jueves, 1 de julio de 2021

UHP − ¡Uníos Hermanxs Psiquiatrizadxs en la guerra contra la mercancía!

Taller de Investigaciones Subversivas UHP
Madrid, 2007

«Libro editado por allá por el año 2000 y algo por el colectivo Individualidades Psiquiatrizadas en Lucha. En realidad es un compilado de los 10 números del Fanzine “Enajenadxs” que sacaron ellxs durante un tiempo allá en lo que llaman España. El libro además contiene aportes desde un programa de radio, transcripciones de charlas y debates. Así como también textos de otras personas y algunos datos útiles a la hora de enfrentar una posible internación en una de las tantas cárceles psiquiátricas.» (Colectiva Antipsiquiatría, Concepción, agosto 2014) 
 
Un "clásico" y un referente de la antipsiquiatría anticapitalista de este siglo para lxs proletarixs psiquiatrizadxs, supervivientes de la psiquiatría y no psiquiatrizadxs que lo necesiten y lo quieran como un arma teórica para luchar por sus vidas. (Locura Proletaria, Quito, julio 2021)



Índice

DOS PRÓLOGOS..................................................7
ENAJENADXS....................................................19
Enajenadxs #1..................................................19
Enajenadxs #2..................................................47
Enajenadxs #3 .................................................77
Enajenadxs #4 .................................................93
Enajenadxs #5................................................119
Enajenadxs #6 ...............................................129
Enajenadxs #7................................................160
Enajenadxs #8 ...............................................179
Enajenadxs #9................................................189
Teoría del Control............................................233
SALUD MENTAL Y CONTROL SOCIAL....................233
ALIENACIÓN Y DESENCUENTRO.........................239
APUNTES SOBRE LA NECESIDAD Y EL DESEO DE
PEGARLE FUEGO A LA POSTMODERNIDAD ............258
MENORES......................................................269
MENORES DE EDAD Y SALUD MENTAL..................269
EL CONTROL DESDE NIÑOS..............................296
SABERES PRÁCTICOS.........................................311
FALSAS PROMESAS: ¿MEDICAMENTOS CONTRA LAS
ENFERMEDADES MENTALES?.............................311
CONTRIBUCIÓN DESDE RADIO NIKOSIA....................351
LA NORMALIDAD...........................................351
ANTIPSIQUIATRÍA Y COMPRENSIÓN DE LA ENFERMEDAD
MENTAL.....................................................354
PODER. PELIGRO. —EXPERIENCIAS— ASÍ EMPEZÓ TODO
..............................................................355
A TODOS ELLOS........................................361
UN EPÍLOGO...................................................365


 ***

SOBRE MOTIVOS Y CONVICCIONES O EL POR QUÉ DE ESTE LIBRO

 «Algunas conductas reputadas como anormales serían precisamente la expresión de la norma social sin las trampas ni coartadas que la normalidad social establece.»

J.V. Marques

 «Quien cambia los términos, declara la guerra.»

C. Rochefort

Supongo que el sentido de este libro hay que buscarlo en cada uno de los motivos de la gente que le hemos echado ganas para que saliera adelante.

A modo de prólogo, yo sólo puedo hablar de aquellos que me han movido a mí para participar en este proyecto. Y no es una tarea fácil, porque este libro me pareció, desde que empezó a rondar la idea de sacarlo, algo incuestionablemente necesario. Y cuando algo es necesario, se sabe necesario y se siente necesario, resulta difícil argumentar su necesidad. Cuando algo se vive como convicción, intentar explicar por qué se está tan convencida en unas pocas páginas supone una capacidad de síntesis de la que considero que carezco.

El primero de esos motivos es que a penas existen materiales recientes sobre este tema y quienes se acercan ahora por primera vez a la crítica y denuncia al Sistema de Salud Mental, siguen recurriendo a las mismas publicaciones y recursos que quienes nos interesamos por el tema hace diez años: los legados de la antipsiquiatría de los setenta y algunas publicaciones y experiencias muy  concretas de los ochenta y los noventa.

Y, para quienes lo hacen desde una perspectiva libertaria, entendiendo la lucha contra la psiquiatrización de la sociedad como parte fundamental en la lucha contra el Sistema, creo que no es pretencioso ni equivocado afirmar que las únicas herramientas teóricas disponibles en el Estado son los diez números de Enajenadxs.

Sé que habrá quien piense que Enajenadxs, sobre todo alguno de sus números, tiene poco de teoría y mucho de «vómito emocional» o ejercicio catártico, que es más poesía que invitación a la acción; personalmente creo que no han entendido nada...

En Política de la experiencia R.D. Laing afirma que «la elección de una sintaxis y de un vocabulario son actos políticos que definen y circunscriben la manera en que los hechos deben ser concebidos». Hay muchas cosas que no pueden ser explicadas mediante la sintaxis y el vocabulario de quienes pretenden marginarlas o ignorarlas. Por eso, donde otros ven «vómito emocional», encontramos un intento de subvertir el modo en que algunos hechos han de concebirse, una explicación desde la propia experiencia, indescriptible mediante otros códigos. Esto es, una invitación a la comprensión, la reflexión y la acción: una herramienta teórica.

Al reunir los fanzines en una sola publicación (he aquí otro de mis motivos para considerar necesario este libro) se facilita, de alguna manera, la comprensión del peso teórico que tienen. Y, al mantener su orden cronológico, es posible discernir la evolución de la reflexión y la crítica que posibilitan esa teoría, que alcanza en el número siete (el número negro) su completa realización.

Cualquier teoría es herramienta para una práctica y, si bien con la publicación de Enajenadxs no se logró la revuelta que se promueve en sus textos —la destrucción del entramado psiquiátrico y psiquiatrizante y de las relaciones viciadas y mercantilizadas que subyacen y posibilitan este entramado, que facilitan el funcionamiento del Tinglao, y hacen de la locura o alienación una condición necesaria y una consecuencia inevitable del mismo—, yo sí veo algunas consecuencias prácticas, aunque a una escala mucho más pequeña: un cambio en la concepción que muchos individuos tienen de ciertos hechos, a saber, la locura y el orden psiquiátrico.

Con esta publicación y la actividad de algunos colectivos durante los noventa, la lucha contra el Sistema de Salud Mental recuperó un hueco en los espacios libertarios del estado español del que carecía desde el apogeo de la antipsiquiatría en los años setenta. Aunque es cierto que las acciones se limitan, generalmente, a la organización de jornadas o charlas puntuales sobre el tema.

Tengo una visión particular, y seguramente discutible, sobre por qué, a diferencia de lo que ocurre con otras luchas concretas como la anticarcelaria o la liberación animal, la lucha antipsiquiátrica no termina de verse como elemento fundamental en la lucha contra el Sistema y toda forma de dominación:

 Frente a la obviedad y la brutalidad de la represión carcelaria y la explotación de otras especies, el entramado psiquiatrizante actúa de forma sutil, disfrazando el control de cuidado y ejerciendo dicho control desde el momento en que nacemos y en todas las esferas que componen lo cotidiano: nuestra vida más íntima, nuestros deseos, nuestra forma de relacionarnos... El loco, a diferencia de la presa,  no transgrede una ley explicita creada por el Sistema e impuesta a los individuos, sino que será castigado por no adaptarse a una normalidad que nos venden como natural —como ocurre con todo aquello que sirve o beneficia al orden establecido— y fuera de la que muchos, también dentro de los movimientos que se oponen al Sistema, no sabemos manejarnos.

El enemigo no es en este caso tan evidente. No hay un nosotros y un ellos tan obvio: ¿Las familias? ¿La industria farmacéutica? ¿Los profesores y educadoras? ¿Los psiquiatras? ¿Las psicólogas? ¿Nosotros mismos como compañeros, amigas, amantes, hermanos...? ¿La propia cabeza de quien sufre?

Una vaca no ha hecho nada para pasar su vida en cautividad y acabar en un matadero. El preso lo es por defender unas ideas y llevarlas a la práctica, por oponerse a las leyes del Poder. Pero, ¿por qué petan algunas cabezas? ¿Por qué sólo algunos y no todos si la educastración y el control social bajo el que vivimos es el mismo? ¿Qué hacer ante el dolor del otro? Si llegase a compartirlo, a comprenderlo, ¿enloquecería yo también?

Junto a la recopilación de los textos de Enajenadxs hemos incluido otros, más o menos recientes, sobre algunas cuestiones relacionadas con la llamada Salud Mental: la psiquiatrización de los menores, la relación entre las llamadas disciplinas psi y el control social,  el uso y abuso de psicofármacos y la denuncia al entramado económico que lo sostiene, testimonios de etiquetados como enfermos mentales, algunos recursos útiles para afrontar —llegado el caso— una terapia o un internamiento psiquiátrico... a fin de arrojar un poco más de luz sobre el funcionamiento de este entramado y evidenciar la necesidad de oponernos a él, aunque no seamos «enfermas» ni personas sensibilizadas con el tema por nuestra profesión o por la situación de alguien cercano.

El orden psiquiátrico se nos impone a todos, no sólo a quienes cruzan la delgada y difusa línea que separa la cordura de la locura, y lo hace de una forma descarada... hasta para currar de teleoperadora es necesario «superar» algún tipo de prueba psicológica... El poder tiene demasiadas caras, y el poder de las psiquiatras, psicólogos, educadoras y otros «carceleros de mentes» rara vez es desenmascarado. Disfrazadas de Ciencia, de salud mental, de apoyo y buenas intenciones, desarrollan sus prácticas represivas al servicio de una normalidad que apesta.

Que estos textos se editen y difundan es otro de esos motivos por los que considero necesario este libro.

Sabemos que estos textos no son todos los que hay (1), que —aunque no muchos más— existen otras personas implicadas en esta lucha y otras experiencias, otras voces que merecen ser oídas. 

Hablaba más arriba del desarrollo de algunas publicaciones y colectivos durante los ochenta y los noventa, herederos directos de la antipsiquiatría de los setenta. Algunos de estos colectivos ya no existen como tales, otros han tomado un «camino diferente» —por decir de alguna manera suave que puede ser que estén metidos hasta el cuello en prácticas muy parecidas a las que criticaban hace unos años—, y quedan quienes continúan trabajando en la difusión de estas ideas y su puesta en práctica. A estos últimos, tanto a los que han participado en este libro como a los que no: muchas gracias.

Creo que este libro es necesario porque esta lucha sigue siendo necesaria.

En el psiquiátrico de Trieste (Italia) un muro reza: «La Libertad es Terapéutica». Creo que este libro se hace eco de esa pintada, y creo que para hacer Libertad hace falta mucho más que unas cuantas —contadas— publicaciones y un par de jornadas anuales.

Luco. Agosto 2006

Notas:

(1)   En «Antipsychologicum. El papel de la Psicología Académica: de mito científico a mercenaria del sistema» (Virus, 2006) y «Psicópolis: paradigmas actuales y alternativos en la psicología contemporánea» (Kairós, 2005), ambos coordinados por Jose Luis Romero y Rafael Álvaro, se recogen una serie de artículos y reflexiones de gran interés al respecto. Siendo las únicas publicaciones recientes en el Estado Español que abordan, desde diferentes ámbitos y con mucha lucidez, la crítica a las llamadas ciencias psi.

***

«[...] Los tiempos cambian, la rabia crece. No somos dueñ*s de nuestras vidas y lo sabemos. Eso nos convierte en proletarios. Para los verdaderos dueños de nuestra existencia no somos más que loc*s, mercancías, trabajadores precarios, vándalos, inadaptad*s, drogadict*s, vag*s, estudiantes sin presente ni futuro, putas, subproductos. No les interesamos, ya no pueden darnos trabajo y apenas podemos consumir. Mientras ellos se ponen de acuerdo en cómo gestionar este sistema, nosotr*s agonizamos en sus hospitales, en las universidades, en los manicomios, en las fábricas-almacenes-tiendas-oficinas-etc., en las calles, en la cárcel... en los dominios del viejo mundo. Paso a paso vamos aprendiendo de nuestros errores, y de los pocos aciertos que hemos cometido...
Somos supervivientes del Sistema de Salud Mental, fuimos y somos psiquiatrizad*s, y hemos tomado una determinación: PREFERIMOS ESTAR FURIOS*S A ESTAR TRISTES. Nos hemos decidido a enfadarnos en un mundo en donde palabras como consenso, diálogo o tolerancia se encuentran revestidas de un halo sagrado. Parece que nadie se atreve a preguntarse quién sacó a escena esta colección de anatemas. Sin embargo, no es excesivamente difícil dar con la respuesta... las personas se dividen en decididores y ejecutantes, en explotadores y explotados, la Máquina basa su funcionamiento en esta división de los papeles. La condición siguiente que hace que no se pare, que no sufra ningún percance, es la siempre necesaria paz social. Sin ella, la articulación entre los que deciden y los que hacen sería imposible. Por eso se hace necesario que l*s pisad*s toleremos, dialoguemos y alcancemos consensos con quienes nos pisan. Aceptarlo es señal de sentido común, civismo y talante democrático... lo contrario es lo propio de l*s violent*s, l*s salvajes y l*s enferm*s mentales. Lo único que podemos hacer es asumir nuestra condición y tirar a dar.
L*s chic*s mal*s están enfadad*s, quieren ajustar cuentas y sonríen junto a las hogueras. No pedirán perdón ya nunca más.
BeS.O.S.»

Enajenadxs #3. Atrévete a Enfadarte. Año 17 de la Era Orwell [2001] Primavera

  ***

«Como psiquiatrizados en lucha, entendemos que el todo social tiene por eje la Norma. La relación de los sujetos con ella comienza desde los primeros años de vida, y no sólo a través de las instituciones de la familia o la escuela, cada vez la medicación con psicofármacos es más temprana: no es nada extraño ver a los médicos recetar tranquilizantes, como si fueran caramelos, a los niños más «revoltosos». Sin embargo, entendemos que existe un punto clave (que frecuentemente se produce en las cercanías de la adolescencia, pero que no tiene porqué ser siempre así) en el que una gran parte de la gente se plantea que hay algo en la Realidad que no acaba de convencerle a uno; a menudo, se llega a esta situación a partir de la mirada de los propios padres... esta suele mostrar que este mundo no es tan estupendo, que la vida no es necesariamente el don tan hermoso que tantas veces nos han repetido. Cuando la duda va tomando forma a base de ostias [golpes], de sufrimientos varios, desilusiones, palos y desesperanza, se suelen abrir dos caminos: por un lado, la autodestrucción con todas sus variantes (drogas, suicidio, ostracismo voluntario, etcétera), y por el otro, la inmersión —por un camino o por otro— en las redes del Sistema de Salud Mental. Así, te sueles ver, sin acabar de saber cómo, en una consulta de la sanidad pública, en el gabinete de algún terapeuta de los mil pelajes diferentes que ofrece el mercado o directamente atado a una camilla en la sección de psiquiatría de algún hospital. Llegados aquí, suelen pasar dos cosas: bien uno es reducido médicamente y vuelve a incorporarse al funcionamiento social como si casi nada hubiera sucedido (lo cual suele ser más difícil cuanto más intenso ha sido el choque con la Norma), bien uno se introduce en esa espiral crónica (como se suelen encargar de recordarnos los médicos: «Dadas sus características, no deberíamos obsesionarnos con hablar de curarse, sino más bien de poder alcanzar un nivel de vida lo más grato posible») de caídas-recaídas, medicación y encierro involuntario. Cuando un sujeto que ha llegado hasta este punto se plantea la necesidad de hacer la guerra a la sociedad y su tirano concepto de normalidad, cuando un psiquiatrizado se declara a sí mismo —sin el beneplácito de ningún pastor revolucionario— psiquiatrizado en lucha, enfrentándose a los fármacos, a las órdenes judiciales o a la sucia autoridad científica, se afirma como sujeto revolucionario en este desierto de homogeneidad y desencanto.
La situación en la que se encuentra el psiquiatrizado en lucha, es la de ser contradicción andante del Tinglado. Es el que dice: los amos a veces se equivocan, sus pronósticos y sus teorías científicas no valen un carajo: estoy aquí, no estoy muerto ni drogado, he vivido y vivo los infiernos de la Máquina y quiero ajustar cuentas. Aquí el sistema ha perdido su aire de inocencia, y ya es imposible que pueda nunca recuperarlo. Ya no tiene nada con lo que seducirle a uno. La democracia se presenta como la vieja ramera desdentada y cubierta de maquillaje que es. Robada la salud, uno ya no quiere mercancías-chucherías, sino simple y llanamente venganza [y emancipación]. He aquí la posibilidad de traer de nuevo el conflicto despojado de cualquier ansia reformista, de los discursos ciudadanistas y socialdemócratas triunfantes en nuestros días. Se inaugura un campo de batalla viejo como la historia del mundo. La Norma contra el loco al que no le da la puta gana morirse. Esta sociedad tan perfecta, tan inquebrantable y seductora, tiene pues un enemigo que la ha visto desde dentro y desde fuera, que no reproduce los comportamientos asignados, un fantasma que aguarda a la vera de los caminos con los dientes apretados.
Sabemos cómo funcionan los engranajes de nuestra ruina, ahora es necesario hacer de cada uno de nosotros un estratega. Desde luego, nos encontramos en una posición privilegiada: no nos comprarán subiéndonos los salarios, no nos callarán prestándonos espacios ni infraestructuras, no pueden negociar con nosotros por la sencilla razón de que ni siquiera nos pueden ver. El odio está demasiado dentro y no será fácil de extirpar.
No queremos hacer promesas de un mundo mejor. Queremos Otra Cosa, y eso supone incendiar el presente. Hasta entonces, no le encontramos sentido a especular más allá. No tenemos nada que vender, no pretendemos convencer a nadie.
No hemos llegado solos al dolor, nos caímos porque nos empujaron. Un mundo nos arrastró hasta el agujero, y un mundo pagará por ello.»

Enajenadxs #7. En defensa de la anormalidad. Marzo, año 19 de la Era Orwell [2003].

lunes, 14 de junio de 2021

El narcisismo como norma. La deformación psíquica en la sociedad capitalista tardía

Revista Krisis - Crítica de la sociedad mercantil
Nuremberg-Alemania, 2019

Traducción: Antiforma (Santiago de Chile, junio 2020)

Nota de LP (Quito, junio 2021): En esta sociedad mercantil del aislamiento, la competencia, el individualismo y la apariencia, más aún en estos tiempos de pandemia-confinamiento-virtualización de la vida social, quien diga que no es narcisista es un inconsciente, un hipócrita, un inmaduro y/o un tóxico. Para superar este problema psicológico es preciso empezar por admitirlo, junto con esforzarse por comprender sus causas, condiciones y posibles soluciones sociales o colectivas. Aquí comparto, pues, un artículo desde la perspectiva de la nueva crítica del valor a fin de contar con algunos elementos de reflexión teórica para que podamos criticar y superar tanto el narcisismo social como el narcisismo individual, sobre todo quienes necesitamos y deseamos destruir esta antihumana sociedad de clases y fetiches para construir una comunidad humana material y espiritual donde el libre desenvolvimiento de cada uno sea la condición del libre desenvolvimiento de todos.

P.D.: "Agradece el dolor que te libera del autoengaño". 

***

Toda sociedad reproduce sus condiciones de existencia en los individuos que pertenecen a ella, mientras que éstos a su vez reproducen la estructura social a través de sus acciones. Si la sociedad entra en crisis, esto se refleja en la existencia de los individuos. Cada vez menos personas trabajan en las condiciones laborales llamadas normales, en tanto que son cada vez más las que viven en una pobreza relativa o se hallan al borde de la pobreza. Según un estudio referido a Alemania, país exportador, las personas con empleo precario conforman entre el 25 y el 40 por ciento de la población activa; mientras que nueve de cada diez alemanes dicen tener miedo de bajar en la escala social y caer en la miseria. Esta amenaza y los temores asociados a ella producen una respuesta específica que pone en peligro la cohesión social: el narcisismo como modo de ser, promovido y exigido masivamente por la forma social capitalista.

El creciente aislamiento del individuo burgués

El credo neoliberal, que impone las directrices en la política y la economía, reza así: "Una buena sociedad es una sociedad de individuos fuertes". A estos individuos se les dice constantemente que deben competir por los puestos de trabajo, por los cupos en el sistema de enseñanza y en general por el éxito y el prestigio. Al hacerlo, deben demostrar voluntad de cambio, un alto grado de flexibilidad personal y un constante esfuerzo por mejorar. En el capitalismo las personas son convocadas principalmente como productores privados aislados, que sólo se vinculan entre sí a través del dinero y las mercancías. Todas las demás formas de relacionarse se consideran inferiores y tienden a ser suprimidas; o bien, si son indispensables -como sucede con la crianza de los niños-, se encuentran restringidas y puestas al servicio del proceso general de explotación. Esta tendencia se ha intensificado en las últimas décadas y ha incrementado de forma extraordinaria el aislamiento de los individuos burgueses. En este contexto, el concepto de narcisismo acuñado por Sigmund Freud [“el complemento libidinoso del egoísmo inherente a la pulsión de autoconservación” (Freud, 2014)] ha ido adquiriendo una gran relevancia en los últimos años. Dan fe de ello los muchos libros de venta masiva cuyos títulos se refieren a esta evolución. Así por ejemplo el libro La sociedad narcisista del psicoanalista Hans-Joachim Maaz, publicado en 2012; La generación sin parejas del periodista Michael Nast (2016) o ¡Yo primero! La sociedad egolátrica de la politóloga Heike Leitschuh (2018). Por otra parte, el tema adquiere vez más importancia en la prensa; especialmente desde la elección del narcisista emblemático Donald Trump como presidente de los EE.UU.

El rasgo distintivo del narcisismo es la tendencia desenfrenada al auto-centrismo, que se manifiesta en un exagerado sentido de la importancia propia, en fantasías de éxito y poder ilimitados, y en un deseo de admiración excesiva. Bajo esta superficie hay, sin embargo, una autoestima extremadamente baja. Los narcisistas padecen un hambre insaciable de reconocimiento y validación desde el exterior, lo que les hace también muy vulnerables a las demandas neoliberales de flexibilidad adaptativa. En este contexto, muchos narcisistas son auténticos maestros de la auto-expresión y el auto-mercadeo.

El narcisismo en el posfordismo

Sigmund Freud (1914) fue el primero en ocuparse de este fenómeno. Según Freud, para llegar a ser individuos maduros y seguros de sí mismos en la sociedad burguesa, todos los niños de entre tres y cinco años deben atravesar y superar lo que él llamó complejo de Edipo, proceso que acontece al interior de la familia nuclear burguesa. Tal es el paso decisivo que todos debemos dar para que se forme nuestra personalidad burguesa y nos hagamos capaces de participar en la reproducción material y simbólica de esta sociedad. El resultado es, entre otras cosas, una orientación general hacia el progreso, tal como se cultiva y se transmite en las típicas familias burguesas. En épocas anteriores, los esfuerzos de adaptación asociados a la experiencia edípica -sobre todo la voluntad de trabajar, la diligencia y la auto-disciplina- se veían recompensados por el hecho de que eso le conducía a uno por un camino predeterminado en la vida, en el que hallaba estructuras claras y un futuro laboral seguro.

Pero eso no es lo único que sucede mientras se transita por la fase edípica. Cuando el niño empieza a socializarse como sujeto burgués, aparece también la amenaza del fracaso social. El niño reacciona ante este peligro imaginando un estado de completa autonomía, en el que ha desaparecido todo rastro de dependencia hacia los demás. Si por un lado la parte edípica del sujeto, el hombre consolidado, no sólo se somete sin quejas a las condiciones externas sino que contribuirá activamente a su mantenimiento y reproducción; por otro la parte narcisista se defiende de la realidad externa limitante y amenazante, refugiándose en una interioridad en la que él mismo gobierna de forma absoluta y omnipotente.

Es esta segunda tendencia psíquica la que ha sido promovida enormemente en el posfordismo, es decir, desde los años 70, y ha terminado relegando a un segundo plano la configuración edípica. Hoy en día, la seguridad laboral se ha convertido en un lujo, y esto implica que el comportamiento edípico "correcto" encuentra cada vez menos recompensas. Ya nadie escapa a los arbitrios del "libre mercado"; hoy casi ningún trabajo es seguro, pues está sujeto a la subcontratación, la reestructuración o simplemente puede desaparecer en cualquier momento. Actualmente cualquiera puede volverse inútil de un instante a otro debido a desarrollos impredecibles, tales como un cambio repentino en el sabor de la masa o un nuevo método de producción introducido sin que nadie pudiese preverlo. En un mundo cada vez menos fiable y que amenaza la existencia, los individuos se ven completamente arrojados hacia sí mismos. La parte edípica de la personalidad encuentra cada vez menos puntos de referencia para orientarse, con lo cual crece la sensación de estar indefensos y a merced de los demás. Los individuos responden tratando a toda costa de suprimir o desplazar este sentimiento, que experimentan como una sentencia de muerte.

Al exigirle a las personas una adaptabilidad cada vez más incondicional y al mismo tiempo una mayor capacidad para publicitarse a sí mismas, esta sociedad hace crecer desmesuradamente la parte narcisista de la personalidad. Por otro lado, la venta de la propia fuerza de trabajo se está convirtiendo cada vez más en la venta de la propia personalidad como si fuera una mercancía: cada cual debe poder ofrecer a cada instante su propia versión de lo que el mundo del trabajo demanda. Acuciado por la pregunta que se agita en el fondo de su mente acerca de cómo aumentar el propio valor de mercado -o al menos de cómo evitar que decaiga-, cada cual va revelando gradualmente todo lo que ha conformado su personalidad hasta ahora, en un continuo ejercicio de abnegación que se hace tanto más fácil cuanto más haya revelado de sí mismo previamente. Esta forma de vida genera intensos sentimientos de vacío y falta de autenticidad. ¿Quién puede decir qué tipo de persona es y qué tipo de persona no es, dada la constante disposición a adaptarse a nuevas situaciones de trabajo y después de muchos cambios de pareja? Es precisamente este proceso el que conduce a una personalidad narcisista, que puede ser cualquier cosa porque detrás de ella hay una gran nada.

Inscripción de las mujeres en el desarrollo general

Durante mucho tiempo el condicionamiento económico general de la infancia se aplicó casi exclusivamente a los niños varones. Hasta la década de 1970 más o menos las adolescentes habían experimentado un desarrollo diferente al de sus pares masculinos. Hasta entonces "la niña entra en el complejo de Edipo como en un puerto" (Freud), en el que se prepara no para el papel de competidora sino para el de mujer cuidadora como futura esposa y madre. Dominaba una división sexual del trabajo ligada a la formación de una esfera pública de competencia generalizada, ocupada principalmente por hombres, por un lado; y una esfera privada, doméstica y familiar ocupada principalmente por mujeres, por otro. En este último ámbito la mujer era, entre otras cosas, la responsable del cuidado y educación de los niños. En las últimas cinco décadas se ha producido, sin embargo, una relativa equiparación de los sexos; pese a lo cual sigue prevaleciendo una imagen de masculinidad basada en el éxito laboral y la capacidad para proveer la mayor parte del ingreso familiar. Las mujeres son casi siempre las primeras en ceder cuando se trata de hacer tiempo para la familia. Aunque los hombres han hecho algunas concesiones en cuanto a las tareas domésticas, las mujeres siguen dedicando a las tareas domésticas cerca de una hora y media diaria más que ellos. Además, debido al empleo forzoso de ambos miembros de la pareja, muchas familias no tienen más remedio que entregar lo antes posible sus hijos a instituciones educativas, esto es, guarderías y jardines infantiles. Allí los niños son sometidos cada vez más a medidas con las que se busca prepararlos para el sistema de enseñanza y, por lo tanto para la actividad laboral, aunque todavía esté lejana. Por otra parte, los padres dedican cada vez más el tiempo y la energía que les queda a preparar a sus hijos lo antes posible para que ingresen en la competición generalizada. Muchos proporcionan a sus hijos juguetes educativos, vídeos de "baby Einstein", etc., poco después de nacer o incluso estimulan al feto con música clásica supuestamente beneficiosa. Cada vez más niños viven en hogares orientados al rendimiento. El resultado es una experiencia de profunda soledad, intensificada ya en la primera infancia. Debido a la incertidumbre general de la vida en el posfordismo, las limitaciones sociales se manifiestan cada vez más temprano y de forma más abrupta, mientras que al mismo tiempo se dejan de lado las experiencias de apego y afecto personal.

Capitalismo y estado mental

El núcleo de las sociedades constituidas capitalistamente es el valor que se autovaloriza, es decir, el dinero como capital, cuyo único propósito es transformarse en más dinero mediante el atajo de la producción de una mercancía (o servicio prestado) y su venta: "El capital se utiliza para producir capital, para producir más capital, para seguir produciendo más capital" (Distelhorst, 2014), en un círculo interminable y completamente sin sentido que absorbe todo lo que le rodea. En el centro de este movimiento no hay más que el vacío de la auto-proliferación sin fin, una nada sin contenido que paso a paso va socavando cualquier otra relación significativa, arrastrándolo todo hacia su vacua tautología.

En la modernidad tardía las personas compiten entre sí más que nunca antes. Como describimos anteriormente, el mundo laboral de hoy ya no parece ser esa estructura fiable, aunque exigente, en la que las personas sólo debían estar dispuestas a encajar para llevar una vida segura y agradable. En cambio, la amenaza de cambios radicales se ha vuelto constante y omnipresente. Esto se hace patente, entre otras cosas, en la expansión de las relaciones laborales precarias, en el creciente debilitamiento del Estado de bienestar y en el retorno de la pobreza. En el capitalismo el miedo al fracaso es generalizado. También las relaciones personales son sacarificadas cada vez más en nombre de la flexibilidad general y degeneran en asociaciones temporales o en "redes", utilizadas sobre todo para mantenerse en el juego y aumentar las oportunidades laborales gracias al mayor número posible de "contactos". En un entorno así la empatía hacia los demás es un lujo cada vez más escaso.

La deseabilidad general del comportamiento narcisista

Hoy en casi todas partes el comportamiento narcisista se considera algo deseable y causa de éxito: en el mundo del trabajo, en los medios de comunicación, en la política y en muchos otros ámbitos es recompensado con reconocimiento, admiración y promoción. En vista de estas circunstancias, los expertos discuten seriamente sobre si el narcisismo debería dejar de considerarse un trastorno de la personalidad en las normas de diagnóstico psiquiátrico. Actualmente no sólo las propias habilidades, sino también los sentimientos, rasgos de personalidad y relaciones se han convertido en subproductos del marketing general. El narcisismo, liberado ya de las viejas restricciones y siempre listo para reinventarse, base de la meritocracia totalmente flexible e insegura del nuevo milenio, es la forma subjetiva inherente al capitalismo en crisis.

Este ambiente produce y fomenta la auto-promoción más despiadada y más carente de lazos (ya sea con otras personas, o con la empresa o profesión). Lo que cada individuo opone a este vacío y a esta falta de vínculos es la convicción de ser alguien especial. Cultivan así su propia grandeza, fuerza y brillantez imaginarias. Incluso si sólo tienen una simple pasantía o un trabajo mal pagado con pésimas condiciones contractuales y sin perspectivas de futuro, exageran la verdad para verse y sentirse mejor. Mientras se hallan constantemente al borde de la nada, se engañan a sí mismos diciéndose que en realidad pueden lograr cualquier cosa. Internamente, esto da lugar a un contraste entre sus fantasías de omnipotencia, es decir, su ilusión de libertad e independencia individual absoluta por un lado, y el sentimiento de impotencia ante la creciente inseguridad y heteronomía de su propia existencia por el otro. Tal contradicción no es fruto únicamente del ambiente familiar, sino que hunde sus raíces en la sociedad burguesa. Así como el dinero que se ha convertido en capital, después de multiplicarse exitosamente debe comenzar inmediatamente a buscar la siguiente oportunidad de inversión... asimismo el individuo debe recomenzar una y otra vez, lo más rápido posible, la búsqueda del éxito para que el vacío interior y los miedos no se apoderen de él. Tanto el capital como la personalidad narcisista se desenvuelven así en un dinamismo interminable, vacío y tautológico; y es por eso que se complementan y refuerzan tan bien.

Pronóstico

En la forma subjetiva del narcisista, que se alaba constantemente a sí mismo, se sobreestima de forma desmesurada y es incapaz de comprometerse, y que debe venderse a diario como trabajador altamente adaptable, el productor privado aislado que requiere la relación capitalista alcanza su forma perfecta. Vacío en su interior, luchando sin descanso por la confirmación externa y el reconocimiento superficial de su personalidad, constituye el contenido más apropiado para el movimiento vacío, infinito y en última instancia sin sentido, de la explotación capitalista. Esto tiene un lado oscuro y terrible. Si el narcisista no logra satisfacer las exigencias de la sociedad, tiende a emprender acciones sustitutivas que le permitan desplegar la energía que propulsa su auto-referencialidad. La forma más destructiva de esta deriva es sin duda el ataque asesino indiscriminado, en que la megalomanía narcisista se realiza a través de la autodestrucción y la destrucción de los demás.

Debe quedar claro que estar bien adaptado a una sociedad enferma no puede ser un signo de buena salud mental. Sin embargo, la abolición de la forma-sujeto narcisista no es posible en las condiciones actuales. Una vida al margen de la auto-regulación narcisista tendría una forma completamente diferente: sin obsesión por el trabajo, sin estrés de competición y de rendimiento, sin necesidad de ser un luchador solitario y sin la presión de auto-expresarse y auto-afirmarse continuamente. Mientras prevalezcan estas limitaciones no estarán dadas las condiciones para el desarrollo de individuos sociales libres más allá de la subjetividad mercantil. La esperanza reside en reconocer que nosotros, como seres humanos, somos seres genéricos que requieren vínculos diversos, y no simples relaciones unidimensionales. Los requisitos materiales para ello están presentes desde hace mucho tiempo en nuestro mundo, que se caracteriza por la sobre-producción; sin embargo, para llegar a ello no podemos dejar que la socialización transcurra dentro de un proceso inconsciente de explotación valorizadora, proceso al que nos enfrentamos como una fatalidad y que, por nuestra parte, ejecutamos y reproducimos a diario. Este proceso se está volviendo cada vez más disfuncional, pero esto por desgracia no significa que nos estemos dirigiendo automáticamente hacia una sociedad liberada. No tenemos ninguna garantía de que sea posible revertir el proceso social destructivo y reemplazarlo por una socialización humana; sin embargo la crítica radical de la forma del sujeto en el capitalismo, de su lógica y su dinámica psicosocial interna, es un primer paso necesario en esa dirección.


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Relacionados:

La sociedad autófaga. Capitalismo, desmesura y autodestrucción - Anselm Jappe (2019)

Narcisismo individual y social. Capítulo 4 de El corazón del hombre. Su potencia para el bien y para el mal  - Erich Fromm (1964)

Introducción del narcisismo - Sigmund Freud (1914)

domingo, 13 de junio de 2021

Revista Salamandra 23-24 (o el surrealismo contra el Capital y su psiquiatría)

Grupo Surrealista de Madrid
Junio 2021

Salió una nueva revista Salamandra, órgano difusor del Grupo Surrealista de Madrid.

Saludos a todos y cada uno de ellos!!!

Manual de prestidigitación para la SALAMANDRA 23-24

Si usted odia el fin del mundo, amará Salamandra.

Si usted ama el fin del mundo, amará Salamandra.

Si usted niega, teme, desdeña, esquiva, olvida o acepta mansamente el fin del mundo, ignorará Salamandra, la revista más inactual, esporádica, desesperada y utopista del mundo.

Tanto, tanto, que se permite el lujo de (casi) obviar olímpicamente a la bicha, aunque no (del todo) a sus circunstancias. Que son las del fin del mundo, antes, ahora, después. Y el principio tal vez del que deseamos y soñamos.

¿Qué quiere decir todo esto?

Que la regularidad no es nuestro fuerte. Vaya descubrimiento. Pero tampoco lo es la anomia disolvente que nos rodea, ni la resignación ante un orden de cosas que nada mejora con el paso del tiempo sino todo lo contrario. La exaltación de la vida en aquello que tiene y tendrá todavía y siempre de irreductible, y la negación incondicional de todo aquello que pretende negarla, falsificarla y oprimirla, nos dejan descansar todo lo que la pereza decida pero nunca jamás abandonar la partida ni reconocer la derrota, mientras que no perdamos las flechas del deseo, y nos siga habitando el dios negro de la poesía, el amor y la libertad.

Dicho de otro modo: desde finales del año 2014, fecha de la publicación del penúltimo número 21-22 de Salamandra, hasta hoy, el Grupo surrealista de Madrid ha mantenido una actividad tan intermitente como intensa que consciente y explícitamente ha apostado por la participación de lo común y en lo común, acercando y compartiendo las investigaciones y experiencias surrealistas al mayor número posible de conocidos y desconocidos, consecuencia lógica y deseo electivo de la mejor herencia y rescoldo del 15M que ya destacábamos en 2014: la «apertura, empatía y colaboración con todas las personas, de muy distintas procedencias, tendencias y trayectorias, que se han reconocido en la pasión de un mismo rechazo». Pero la consecuencia inevitable vuelve a ser la suspensión de la revista por un tiempo indeterminado, hasta el punto de que se podría pensar que ha desaparecido. No es así: simplemente cada número se conforma y sale a la luz cuando es estrictamente necesario, es decir, cuando parece oportuno y fructífero para quien sea, para nadie y para cualquiera, para lo desconocido.

Y bien, el momento llegó…en 2020, pero también la danza de la muerte que viene de tan lejos y pretende perpetuarse en la eternidad del artificio. Así la revista se paralizó como todo lo demás, aunque no la voluntad de retomar su pulso allí donde lo habíamos dejado. Y el resultado es este flamante e intratable número 23-24, que sin falsas modestias, vergüenzas y miedos-al-qué-dirán alcanza con toda la intemperancia más excesiva, irresponsable y escandalosa las 464 páginas, pues lo que no mata engorda. ¿O era que te hacía más fuerte? En cualquier caso, 464 páginas repletas de críticas, análisis, debates colectivos, invectivas, soflamas y declaraciones de guerra contra el coma inducido, mitos y visiones para forzar la mano del destino, juegos y experiencias del comunismo del genio y de la exterioridad para que lo sensible no muera ni se momifique, utopías proféticas y a la pata llana, documentos verídicos del Laboratorio de lo Imaginario que demuestran que la creatividad existe, la poesía por otros medios y los poemas, y las reseñas de los libros más insidiosos jamás publicados.

Y absolutamente nada del monotema que es la madre de todas las crisis y colapsos porque a su vez es el producto de todos ellos, ya que hemos tomado la (arriesgada y discutible) decisión de mantener el sumario previsto en 2020. Una única excepción: el Aviso al Lector que, entre otras cosas, argumenta tal apuesta, y esboza algunas consideraciones, nada concluyentes y sí muy parciales y dubitativas como es propio de esta época falsificada y descompuesta, sobre la naturaleza, el significado y las implicaciones e interrogantes de la pandemia, y sobre las respuestas, solidaridades y acciones que tendremos que reinventar y decidir para poner coto, desarbolar y ahuyentar lo invivible.

¿Por qué se ha tomado esta decisión? Porque consideramos que la crisis actual no invalida, sino más bien todo lo contrario, la gran mayoría de las reflexiones críticas y experiencias vivificadoras de Salamandra. Que se nos entienda bien: a pesar de las apariencias y de lo que algunos puedan sospechar, la megalomanía tampoco es nuestro fuerte. Bajo ningún concepto se nos pasa por la cabeza que ya hemos dicho todo lo que hay que decir, y que por tanto la realidad no nos afecta ni impone su agenda imprevisible. ¿Pero es justamente tan imprevisible como se quiere hacer creer? ¿No se sabía, no se había advertido, no habíamos escrito unos y otros, que la demencia industrial, el antropocentrismo ciego, el odio a la Naturaleza no nos preparaba sino su desquite? ¿Y que la dominación genera, inventa, sobredimensiona y manipula cualquier excusa para redoblar su yugo? Porque lo excepcional no es la pandemia ni el confinamiento, sino el Estado de Excepción permanente que lo hace posible y lo utiliza a su antojo.

Es en este sentido que se ha decidido mantener el sumario como si no hubiera pasado nada…porque siempre pasa lo mismo, aunque sea corregido y aumentado. Basta repasar las secciones de esta Salamandra para calibrar una afirmación que esbozamos sin arrogancia alguna, y sin pretender llevar la razón ni acertar en todo o en parte: colapso, respuestas al colapso, revolución y/o autonomía, mercantilización del inconsciente y resistencia del mismo, comunismo del genio, creatividad y poesía hecha por todos y cada uno más allá y más acá del espectáculo, la razón y de la locura, defensa e ilustración del amor loco y del erotismo polimorfo, vida sensible: la realidad material e imaginaria, y la subjetividad individual y comunal, que cara a cara se construyen y destruyen a cada instante. Y denuncia, rechazo y combate total contra la mediación tecnológica, el borrado de la realidad material y su sustitución por la virtual, la compartimentación afectiva y la abolición de cualquier rastro de vida privada que se pretende como cambio civilizatorio a mayor gloria, y como última tabla de salvación, del capital que se desangra y mengua sin dejar de destruir todo lo que le rodea.

Por eso esta revista quiere ser una testificación contra el fetichismo de la no-realidad, y por la afirmación de una visión y una práctica del mundo que se atreve a plantear alternativas y soluciones, por muy modestas que sean, en una coyuntura que no solo exige ejercer la crítica sino experimentar y ofrecer lo posible e imposible. Antes del coronavirus, mientras se desata su letargo de asepsia y aislamiento, después de la plaga aun peor que sin duda le sucederá.

Pero una vez más serán todas aquellas y aquellos que decidan aventurarse en su larga y sazonada lectura los que decidirán si nos hemos siquiera acercado a tales objetivos, los únicos que valen la pena precisamente por su misma desmesura.

Y nos daremos por más que satisfechos si hay quienes aprecian y comparten, en la medida y manera que sea, la lucha mental que impregna sus páginas, la apelación pasional a empuñar vez más la espada.

Sumario:

Del comunismo del genio al genio de lo común: Jornadas experimentales sobre los juegos surrealistas y la vida onírica en el Ateneo Nosaltres – Barraca de las Maravillas en la V Edición de las Jornadas de Arte y Creatividad Anarquistas de 2019 – Acciones callejeras en Madrid y Cádiz.
Crisis de civilización, colapso y utopía – Fuga de la revolución, revolución de la fuga – Más Realidad – El incendio interior: sueño y mercancía – Laboratorio de lo imaginario – El amor loco erótico, el eros locamente enamorado – Locura, automatismo, lenguaje – Poemas – Reseñas.
Contingencia e insumisión de la exterioridad: Debates y apuntes para un conocimiento salvaje del afuera.

Índice completo y Aviso al Lector:

https://gruposurrealistademadrid.org/.../salam23-24.pdf

Capitalismo omnipresente – Los Amigos de la Negación:

https://drive.google.com/file/d/1B9owV9YyXdaDmUTx9BYObI2D5HIB8Kou/view

miércoles, 26 de mayo de 2021

Duras lecciones para budistas comprometidos

BUREAU OF PUBLIC SECRETS (Página de Ken Knabb)
Berkeley-EE.UU., octubre de 1993
¿Sólo has aprendido de los que te admiraron, te trataron con ternura y te cedieron el paso?
¿No has aprendido grandes lecciones de los que te rechazan y se oponen a ti? ¿o de los que te desprecian o disputan contigo?

—Whitman, “Lecciones más duras”

En medio de la guerra de Vietnam, Thich Nhat Hanh y algunos otros monjes, monjas y seglares budistas rompieron con 2.500 años de tradición apolítica budista y fundaron la orden Tiep Hien en un intento de poner en relación la ética budista y la práctica de la meditación con temas sociales contemporáneos. Los miembros de la orden organizaron manifestaciones contra la guerra, apoyo clandestino a los prófugos y varios proyectos de socorro y servicio social. Aunque el movimiento fue pronto aplastado en Vietnam, Nhat Hanh ha llevado a cabo actividades similares desde el exilio en Francia, y el “budismo socialmente comprometido” se ha extendido a los budistas de todo el mundo. Una de sus principales expresiones en Occidente, la Buddhist Peace Fellowship (Asociación Budista para la Paz), define su propósito como un intento de “llevar la perspectiva budista a los movimientos contemporáneos por la paz, la defensa del medio ambiente y la acción social” y de “plantear los temas de la paz, el entorno, el feminismo y la justicia social entre los budistas occidentales”.

El surgimiento del budismo comprometido es un desarrollo saludable. A pesar de las tonterías que el budismo comparte con las demás religiones (superstición, jerarquía, machismo, complicidad con el orden establecido), siempre ha tenido un núcleo de entendimiento genuino basado en la práctica de la meditación. Es este núcleo vital, junto con su carencia de dogmas obligatorios característicios de las religiones occidentales, lo que hizo posible que se hiciese popular incluso en los medios más sofisticados de otras culturas. Las personas comprometidas en movimientos de cambio social pueden aprender del nivel de conciencia, la ecuanimidad y la autodisciplina fomentadas por la práctica budista; y los budistas apolíticos pueden ciertamente hacerlo de enfrentarse a cuestiones sociales.

Hasta ahora, sin embargo, la conciencia social de los budistas comprometidos ha seguido siendo extremadamente limitada. Aunque han empezado a reconocer ciertas realidades sociales manifiestas, demuestran entender poco sobre sus causas y soluciones posibles. Para algunos, el compromiso social simplemente entraña algún tipo de trabajo caritativo voluntario. Otros, siguiendo tal vez las observaciones de Nhat Hanh sobre la producción de armas o el hambre en el Tercer Mundo, deciden no comer carne o no apoyar ni trabajar para las compañías que producen armas. Tales gestos pueden ser personalmente significativos, pero su efecto real sobre las crisis globales es despreciable. Si se permite que millones de personas del Tercer Mundo pasen hambre no es porque no haya suficiente comida para distribuir, sino porque no resulta provechoso dar de comer a gente que no tiene dinero. Y mientras pueda hacerse gran cantidad de él produciendo armas o destruyendo el entorno, alguien lo hará a pesar de las apelaciones morales a la buena voluntad de la gente. Aunque algunas personas conscientes se nieguen a hacerlo, una multitud se disputará la ocasión de hacerlo en su lugar.

Otros, percibiendo que tales gestos individuales no bastan, se han aventurado en actividades más “políticas”. Pero generalmente se han limitado a secundar a asociaciones por la paz, la ecología y a otros grupos llamados progresistas ya existentes, cuyas tácticas y planteamientos son por su parte muy limitados. Con muy pocas excepciones, estos grupos dan por supuesto el sistema social actual y simplemente maniobran dentro de él en favor de su tema específico, con frecuencia a expensas de otros asuntos. Como escribieron los situacionistas: “Las oposiciones fragmentarias son como las ruedas dentadas: se engranan unas en otras y hacen funcionar la máquina — la máquina del espectáculo, la máquina del poder”.

Algunos budistas comprometidos se dan cuenta de que es preciso ir más allá del sistema actual; pero al no comprender su atrincheramiento y su naturaleza autoperpetuadora, creen poder transformarlo apacible y gradualmente desde dentro, incurriendo entonces en continuas contradicciones. Uno de los preceptos de Tiep Hien dice: “No poseas nada que pertenezca a otros. Respeta la propiedad de los demás, pero no permitas que se enriquezcan con el sufrimiento humano o el de otros seres”. ¿Cómo impedir la explotación del sufrimiento si se “respeta” la propiedad que lo encarna? ¿Y qué pasa si los propietarios no renuncian pacíficamente a ella?

Si los budistas comprometidos no se han opuesto explícitamente al sistema socioeconómico y se han limitado a tratar de aliviar algunos de sus peores efectos, es por dos razones. En primer lugar, no tienen claro de qué se trata. Como son alérgicos a todo análisis que parezca “divisionista”, apenas aspiran a entender un sistema basado en la división de clases y en implacables conflictos de intereses. Como casi todos, simplemente se han tragado la versión oficial de la realidad, según la cual el colapso de los regímenes capitalistas de estado estalinistas en Rusia y en Europa del Este demuestra supuestamente la inevitabilidad de la forma de capitalismo occidental..

En segundo lugar, como el movimiento pacifista en general, han adoptado la idea de que la “violencia” es lo único que debe evitarse a toda costa. Esta actitud no sólo es simplista, sino también hipócrita: ellos confían tácitamente en todo tipo de violencias de estado (ejércitos, policía, cárceles) para proteger a sus personas queridas y sus posesiones, y seguro no se someterían pasivamente a muchas de las condiciones contra las que reprochan a otros rebelarse. El pacifismo acaba siendo en la práctica más tolerante con el orden dominante que con sus oponentes. Los mismos organizadores que rechazan a cualquier participante que pueda echar a perder la pureza de sus manifestaciones no violentas se jactan a menudo de haber desarrollado acuerdos amistosos con la policía. No resulta extraño que los disidentes que han tenido experiencias diferentes con la policía no estén demasiado impresionados con esta suerte de “perspectiva budista”.

Es cierto que muchas formas de lucha violenta, como el terrorismo y los golpes minoritarios, son inconsistentes con el tipo de organización abierta y participativa necesaria para crear una sociedad global genuinamente liberada. Una revolución antijerárquica sólo puede ser llevada a cabo por la gente en su conjunto, no por un grupo que supuestamente actúe en su nombre, y esta aplastante mayoría no necesitaría la violencia más que para neutralizar algunas bolsas de la minoría dominante que ésta tratase de mantener violentamente en su poder. Pero todo cambio social significativo envuelve inevitablemente algo de violencia. Parece más sensato admitir este hecho y simplemente esfozarse por minimizar la violencia tanto como sea posible.

Este dogmatismo antiviolencia va de lo sospechoso a lo absurdo cuando se opone también a toda forma de “violencia espiritual”. Por supuesto, no hay nada malo en intentar actuar “sin furia en el corazón” y en tratar de evitar verse atrapados por el odio y la venganza inútiles; pero en la práctica, este ideal sólo sirve a menudo como excusa para reprimir prácticamente todo análisis o crítica incisivos etiquetándolos de “furiosos” o de “intelectualmente arrogantes”. Partiendo de su (correcta) impresión de quiebra del izquierdismo tradicional, los budistas comprometidos han resuelto que toda táctica “confrontacional” y toda teoría “divisora” están mal aconsejadas y son irrelevantes. Como esta actitud equivale a ignorar prácticamente toda la historia de las luchas sociales, muchas experiencias exquisitamente sugestivas siguen siendo para ellos un libro cerrado (los experimentos anarquistas de organización social durante la revolución española de 1936, por ejemplo, o las tácticas situacionistas que provocaron la revuelta de mayo del 68 en Francia), y no les queda más que “compartir” las simplezas new-age más inocuas y tratar de fomentar el interés en las más tibias “acciones”, con el denominador común más bajo.

Resulta irónico que personas capaces de apreciar las anécdotas clásicas del Zen no vean que estas agudas tácticas para despertar la conciencia pueden ser también adecuadas en otros terrenos. A pesar de las diferencias obvias, hay interesantes analogías entre los métodos situacionistas y el Zen: ambos insisten en la realización práctica de sus ideas, y no en el mero asentimiento a una doctrina; ambos utilizan medios drásticos, como rechazar el diálogo inútil, y se niegan a ofrecer “alternativas positivas” de confección para tirar del tapete de las disposiciones habituales; ambos son por tanto previsiblemente acusados de “negatividad”.

Una de las viejas sentencias Zen dice: Si encuentras a un Buda, mátalo. ¿Han “matado” los budistas comprometidos a Thich Nhat Hanh en sus mentes o están todavía apegados a su imagen, fascinados por su misterioso conocimiento, consumiendo pasivamente sus obras y aceptando acríticamente sus puntos de vista? Nhat Hanh puede ser una persona excelente; sus escritos pueden inspirarnos e iluminarnos en ciertos aspectos. Pero su análisis social es ingenuo. Si parece ligeramente radical es sólo por contraste con la ingenuidad política aún mayor de la mayoría de los budistas. A muchos de sus admiradores puede extrañarles, quizás incluso indignarles, que alguien tenga el descaro de criticar a una persona tan santa, y tratarán de rechazar este panfleto encasillándolo como un tipo extraño de “ideología izquierdista furiosa” y asumiendo (incorrectamente) que está escrito por alguien sin experiencia en meditación budista.

Otros pueden conceder que algunos de estos puntos son bastante ciertos, pero preguntarán: “¿Tienes alguna alternativa constructiva práctica o sólo estás criticando? ¿Qué sugieres que hagamos?” No es preciso ser arquitecto para señalar las goteras. Si una crítica consigue que algunas personas se detengan y piensen para ver más allá de alguna ilusión, y quizás provoque también en ellas el deseo de vivir nuevas aventuras por su cuenta, ya ha tenido un efecto práctico. ¿Cuántas “acciones” consiguen esto?

En cuanto a lo que debes hacer, lo más importante es dejar de confiar en otros para que te lo digan. Es mejor cometer tus propios errores que seguir al líder espiritualmente más sabio o políticamente más correcto. No sólo es más interesante, sino que normalmente es también más efectivo llevar a cabo tus propios experimentos, aunque sean pequeños, que ser una cifra en un regimiento de cifras. Todas las jerarquías tienen que ser contestadas, pero el efecto más liberador procede a menudo de desafiar aquellas en las que estás más implicado.

Uno de los graffiti de mayo de 1968 decía: Sed realistas, pedid lo imposible. Las “alternativas constructivas” en el contexto del orden social actual son cuando menos limitadas, temporales y ambiguas; tienden a ser cooptadas y se convierten en parte del problema. Podemos estar obligados a tratar determinados temas urgentes como la guerra o las amenazas medioambientales, pero si aceptamos hacerlo en los términos del sistema y nos limitamos a reaccionar simplemente a cada nuevo desastre producido por él, nunca lo superaremos. En última instancia sólo podemos resolver las cuestiones de supervivencia negándonos a ser chantajeados por ellos, yendo enérgicamente más allá para desafiar toda la organización social anacrónica de la vida. Los movimientos que se limitan a protestas defensivas y serviles no alcanzarán siquiera las despreciables metas de supervivencia previstas para ellos.
 
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Nota de LP (Quito, mayo 2021): Ser espiritual no significa ser religioso ni tampoco no indignarse, no cabrearse, no decir y no actuar, cuando sea necesario. Espiritualidad y Combate no son contrarios, son complementarios:
«Hoy el opio del pueblo es lo que podemos llamar “neoespiritualidad”: es la religión a escala del individuo, práctica del todo compatible y funcional con la alienación neoliberal, moda occidental del desapego y los astros que apaga la indignación colectiva en un pseudo-pacifismo individualista y pasivo, que lejos de luchar por mejores condiciones sociales, se evade en respiraciones ceremoniales, frecuencias metafísicas y promesas de etéreo bienestar. Conserva el carácter dogmático y fundamentalista de la religión. Quien se le opone es juzgado como alguien “prejuicioso” que “no ha comprendido” su práctica ni su mensaje. La energía es real, pero su función no es mística y el "poder" que se le atribuye no tiene ningún sustento probado.
Son solo cuestiones de “fe”.
Como leí por ahí: "De algún lado salen los gatos de moda"...»
(Tomado del muro de Facebook de una compañera)

Espiritualidad y Combate. Entrevista a Marcello Tarí*

Tomado de Artillería Inmanente
20 de mayo de 2021

"Nuestras amistades nos hacen libres"

«Menos filosofía, más espiritualidad; menos palabrería, más experiencias; menos voluntad de poder, más escucha. Así que, «ama y haz lo que quieras». [...]

Espiritualidad y combate es el tema en torno al cual Mario Tronti y yo hemos trabajado este último año, así que es una buena pregunta para mí. Empezaría con una paráfrasis de Marx: «La condición existencial y espiritual determina la conciencia». La frase original marxiana hablaba de la «condición social», pero creo que no es suficiente porque lleva a pensar que, si cambiamos las condiciones externas, es decir, las estructuras económicas y políticas, todo irá bien. La razón y el corazón están así separados. Éste ha sido el camino de la revolución marxista clásica, en Rusia y en otros lugares. Todas han sido derrotadas. Además, hoy el capitalismo coloniza nuestras almas y la subjetividad es una mercancía como cualquier otra. «Vivir» es un campo de batalla.

El cómo es una praxis, una praxis existencial fundada en una creencia. Y este cómo está también y fundamentalmente conectado a la parusía, a la promesa mesiánica de liberación total: es el cómo te comportas ahora el que realiza el cumplimiento escatológico. No «¡espera y verás!», sino ahora tienes que saber cómo vivir en el reino y hacerlo crecer en este mundo. Este modo de vivir del cristianismo temprano es una negación total de la típica actitud izquierdista que mencionas. También podemos pensar en la imagen de Benjamin sobre el tiempo-ahora mesiánico: «Porque en él cada segundo era la pequeña puerta por la que podía entrar el mesías». Como dice Tronti, hay que estar siempre preparados, organizados para este momento, es decir: hay que tener un modo de vida que sea capaz de hacer esto, de mantener esa pequeña puerta abierta. Y este camino es el cómo que procede de la fe.

La fe quiere una metánoia, una conversión, que significa un cambio radical en el modo de pensar y vivir que nos lleva más allá (metá). Por lo tanto, la conversión significa hoy también una crítica de la civilización, no sólo una crítica social. Una crítica que incluye a mi Ego como productor y no sólo como producto de esta civilización. Simone Weil escribió en La gravedad y la gracia: «La realidad del mundo está hecha por nosotros, con nuestro apego». Por eso la pobreza, como escribí en las primeras páginas del libro, es la forma de nuestra libertad. Para ir más allá de nosotros mismos.»

Leer entrevista completa

*  Marcello Tarì es un investigador independiente nacido en Italia. Especialista en la Italia política y autónoma de los años 70, ha publicado Movimenti del Ingovernabile. Dai Controvertici alle metropolitane (2007) y Il ghiaccio era sottile. Per una storia dell’autonomia (2011), además de haber participado en la obra colectiva Gli autonomi. Le teorie, le lotte, la storia (2007). [Tomado de Fractal]

viernes, 21 de mayo de 2021

Un poco de locura proletaria desde la actual revuelta en Colombia

 «He visto a mucha gente publicando esto:

"Y si sacamos de las marchas a ese poco de Hijueputas que sólo bajan a emborracharse..??
Que se vayan a beber a la mierda que no aportan nada bueno en el PARO..!"
 
Qué cosa con esta gente de pensamientos vagos.... los habitantes de la calle apoyan el paro, si te das el tiempo de hablar con ell@s te vas a dar cuenta que tienen tanta o más elocuencia de la que podrías tener, su enfermedad no les impide pensar, estar en contra del gobierno corrupto... tener los mismos ideales que tienes... lo que me da tristeza es que al creernos los sanos, los que tenemos derecho a salir a protestar, los que tenemos la razón, nos hace más y mas apáticos. somos muchos, de todas las clases, con cualquier tipo de circunstancias, pero ahí estamos haciendo la lucha, le agradezco al alcohólico que pudo darnos al menos un momento de sobriedad para apoyar nuestros mismos intereses, al bazuquero, al marihuanero, al que fuma cigarrillo, al adicto al dulce, al depresivo.... etc.... déjense de bobadas, ¿qué creen que sólo ustedes actúan desde su sobriedad? la locura, el desorden y el caos también intervienen y con mucha más resistencia!!!!!
 
 
(Tomado del muro de Facebook de una compañera de esa región actualmente en revuelta)
 
***
 
«Acá pasaba lo mismo, muchos anarcos primera línea despotricaban contra los que salían a tomar a la calle sin comprender que la revuelta al mismo tiempo que un enfrentamiento con la policía también es una instancia de socialización proletaria, así como se crean espacios de combate también se instauran espacios espontáneos de socialización, la moralina de algunos es puro fetichismo militante.» 
 
(Comentario de un compañero de la región chilena)
 
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«Sobre los socialistas "sanos" y el dogmatismo reaccionario de algunos "izquierdistas"»
 
«El proletariado bajo la determinación de la enfermedad es el proletariado revolucionario»
 
«La enfermedad es la necesidad amplia que produce su propio complemento que es la revolución. Por lo tanto, los enfermos son en sí y sufriendo conscientemente para sí la clase revolucionaria. La lucha de clases representa el proceso vital mismo y produce como único valor de uso del futuro la revolución.» 
 
(Colectivo Socialista de Pacientes - SPK. Hacer de la enfermedad un arma. Alemania, 1972)