etiquetada. Es una prescripción social que racionaliza un conjunto de acciones sociales por las que la persona etiquetada queda en manos de otras personas cuyos poderes legales, cualificación médica y deber moral se hacen responsables de su suerte. A la persona etiquetada se la coloca no sólo en un “papel” sino también en una carrera de enfermo mediante la acción concertada de una coalición (de una “conspiración”) en la que participan familias, médico, servicios sanitarios, psiquiatras, enfermeros y, frecuentemente, los otros enfermos. La persona catalogada, así, a la fuerza como enfermo y específicamente como “esquizofrénico” es despojada de todos sus derechos legales y humanos, de todo lo que posee en propiedad y de toda libertad de actuar sin rendir cuentas. Ya no le pertenece su tiempo ni puede elegir el espacio que ocupa. Después de ser sometido a un ceremonial de degradación llamado “exploración psiquiátrica”, se le priva de su libertad y es encerrado en una institución llamada “hospital psiquiátrico”. Allí pierde su cualidad de ser humano de una manera más completa y radical que en ninguna otra parte. Quedará en ese hospital psiquiátrico hasta que se le retire su etiqueta o se le reemplace por otra: “en vías de curación” o “readaptado”. Un “esquizofrénico”, no obstante, tiene muchas probabilidades de ser considerado siempre como tal. (...)
 
Lo que observamos a veces en ciertos individuos etiquetados de “esquizofrénicos” y tratados como tales es la expresión, a través de su comportamiento, de un drama experiencial. Pero nosotros vemos ese drama bajo un aspecto deformado que nuestros esfuerzos terapéuticos tienden a deformar todavía más. El producto de esta deplorable dialéctica es una forma larvada de un proceso potencialmente natural al cual no le permitimos aflorar. (...)
 
Ciertos individuos, consciente o inconscientemente, entran o son arrojados en un espacio y un tiempo interiores más o menos cerrados. Estamos socialmente condicionados a considerar normal y sana una total inmersión en el espacio y el tiempo exteriores. La inmersión en el espacio y tiempo interiores, por el contrario, es considerada fácilmente como una huida antisocial, una desviación patológica en cierta medida vergonzosa. (...)
 
Probablemente, ningún período de la Historia de la humanidad ha perdido hasta tal punto el contacto con ese proceso natural de curación que afecta a ciertos individuos etiquetados como “esquizofrénicos”. Ninguna época lo ha devaluado tanto, ni le ha opuesto tantas prohibiciones e intimidaciones. En lugar de hospitales psiquiátricos, que son una especie de fábrica de reparación, se necesitarían lugares donde las gentes que han viajado más lejos y, en consecuencia, están probablemente más “perdidos” que los psiquiatras y los seres reputados sanos de espíritu, tuvieran la posibilidad de ir más lejos todavía en el espacio y el tiempo interiores —y de regresar. En vez del ceremonial de degradación que constituyen la exploración, el diagnóstico y el pronóstico psiquiátricos, se necesitaría, para los que están preparados (es decir, en la terminología psiquiátrica, los que están al borde de un brote esquizofrénico), un ceremonial de iniciación, gracias al cual la persona sería guiada en el espacio y el tiempo interiores por gentes que ya hubieran efectuado este viaje y hubieran regresado. Desde el punto de vista psiquiátrico esto llevaría a dejar que antiguos enfermos ayudaran a enloquecer a futuros enfermos... Esto implicaría:
 
A. un viaje del exterior hacia el interior;
B. de la vida hacia una especie de muerte;
C. de delante hacia atrás;
D. del movimiento temporal hacia la inmovilidad;
E. del tiempo actual hacia el tiempo eterno;
F. del yo hacia el sí mismo;
G. de la existencia exterior (post natal) hacia la matriz (pre natal) de todas las cosas.
Y, a continuación, un viaje de retorno:
1. del interior hacia el exterior;
2. de la muerte hacia la vida;
3. de atrás hacia adelante;
4. de la inmortalidad hacia la mortalidad;
5. de la eternidad hacia el tiempo;
6. del sí mismo hacia un nuevo yo;
7. del estado fetal cósmico hacia un renacimiento existencial...» (Ronald David Laing, «La política de la experiencia», 1977 cit. en ENAJENADXS # 9, 2003)

— LP. Sobre la esquizofrenia valor de cambio/valor de uso (un ABC):
 
Jordi Soler, «El Secreto de El Capital de Karl Marx», 2010, p. 14
La sociedad capitalista es la sociedad mercantil generalizada porque se basa en la producción, circulación y acumulación de mercancías y de ganancias, las cuales son el producto de la explotación del trabajo asalariado de la clase social que no tiene propiedades ni negocios y por eso se ve en la obligación de vender su fuerza de trabajo (física e intelectual) a cambio de dinero para sobrevivir. Las condiciones sine que non para que esto sea así son: la existencia de la propiedad privada burguesa sobre los medios de producción y de consumo; y, que todo sea mercancía, en primer lugar la fuerza de trabajo humana (mercado laboral), porque ésta es la única mercancía capaz de producir valor, ganancia, capital una vez que ha sido contratada y puesta a producir. Por lo tanto, la mercancía es la célula fundamental de la sociedad capitalista, y posee una naturaleza doble o estructura dual: valor de cambio o compra-venta y valor de uso o utilidad.

La mercancía no es sólo valor de cambio, es valor de cambio y valor de uso al mismo tiempo. Para ser más precisos: en la estructura de la mercancía, el valor de uso en realidad es el vehículo del valor de cambio, porque algo que uno tiene (sea un bien o un servicio, sea una identidad o una ideología) se convierte en algo realmente útil para otro mediante su intercambio o compra-venta, ya que es está la que permite consumir esa utilidad y sobre todo valorizar el valor-trabajo contenido en ese algo útil, esto es, realizar en forma de dinero el plus-valor o trabajo no retribuido al proletario por parte del burgués (o, en caso de autogestión y trueque, realizar el valor-trabajo autoexplotado e intercambiado bajo la dictadura de la mercancía y la ley del valor, que son de carácter impersonal e invisible). El valor de cambio, entonces, subsume al valor de uso; lo aliena, domina y explota, pero la mercancía sigue estando dividida en estos dos diferentes tipos de valor dentro de ella misma sin romper su unidad. Unidad y lucha de contrarios. Identidad y diferencia al mismo tiempo y en el mismo espacio, en el mismo cuerpo. Dialéctica interna del Capital. He ahí su naturaleza doble o estructura dual, y esta es, en última instancia, la causa de todas las contradicciones y las crisis del capitalismo, sobre todo hoy en día cuando éste subsume, domina y destruye todo el mundo en todos los aspectos de la vida; hoy en día cuando éste se autofagocita y nos conduce directo al suicidio como especie humana.
 
En términos (anti)psiquiátricos, lo anterior se traduce en que la mercancía, y por tanto la sociedad mercantil generalizada, es esquizofrénica por naturaleza. Y quien más sufre esta enfermedad social propiamente capitalista es, sin duda, la mayor parte de la humanidad que se encuentra obligada a mercantilizarse y trabajar para sobrevivir, el proletariado, cuya esquizofrenia consiste esencialmente en ser lo que es (humanidad libre, creadora y comunitaria) y al mismo tiempo ser lo que este sistema le obliga a ser (cosa-mercancía individualizada, explotable y desechable). Que haya alguna gente que no la conozca y/o que no la reconozca, no quiere decir que no exista. Al contrario: mientras más se oculte y se ignore, más y mejor ejerce su dominio. Luego, esta "enfermedad mental" capitalista se manifiesta de tantas formas o en tantos "casos" particulares cuantos sean los individuos que la padezcan. Tal crisis microsocial y de identidad o tal sufrimiento por desgarramiento psíquico individual causado por las condiciones sociales impuestas, se expresa negativa y trágicamente desde la famosa "escucha de voces" y las autolesiones hasta el cometimiento de asesinatos; lo cual es castigado "ejemplarmente" por el Estado con el manicomio o la cárcel hasta la muerte, previo etiquetaje, estigmatización, aislamiento y medicación psiquiátrica. Además de hacer de todo esto negocio (industria farmacéutica), noticia y espectáculo (medios de comunicación). De esta manera, el capitalismo produce, reproduce y controla socialmente la esquizofrenia como "enfermedad mental". Por su parte, la izquierda antipsiquiátrica del Capital (sí, porque éste también ha cooptado y domesticado a la mayoría del movimiento antipsiquiátrico) gestiona la "locura" de forma alternativa y "más humana": haciendo de ella un "derecho", una "identidad" y hasta un "orgullo", a fin de que sea "reconocida" y "reinsertada" o "incluida" por esta sociedad y su Estado como un rol más dentro de su "diversidad" mercantil-democrática-ciudadana-espectacular.
 
Sin embargo y a contracorriente de ello, la esquizofrenia en particular, y toda "enfermedad mental" en general, en los/as proletarios/as también puede llegar a ser un arma revolucionaria o de ruptura total y radical con este sistema si es que se la asume, de manera individual y sobre todo colectiva, como un síntoma consciente y una valiente denuncia de que el capitalismo nos enferma y nos mata mental y físicamente, a diario y en todas partes; como una crítica práctica y encarnada de la misma esquizofrenia estructural del Capital, algo así como un testimonio de carne y hueso de una precaria vida al límite y en conflicto con el orden establecido, un espejo roto que refleja y hiere al monstruo que lo creó o, mejor, una torcida pero afilada lanza que se vira contra la clase dominante y sus psiquiatras que hoy la empuñan contra nosotros los proletarios "locos" hartos de serlo, un arma no para autodestruirnos ni para lastimar a nuestros seres queridos y compañer@s sino para enfrentar al Capital "en cuerpo y alma" así como para imaginar y crear Otro mundo. En suma, asumir la esquizofrenia, y toda "enfermedad mental" en general, como una forma y una parte de la disidencia psico-política y la lucha de clase autónoma e integral contra la dictadura social-fetichista de la mercancía («¡Uníos Hermanxs Psiquiatrizadxs en la Guerra Contra la Mercancía!»); y, por lo tanto, asumir que sólo se la puede suprimir y superar realmente, suprimiendo y superando el capitalismo mediante la revolución social total (económica, psicológica, sexual, política, cultural, espiritual, ecológica, ética, estética, epistemológica, en fin... de la vida cotidiana).
 
El comunismo, entendido como comunidad humana-natural real en la cual ya no existe ningún tipo de explotación ni dominación, no será, pues, "el mundo del valor de uso" ni mucho menos "el mundo del trueque". El comunismo será un mundo en donde no existan mercancías (valores de cambio/valores de uso), sino sólo cosas y relaciones que no enajenen ni intoxiquen a los seres humanos (y a la naturaleza), los cuales entonces las crearán, usarán, compartirán y disfrutarán libre y sensatamente entre todos y cada uno. Un mundo en donde, en consecuencia, tampoco existan más "enfermedades mentales" como la esquizofrenia, sino sólo diferencias o diversidades psicológicas que ya no serán etiquetadas, satanizadas, aisladas, medicadas y reprimidas, sino que serán vividas, "viajadas", comprendidas, respetadas y disfrutadas libre y sensatamente por todos y cada uno. Por lo tanto, se puede afirmar que el comunismo será una sociedad sana, no en el sentido de que ya no existirá la enfermedad física, el sufrimiento y la muerte, sino en el sentido de que ya no será una sociedad que se autoaliene y autofagocite de forma homicida y ecocida. Esta sociedad sana, este tejido de relaciones y subjetividades libres, comunitarias y sanas, ya ha sido y es prefigurada por el movimiento comunista (y anarquista) histórico de manera contradictoria, impura e inconclusa, es decir de manera real. Porque el comunismo es un movimiento, un germen, una tendencia real que existe y existirá adentro, en contra y más allá del esquizofrénico capitalismo hasta abolirlo y superarlo de una vez por todas. (Locura Proletaria, Kito con k de eskizofrenia, septiembre de 2019)

viernes, 16 de marzo de 2018

Obscenidad y Riqueza

Nota de LP: Publico el siguiente artículo in extenso porque es simplemente excelente. Y sólo me limito a resaltar con negrita los párrafos que me parecen centrales y sintetizadores del mismo. Se trata de una crítica de la riqueza -y su obscenidad-, la pobreza -mejor dicho, la pauperización-, el desempleo o la desocupación, la desvalorización (capitalista y humana), la futilidad e inutilidad, la angustia, la violencia, la resistencia y hasta la insurrección (inseparable, en este caso, de la comunización), desde la perspectiva de la Nueva Crítica del Valor (Kurz, Jappe, etc.); es decir, desde la crítica del fetichismo de la mercancía y la alienación, una "crítica categorial" o radical, no sólo de la economía política, sino de la sociedad burguesa en su totalidad, tanto en sus aspectos "objetivos" o económicos como "subjetivos" o psicológicos. Para efectos de este blog, me interesa destacar la crítica que Shandl hace del capitalismo como el sistema de la violencia y la angustia organizadas, y de la desocupación laboral y la pobreza como causas de la desvalorización humana que conduce a lxs proletarixs precisamente a la angustia, la desesperación, la violencia, la autodestrucción o el suicidio. Pero, sobre todo, destacar su crítica al capitalismo como una sociedad en la cual, de manera inhumana, despótica y dogmática, reina el valor o el fetichismo de la mercancía; y entender éste, a su vez, como enfermedad mental social o psicopatología generalizada consistente en la cosificación-mercantilización-mistificación de las relaciones entre seres humanos (Marx, SPK, Soler), es decir como alienación o enajenación humana; y, por lo tanto, entender la insurrección y la "descomercialización y desmonetarización de las relaciones sociales" (comunización) que él propone, como "la gran negación" (Marcuse) y superación dialéctica e histórico-concreta de tal enfermedad o enajenación humana llamada sociedad capitalista de clases y fetiches: ¡revuelta y revolución social para recuperar la salud mental, la vida, la humanidad misma!

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Obscenidad y Riqueza
 
Franz Schandl (Grupo Krisis-Alemania)

Publicado originalmente en  Streifzuege (Viena) en el 2005
Tomado de 2&3DORM (Chile)

Comencemos en Belo Horizonte. Cada vez que un buen amigo, que desde hace algunos años vive en Brasil, visita Austria, necesita acostumbrarse de nuevo al hecho de poder caminar por las calles de noche sin ser molestado. En Belo Horizonte un paseo así es prácticamente imposible. ¿Qué nos dice esto? ¿Se trata de un pasado? ¿Un mundo paralelo? ¿O acaso el futuro? ¿Es posible que aquí [en Austria] puedan darse condiciones tan violentas como las que existen en otras regiones y ya se han convertido en cotidianidad? Pienso que el estrato de civilización es delgado y debajo yacen la vida y la violencia en total desnudez.
El capitalismo es una relación de violencia, incluso y precisamente cuando la violencia no se manifiesta abiertamente. Con esto no se alude tanto a la relación entre dominadores y dominados, sino más bien a una violencia omnipresente, ubicada sobre la totalidad de la sociedad a la que impregna, sobre todo allí donde ha logrado pacificarla con mercancías y donde la violencia no necesita hacer ostentación. Donde más violento es el capitalismo es donde la violencia no es percibida exteriormente porque se ha apoderado de la esencia más profunda de los sujetos. Los que se dominan, no se sienten más dominados. Su estado es aquel al que se le ha arrebatado la capacidad de percepción, la sensibilidad de los sentidos.

Abundancia y riqueza

La pobreza es violencia estructural, la pauperización es la forma en que se fija su trazo que alcanza a ciertos estratos de la sociedad capitalista como si fuese un destino. Aun cuando a nivel individual algunos puedan escapar de la pobreza, los múltiples pobres nunca lo lograrán. Ellos son parte del espacio económico global. Los pobres son la selección sistemática de los menos valuados. Padecen de falta de capacidad de mercado, lo cual es sinónimo de debilidad inmunológica social.
No es la riqueza la que produce la pobreza, sino que ambas son momentos de los procesos de (re)valorización del capital, de los cuales resultan. Aunque en apariencia su posición difiera tanto, favoreciendo a quienes la ostentan y perjudicando a esos cuyo trabajo constituye su sustancia, es la consecuencia de posibilidades y demandas objetivas y subjetivas, realizadas o precisamente no realizadas, de la sociedad capitalista. La riqueza económica significa el logro en la estructura dada, mientras que la pobreza es el fracaso en ella y por ella.  Algunos pueden arreglarse económicamente, a otros los desarreglan.
En tanto, hay riquezas y riquezas. La riqueza capitalista es una riqueza de mercancías y dinero. En última instancia se trata de una sentido limitado y abstracto de riqueza. La riqueza en sí misma es la superabundancia de vida. Habitar en un entorno agradable, comer y beber bien, amar y gozar, cultivar relaciones, ocuparse de lxs niñxs y amigxs, tocar música, leer, viajar, vagar, hacer trabajos manuales y corporales, no estar solx o abandonadx, apoyar y ser apoyadx, todo eso puede y podría caracterizar el vivir. De todo eso uno nunca puede recibir demasiado. Ernst Lohoff escribe: “La riqueza humana puede determinarse con mayor aproximación como riqueza de potenciales y de relaciones. La riqueza de una sociedad podría entonces medirse en tanto permita a sus miembros desarrollar sus potencias proporcionándoles las condiciones para que las realicen y  perfeccionen. La riqueza apunta a la plenitud o sea a la liberación de limitaciones y carencias”1.
La riqueza se torna obscena precisamente allí donde concurre con la miseria de muchos, es decir, donde abre una discrepancia. Herbert Marcuse: “La sociedad es obscena en tanto y en cuanto produce una abundancia asfixiante de mercancías y las exhibe impúdicamente, mientras que afuera se les roba a sus víctimas las posibilidades de desarrollar su vida; obscena porque ellos están repletos al igual que sus basureros, mientras que envenena y arrasa con los escasos comestibles en las regiones de su agresión; obscena en las palabras y risas de sus políticos y sus entertainers, en sus oraciones, en su ignorancia y en la sabiduría de los intelectuales que mantiene” 2. La obscenidad de la riqueza se corresponde con la obscenidad de la pobreza que con ella se produce.

Al interior y al exterior

Wolfgang Pohrt expresa: “La provocadora impudicia de la nueva riqueza, su aspereza, sirve para intimidar a las masas empobrecidas, cuyos miembros no son mejores que los ricos”3. Sin duda alguna, ellos quieren ni más ni menos que estar en otra posición. Estar fijado en eso y fracasar en ello es lo que caracteriza a muchos de los perdedores del bienestar y asimismo conforma los cimientos para definir otras condiciones de exclusión y encauzar su deseo exclusivamente hacia las leyes del mercado. El sujeto opera y avala el juego de inclusión y exclusión, si bien quiere excluir, pero no ser excluido. Avala algo contra lo que él mismo desea ser protegido.
El reformismo social de las organizaciones obreras fue el intento (otrora exitoso) de reaspirar la exclusividad de la riqueza hacia los centros, por lo menos a nivel de los estados-nación. Eso fue lo que había una vez. El capitalismo, entendido aquí como (re)valorización lograda, está él mismo en una crisis fundamental, no se distingue más por su integración, sino por su desintegración.
El desmontaje social actúa como cuando al enfermo se le quitan los medicamentos. Lo que les da poder (adquisitivo) se les quita o se les reduce la dosis. Su dependencia del mercado y el estado los coloca en una situación desesperante. Ahora llegó la hora de los placebos. A veces hasta tienen efecto. Pero en principio, a los “dejados de lado” les va como a los drogadependientes en la abstinencia. Estamos domesticados en función de las mercancías, no poder tenerlas es grave. Y el comprar es por eso un verdadero vicio, del que no es tan sencillo salir. El capitalismo debe ser entendido también como el sistema del fetichismo de la mercancía y del dinero y sus sometidos son como los sirvientes del fetiche. “La llamada economía de los consumidores y la política del capitalismo corporativo conformaron una segunda naturaleza en los seres humanos que los vincula de manera libidinosa y agresiva a la forma mercancía” 4. El ser humano no es nada sin estas mercancías y las relaciones dinerarias que de ellas se derivan.
Monopolio de la violencia y de la dirigencia, estado de derecho y estado social; a todo esto los ligaba el objetivo de la integración social. Este objetivo deberá ser abandonado poco a poco ya que, la base monetaria se encuentra en un proceso de desmoronamiento. Hoy, más bien, es la desintegración lo que está en el tapete. El estado de bienestar, conseguido en gran parte por el movimiento obrero, fue un proyecto compartido por casi toda la sociedad. No quería dejar caer a aquéllos sobre los que pendía esa amenaza. Eso fue lo que hubo una vez. Por falta de masa monetaria, las instituciones públicas intentan desembarazarse de estas obligaciones. El estado social es un estado agónico. Y con él, también agoniza la política social.
A lo social se le impone ahora la economía de mercado. La economía de mercado es en sí asocial, dado que no trata a los seres humanos según sus necesidades y deseos, sino que se sirve de ellos según su valor social, es decir, según su capacidad de [aportar a la] (re)valorización [del capital]. No acerca a los seres humanos entre sí, los enfrenta. No es la condición de humano lo que caracteriza al sujeto burgués sino la de ser vendedor y comprador. Capacidad de vida significa capacidad de negocio. Se enfrentan en el mercado enmascarados por sus mercancías.

La pobreza como oprobio o: ¡muerte a los indigentes!

Pocas condiciones son más vergonzosas que ser pobre; ni enfermedades ni sufrimientos, ni siquiera la guerra con toda su amenaza es vivenciada como un oprobio. La pobreza sí. La pobreza mancilla. No es un mero rasgo externo en quien la soporta o, en realidad y más precisamente : no es una señal de advertencia, sino que es la esencia más íntima que marca a la persona. En una sociedad,dominada por el valor, el pobre sólo puede sentirse desvalorizado. La frase “la pobreza no es motivo de vergüenza” es decididamente falsa.
Que la pobreza indigne a uno hasta las náuseas es justo, pero desde que apareció aquel slogan “vuestra pobreza nos da náuseas”5 como desprecio a los pobres y no a la pobreza, quedó en evidencia que lo que expresa es la arrogancia de los que más tienen frente a los que “menos rinden”. La pobreza, un defecto de la sociedad aparece como un déficit de los afectados por la pobreza. Ahí andan algunos mal vestidos o sentados mendigando en las estaciones del metro y molestando a los turistas en las zonas peatonales. Molestan a ciertos círculos, no son fáciles de agrupar en contingentes ni de ser reubicados en otro lugar. Simplemente son molestos. ¿Porqué tenemos que someternos a verlos?
Ya la economía política clásica se rompía la cabeza pensando qué se debía hacer con los pobres. Sus elucubraciones nos recuerdan a los debates actuales sobre el supuesto parasitismo. David Ricardo decía: “Es una verdad indiscutible que no es posible asegurar comodidades y bienestar duradero a los pobres sin contar con el esfuerzo de la legislación para regular su crecimiento cuantitativo y limitar el número de los casamientos prematuros e irreflexivos, para lo cual se requiere contar con su propia colaboración. El efecto de la legislación sobre pobres fue directamente contrario a esto” 6. O sea que según esto: a los pobres hay que mantenerlos cortitos.
Y un contemporáneo de Ricardo, su contrincante y amigo, un cierto Thomas Malthus escribía: “Dado que la población aspira indefinidamente a sobrepasar los medios de subsistencia, la beneficencia resulta una locura, una arenga pública en pro de la miseria. Por eso el estado no puede hacer otra cosa que abandonar la miseria a su destino y, a lo sumo, aliviar la muerte de los miserables. Al respecto, decía Marx: “Con esta teoría tan humana, el parlamento inglés considera que la pauperización sería la miseria producida por los mismos obreros, a la que por eso, adelantándose a una desgracia, cabe antes bien someterla, castigarla como a un delito. (…) Por fin la miseria es considerada como la culpa de los miserables y como tal [debe ser] castigada.” 7 Todo esto, ¿no suena muy moderno?

Fútil e inútil.

La medida de los exponentes burgueses (tanto personas como cosas) es el dinero. Expresa el poder individual en el mercado. “Es natural que en nuestra sociedad el dinero siga siendo el parámetro de valor para la propia persona”, dice la encuestadora Helene Karmasin. “En el campo profesional, el estado de la cuenta bancaria rige como expresión cualitativa (sic!, F.S.) sobre la persona”8.
¿Cómo debe sentirse uno de tomar en serio algo semejante? Pero lo que ahí se manifiesta es el punto de vista dominante – ni más ni menos – y, en general, se lo toma muy en serio, puesto que es serio. La mala verdad de la sociedad dice: lo que ganas expresa lo que mereces. Y dicho en el sentido de lo que a uno le corresponde. El ingreso es como la fracción de un billete que regula la participación social. Y eso se siente. Aun cuando no se lo capte, uno ya ha sido captado, incluso verdaderamente capturado. Respecto al dinero Robert Musil hace decir: “Es violencia espiritualizada, una forma especial, dúctil, altamente desarrollada y creativa de la violencia. No se basa acaso el negocio en astucia y coacción, en ventajismos y aprovechamiento, sólo que éstos están barnizados de civilización y transferidos a la interioridad del ser humano, sí, justamente como apariencia de su libertad?”9 Cuando en la obra más conocida de Arthur Miller uno de los hijos del viajante dice a otro: “El problema es que no hemos aprendido a ir tras el dinero”10 , enuncia el defecto principal, pero no el de la sociedad que lo exige, sino el de los individuos que en cualquier circunstancia están librados al arbitrio de ella.
Es grave que los seres humanos no valgan nada, pero peor aún es que deban valer; que una abstracción económica – ¡el VALOR! – sea lo que domina esta sociedad y prescriba el orden jerárquico de sus miembros. Que ellos deban manifestarse en esa escala, como si fuese una obviedad. Cada decisión de compra es la expresión de esta coacción. El dinero dimensiona el poder dispositivo que ejerce.
Ante el dinero todos los humanos son iguales, pero a través del dinero reciben diversas valorizaciones. Por cierto que la diferencia monetaria debe ser sometida a una crítica radical. Pero precisamente una radicalidad que se conjugue con un ajuste de cuentas tan abarcativo que incluya las diferentes valoraciones de la actividad humana. Son las condiciones las que deben ser tematizadas, no meramente sus excrecencias. La crítica a las diferencias de ingresos (no como inefable debate sobre privilegios) debe ascender hacia una crítica del ingreso hasta incluso una crítica del trabajo y el dinero. De quedar donde está, se convierte en el terreno fértil que posibilita enmascarar la cuestión social como un evento populista. El juego “¿a quién le quitamos algo?” tiene rasgos canibalísticos.
Mientras tanto, en la actualidad no se critica el dinero , sino que se lo reclama. A menudo suelen ser dos actitudes fundamentales las que caracterizan a muchos sujetos burgueses. Primero, el fantasma dinero: Dinero hay suficiente. Segundo el fantasma de la equidad y justicia: Uno mismo siempre recibe demasiado poco dinero. A partir de la articulación de estas convicciones, extrañas pero resistentes, le sigue entonces la proyección de que debe haber alguien que injustamente acapara demasiado. Alguien es culpable, demasiado voraz buscando privilegios, saquea los recursos sociales etc. – Muchos quieren protegerse de la competencia estigmatizando a otros competidores en el mercado y en lo social (extranjeros, parásitos sociales, burócratas, políticos, bancos, especuladores, judíos) y quieren excluirlos o desplazarlos para apartarlos de la competencia y de las prestaciones sociales. Quieren asegurar su estatus social o mejorarlo clamando por la desvalorización política de otros grupos. A la selección en el mercado se le oponen selecciones alternativas. Los sujetos competidores persiguen a los sujetos competidores como chivos expiatorios.
Por cierto que la competencia canibalística no sólo existe de individuos contra individuos, fábrica contra fábrica, supermercado contra supermercado, localización contra localización, estado contra estado, sino también, y de manera creciente, como un tironeo demencial de entidades públicas por el botín del ciudadano. A veces esto acarrea consecuencias no deseadas, pequeñas o mayores averías. Puesto que de donde algunos se sirven, no pueden hacerlo los otros o hasta por ley son obligados a generar una compensación. Las zonas disputadas ocupan un ámbito tras otro. En la actualidad estamos viviendo el arrinconamiento de los nichos y zonas protegidas. Es inaceptable que el mundo entero se convierta en una mercancía” o que ¡todo deba convertirse en mercancía!

Desocupado, desvalorizado

En el capitalismo, lo que no rinde está condenado a hundirse.También por eso, desde el punto de vista de la economía, la gente que no rinde no sirve para nada.Y cada vez más caen las barreras que impedirían que se los persiga como superfluos.El mercado laboral y la política tratan a los afectados ostensiblemente como elementos criminalizados.Desocupado significa des-valorizado.En primer lugar ya no se puede vender y por eso tampoco puede comprar (o sólo muy poco) y, segundo, eso implica también una inmensa pérdida de dignidad y aceptación.El concepto “sin ocupación/sin profesión“ pone aún más en evidencia que quien no puede seguir el ritmo de la competencia comercial no puede salir bien parado. Pero ésa es la exigencia principal a todos los miembros de esta sociedad. La desocupación se entiende como nulidad social, es degradación y declasistización. No son ni siquiera proletarios. “No soy nada!” “¡No va!” “¡No seré nada!” Así se lo siente, así se presenta, así es efectivamente. Pero entiéndase bien, es aquí y ahora, bajo las leyes del capital que no sólo determinan la mera estructura sino también el pensamiento y los sentimientos. La consecuencia es una actividad extensiva de los sujetos, dinamizados para ser explotados (y desvalorizar a otros) para no sucumbir. Las exigencias desmesuradas se transforman en desmesurada autoexigencia. El criado es su propio amo con el que no le separa distancia alguna puesto que ya conviven en el mismo pellejo. Impera la domesticación a través del autodominio.
Al enunciar la pregunta “¿Qué eres?” o “¿Qué quieres ser” se está expresando lo que a uno debe interesarle en primer término: la posición social alcanzada o aspirada. No se trata de él o de ella misma, sino de la función, del rol, de la carrera. Nada eres, si no eres nada. Entonces aquí el problema es que ha surgido una biomasa que devora pero no es explotable. Ella debe ser alimentada. Y esto en el capitalismo, al igual que todas las otras cuestiones, es un tema de costos. ¿Podemos permitírnoslo? Lo insoportable no es una respuesta cualquiera, ya lo insoportable es que una pregunta de estas características pueda plantearse. Es una pregunta del tipo de : devorar o ser devorado.
La ley del darwinismo social, es decir la del garrote, sostiene: A los que no pasan se los pasa al otro lado. Sus vidas no valen la pena, es decir son vidas sin valor de vida. Esta doble acepción expresa una identidad digna de temer . Decodificada correctamente la expresión alemana “lebenswert” (digno de vivir) no significa otra cosa que vida para el valor, lo cual implica: deber llevar una vida bajo el signo del valor, pero también poder llevarla . Es tramposo el vocabulario que utilizamos.

Angustia y des-aseguramiento

En esta sociedad se impone que la administración afectiva emocional y la administración del ingreso sean congruentes. La descalificación en el mercado, el acoso en las agencias intermediarias del mercado de trabajo, eso y muchas otras cosas más destruyen al ser humano. En la sociedad burguesa el temor a la desvalorización es la angustia principal, pero también el impulso negativo del individuo. El miedo funciona como una espina en la carne de los sujetos mercancía, que cargan consigo para colocar en el mercado su equivalente en valor. “¡Intercambio, luego existo!”, así reza el grito primigenio del sujeto en el mundo capitalista.
La angustia se torna el sentimiento preponderante, reprimido, pero cada vez más difícil de reprimir. Angustia por el puesto de trabajo, angustia por recibir pedidos [de trabajo], angustia por la pérdida de la transferencia social, angustia por los pagos no realizados o no recibidos, angustia de poder mantener el status, angustia por la competencia, angustia por las exigencias de la pareja, los hijos, los parientes y conocidos. Todos y todas están bajo la presión de ser transformados en valor. Esta angustia hace que los humanos se tornen ásperos y desaprensivos. La angustia degrada la vida, la torna amarga. La angustia es mala compañía y mal consejero. Obliga a la adaptación, a la sumisión y a la humillación. El capitalismo es el sistema de la angustia organizada.
Cuando las cuentas no cierran o sólo de vez en cuando, puede seguirle la apatía o agresión, por lo menos si no existen perspectivas de salida. Lo incontrolable, incontabilizable e inadmisible de las condiciones se abre paso; pero no para una toma de conciencia sobre las mismas sino que para muchos individuos simplemente se vuelven insoportables. Las descargas a modo de reflejo ocurrirán con mayor frecuencia. Lo insoportable-incomprensible tiende a un golpe de liberación falso.
La elaboración psíquica de las exigencias exageradas suele estar al mismo nivel de éstas. Los amenazados amenazan. Los eliminados eliminan. Las víctimas victimizan. Los acosados acosan. Eso es lo que han aprendido. En eso están entrenados. ¿Porqué tendrían que tener de pronto otras intenciones? Éstas siguen funcionando al mismo nivel de la disfunción [internalizada]. Son sujetos de la competencia sin posibilidades de imponerse. ¿Pero entonces qué cabe hacer cuando los últimos hilos del tejido social se han desgarrado? ¿Comprarse una soga? ¿Seguir intentándolo una y otra vez? ¿Entregarse al destino? ¿Capitular? ¿Emborracharse? ¿Asaltar las agencias de empleo o las legislaturas provinciales y tirotear a diestra y siniestra? Los afectados por las descompensaciones quieren descompensar para compensarse. El coma se convierte en amok.
Por cierto que la angustia no es aprobada. Se mira a quien está angustiado como un debilucho. La angustia secundaria es la angustia a angustiarse. Estamos viviendo en una situación en la que la gente se angustia sin que se le permita sentirla. La negación, la autorepresión [Verdrängung] no sólo domina en la competencia, sino que también domina la psiquis de los competidores. Nada es más letal que este anestesiamiento de la existencia. Estoy absolutamente decidido a luchar por admitir la angustia, porque de otro modo temo que aquéllos que no soportan más sus miedos, se abalancen hacia el cajón de los falsos deseos. Ya esto, de por sí, es bastante angustiante. Vivimos en forma permanente los ejercicios en esa dirección .
La angustia aumenta donde las seguridades disminuyen. Así como el fordismo, co-moldeado esencialmente por el movimiento obrero en Europa, es considerado como el intento de los reaseguros sociales, hoy estamos viviendo en los tiempos de sus quites, es decir de los des- aseguros. Sobre todo las condiciones de ocupación llamadas atípicas nos deparan cada vez más situaciones de precariedad. El sujeto calculador no puede confiar en nada, excepto en el hecho de que él debe cubrir sus gastos con sus ingresos. Sin embargo cada vez menos se da la correspondencia entre ellos en forma directa. El sujeto calculador, en consonancia con su situación incalculable, se torna imprevisible. Cada vez es más esporádico ver a comienzos del mes un monto fijo en la cuenta bancaria. Lo típico es la caída tendencial de los pagos regulares en la vida comercial, al igual que la alta fluctuación de los ingresos de los llamados “autónomos”. Entre quienes trabajan como freelance es bien conocido el alivio que se siente cuando en la cuenta , de pronto, aparece una transferencia.
La quita de seguridades es señal de la conmoción estructural en sus cimientos, no simplemente la consecuencia de relaciones de fuerza desafortunadas, sino la expresión de un sistema en descomposición que cada vez menos puede garantizar algo o brindar prestaciones, e incluso traduce ahora esta evidente incapacidad en una irritación positiva. “La prevención tiene fundamentalmente prioridad ante la previsión y ayuda”11, se dice en el Programa de Gobierno del partido conservador Partido Popular Austríaco y del derechista Partido Libre de Austria del año 2000. Cada uno debe ver cómo se las arregla. Cada uno forja su propia desgracia, anuncia el pensamiento positivo.
Los sujetos des-asegurados pueden sobrevivir en todo caso si ellos mismos actúan en forma desconsiderada; deben volverse pequeños monstruos competitivos si no quieren ser expulsados de los (nuevos) mercados. Al sujeto de la sociedad burguesa, llamado ciudadano libre, no le está permitido un respirar libre sino un jadeo asmático. Crece la angustia de ser atropellado. Por eso hay que ser rápido, astuto y ladino. Pero sobre todo, desconsiderado. Todos contra todos también implica: no confiar en nadie, nadie confía en uno. “El dinero destruye la amistad”, dice un inteligente refrán. Y la vida está llena de tales experiencias.
Des-asegurado significa por lo tanto más que estar inseguro (no estar asegurado o no seguro), desasegurado implica también que los sujetos flexibles están bajo tensión, están cargados, deben estar dispuestos a disparar el arma en la lucha, por lo menos disparar para bajar a los competidores. El instrumentario que se les impone es agresivo. Des-asegurado describe un estado en el que los que han perdido las seguridades devienen en generadores de inseguridad. Tienden a reacciones imprevisibles. “Se le saltaron los fusibles12”, suele decirse en lenguaje coloquial o: “Se me quemaron los fusibles”. En el extremo de estos procesos están la formación de bandas y los homicidas amoks con sus asesinatos indiscriminados. Existe el peligro de que cuando la explotación y su manejo no puedan seguir siendo garantizados, la sociedad burguesa se desgrane en una “guerra civil molecular” (Hans-Magnus Enzensberger), que la comunicación humana se concentre en su núcleo de violencia.

Polos de violencia

El concepto “exaltado” me parece sumamente apropiado para describir ciertas formas en las que transcurre el proceso de degradación social y la limitada resistencia que genera. El exaltado quiere demostrar incluso mediante una inclusión alternativa (p.ej. robo) su pertenencia a través de un hecho impropio. Intenta enfrentar la exclusión brutal mediante una inclusión branquial. Eso nada tiene que ver con emancipación, sino con regresión y, encima una que legitima adicionalmente al poder, en tanto vehiculiza el deseo de proceder contra ésta y cualquier otra alteración.
Los ladrones comunes como los organizados sólo están con reservas fuera de la ley , no cabe mitificarlos como rebeldes. Hacen algo afuera para poder quedar adentro. Chantajean y roban para poder comprar. En determinado momento niegan algo para luego , en otro momento referirse a lo mismo aseverándolo. Glorifican la propiedad privada, de la que quieren apoderarse. Desde el punto de vista histórico, aparecen como seguidores tardíos de la llamada acumulación primitiva.
La ruptura del tejido social se evidencia como amplificador de la energía delictiva. La predisposición a la violencia se incrementa donde fallan los mecanismos políticos y sociales. Deteriorado significa que, si bien algo puede seguir existiendo, tiene escasas condiciones para seguir desarrollándose. Concebiría entonces así el estado general de la sociedad. Una sociedad deteriorada produce seres deteriorados. Una unión de deteriorados con el fin de deteriorar se denomina banda (pandilla, patota). La banda es la inversión práctica de la emancipación. Conoce consecuencias pero no perspectivas. La predisposición a la violencia no tiene como meta derrocar, ostenta carácter usurpatorio. La meta es el botín.
En tiempos en que todo debe ser privatizado, la violencia también se privatiza. Los polos de violencia disuelven y reemplazan los monopolios de violencia. Aquéllos funcionan como miniestados tercerizados, tal como debe afianzarse una identidad substancial entre el Estado y la banda. Los Estados son bandas en gran escala. Las bandas no conforman sólo el fermento de los estados, ellas son también su última guarida. Veamos el pago obligatorio de protección. No significa más que la privatización del impuesto y la prestación social. En vez del monopolio fiscal tenemos ahora polos fiscales, como en vez del monopolio de la violencia tenemos polos de violencia. Al interior, la banda funciona según determinadas reglas, lo que nos vuelve a recordar a su hermano mayor, el Estado. Que todos roben a todos, no lo aguanta banda alguna, y menos juntas. Aunque las bandas son entramados frágiles. Expuestas constantemente a los procesos de erosión son conglomerados de consistencia y duración limitadas.

Resistencia o insurrección

La impotencia grita: “No tenemos posibilidad alguna, pero la aprovechamos”. En realidad es una frase estúpida, el capital no dice algo distinto a sus sometidos. Aunque por una parte el anhelo de cada uno se basa en primera instancia en las posibilidades individuales reales, por el otro lado niega la realidad de posibilidades para todos. El número de los que no tienen ninguna posibilidad crece a medida que las posibilidades desaparecen. Por cierto que la cruda desesperanza parece ser aún peor que las falsas esperanzas. Una verdadera perspectiva surge recién cuando uno se enfrenta a la desesperanza y el desconsuelo de la existencia en el capitalismo, sin negarlos pero tampoco aceptarlos como destino. Una vez que este horizonte ya no se vea como el límite, es posible que se abra uno nuevo. Y esto rige para todos, no sólo para los que son atropellados, sino también para los que atropellan.
¿Que tienen en común los grandes industriales con los que viven de la ayuda social y los ladrones? Pues que todos quieren dinero. Ahora bien, quisiera transformar esta pregunta complementaria en una pregunta decisiva. Se trata de que todos no quieran seguir así. Aquí está la ruptura paradigmática: No se paga. No se compra. No se (re)valoriza. Se requiere un pensamiento negativo. Lo que cabe es cooperación en vez de competencia. El espíritu de la emancipación comienza allí donde cuestiona y se cuestiona la apetencia elemental de dinero. El juego de exclusión e inclusión comercial debe ser superado. Si bien no constituyen los lemas del día, sí son exigencias de este tiempo, incluso o precisamente porque la acción cotidiana se ve distinta. La “gran negación”, como la llamó Marcuse, debe tornarse pensable. Debemos poner fin a pensar los bienes como mercancías y a los seres humanos enmascarados en su alienación. En última consecuencia se trata de la descomercialización, de la descomodificación y la desmonetarización de todas las relaciones societales.
La categoría de resistencia es en cambio problemática. Es un concepto inherente y no uno transformacionista. Resistencia política significa presionar contra lo que a uno lo presiona. La resistencia es una resultante de lo que la genera. Por lo tanto es parte constitutiva de un paralelogramo de fuerzas inmanentes y sólo se mueve también en ese plano. Es reacción, es un oponerse a; se trata de un primer paso, pero nada más. La resistencia no se dirige contra el juego, sino que al contrario, quiere posicionarse mejor en el juego. Incluso es destructiva la lucha de intereses por la distribución económica en la sociedad. Lo que pugna como necesidad inmediata se vuelve una trampa ideológica porque mediante la afirmación de la forma no se capta teóricamente la destructividad general por lo que ésta queda prácticamente indemne. La resistencia divide las condiciones de su confrontación como condicionamientos indisolubles, no quiere suprimirlas. No es resistencia lo que se requiere, sino insurrección. No: No queremos soportar, sino: queremos instalar lo que nos gusta. ¡Resistencia implica reacción, insurrección significa acción!
Discutir sobre las perspectivas es debatir en el nivel de lo que queremos y no en la esfera estatal permitida de lo que se puede hacer. Una potencia radical transvolucionaria (y está en duda también si a ésta debe pensársela como movimiento social) debe plantear interrogantes, no dejar que se los planteen. Menos importante parece en efecto la pregunta de cómo se legitima una insurrección. Como enorme puesta está más allá de criterios obligatorios. Mucho más importante es deslegitimar el capitalismo. “La cuestión de la legitimidad debe más bien invertirse de antemano transformándola en ofensiva. Cuando el ordenamiento capitalista ya no prevé la reproducción social, que razón existe entonces para rendir tributo a su lógica? El pensamiento emancipatorio no comienza allí donde las personas, por respeto a la vaca sagrada del dinero, se olvidan de las cuatro operaciones fundamentales de la aritmética y fantasean con que ‚ hay suficiente dinero’‚ para imaginarse como los mejores maquinistas de la fábrica general capitalista. El pensamiento emancipativo elimina, antes que cualquier otro, el paradigma de la financiabilidad como criterio de todos los criterios”13.
Uno no debería cargarse demasiado con justificaciones éticas. Los criterios de lo permitido no caben ser debatidos en base a las categorías burguesas, en especial sus prohibiciones no son guía de acción y mucho menos premisas morales. Donde la normalidad burguesa deviene en lo anormal humano está la potencia de la transvolución, lo gigantesco en conciencia y acción. La violencia es un factor que no debe ser reprimido, sobre todo uno no debe entregarse a los actos de fe, sino hacer de la violencia (oculta) imperante el objeto de la crítica. La liberación de la violencia no debe traducirse como reconocimiento del monopolio de la violencia. Si bien la liberación de la violencia es un objetivo incondicional, sólo es un medio condicionado, uno no puede apoyarse exclusivamente en él. No sería correcto. Uno estaría entonces frente a las escalaciones violentas futuras en una situación de total incomprensión y desamparo. El intento permanente de incidir satisfactoriamente en todos los conflictos sociales, significa también tener presente que, por su misma dinámica, no siempre se logra ese cometido.
El problema básico es empero que la oposición social no se cansa de seguir pensando que siempre se puede seguir accionando basándose en el valor y dinero, en el trabajo y la democracia, en el estado social y de derecho, en libertad y justicia, siempre y cuando sean las personas correctas las que están al mando. Permanentemente sigue creyendo en la intervención política, hasta en la gran Fundación de Política.“La racionalidad política es precisamente racionalidad política, porque piensa dentro de los límites de la política. Mientras más aguda,mientras más vital, está menos capacitada para contener las debilidades sociales”14, escribía el joven Marx, y Engels precisaba: “Pero la mera democracia no es capaz de curar los males sociales. La igualdad democrática es una quimera, la lucha de los pobres contra los ricos no puede conseguirse en absoluto con la lucha en el terreno de la democracia o de la política”15.

Notas:

1 Ernst Lohoff: Zur Dialektik von Mangel und Überfluss, krisis 21/22 (1998), S. 57..[Sobre la dialéctica de carencia y excedente]
2 Herbert Marcuse: Un ensayo sobre la liberación, México: Mortiz, 1968.
3 Wolfgang Pohrt, Brothers in Crime. Die Menschen im Zeitalter ihrer Überflüssigkeit. Über die Herkunft von Gruppen, Cliquen, Banden, Rackets und Gangs, Berlin 1997, S. 83. [Brothers in Crime. Los humanos en la era de su superflualidad. Acerca del origen de grupos, cliques, bandas rackets y pandillas]
4 Herbert Marcuse:Un ensayo sobre la liberación, México: Mortiz, 1968.
5 N.d.T.: Referencia al texto en obleas y postales supuestamente humorísticas que circularon años atrás cuando el neoliberalismo comenzó a imponerse.
6 David Ricardo: Principios de economía política y tributación. Ediciones Pirámide, 2003.
7 Thomas Robert Malthus; cit. de Karl Marx, Glosas críticas marginales al artículo „El Rey de Prusia y La Reforma Social por un prusiano”, Ed. Etcétera, Barcelona 1977.
8 Der Standard, 05.01.1997.
9 Robert Musil: El hombre sin atributos, Seix Barral, 2006.
10 Arthur Miller: La muerte de un viajante, Barcelona : Océano, 1998.
11. Cit. según Emmerich Tálos, Vom Siegeszug zum Rückzug. Sozialstaat Österreich 1945-2005. Innsbruck-Wien-Bozen 2005, S. 60. [De la marcha triunfal al repliegue. Estado social Austria 1945-2005]
12 N.d.T.: En alemán “fusible” deriva de seguro.
13 Ernst Lohoff, Out of Area – Out of Control. Warengesellschaft und Widerstand im Zeitalter von Deregulierung und Entstaatlichung, Streifzüge, Nummer 32, November 2004, S. 16. [Out of Area – Out of Control. Sociedad de mercancías y resistencia en la era de la desregulación y desestatización, Revista Streifzüge, N° 32, Nov. 2004…]
14 Karl Marx, Glosas críticas marginales al artículo „El Rey de Prusia y La Reforma Social por un prusiano”, Ed. Etcétera, Barcelona 1977.
15 Friedrich Engels: La situación de la clase obrera en Inglaterra, Madrid: Júcar , 1980.

jueves, 19 de octubre de 2017

Hacer de la enfermedad un arma (2)

Nota de LP: Como para cerrar -por el momento- el capítulo del SPK, aquí presento su "Manifiesto Comunista para el Tercer Milenio" (1998-99), porque, como todo manifiesto, condensa y expresa sus ideas principales. Esta vez no lo copio y pego debido a su extensión, pero abajo pongo su link para poder acceder a su lectura. Lo que sí voy a hacer es citar y comentar algunas ideas que me parecen interesantes y relevantes, tanto de su Manifiesto como de otros de sus textos que se pueden encontrar en su página, incluidas sus tesis y principios.
Para empezar, ellos son los únicos que identifican Enfermedad con Capital (a diferencia de Bonanno), y no sólo eso sino que comprenden la enfermedad como una característica intrínseca de la especie humana, por tanto, incurable, "inextirpable". Luego, critican de manera radical e intransigente el modo en que el poder médico capitalista (o la "iatrarquía") norma y controla la enfermedad humana mediante su "salud", a la que critican como "una quimera biológico-nazista" (ej: la genética como genocidio). Sin embargo, son consecuentes con la dialéctica materialista -como ellos mismos escriben- y, por tanto, hacen de la enfermedad un arma contra el Capital, es decir asumen en primera persona la alienación impuesta y reproducida por esta sociedad estructuralmente alienada, para negarla y transformarla. En ese estricto sentido (dialéctico) hay que entenderlos cuando se declaran "partidarios de la enfermedad", que equivale a declararse partidarios de ser humanos-alienados-proletarizados -y en algunos casos, psiquiatrizados- que luchan por dejar de serlo.
Por eso es que, a pesar de centrarse exclusivamente en la lucha contra la medicina y de usar un meta-lenguaje que tal vez sólo ellos y sus lectores pueden entender, desde sus inicios hasta la fecha, el SPK ha tenido la claridad y el coraje para seguir hablando -a contracorriente- de capitalismo, clases sociales, antagonismo de clases, revolución, sociedad sin clases (como meta explícita en su Manifiesto) y de comunismo. Y eso no es -o no debería ser- poca cosa para el movimiento real histórico e internacional de negación y supresión del orden social capitalista. A decir verdad, ésta fue la razón principal para publicarlo aquí.
También me resulta interesante que cuando hablan de Especie lo hacen en la acepción histórico-antropológica de Marx-Bordiga-Camatte: es decir, como Gemeinwesen o Comunidad Humana, quien ha recorrido y sigue recorriendo un "arco histórico" desde el comunismo primitivo hacia el comunismo del futuro, antagonismo de clases mediante. Así pues, en una parte de este Manifiesto se dice que nuestra especie es "genéticamente enferma" y, al mismo tiempo, "la masa hereditaria de toda experiencia revolucionaria desde Adán y Eva hasta hoy (Bakunin manda recuerdos)." [¡sic!] Y en otra parte: "el sujeto revolucionario es inextirpable e incorruptible y era ya desde hace siempre lo que es hoy y será en el futuro más que nunca, es decir: la enfermedad bajo la determinación paciente, a saber, cuando la clase de los Pacientes de Frente se enfrenta con la clase dominante de los médicos, los primeros no como organización y asociación, sino en la actividad encauzada y concentrada del expansionismo multifocal (EMF, en alemán: MFE), nosotros llamamos a esto también cuerpo de calor, el que existe y ya ha existido como Colectivo Socialista de Pacientes, el que existía desde hace siempre como la causa real y el principio dinámico de todos los orígenes revolucionarios conscientemente hechos, si fueran realmente tales sin importar cómo se consideraron a sí mismos, sin importar cómo fueron etiquetados, sin importar qué otras etiquetas asumieron, desde los llamados espartaquistas de la antigüedad hasta los consejos y soviets (Räte) y los sansculottes de los tiempos más modernos." (negritas originales) La diferencia con Camatte, en este aspecto, es que el SPK todavía mantiene una posición y discurso de clase; mientras que aquél, al final de su trayectoria, so pretexto de la "subsunción real/subsunción total en el Capital", pretendió reemplazar al Proletariado por "La Humanidad", en fin... 
Por otro lado, su expresión  de "Moloc Valor" -en el Epílogo- me parece una metáfora exacta, en el sentido de que el Valor es de hecho el Dios Antropófago o come-hombres de esta sociedad mercantil generalizada, pues no sólo aliena y explota como hombres-mercancías a los proletarios, y los mata de hambre y en las guerras, sino que "los suicida" al desvalorizarlos por completo como seres humanos. Dicha expresión también conecta con la Crítica del Valor de Kurz y Jappe, ya que éstos últimos entienden y critican radicalmente al Valor como una  Mercancía-Cosa-Fetiche-Dios de "la prehistoria humana"; es decir, de esta sociedad de clases plagada de catástrofes sociales y sufrimientos inhumanos para la humanidad proletarizada, cuya abolición (del valor) sería entonces la clave del Comunismo. Asimismo, la diferencia con éstos últimos es que el SPK, al igual que Marx, mantiene la correcta posición histórica, dialéctica y revolucionaria del antagonismo de clases en pos de la abolición de la sociedad de clases. Lo cual también aplica sin reservas para la enfermedad en tanto que alienación.
Finalmente, hago hincapié en la consigna central del SPK de hacer de la enfermedad un arma y también en su otra consigna de "crear colectivos de pacientes [léase de enfermos] en todas partes" de manera "expansiva-multifocal". Con un amigo/compañero, otro loco proletario suelto, conversamos al respecto y, en general, estamos de acuerdo. Mejor dicho, nos dimos cuenta de que ahora somos ni más ni menos que eso, más bien informalmente, y que mediante este blog intento/intentamos expresar buena parte de aquéllo. Sabiendo que esto no sólo me pasa a mí ni a mi amigo, sino a muchos otros proletarios-as de aquí y de todas partes; es decir, que es un problema de clase y, por lo tanto, de la lucha de clase, "porque la idea, el concepto de la enfermedad, si está en varias cabezas, ya es una fuerza material, fuerza de la enfermedad"; la cual "era desde hace siempre el núcleo de todo cambio revolucionario, aún cuando hubieran luchado aparentemente por "tierra", "pan", "paz" y "libertad". Pero hoy a través del SPK/PF(H), por vez primera la enfermedad está significada expresamente de forma revolucionaria."


[que es como decir "la esperanza sólo puede venir de los desesperados" -pinta de mayo del 68-]

"No para amigos de acertijos. Solamente para ser leído. Por esta razón, excepcionalmente algo largo. Pero por eso puede prolongar la vida. Algo incruento también. De uso interno/externo

¡FUERA CON LA CLASE MEDICA!
¡LA META: LA SOCIEDAD SIN CLASES!
¡ADELANTE LA CLASE DE PACIENTES!"

 
"La exigencia de apropiarse de la "propia" enfermedad implícitamente apuntaba a la política dominante de propiedad en el centro nervioso de la subjetividad, y al mismo tiempo implicaba al comunismo auténtico en el cual se trata en primer y último lugar de la apropiación y realización colectivas de las fuerzas humanas esenciales [menschliche Wesenskraefte], de la especie humana en su indivisibilidad-individualidad." (El concepto completo de la enfermedad -otro texto fundamental del SPK-)