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lunes, 5 de agosto de 2019

«Poemas de la Locura». Hölderlin (1770-1843)


«Las cosas estarían mejor si Marx hubiera leído a Hölderlin.»
Thomas Mann

Nota Biográfica de José María Álvarez (Barcelona, 1994)

Johann-Christian Friedrich Hölderlin nació el 20 de marzo de 1770 en Lauffen (Condado de Würtenberg), en la Suabia del Neckar. Su padre administraba un seminario protestante —«Stift»— y su madre era hija de un pastor de tal Iglesia. Dama muy joven viuda (en 1772), volvió a contraer matrimonio en 1774 con el consejero Gock, burgomaestre de Nürtingen. Del primer matrimonio tuvo a Friedrich y a Heinrike, Y con el burgomaestre añadió un hermanastro, Karl. La muerte de su padre dotó a Friedrich de una prematura tristeza, que refleja en varias cartas.
En 1784, Hölderlin es destinado al servicio divino y enviado a estudiar Teología al seminario de Denkendorf. Allí escribirá sus primeros poemas y descubrirá a Schiller y, según parece, a Klopstock.
En 1786 Hölderlin proseguirá esos estudios en Maulbronn. Allí tendrá su primer amor con Louise Nast. Se abre a Ossian.
Pasa en 1788 al seminario de Tübingen. Se enamora de la hija de un profesor, Elisa Lebret. Funda con Neuffer la «Liga de los Poetas», y estrecha su relación con Hegel y Schelling, amantes todos de la Revolución Francesa. En el Almanaque de las Musas es publicado por primera vez. Y conoce a quien seguirá siendo amigo suyo toda su vida: Isaac von Sinclair.
Lee mucho a Platón. Empieza a escribir Himnos.
En 1793 se licencia, pero no ejercerá nunca el sagrado ministerio o Misterio.
A finales de 1793, y gracias a Hegel, que lo recomienda a Schiller, y éste a su vez a la Casa, es aceptado como preceptor del hijo de Charlotte von Kalb, en Waltershausen. Se hace cargo del niño, habita junto a él en Weimar y allí comienza a escribir Hiperión [novela romántica de alto contenido lírico donde se encuentran joyas como esta: «¡Oh vosotros que buscáis lo más alto y bello! [...] ¿Sabéis su nombre? ¿El nombre de lo que es el uno y el todo? Su nombre es Belleza.»]. Cuando abandona este magisterio, la amistad con la madre ha llegado a ser tan sólida, que Charlotte le ayuda a instalarse en Jena con la suficiente estabilidad económica para poder continuar sus trabajos.
En Jena se encuentra de nuevo con Schiller, quien le publica en su revista, Thalia, un fragmento de Hiperión.
Pero en 1795 está otra vez sin recursos y ha de regresar a su casa materna en Nürtingen. A finales de ese año se emplea como preceptor una vez más en casa del banquero Gontard, en Frankfurt.
Casi siempre una bella mujer acompaña al dinero. Será Susette, la esposa de Gontard. Una fascinante historia de amor que Hölderlin fijará para siempre bajo el nombre de Diótima.
La primera parte de Hiperión aparece en 1797, y la segunda, en 1799. Pero a finales del 78 es despedido de casa del banquero, y se refugiará en Hamburgo, con el amigo Sinclair. Continúa viendo a Susette, trenzando los últimos filos de su aventura, hasta 1800. Y en esos días vidriosos escribe las tres versiones de La muerte de Empédocles.
Son años de una actividad intensísima. Poemas, elegías. Hasta que, muy fatigado, en la primavera de 1800 tiene que volver a Nürtingen. Permanece allí hasta octubre, cuando marcha a Stuttgart invitado por unos amigos. Cuidado por éstos traduce a Píndaro y escribe sus grandes obras. La relación entre los Himnos y la influencia de Píndaro debía ser estudiada con detenimiento.
Pero necesita moverse. Y parte hacia Suiza para hacerse cargo de un puesto de preceptor en casa de los Gonzenbach, industriales de Hauptwill. Sólo permanecerá unos meses con ellos. Comienza a sufrir unas crisis que desembocarían en la Locura.
En 1802 marcha a Francia para ejercer por última vez como preceptor, en Burdeos, en casa del cónsul de Alemania, Daniel Christoph Meyer.
Bajo los cielos de Francia entrará en la Locura. Abandona su empleo y retorna para siempre a Alemania. En julio, «tocado por Apolo» (como él mismo aseguró), se instala con su madre.
En Nürtingen se entera de la muerte de Diótima. Su vuelo no tiene retorno. Sinclair se hace cargo de él y lo acompaña en un viaje de descanso por Regensburg y Ulm. Por los agujeros incendiados de esos días ve Hölderlin sus grandes Himnos: «Patmos», «El Archipiélago».
Durante 1803 y 1804 su actividad es febril. Poemas y traducciones (Sófocles). Sinclair lo recomienda como bibliotecario en la corte del Landgrave de Hamburgo. Es un puesto tranquilo. Pero un año más tarde la Locura se apodera definitivamente de su criatura.
En agosto de 1806 Sinclair lo traslada a la clínica del Dr. Authenrietch en Tübingen. Y poco después [en 1807], a la casa del carpintero ebanista Ernst Zimmer, donde vivirá hasta 1843. Treinta y siete años en una habitación sobre el Neckar. Todos aquellos que él amara —Schiller, Goethe, Napoleón, Beethoven, Kleist, sus compañeros, sus damas— van encaminándose a la muerte. Hölderlin no lo sabrá nunca. Para él ya no existirá sino aquel recinto, el papel sobre el que escribe sus últimos poemas, su piano y las visitas a quienes no reconoce. Olvida su nombre.
Fecha poemas con cien años de adelanto. El 7 de junio de 1843, después de contemplar desde su ventana los campos infinitos, murió en paz.
Cuenta Bettina von Armim que cuando la princesa von Homburg regaló un piano a Hölderlin, éste cortó casi todas las cuerdas, mas dejó algunas, y sobre ellas improvisaba. Así son los Poemas de la Locura. Quizá nadie haya visto nunca de forma tan transparente. Es la Noche Sagrada [«Ser uno con el todo es la vida de la divinidad, es el cielo del ser humano»].
No se puede traducir a Hölderlin.

***

Nota de LP (Quito, verano de 2019) 

¿Por qué firmó sus “Poemas de la Locura” como Scardanelli y no como Hölderlin? Christoph Schwab escribe el 21 de enero de 1841 en su diario: «Hoy de nuevo estuve con él para recoger algunos poemas que había hecho. Eran dos, y estaban sin firma. La hija de Zimmer me dijo que debía rogarle que pusiera su firma. Entré y lo hice; entonces se enfureció y anduvo de acá para allá por la habitación, cogió la silla y tan pronto la ponía aquí como allí con violencia, gritaba palabras incomprensibles, entre las que sólo pronunciaba con claridad "me llamo Scardanelli"; por fin se sentó y en su exasperación escribió el nombre de Scardanelli». Sí: Scardanelli fue el alter-ego poético que Hölderlin se inventó y encarnó en el cenit de sus años de “locura” y aislamiento, como una forma de catarsis, resistencia y creatividad humana. Dando a luz de esta manera, para el resto de la historia de la humanidad, a lo que Leopoldo María Panero denomina poesía de la locura. Varias décadas despúes, en Portugal, otro “loco”, genialmente “loco”, llamado Fernando Pessoa (1888-1935) desarrollará al extremo este invento o “dispositivo” hölderliniano (¿esquizoanalítico?) de autoconocimiento y autocuración psicológica: llegó a tener más de 70 alter-egos o heterónimos poéticos… Fragmentarse para Unirse. Perderse para Encontrarse. Con Uno Mismo, con los Hombres, con la Naturaleza y con el Espíritu. “Locura” y Poesía: último reducto de la Verdad y del Ser, afuera y en contra de la Modernidad Capitalista, cuyos Dioses homicidas y ecocidas son el Dinero y la Razón. El legado de Hölderlin y Pessoa en este oscuro campo lleno de luz es elevado e inmortal.



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EL INVIERNO

Cuando pálida nieve embellece los campos,
Y un alto resplandor la inmensa llanura ilumina,
Seduce el Verano que pasó, y delicadamente
Se acerca la Primavera mientras la hora declina.

Espléndida aparición, el aire es más puro,
Claro está el bosque, ningún hombre
Camina por las calles, ya tan lejanas, y el silencio
Se hace majestuoso y todo ríe.

25 Diciembre 1841. Vuestro muy humilde servidor Scardanelli


EL SER DEL ESPÍRITU

No se oculta a los hombres el ser del Espíritu,
Y tal como la vida, la que los hombres encontraron,
Así el día de la vida, la mañana de la vida,
Como riqueza son las altas horas del Espíritu.

Que así de soberbia la Naturaleza se muestre
Es para que el hombre contemple semejante gozo,
Y al día, a la vida se confíe,
Anudando así su lazo con el Espíritu.


LOS HOMBRES

Cuando se nutre el hombre de sí mismo y el porvenir contempla,
Es como cuando un día de otros días se diferencia,
Y excelso se inclina el hombre hacia ese porvenir,
Alejado de la Naturaleza y sin envidia.

Como solo en otra enorme vida,
Alrededor de la cual verdéase la Primavera, el Verano alegre se detiene
Hasta que el año rápido desciende hacia el Otoño
Y sin cesar las nubes nos envuelven.

28 de Julio 1842. Humildemente Scardanelli


VIDA MÁS ELEVADA

Su vida escoge el hombre, su objetivo,
Gana libre de error sabiduría, pensamientos,
Recuerdos que perdiéronse en el mundo,
Y nada puede contrariar su valor íntimo.

El esplendor de la Naturaleza embellece sus días,
Otórgale su espíritu nuevas vestiduras
En su interior, y así contempla la verdad,
Y el más alto sentido, y las más singulares preguntas.

Puede así el hombre conocer entonces el sentido de la vida,
Nombrar su meta lo más alto, lo más elevado,
Saber que uno es el sentido de la humanidad y de la vida,
Considerar que el más alto sentido es la más noble vida.

Scardanelli


HUMANIDAD MÁS ELEVADA

Otorgado en su interior es a los hombres el sentido
Hacia lo mejor él ha de guiarlos,
Esa es la meta, la verdadera vida.
Ante la cual más espiritualmente los años van contando.

Scardanelli


LA SATISFACCIÓN

Cuando ya más allá de todo un hombre
Contempla y entiende el curso de la vida,
Ser feliz logra; mas aquel que ante los peligros tiembla
Es como un hombre que por vientos y tempestades fuera dominado.

Mejor es conocer la belleza,
Sublime creación de la vida.
Cuando de lo más hondo de los afanes nace el gozo
Y cuantos bienes hoy pueden desearse.

El árbol que verdea, las cumbres del ramaje,
Las flores que rodean la corteza del tronco,
Naturaleza divina son y vida
Al inclinarse sobre ellos los aires del cielo.

Mas cuando curiosos los hombres me preguntan
lo que aquello es, qué sentimiento aventurado,
Qué destino, qué cénit o qué premio,
Yo les contesto, ésa es la vida y ése el pensamiento.

A otros la Naturaleza de ordinario sosiega,
Pero a mí me insta ante la posibilidad de una vida gozosa,
Esa claridad ante la cual hasta los sabios se estremecen,
Ese gozo hermosísimo, cuando ya todo es alegría.

El rigor de los hombres, la victoria y los peligros,
Origen tienen en lo aprendido y en la seguridad
De que existe una meta; aquello que sobre todo es sublime
Se reconoce en el ser y en los hermosos restos.

Ellos mismos son como elegidos,
De ellos es lo nuevo, lo narrado,
La verdad de los hechos no perece,
Y como las brillantes estrellas, una vida alegre y grande existe.

La vida es acción, y es audaz,
Alto su objetivo, su movimiento contenido,
Avanza, la bondad está hecha de virtud
Y gran rigor, llena de la juventud más pura.

El arrepentimiento y el pasado en esta vida
Son diferentes. Uno logra
Gloria y paz y todo cuanto eleva
A las altas regiones otorgadas;

El otro es la congoja y los más amargos sufrimientos
En la muerte de esos hombres que con la vida bromeaban.
Y la imagen y el semblante cambian
En aquel que no amó ni el bien ni la belleza.

La evidencia de un cuerpo viviente, perdurar
En este tiempo, tal como los hombres ansían,
Querella fuese, pues éste del sentimiento nútrese,
E inclinado aquel se siente por la creación y el esfuerzo.


LA VISIÓN

Cuando la vida de los hombres va perdiéndose,
Como una lejanía donde resplandeciera el tiempo de los sarmientos,
Vacía contémplase la campiña del Verano,
Con oscura imagen el bosque aparece.

Que la Naturaleza termine la imagen de los tiempos,
Que se demore, hasta alcanzar
La perfección, y que la cima de los cielos
Para los hombres brille, como árboles de flores estallantes.

Humildemente Scardanelli. 24 de Mayo 1748

***

EL JOVEN A SUS JUICIOSOS CONSEJEROS

¿Pretendéis que me apacigüe? ¿Que domine
este amor ardiente y gozoso, este impulso
hacia la verdad suprema? ¿Que cante
mi canto del cisne al borde del sepulcro
donde os complacéis en encerrarnos vivos?
¡Perdonadme, mas no obstante el poderoso impulso que lo arrastra
el oleaje surgente de la vida
hierve impaciente en su angosto lecho
hasta el día en que descansar! en su mar natal.

La viña desdeña los frescos valles,
los afortunados jardines de la Hesperia
sólo dan frutos de oro bajo el ardor del relámpago
que penetra como flecha en corazón de la tierra.
¿Por qué moderar el fuego de mi alma
que se abrasa bajo el yugo de esta edad de bronce?
¿Por qué, débiles corazones, querer sacarme
mi elemento de fuego, a mí que sólo puedo vivir en el combate?

La vida no está dedicada a la muerte,
ni al letargo el dios que nos inflama.
El sublime genio que nos llega del Éter
no nació para el yugo.
Baja hacia nosotros, se sumerge, se baña
en el torrente del siglo; y dichosa, la náyade
arrastra por un momento al nadador,
que muy pronto emerge, su cabeza ceñida de luces.

¡Renunciad al placer de rebajar lo grande!
¡No habléis de vuestra felicidad!
¡No plantéis el cedro en vuestros tiestos de arcilla!
¡No toméis al Espíritu por vuestro siervo!
¡No intentéis detener los corceles del sol
y dejad que las estrellas prosigan su trayecto!
¡Y a mí, no me aconsejéis que me someta,
no pretendáis que sirva a los esclavos!

Y si no podéis soportar la hermosura,
hacedle una guerra abierta, eficaz.
Antaño se clavaba en la cruz al inspirado,
hoy lo asesinan con juiciosos e insinuantes consejos.
¡Cuántos habéis logrado someter
al imperio de la necesidad! ¡Cuántas veces
retuvisteis al arriesgado juerguista en la playa
cuando iba a embarcarse lleno de esperanza
para las iluminadas orillas del Oriente!

Es inútil: esta época estéril no me retendrá.
Mi siglo es para mí un azote.
Yo aspiro a los campos verdes de la vida
y al cielo del entusiasmo.
Enterrad, oh muertos, a vuestros muertos,
celebrad la labor del hombre, e insultadme.
Pero en mí madura, tal como mi corazón lo quiere,
la bella, la vida Naturaleza.

Friedrich Hölderlin
De: «Poesía» – 1796-1798

viernes, 2 de agosto de 2019

Poesía de la Locura. Leopoldo María Panero (1987-1989)


«Con la locura, como con la verdad, no se puede discutir. La verdad aséptica del psiquiatra, que quiere llenar lo que nos falta, encuentra su envés grotesco en este significante puro y vacío que “construye sus propias leyes / como un castillo en el vacío”, como decía yo en uno de mis poemas de Teoría. Poesía de lo locura quiere decir poesía opaca, dura, impermeable al signo, a la razón, semejante todo lo más a la pintura abstracta en la que, como dice Txema Sarasúa, un enfermo de aquí, “el golpe –el trazo- tiene falta de cultura / y con él mismo no se razona”. “Y se ve por él mismo al buen pintor” como en una estética sin referente, sin ni siquiera el espíritu como tal, nada más que un bello pesanervios, la obra en negro, la locura como creación de un alma. Como decía Otto Rank, el neurótico es una creación artística, una obra de arte, un nuevo tipo de hombre salido y construido de todos los errores del primero. Una especie de Frankenstein o Supermán bizarro construido de todos los retazos inservibles para otra cosa que para la poesía. Porque si es verdad que el inconsciente se dibuja en la conciencia alterada del sueño, el superhombre no es hermoso como no son hermosos los sueños, es un monstruo como todo aquel que se comprende a sí mismo.

La conciencia que interpreta mina la realidad, y es así que la conciencia interpretativa (Nietzsche, Freud, Marx) forma otra manera de ser, una alteridad de la conciencia, una realidad divergente, un nuevo modelo de orden. Y es por eso que puede decirse con Deleuze que ha venido el Anticristo, y que su lenguaje es el de lo infinito y sin límites del cuerpo que conduce a otro cuerpo, del yo que entre los árboles se forma, cuyos pies son rojos y cuyos ojos son negros.»

Leopoldo María Panero. “Antología de la Locura. Recopilación de textos de enfermos mentales del Sanatorio de Mondragón”. 1989

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***
***

YO ESTABA MUERTO

Doblan las campanas
con su funerario.
Doblan las campanas
en el campanario.
Quizás doblen por mí,
con triste concierto.
Yo estaré muerto.

Cuando doblen por mí,
quizás un día
de sol espendente,
de paz y de alegría,
irá el hortelano
cantando a su huerto.
Yo estaré muerto.

Irá el caminante
por bosques de pinos,
por largas veredas,
por largos caminos.
Verá el navegante
de lejos el puerto.
Yo estaré muerto.

Bullirá la gente
por plazas y calles,
volarán las aves
por montes y valles.
Correrá el arroyo,
de flores cubierto.
Yo estaré muerto.

Irán los soldados.
Irán a la guerra.
Irán los misioneros,
cruzando la tierra.
Irán las caravanas,
irán por el desierto.
Yo estaré muerto.

Cuando por mí
doblen su funeraria.
Cuando por mí
doblen en el campanario.
Si al abrir la fosa
hallo el cielo abierto,
yo no estaré muerto.

Recitado por isidro.

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SIN TÍTULO

En el obscuro jardín del manicomio
Los locos maldicen a los hombres
Las ratas afloran a la Cloaca Superior
Buscando el beso de los Dementes.

Un loco tocado de la maldición del cielo 
Canta humillado en una esquina 
Sus canciones hablan de ángeles y cosas 
Que cuestan la vida al ojo humano 
La vida se pudre a sus pies como una rosa 
Y ya cerca de la tumba, pasa junto a él 
Una Princesa. 

Los ángeles cabalgan a lomos de una tortuga 
Y el destino de los hombres es arrojar piedras a la rosa 
Mañana morirá otro loco: 
De la sangre de sus ojos nadie sino la tumba 
Sabrá mañana nada. 

El loquero sabe el sabor de mi orina 
Y yo el gusto de sus manos surcando mis mejillas 
Ello prueba que el destino de las ratas 
Es semejante al destino de los hombres.

***

ACERCA DEL CASO DREYFUSS SIN ZOLÁ O LA CAUSALIDAD DIABÓLICA

EL FIN DE LA PSIQUIATRÍA


LA LOCURA se puede definir, muy brevemente, como una regresión al abismo de la visión o, en otras palabras, al cuerpo humano que ésta gobierna. En efecto, la zona occipital, que regula el desarrollo del a visión, controla, según mi hipótesis, el cerebro, y el cerebro controla todo el cuerpo. De ahí que sea tan importante lo que Lacan minimizaba como “inconsciente escópico”, y esa mirada a la que el dicho psicoanalista apodaba “objeto a minúscula”. Por el contrario, la mirada es un infinito. Contiene imágenes en forma de alucinaciones que no lo que Jung llamara “arquetipos” y Rascowski “visión prenatal”. Ferenczi habó del inconsciente biológico: por muy increíble que parezca, éste está contenido en la mirada en forma de alucionaciones. La magia, el inconsciente antes de Freud, lo sabía: “fons oculus fulgur”. Freud también decía que el inconsciente se crea a los cuatro o cinco años; en efecto, los niños padecen dichas alucinaciones de una forma natural: de ahí el retorno infantil al totemismo, del que hablara también el fundador del psicoanálisis. Pero el cuerpo humano, que, salvo para los niños, es un secreto, contiene igualmente alucinaciones olfativas o junguiniano alguno, es decir, a inconsciente alguno de la especie o, en otras palabras, a su pasado, en el que los dioses están bajo la figura de tótems, pues no en vano la palabra “zodiaco” significa en griego animales. Dioses esto, pues, corporales, hijos del Sol y de la Tierra. He aquí, por consiguiente, que le cuerpo contiene la locura y, como el único cuerpo entero que existe es el cuerpo infantil, es por tal motivo que la esquizofrenia tuvo por primer nombre “demencia praecox” o demencia traviesa. Respecto a la paranoia, su problemática es triple o, en otras palabras, quiero decir que existen tres pidos de paranoia, pues ya nos dijo Edwin Lemert que no existe la paranoia pura; uno de los tipos de paranoia cuyo síndrome es el delirio de autorreferencia, nos reenvía al problema de que el psiquismo animal es colectivo, y ese es el magma alquímico, en cuyo seno se hunde al género del paranoico. El otro género de paranoico es el que proyecta su agresividad, con frecuencia, sobre su mujer en el delirio de los celos. El tercer género del paranoico es el que, según ya dijo Edwin Lemert, tiene realmente perseguidores. Ese es el caso al que yo llamo el caso Jacobo Petrovich Goliardkin (el protagonista de El doble de F.N.Dostoyewski). Es un sujeto con frecuencia deforme, enano o simplemente raro, o tan oscuro como Dreyfuss, que es víctima de agresiones, humillaciones y vejaciones por parte de sus amigos o compañeros de oficina, —o, a veces, de un portero, o sencillamente de un camarero—, y que para dar sentido estético a su vivencia se inventa a los masones, o a la C.I.A., metáforas que reflejan a tan sombríos compañeros. Las otras locuras son frecuentemente producto de la psiquiatría: tal es el caso de las alucinaciones auditivas, que no existen en estado natural alguno y que son producto de la persecución social o psiquiátrica que cuelga, como vulgarmente se dice, en lugar de explicar o aclarar. Pues cada ser humano puede ser en potencia un psiquiatra, con sólo prestarnos la ayuda de su espejo. Pasemos ahora al caso de Dreyfuss; el caso Dreyfuss, en verdad, fue, como el mío, un caso muy extraño. Ni yo ni él entediamos el origen de la persecución; su naturaleza, sin embargo, o su mecanismo puede definirse como el efecto “bola de nieve”: se empieza por una pequeña injusticia y se sigue por otra y por otra más aún hasta llegar a la injusticia mayor, la muerte. O bien como en el lynch empieza uno y continúan todos. Así, yo he sido la diversión de España durante mucho tiempo y, a la menor tentativa de defenderme, encontraba la muerte, primero en Palma de Mallorca en forma de una navaja y, luego, en el manicomio del Alonso Vega (Madrid) en forma de una jeringa de estricnina; pero todo por un motivo muy oscuro, no sé si por mi obsesión por el proletariado, nacida en la cuna de la muerte, o bien, por miedo a que desvelara los secretos de un golpe de Estado en que fui utilizado como un muñeco, y en el que los militares tuvieron, primero, la cortesía de apodarme “Cervantes”, para llamarme después, en el juicio, “el escritorzuelo”. Pero no son sólo los militares los que me usaron; en España me ha usado hasta el portero para ganarse una lotería que de todos depende, porque el psiquismo animal es colectivo, y éste es el motivo de que el chivo expiatorio regale gratuitamente la suerte, en un sacrificio ritual en pleno siglo XX, en nombre de un dios que ya no brilla, sino que cae al suelo herido por las flechas de todos. Ese dios al que todos odian por una castidad que ha convertido al español en un mulo y en una mala bestia. Al parecer toda España ha rodeado amorosamente a la muerte entre sus brazos, y la prefieren la sexo y a la vida. Que ella les dé al fin su último beso en la pradera célebre del uno de mayo.


***

Del polvo nació una cosa.
Y esto, ceniza del sapo, broce del cadáver
es el misterio de la rosa.

Leopoldo María PANERO