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miércoles, 10 de marzo de 2021

«Saldremos de esta. Guía de salud mental para el entorno de la persona en crisis»

Javier Erro (psicólogo). Granada-España, abril 2016
Tomado de Primera Vocal

 

Nota de LP (Quito, marzo 2021):

Como superviviente de la "enfermedad mental" y la psiquiatría, y como proletario anticapitalista-antipsiquiátrico, soy profundamente crítico del concepto de "salud mental", de los manuales y las recetas psicológicas (y pseudopsicológicas, como el asqueroso "coaching" ese), de ir al psiquiatra, del uso de psicofármacos, así como también de la "lucha por los derechos humanos en la salud mental" y la "(auto)gestión del sufrimiento psíquico". En este blog abundan las experiencias, los motivos, los argumentos y los fundamentos para ello.

Hecha esta crítica fraterna, publico aquí esta "Guía de salud mental" porque se basa no sólo en el conocimiento teórico y profesional, sino en la experiencia colectiva al respecto. Porque es una herramienta práctica o un documento técnico, útil, de fácil lectura y aplicación para los entornos de las personas que estén sufriendo psíquicamente (familiares, parejas, amig@s, compañer@s). Y, sobre todo, porque pone énfasis en la Empatía, la Solidaridad y el Apoyo Mutuo como estrategia colectiva o comunitaria para enfrentar y salir de estas situaciones de crisis psicológicas "individuales", pero que en realidad son colectivas o sociales, ya que son producidas y reproducidas por la psicópata sociedad capitalista, y ya que afectan a cada vez más y más proletari@s en todo el mundo, más aún en la actual "crisis pandémica" que estamos atravesando. 

Dicho lo cual, recomiendo leer, difundir, reproducir, discutir críticamente y, sobre todo, usar prácticamente esta guía como se necesite, se desee o mejor convenga, en especial a l@s hermanos psiquiatrizad@s y sus entornos, en todas partes. Hago un llamado también a crear y usar nuevas guías y estrategias colectivas concretas para luchar y sanar junt@s. Estamos tod@s junt@s en esto y saldremos de esta.

*** 

Índice

Presentación .......................................... 7
Introducción. PERDIENDO EL MIEDO ................ 9
ANTES DE ACTUAR .................................15
La coordinación del entorno ......................17
Límites ...............................................18
PRINCIPALES FORMAS DE SUFRIMIENTO PSICOLÓGICO QUE PUEDEN REQUERIR NUESTRA REACCIÓN ...............................21
Delirio ................................................22
Alucinaciones .......................................24
Episodio maníaco ..................................26
Depresión ............................................28
Consumo excesivo de drogas .....................30
Autolesión ...........................................32
Agresividad .........................................35
LA IMPORTANCIA DE LA COMUNICACIÓN ........37
Charlar personalmente ............................38
Comunicarse el entorno sin la persona ..........39
Comunicarse el entorno con la persona .........42
Reunirse el entorno con la persona ..............44
RECURSOS A UTILIZAR .............................45
Pactos de cuidado ..................................45
Concretar situaciones ..............................47
Grupo de Apoyo Mutuo ............................49
Acompañamiento ...................................50
Compartir la problemática ........................51
FÁRMACOS ...........................................55
APUNTES SOBRE LA AYUDA PROFESIONAL .......61
ALGUNAS REFLEXIONES FINALES .................67
PARA SABER MÁS ...................................71

***

Presentación por Primera Vocal (Madrid, abril 2016)

La lucha por los derechos humanos y la búsqueda de alternativas a la gestión que hace la sociedad del sufrimiento psíquico son los dos grandes frentes del activismo en el campo de la salud mental. En la actualidad se están produciendo movimientos tanto entre las personas afectadas de manera directa por ese sufrimiento como en los sectores más críticos de los profesionales. Poco a poco van cuajando sinergias que se materializan en forma de asambleas, artículos, charlas, congresos, traducciones, webs, etc. La publicación de Saldremos de esta. Guía de salud mental para el entorno de la persona en crisis es un fruto de este tipo de encuentros. Escrita por un psicólogo, en su redacción final han participado distintos supervivientes a la psiquiatría.

Estas breves páginas que tienes entre las manos tienen un objetivo práctico. No pretenden proponer una solución en sí misma a un momento de crisis. Sencillamente buscan arrojar algo de luz en una situación que sabemos de primera mano que es compleja y, en ocasiones, devastadora. Y tratan de hacerlo, además, desde una perspectiva no individualista.

Son muchos, cada vez más, los materiales teóricos que cuestionan los modelos hegemónicos de atención en salud mental. Pero nos hacen falta herramientas prácticas... saberes ubicados más allá del conocimiento especializado que sirvan para desplegar estrategias colectivas con las que reducir todo ese dolor que brota día a día en nuestros entornos. Esta guía pretende ser uno de los muchos pasos que nos quedan por dar en esta dirección.

Presentación por Primera Vocal (Madrid, julio 2017)

El pasado mes de junio de 2017 se cumplió un año de la edición de Saldremos de esta. Guía de salud mental para el entorno de la persona en crisis, de Javier Erro. Poco tiempo después publicamos la edición digital en la página web Mad in America para el mundo hispanohablante. Ahora, con un camino ya recorrido (tanto en lo que se refiere a cantidad de copias distribuidas y descargadas como a presentaciones realizadas por el autor a lo largo y ancho de la geografía ibérica), publicamos el PDF en Primera Vocal.

Queremos dar las gracias tanto a Javier Erro como a la Biblioteca Social Hermanos Quero de Granada, que ha sido el colectivo que se ha encargado de la edición y distribución de la guía. Os animamos tanto a solicitar copias impresas como a descargar y difundir la obra. Ya ha llegado a varios miles de personas, y estamos convencidos de que en el próximo año llegará a otros muchos miles más.

En ocasiones minusvaloramos nuestra capacidad de trabajo y el impacto de nuestros proyectos. Con medios relativamente precarios y mediante un proceso autogestionado hemos conseguido hacer llegar esta guía a bibliotecas, librerías, asociaciones de salud mental, institutos, etc. distribuidos por todo el país. Y ello ha sido posible por la enorme cantidad de manos que se han acercado y han comenzado a colaborar (desde supervivientes de la psiquiatría que han hecho llegar la guía a lugares y personas a las que no podríamos llegar de otra manera a profesionales que han comprado decenas de copias para regalar a pacientes, pasando por libreros que la recomiendan y venden aun a sabiendas de que apenas les dejará unos céntimos de beneficio). Al fin y al cabo, este ha sido un camino colectivo, algo que coincide con la misma esencia de Saldremos de esta: implicarnos, crear lazos, avanzar en la dirección contraria a la que apunta esta sociedad. Combatir el canibalismo social y la atomización. Sea apoyando a una persona en crisis o socializando conocimientos. No conocemos otra manera de sobrevivir al orden de cosas que nos ha tocado habitar… lo bueno que tiene es que además es una manera hermosa de estar en el mundo.

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domingo, 9 de febrero de 2020

TODOS ESTAMOS ENFERMOS DE CAPITALISMO. ¡ASUMÁMOSLO PARA ABOLIRLO Y SUPERARLO REALMENTE!



Todos, absolutamente todos estamos enfermos, muy enfermos de este sistema de mierda llamado capitalismo. Nadie se salva.

La normalidad y la salud capitalistas en realidad son enfermedad o alienación humana (desde el fetichismo de la mercancía y el trabajo asalariado hasta la ideología y la ciencia), aparte de ser una imposición y un negocio de la clase explotadora y dominante, esa mafia empresarial-estatal de acumuladores y psicópatas que sólo merece ser eliminada de la faz de la Tierra.

Los proletarios y los anticapitalistas (marxistas, anarquistas, feministas, antifascistas, anticolonialistas, antiespecistas, etc.) también estamos enfermos de capitalismo e incluso más que el resto de la sociedad burguesa, porque queremos luchar contra ella para derrocarla, pero en cambio esta siempre nos derrota en el intento, y eso nos produce más sufrimiento psíquico aparte del que ya nos produce la esclavitud asalariada, el desempleo, la pobreza y toda forma de opresión bajo la tiranía del dios dinero. Y, sobre todo, porque reproducimos el capitalismo en nuestras prácticas y relaciones cotidianas, en este caso dentro de los espacios políticos supuestamente anticapitalistas (atomización social, prácticas mercantiles "autogestionadas", individualismos y autoritarismos, competencias o pugnas de poder y de egos, poses o apariencias, prejuicios ideológicos y morales, paranoias, intrigas y calumnias, falsas acusaciones y agresiones, traiciones e hipocresías, falta de comunidad real, etc.). Creyendo que no lo hacemos o encubriéndolo ideológicamente con múltiples ismos izquierdistas y hasta con declaraciones de intenciones de "comunidades de lucha" inexistentes o ficticias. Queriendo incluso llenar vacíos de todo tipo con ello en vano, porque nuestros espacios-guetos activistas y "militantes" actuales no dejan de ser cascarones vacíos que, sobre todo en momentos de post-revuelta o de vuelta a la normalidad, los llenamos con mierda capitalista y los tapamos con membretes "anticapitalistas".

Por eso mismo es que no logramos identificar el problema de raíz y continuamos con esta existencia humanamente miserable como perros que se muerden su propia cola, pero "desde abajo y a la izquierda".

O talvez ya lo sabemos o al menos lo sentimos, pero nos aterra admitirlo para atacar el problema de raíz: que todos estamos enfermos de capitalismo. Que el sistema no es algo externo a nosotros, sino que nosotros también somos el sistema. Que esta gran enfermedad social se manifiesta mental y físicamente de millones de formas individuales o, mejor dicho, que absolutamente nadie se salva no sólo de las enfermedades físicas sino también de las llamadas "enfermedades mentales", por más que lo niegue o lo oculte. Que mientras no reconozcamos ni enfrentemos individualmente (con autoconocimiento y autocuidado) y sobre todo colectivamente (con empatía, apoyo mutuo y afecto) nuestra propia enfermedad a fin de erradicarla y superarla; mientras no nos esforcemos por construir y vivir relaciones humanas y formas de ser/estar lo más saludables, transparentes, horizontales, autónomas, liberadoras, comunitarias, cotidianas y coherentes que sea posible, al mismo tiempo que por revolucionar de manera total y radical las condiciones materiales e históricas impuestas, no como "vanguardia" ni "ombligo del mundo" sino como unos nadies más que lo queremos todo; en fin, que mientras no nos cuestionemos y transformemos a fondo (lo cual ciertamente duele, como todo parto), seguiremos reproduciendo bajo una apariencia "anticapitalista" este sistema capitalista de mierda, en lugar de combatirlo realmente para destruirlo y superarlo realmente. Seguiremos fingiendo o aparentando ser "normales", "sanos" y "radicales", y juzgando a los otros de manera moralista y falsa. Seguiremos entrampados en el autoengaño, la hipocresía y la autodestrucción izquierdistas ad infinitum y ad náuseam hasta morir. Duela a quien le duela, porque la verdad y la libertad duelen. Empezando por la autocrítica y la autoliberación en todos los aspectos de la vida.

Lo cual tarde o temprano será una cuestión de vida o muerte, porque la actual catástrofe capitalista generalizada está devastando el planeta y amenaza incluso con extinguir la especie humana. Por el contrario, la actual revuelta proletaria internacional es la respuesta a esta catástrofe y abre la posibilidad histórica de revolución social. Así como también las formas cotidianas y anónimas de resistencia y solidaridad entre los oprimidos. Pero todavía falta mucho para la revolución, en todo sentido. Precisamente porque los explotados y oprimidos, que somos la mayoría de la sociedad, aún no asumimos a carta cabal que estamos muy enfermos de capitalismo, que somos el sistema, con el fin de destruirlo y superarlo de una vez por todas, y por lo tanto con el fin de destruir y superar nuestra propia condición de clase explotada-oprimida-enferma, antes de que nos mate(mos) de hambre, cáncer, depresión, aislamiento o bala.

En pocas palabras, entonces: asumir, compartir y politizar el malestar interno. Hacer de la enfermedad (la alienación) un arma para abolir la enfermedad (la alienación). Luchar, sanar y liberarnos juntos. Revolución en la revolución o extinción.

Locura Proletaria
Quito, febrero 2020

lunes, 27 de mayo de 2019

SPK: historia, teoría y práctica. Un ejemplo para el presente

El SPK visto por el SPK

[Tomado de Enajenadxs #9, Madrid, 2003]

Nota de LP: El SPK (Colectivo Socialista de Pacientes) era reichiano y marxiano: a la "biopatía" del cáncer, entendido como la somatización mortal de la impotencia orgástica generalizada bajo el Capital, le opusieron la "utopatía", entendida como la liberación, sanación y desarrollo total de la energía orgónica o energía vital cósmica por parte de la humanidad socializada o la comunidad humana. Revolución sexual, social y cósmica. Para esto, entendían la enfermedad dentro del capitalismo como la autoalienación de la humanidad en forma de fetichismo de la mercancía y trabajo asalariado. Dialécticamente, asumían esta misma enfermedad como arma para enfrentar, destruir y superar su causa radical: el Capital. La enfermedad (física y mental) como arma del antagonismo de clases y la autosupresión revolucionaria del proletariado; de la revolución social, el comunismo y la anarquía. Así pues, no sólo estaban en contra de la Medicina entendida como el poder total y máximo del Capital sobre la Vida (y la muerte... por ello es que "luchar contra el poder médico es luchar contra todos los poderes"), sino que ya estaban más allá de la Antipsiquiatría, tanto en la teoría como en la práctica. Y lo sabían. Para los situacionistas, la organización revolucionaria es la práctica de la crítica unitaria de todo este mundo, o la organización de la crítica práctica de la totalidad de la vida cotidiana en acción. Pues bien, el SPK fue un ejemplo "atípico" y "anormal" de organización revolucionaria. Este texto es una muestra preciosa y concisa de su praxis revolucionaria en el contexto del "segundo asalto del proletariado contra la sociedad de clases" (1967-1977). Sin duda, un ejemplo histórico a seguir para todxs lxs proletarixs-enfermxs-pacientes conscientes y hartxs de serlo que existan hoy en día en cualquier parte del mundo y que estén leyendo esto ;). 
Sí: hacer de la propia enfermedad un arma contra el Capital y crear colectivos de pacientes revolucionarixs en todas partes. No, no se trata de crear un nuevo tipo de grupúsculo o "racket" antipsiquiátrico/anticapitalista, ni mucho menos de crear grupos de "autoayuda"; sino que se trata de romper el aislamiento y "riesgo" individual entre proletarixs que se encuentren en esta situación, creando lazos, vínculos, relaciones, redes, actividades, praxis, comunidad de lucha y de vida. La clave de los colectivos de pacientes revolucionarixs, y de la curación de sus miembros, no es la organización per se sino el apoyo mutuo y la "agitación colectiva" en su propia cotidianeidad. La parte más potente de este texto es precisamente aquella en la que habla de la transformación dialéctica de la "agitación individual" en "agitación colectiva", y la transformación dialéctica de los colectivos de pacientes revolucionarios en "revolución socialista", en comunismo.
Retomando la definición situacionista de organización revolucionaria, y considerando el peso y la importancia real que lo psicológico tiene en el medio revolucionario, me atrevería a sostener entonces que, de ahora en adelante, toda organización revolucionaria debería asumirse, entre otras cosas, como un colectivo de pacientes revolucionarixs, dado que en realidad todxs lxs proletarixs estamos enfermxs de capitalismo (física y mentalmente) y, por lo tanto, para recuperar y vivir plenamente nuestra humanidad y nuestra salud, debemos luchar por abolir el capitalismo, que es la causa-raíz de la autoalienación de la humanidad hace siglos, de estar sobreviviendo bajo esta psicopatología social fetichista y antropófaga llamada capitalismo (esta gran cárcel psiquiátrica-mercantil-democrática-espectacular). Criticar y abolir todas y cada una de las relaciones y formas de ser capitalistas. Construir relaciones y formas de ser diferentes, libres, sanas, comunitarias, igualitarias, integrales, auténticamente humanas. Esto es luchar y sanarse juntxs en la práctica. De hecho, como bien dice el SPK, "la única salida es la lucha en común" y "liberar la energía contestataria frente al capital". 
Proletarixs de todas partes: asuman sus enfermedades (sus alienaciones), pónganlas en común, trabájenlas para curarlas colectiva e individualmente, y empúñenlas como armas contra el Capital, la sociedad de clases y todas las formas de dominación. Proletarixs de todas partes: creen grupos de apoyo mutuo/colectivos de pacientes revolucionarixs en todas partes. Proletarixs de todas partes: asúmanse como tales, como enfermxs (físicxs y mentales), para dejar de serlo mediante la lucha revolucionaria. Unámonos entre hermanxs proletarixs psiquiatrizadxs y no psiquiatrizadxs contra el Capital, para dejar de serlo. Abajo el capitalismo, viva el comunismo y la anarquía. Viva la comunidad humana integral que se prefigura en el seno de la comunidad proletaria de lucha integral. Y, al menos para mí, la "Sex-Pol" (Asociación alemana para una Política Sexual proletaria) y el SPK (Colectivo Socialista de Pacientes) históricamente nos marcaron "el camino no convencional" pero fundamental o radical a seguir, hoy y mañana (en tiempos de dominación total del Capital y catástrofe capitalista generalizada), para ello. No es el único camino, por supuesto, pero sí es necesario rescatarlo del desconocimiento y la desmemoria histórica, conocerlo, tenerlo presente y ponerlo en común para lxs proletarixs de todas partes que hoy en día -y mañana- necesiten y deseen empuñarlo como un arma crítico-práctica en la lucha por su autoliberación humana integral. 

***
EL S.P.K VISTO POR EL S.P.K.

HISTORIA DEL COLECTIVO SOCIALISTA DE PACIENTES

En el origen del S.P.K. (Sozialistisches PatientenKollektiv) hubo diversos grupos terapéuticos de la clínica universitaria de Heidelberg, departamento psiquiátrico ambulatorio. Estos pacientes y su médico psiquiatra Huber hicieron la crítica práctica y teórica de esta clínica, en particular, y denunciaron la función ideológica de la psiquiatría, en general (cosa absolutamente nueva en Alemania). Consecuencia: el médico Huber fue despedido de sus funciones por el director de la clínica en febrero de 1970; los pacientes se solidarizaron con él y reivindicaron en una asamblea plenaria de pacientes [la primera en la historia de la medicina (?)] su readmisión y el control de la clínica. A la mañana siguiente, Huber y sus 50 pacientes fueron echados a la calle. Gracias a una huelga de hambre en el despacho de la administración de la clínica llegaron a conseguir cinco habitaciones en la universidad y unos pocos médicos para “terminar” (como decía el rector) la terapia hasta septiembre de 1970.

Así se constituyó el S.P.K.

El S.P.K. intensificaba su labor: nueva forma de organización en Agitación Individual (AI), Agitación de Grupo (AG) y Grupos de Trabajo Científico (GTC) sobre Reich, Hegel, Marx; propaganda por medio de panfletos, Teach-in [foros educativos], colaboración con otros grupos. El número de pacientes aumentó a 250 en 6 meses; el S.P.K. estaba abierto a toda la población, no había listas de espera pues la terapia era gratuita y socializada. Gracias a este trabajo de propaganda en el seno de la población (2.000 firmas para el S.P.K. en una campaña de solidaridad; 3 informes de profesores de universidad que solicitaban la institucionalización del S.P.K. en la Universidad, declaraciones de solidaridad) las autoridades de la universidad no se atrevieron a llamar a la policía para echar a la calle a los miembros del S.P.K. Sin embargo, utilizaron medios mucho más sutiles: congelación de créditos (incluso los sueldos del médico dejaron de ser enviados por la universidad), bloqueo de la comunicación, campañas de prensa difamatorias; el ministro de educación Baden-Würtenberg declaraba en público que el S.P.K. era una mala hierba que había que extirpar lo más rápidamente posible. A continuación, dictaba un decreto por el que se decidía la expulsión el S.P.K. de la universidad. En ese mismo momento el rectorado presenta una demanda de expulsión del S.P.K. Un tiroteo entre la policía y unos desconocidos cerca del domicilio de uno de los miembros del S.P.K. y en el que ningún miembro del S.P.K. estaba presente, fue el esperado pretexto para liquidar definitivamente la organización autónoma de los pacientes [, so pretexto de que eran “terroristas” de la RAF (Fracción del Ejército Rojo)]. 

ENFERMEDAD Y CAPITAL

La contradicción esencial del capitalismo es que la producción de mercancías se corresponde con la destrucción de la vida humana. En la época de Marx, tal contradicción se expresaba bajo la forma de miseria material de las masas (hambre, paro, índices de mortalidad muy elevados...); en nuestra época, esta miseria queda velada por las medidas sociales de los estados capitalistas avanzados (industria de la salud: seguridad social, institución del retiro...), pero la explotación de la vida humana se expresa bajo la forma de miseria psíquica (seis millones de enfermos mentales registrados oficialmente en Alemania; diez millones en Francia. Ver Polack: “Médicine du Capital”). La contradicción inherente al sistema de producción capitalista (trabajo asalariado y capital) se corresponde con la contradicción entre la producción colectiva de los medios de producción y la apropiación individual de estos medios de producción. La expresión de esta contradicción esencial es la producción colectiva de enfermedad tratada individualmente. El individuo abandonado al proceso de producción es, sin embargo, “responsable” de su enfermedad, una enfermedad producida colectivamente. La enfermedad aparece entonces en el individuo bajo la forma de síntomas diferentes, particulares en cada individuo, que se corresponden con su función en el proceso de producción (neurosis; úlcera gástrica; problemas sexuales; esquizofrenia; dolores de cabeza; intentos de suicidio; estructuras autoritarias).

Sin embargo, la enfermedad (lo esencial de todos estos síntomas) representa la unidad de la contestación de las relaciones de producción mortíferas y de la represión de esta contestación. El lado progresivo [subversivo] de la enfermedad es el de ser contestación al sistema capitalista por poner en evidencia la inhumanidad del capital; su lado reaccionario es el hecho de que la enfermedad tratada individualmente no puede poner en crisis al sistema, pues esta contestación queda destruida por la destrucción de la vida misma.

Por ejemplo, la fiebre es la manifestación de una forma de vida, pero esta vida se consume con la fiebre. La enfermedad es la vida que se quiebra y se niega. La transformación del malestar inconsciente en conciencia feliz es la transformación de los síntomas sentidos individualmente en arma colectiva contra la enfermedad, contra el capital. Este proceso es una lucha colectiva de los pacientes.

EL TRABAJO DEL S.P.K.

El método de superación de los síntomas se hacía según la dialéctica de ser y conciencia (bases teóricas en Hegel y Marx). 

La forma

Según la dialéctica del individuo y de la sociedad, cada paciente participaba simultáneamente en la agitación individual y en la agitación de grupo. La mayoría participaban además en los círculos de trabajo científico sobre Hegel, Marx y Reich.

La agitación individual (AI) y la agitación de grupo (AG)

Después de un examen inicial realizado por un médico del colectivo, el nuevo paciente empieza por una AI con un paciente de su elección que tiene ya una experiencia en el método de agitación. En la terapia burguesa, el paciente espera del médico que le suprima los síntomas. El paciente tiene una actitud de espera cuando empieza la AI. Considera al médico (tratante) como sujeto capaz de disponer de su enfermedad, cosa de la que el paciente no se siente capaz. Pero, objetivamente, el que trata es también paciente y no es capaz de curarse a sí mismo. También es objeto, producto del capital. Al reconocer el origen de su enfermedad, es decir, el capital, el paciente comprende quién es el que realmente dispone de su enfermedad y de la de los demás para sacar de ella un beneficio.

Tanto para él como para el que le trata, cualquier posibilidad de vivir una vida por sí mismo queda excluida, pues ambos son mercancía. La única salida es luchar en común.

En el inicio, la relación tratante-paciente se corresponde con una relación de actividad-pasividad.

El que está en actitud pasiva teme cometer un error y, en consecuencia, el perder un prestigio frente a los demás. El que está activo lo está por la misma razón: para ganar prestigio. En términos económicos, el prestigio es el valor de cambio que se vende en el mercado. Una mercancía de alto valor tiene la posibilidad de ser mejor tratada que una mercancía casi sin valor. Al mismo tiempo, queda completamente aislada de las otras mercancías en la competencia.

Es una lucha a discreción entre la competencia. El único medio de romper el aislamiento y la competencia es la superación de la cualidad aislante de activo o de pasivo colaborando en el seno del colectivo.

Dialéctica de la agitación individual (AI) y de la agitación de grupo (AG)

Absolutamente determinado por el aislamiento y la competencia, el paciente que llega al S.P.K. tiene miedo de expresar sus deseos en el grupo. Quiere tener la posibilidad de hablar de sus problemas sin competidor, es decir ¡con una sola persona! Durante la agitación individual, el paciente se da cuenta de que el que le trata es tan impotente como él mientras permanezca solo y de que, incluso siendo dos, ambos son aún impotentes y aislados. Es entonces cuando experimenta el deseo de estar en un grupo más amplio. Al mismo tiempo, reconociendo que no existe un individuo-sujeto y que únicamente un colectivo puede convertirse en sujeto, se da cuenta de la locura de la competencia que tiene por base los individuos-sujeto y pierde, en consecuencia, el miedo a expresarse [y a actuar] en grupo.

ALGUNOS PRINCIPIOS DE LA PRÁCTICA DEL S.P.K.

1. El punto de partida de nuestro trabajo son los deseos de los pacientes.

2. En el marco del control colectivo de los pacientes en forma de agitación terapéutica individual y de grupo, los deseos son reconocidos en su doble función como productos y como fuerzas productivas.

3. En la agitación individual (AI) y de grupo (AG), el principio es tratar todo lo que los pacientes “ofrecen”.

4. Sólo por medio de la AI y de la AG las condiciones de ser -objetivas y exteriores- del paciente, así como del colectivo de pacientes, se introducen en la práctica colectiva.

5. El punto de partida de la agitación son los síntomas que se manifiestan de una manera específica en el individuo (lo particular). Desarrollando las contradicciones particulares se llega a las contradicciones esenciales del capital (lo general). El síntoma se reconoce entonces como síntoma del capital (lado reaccionario) y se suprime al mismo tiempo que se libera la energía contestataria frente al capital.

6. En el curso de la AI, la AG y los GTC (grupos de trabajo científico) los conocimientos específicos y las capacidades adquiridas de cada paciente (ello es particularmente válido para los médicos) son socializadas y las diferencias de inteligencia y de educación desaparecen progresivamente entre los pacientes.

7. Los productos del S.P.K. son: la emancipación, la cooperación, la solidaridad y la identidad política.

8. El objetivo y las etapas de nuestro trabajo son: la transformación dialéctica de individuos en colectivo, la creación de nuevos colectivos por todas partes (expansionismo multifocal), y la transformación dialéctica de todos los colectivos en revolución socialista.

[Extraído de ENAJENADXS # 9. Fanzine Anti-Psiquiátrico. Madrid-España. 2003 
(Año 19 de la Era Orwell)]

miércoles, 20 de marzo de 2019

Sobre la importancia de "lo psicológico" en el "medio revolucionario" (1)

Las citas compañeras que publico a continuación ponen de manifiesto la importancia de "lo psicológico" en la sociedad capitalista y, por lo tanto, en la lucha social anticapitalista. 
 
Esencial y originalmente, la praxis o actividad humana es una sola unidad o totalidad, tal como lo es la humanidad o comunidad humana que la realiza. El capitalismo es la sociedad de la separación y la alienación en el sentido de que, a partir del aparecimiento de la propiedad privada y el intercambio mercantil, todas las actividades humanas han sido (auto)alienadas y separadas entre sí como si fuesen diferentes "instancias", "esferas" o "campos" con supuesta "autonomía relativa": la economía, la psicología, la sexualidad, la política, la ciencia, el arte, la cultura, el deporte, la religión, etc. La modernidad capitalista también funciona sobre la base de la separación entre "lo privado" y "lo público" o entre "lo personal" y "lo político", con toda la esquizofrenia, hipocresía y machismo que aquello comporta. 
 
Por su parte, el movimiento anticapitalista moderno también le dio mayor importancia a "lo político" y a "lo económico", seguramente a causa de aquel esquema mental marxista de "base y superestructura"; despreciando, en consecuencia, a "lo psicológico" o "lo personal" como si de algo "secundario" y hasta ausente se tratase, seguramente por considerarlo "individualista" y "pequeñoburgués" o, en su defecto, aduciendo que eso es "personal" o "de cada uno". 
 
En efecto, en el llamado "medio revolucionario" no pocas veces se sacrificó y se sacrifica lo humano en nombre de "la revolución" o "la causa" y, peor aún, en nombre de "el partido" o "la militancia". Aparte de no lograr salir de la derrota histórica como clase, el resultado de este politicismo racional y de esta alienación militantista (que en esencia no se diferencia de la alienación religiosa: secta política = secta religiosa), ha sido el debilitamiento del propio "medio revolucionario" debido a problemas y conflictos precisamente de carácter personal o psicológico: vacíos, complejos, resentimientos, decepciones, deserciones, conflictos, rupturas, traumas, abandonos, desviaciones, traiciones, crímenes e incluso suicidios. Reproduciendo de esta manera la separación y la alienación del sistema que inicialmente se proponía combatir y derrocar. 
 
Con razón Reich, Horkheimer y Marcuse llegaron a la polémica y también injustamente despreciada conclusión de que, junto con las causas económicas y políticas, una de las causas principales del fracaso de la revolución proletaria y del triunfo de la contrarrevolución burguesa durante el periodo 1917-1923 y la 2da Guerra Mundial (1939-1945), fue el mantenimiento de una estructura psicológica de carácter autoritario, patriarcal, conservador, reprimido/represor e incluso reaccionario por parte de las propias masas proletarias y no sólo de sus dirigentes (bolcheviques y fascistas por igual). De allí su propuesta hasta ahora necesaria y vigente de "revolución sexual" y "revolución cultural". 
 
Mientras que para el periodo 1968-1977, fueron la Internacional Situacionista, Camatte, Cesarano y principalmente la Antipsiquiatría quienes aportaron valiosas observaciones específicas al respecto, señalando las condiciones y las tendencias de la lucha unitaria de la humanidad proletarizada-precarizada-psiquiatrizada contra la dominación real y total del Capital, a fin de imponer una crisis general revolucionaria y la "dictadura de las necesidades" y deseos humanos; algo así como una insurrección y una comunización de la sociedad toda: abolición generalizada y violenta de la propiedad privada, el trabajo asalariado y la mercancía, así como también de la cárcel, el manicomio, el hospital, la escuela y la familia. Planteando en la práctica y en la teoría, pues, una revolución total o integral, es decir de todos y cada de los aspectos de la sociedad y la vida cotidiana, sin separaciones: desde lo económico hasta lo sexual, pasando por lo político y lo psicológico. Después de años de esta lucha proletaria literalmente "a por todo" en todas partes, venció de nuevo la contrarrevolución capitalista. 
 
En cualquier caso y definitivamente, el peor y más letal enemigo del oprimido que se rebela es el opresor que el propio oprimido lleva dentro de sí mismo ("¡Escucha, hombrecito, escucha!" ¡Y despierta!) La autoalienación social es inseparable de la autoalienación personal. Lo económico-político es inseparable de lo psicológico-cultural. Por lo mismo, la transformación revolucionaria es objetiva y subjetiva, exterior e interior, material y espiritual al mismo tiempo. 
 
Urge, entonces, reconocer e integrar "lo psicológico" o "lo personal" dentro de la consciencia y la acción del movimiento social real que niega y suprime el orden de cosas vigente; dentro de la actividad autoconsciente y antagonista del proletariado -cada vez más precarizadopara autoemanciparse del yugo capitalista -cada vez más catastrófico. Dejar de concebirlo y tratarlo como "algo" separado, "secundario", "privado" y tabú. Hoy en día, en tiempos de subsunción real de la vida toda dentro del Capital, "capitalismo emocional", psiquiatrización de la vida cotidiana, "sociedad farmacrática", "Estado terapéutico", y depresión/ansiedad y suicidio generalizados, resulta evidente que en el "frente psicológico" también hay mucha lucha y transformación que realizar, de manera inseparable de todos los otros "frentes de lucha"
 
Así pues, teniendo a la Totalidad de la Vida como punto de partida y de llegada, la "crítica unitaria" y revolucionaria de este mundo necesariamente implica una crítica teórica y práctica del psiquismo humano, la psicología y la psiquiatría del Capital, o no es tal. La transformación social también es y debe ser subjetiva, es decir de los sujetos y las subjetividades; lo cual es inseparable de la transformación de las condiciones materiales y situaciones sociales en que les ha tocado vivir hasta ahora a esos sujetos. 
 
Por lo tanto, junto con la lucha por todas y cada una de las necesidades humanas contra las necesidades inhumanas del Capital-Estado-Cárcel-Hospital Psiquiátrico, es vital asumir los problemas psicológicos de y entre los proletarios, en general, y de y entre los militantes revolucionarios, en particular, para poder asumirlos, trabajarlos y superarlos de manera colectiva e individual. Luchar y sanarse juntos. Autotransformarse personal e interpersonalmente. Cuestionar y cambiar los contenidos y las formas de cómo nos sentimos, nos pensamos, nos comportamos y nos relacionamos con y entre nosotros/as mismos/as, en todos y cada uno de los aspectos de la vida cotidiana. Trama de subjetividades y relaciones humanas que se va tejiendo y transformando en el seno de la lucha contra las relaciones y las subjetividades capitalistas. 
 
Todo esto, sin caer en el psicologismo, que es el otro extremo del economicismo y es igual de falso; criticando y superando tanto el politicismo racional que ha practicado la izquierda moderna del Capital, como el gestionismo emocional que practica la izquierda postmoderna del Capital; y, principalmente, haciendo de la autonomía, la sensibilidad, la consciencia (mediante la experiencia y la meditación), la cooperación, la solidaridad y el apoyo mutuo (el cual incluye desde techo y comida hasta comunicación y afecto) las herramientas principales. 
 
He aquí lo que debería entenderse por autotransformación/autoemancipación psicológica o subjetiva; la cual debería ser parte, a su vez, de la autoemancipación total o autoliberación integral (un concepto que aclararemos próximamente) del proletariado con respecto al Capital. 
 
He aquí también lo que implica o debería implicar una comunidad de lucha real, constituida por subjetividades e intersubjetividades "anormales" y revolucionarias, auténticamente humanas. Autonomía y comunidad espiritual del proletariado, diría Pannekoek. Asumiendo todas las debilidades y contradicciones a superar que contiene tal movimiento real de negación y destrucción del orden de cosas vigente, tachado como "loco" y hasta como "criminal" por esta sociedad y su Estado, porque sabe que no es dueño de su vida y entonces se lanza a luchar a contracorriente por recuperarla en todo sentido; no en vano en los caóticos y catárticos episodios de revuelta social es donde reemerge la salud mental de las y los proletarios revoltosos. 
 
De hecho, sólo la "locura" proletaria colectiva que, sin miedos ni tapujos, se asume y lucha como tal a fin de autoabolirse, puede abolir la gran enfermedad de la humanidad llamada capitalismo, valor o fetichismo de la mercancía; al mismo tiempo que puede recuperar, sanar, liberar y comunizar toda la energía de la vida humana, natural y cósmica... integral. Reich y el SPK lo comprendieron y lo asumieron en la práctica antes que nosotros y nos legaron ese camino a seguir... De lo contrario, el "medio revolucionario" seguirá cometiendo las mismas incoherencias, los mismos errores y las mismas tragedias que ha cometido hasta el momento en este aspecto "secundario" que, en realidad, es de vida o muerte. 

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«La negativa a formar un grupo que delimitara un interior y un exterior permitió a los que se encontraban en La Vieille Taupe ir hacia una coherencia común que otros poseían, sobre todo, sobre el papel. En esta comunidad teórica y práctica, una cierta dinámica estaba en marcha, que ponía a todos en pie de igualdad al tiempo que integraba diferentes capacidades y matices de opinión. Esta colectividad, a la que llamaremos por comodidad La Vieille Taupe, avanzaba poco a poco, asociando cada vez más a los que aprobaban la acción comprometida, sin tener que acordar un "programa" o una "plataforma". Pero, por supuesto, si uno proponía tal acción para esto o aquello, era porque uno pensaba que tenía en común algo más que un deseo de acción. La VT no intentó hacerse un nombre por sí misma: nuestras acciones fueron nuestra firma. La actividad común se basaba en un consenso que a menudo se experimentaba como estimulante: había cosas que hacer y decir y a menudo nos entendíamos muy rápidamente. La ausencia de un voto, de juridismo, daba la sensación de una actividad cercana a lo que uno puede considerar como comunista. La psicología, la discusión de los estados de ánimo y la influencia de los caracteres y de los “problemas” afectivos, fueron rechazadas.
Esta forma de organización fomentaba la irresponsabilidad. Un texto criticable podía ser difundido, tomarse una iniciativa dañina, sin hacer las reservas o rectificaciones necesarias, ya que no había una existencia definida. El individuo más activo, Pierre Guillaume, fue, por lo tanto, el menos controlado por la actividad común. En cuanto a la ausencia de psicología, si a veces lo pensamos con melancolía cuando vemos en qué sopa nos bañamos muchos de nosotros, al ver cuánta importancia cobran los comportamientos temperamentales en la evolución posterior y en las rupturas que la han jalonado, no debemos olvidar que esa negativa fue en parte una ceguera que a veces nos llevó a tolerar comportamientos que no apoyaríamos hoy [ego, individualismo, competencia, autoritarismo, violencia patriarcal, relaciones tóxicas, autodestrucción y hasta suicidio].» “Le roman de nos origines”, La Banquise [Gilles Dauvé y compañía], n° 2 (1983).
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«Una vez que la psicología de masas ha sido subsumida por el movimiento social del capital, integrada en el modo de vida subsumido en la producción de capital, la completa autotransformación individual se convierte en una condición efectiva del proceso de transformación social. El principio de que el libre desarrollo individual es la condición del libre desarrollo colectivo se convierte ahora en una necesidad inmediata e imperativa, al igual que el planteamiento de que la apropiación consciente de las fuerzas productivas de la totalidad social actual exige de los individuos su desarrollo autónomo como individuos totales, al nivel necesario para desarrollar esa apropiación. Las cosas han llegado a un punto en el que la liberación de las cadenas espirituales constitutivas de la sociedad actual se ha convertido en una condición tan indispensable que, sin ella, todos los intentos de desarrollar una praxis revolucionaria individual o colectiva son vanos y acaban en la degeneración. Un punto en el que, el despertar de las necesidades, energías y capacidades de los individuos a través de las acciones de masas se revela continuamente insuficiente a corto y medio plazo para generar minorías revolucionarias lo suficientemente amplias y consistentes como para poder catalizar la emergencia de una conciencia revolucionaria. Y esto se debe a que no sólo la ruptura con la cosmovisión dominante y la vida alienada se ha hecho más compleja, sino a que la teoría revolucionaria ha quedado completamente desfasada respecto a estas tareas; ello se expresa, a su vez, en la debilidad e impotencia teóricas, y no sólo prácticas, de los individuos y grupos que intentan retomar el proyecto revolucionario e impulsar en tal dirección a la clase.
El problema, pues, puede resumirse en la necesidad de unir el proceso de transformación y el de autotransformación, la liberación exterior y la liberación interior, de integrar el desarrollo de la autonomía proletaria en su aspecto material y su aspecto espiritual, entendiendo la praxis revolucionaria como una totalidad en proceso en la que se integra lo social y lo personal, lo físico y lo psíquico, y no sólo el pensamiento y la acción sociales. [...] 
Tradicionalmente, se ha puesto más énfasis en la capacidad del movimiento obrero para resistir a las presiones del capitalismo que en su capacidad de autodesarrollo, e igualmente se ha considerado que era la consecución de mejoras y derechos sociales lo que consolidaba su conciencia de clase (independientemente de la importancia dada al antagonismo y a la lucha sociales como factor constitutivo inicial de esa conciencia y del movimiento mismo en conjunto). 
Semejantes concepciones se oponen al desarrollo de una praxis integrada, a la unidad de conciencia y acción, que es el eje mismo del pensamiento marxiano y de toda la praxis revolucionaria proletaria. Pues al proletariado toda ilusión o falsa conciencia sobre su acción le resulta siempre en un obstáculo a la efectividad de la misma y en un factor regresivo para su movimiento, tendente a conducirle -a través de derrotas- de nuevo a posiciones anteriores de mayor sometimiento e inconsciencia. Esto ocurre porque el movimiento proletario tiene su motor en la articulación de la cooperación de l@s proletari@s mism@s, de sus propias capacidades como fuerza productiva de su movimiento, a diferencia de la revolución burguesa, que encontraba su motor en el desarrollo autonomizado de la acumulación de capital. La autonomía proletaria sólo puede ser una creación consciente, y esta es la diferencia cualitativa que la separa desde el principio de todas las formas de praxis revolucionaria anteriores -además del hecho de que sólo pueda constituirse en oposición a todas las formas de explotación y opresión sociales, que se han convertido en apéndices o expresiones de la dominación del capital. Pero incluso este carácter salvaje, opuesto a toda dominación, de la autonomía proletaria, sólo puede afirmarse en la medida en que es una autonomía consciente, una praxis fundada en la autoconciencia de la clase como tal, o sea, su constitución en clase para sí. [...] 
La lucha social ha de entenderse como un proceso interior y exterior a la vez. La lucha social no sólo cambia la conciencia, al alterar la interrelación efectiva entre el sujeto y sus condiciones de existencia. Cambia también la sensibilidad, ya que exige una atención activa al presente y que ésta vaya unida a la propia actividad transformadora. Implica, para ser sostenible, el desarrollo de una autoactividad psíquica integrada (ciclo gestáltico) que, a su vez, supone la emergencia de los conflictos irresueltos, de nuevas necesidades, de los potenciales del individuo y, en general, el desarrollo de una verdadera autoconciencia. La lucha social y el desarrollo personal no discurren, pues, separados, y su presente escisión es un resultado de la sociedad alienante y la causa misma de que la propia lucha social transcurra en formas alienadas. El restablecimiento de su unidad es, por lo tanto, una condición para el desarrollo de un movimiento revolucionario capaz de superar la sociedad actual. Al mismo tiempo, la lucha revolucionaria proletaria es la única forma en que la unidad liberadora de lo social y lo personal puede desarrollarse; porque sólo desde esta perspectiva se llega a comprender de qué modo la alienación social y la alienación psicológica son las dos caras de la autoalienación humana a través del trabajo.» - Roi Ferreiro, “Resistir, despertar y rehacernos” (2007)