miércoles, 13 de mayo de 2020

Fantasías. Sobre una "teoría" del éxito-fracaso


Nota de LP (Quito, mayo 2020). Los textos que siguen a continuación fueron escritos hace casi una década por el ya desaparecido Grupo Anarco Comunista (GAC) de México D.F. Leídos desde nuestra perspectiva actual, estos textos contienen algunos elementos criticables, a saber: poner énfasis en la consciencia, la ideología, la cultura, los medios de comunicación, la academia, el consumismo, los individuos, etc., y no en las condiciones materiales de existencia de los individuos como son las relaciones de producción y reproducción social alienada, las cuales incluyen dentro de sí a las formas ideológicas o alienadas de consciencia, ej.: el fetichismo de la mercancía y todo lo que se deriva de esta fantasía, “ilusión intersubjetiva o psicopatología sobre la que basamos todo el funcionamiento de la sociedad”, al decir del filósofo marxista Jordi Soler. Pero, en cambio, su mérito consiste en abordar de manera crítica y radical algunos temas de la cultura y la vida cotidiana bajo el capitalismo, principalmente la ideología del “éxito” y el “fracaso” que, sin duda, también constituye un problema psicosocial, pues para los “fracasados” (es decir, para la mayoría de proletarios hoy en día) conlleva a la ansiedad, la depresión y hasta el suicidio. También es meritorio que citen a Wilhelm Reich y Uníos Hermanos Psiquiatrizados, compañeros históricos muy apreciados en este blog antipsiquiátrico y anticapitalista. Por ello es que publico estos textos aquí. Además para que ya no sigan archivados en una computadora (hace años que ya no existe el blog del GAC), sino para que los pueda leer y sacar sus propias conclusiones un público un poco más amplio que también se cuestione estos temas.


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FANTASÍAS. SOBRE UNA “TEORÍA” DEL ÉXITO-FRACASO

Hemos gastado nuestros días buscando la potencia entre las ruinas y la chatarra, 
pero finalmente nos hemos dado cuenta que no era ahí donde debíamos buscar. 
Lo que perseguimos no pude habitar en este mundo miserable que no es nuestro, 
y cuyo entorno es una “snuff-movie” eternamente en “play”. 
Su esbozo se encuentra acá, en una estrella a punto de estallar 
que cada uno de nosotros lleva sobre sus hombros. 
Podemos afirmar que ahora, que hemos perdido
un mundo entero y maldecimos con toda la fuerza de nuestras almas,
nos encontramos en disposición de conquistar uno nuevo, uno propio.
Uníos Hermanos Psiquiatrizados en la guerra contra la mercancía - U.H.P

Desde temprana edad cada individuo recibe una especie de “curso intensivo”, o mejor dicho, un amaestramiento para sobrellevar la vida actual. Desde pequeños, al ser socializados, se comienza por la imitación de las dinámicas burguesas, las cuales son impuestas para sobrevivir. Los padres, sin saberlo, capacitan a sus hijos para ser en carne viva la reproducción de todos los parámetros que exige esta sociedad de clases.

Se “educa” al menor para abstenerse de ser un agente de cambio radical, se le instruye para ser un autómata decrépito y vulnerable que obedezca los designios del mercado y las leyes del Estado.

Después de los padres, la institución escolar y los medios masivos de comunicación se encargarán de llenarlo de fuertes dosis de ideologías burguesas (ciudadanismo, consumo en exceso, modas, estilos de vida, etc.): “compra, consume, desea, imita, compite, supérate, respeta, resígnate…” son las palabras favoritas que se usan ordinariamente en las escuelas, los templos religiosos, las redes virtuales y los televisores.

La fantasía es otro elemento que se utiliza para favorecer el funcionamiento del orden existente. Introyectando en todos la idea de soñar aquello que en la miserable realidad no se puede ni podrá satisfacer. De antemano se hace hasta lo imposible por sobreponer el “deber ser” (ideal) ante el molesto “ser” (realidad). Ser rico, atractivo, feliz, simpático, astuto, o, tener un auto, una pareja sexual y sentimental envidiable, una casa grande con alberca y jardín, una carrera terminada, un doctorado, viajes alrededor del mundo, cientos de amigos, en fin, “éxito”. Aspiraciones excéntricas que el Capital, por medio de su publicidad y educación, deposita en las conciencias de todos, haciéndolas pasar como verdades absolutas, incuestionables e irrefutables.

Insatisfacción, aburrimiento y vacío, sensaciones reales que se experimentan detrás de las insinuaciones de la sociedad espectacular, en los entornos de la educación, la política, el arte, los medios de comunicación, etc., que al no proveer en lo concreto de la satisfacción que se busca a través de la fantasía, se cae en la desesperación de no obtener aquello que se ansía. En la escuela, la educación positivista cumple su función en sus contenidos de racionalismo, progreso, bienestar, superación. En los medios, la ideología de la felicidad, el consumo liberador, el american dream. En la política, el liberalismo, la democracia, el ciudadanismo, la patria y las leyes. En la vida cotidiana, las ideologías místicas del “decretar” lo que se quiere tener; que en un juego mental aduce que sacrificándose por lo deseado, tarde o temprano se obtendrá.

La fantasía se impregna fácilmente en los cerebros porque es admitida y aprobada por cualquiera, desde el dueño de una empresa hasta el activista “anti-capitalista”.

La fantasía es el deseo de aquello que nos convencemos nos hace falta. De manera acrítica se va por la vida fantaseando sobre aquello que no se es, no se tiene o no se siente. Buscando remediar aquella insatisfacción a toda costa, afanándose en el trabajo para conseguir dinero y comprar la “necesidad” material del momento; estudiando y estudiando para progresar (en esta vida de mierda) y regodearse en la elevada sapiencia y cultura; meterse a una secta, una religión extraña y radical o un grupo de amigos; conocer a la mujer/hombre de sus sueños, etc.

El mundo del Capital es una realidad insostenible racionalmente, es una locura, pero cualquier locura puede prolongarse sin cesar gracias a la idea que nos hacemos de ella, el espectáculo con en el que se maneja y la dosis fantástica que se deposita en todos para continuarla.

Rechazar el mundo de las fantasías y del rompimiento entre ser y deber ser, y por consiguiente, del privilegio del deber ser ante el ser, es decir, del materialismo sucumbiendo ante el idealismo, es un paso difícil pero contundente ante la destrucción de la conciencia burguesa, que se ha colocado a fuerza para sobrevivir y revitalizar el orden de explotación existente.

Pareciera que fracasar en el mundo de la burguesía es dar la espalda a un compendio de exigencias que se nos imponen, como el tener esto o aquello, ser esto o aquello, sentir esto o aquello… y si conscientemente se manifiesta este “fracaso”, se estaría retando a la frustración y compulsión; ese infierno que depara el mundo burgués a los infieles y pecadores que se atreven a retarlo.

Pero ¿qué fracaso?: ¿el del vagabundo?, ¿el del adicto a las drogas?, ¿el del borracho lascivo? Bien, aún mismo el fracaso está condicionado, permitido por la sociedad burguesa, un “fracaso” que asegura el control y el buen funcionamiento de la sociedad; no está demás que la civilización actual mantenga en su seno a sus seres antisociales, freaks, beodos y pervertidos de toda clase, siempre y cuando éstos no impliquen algún problema, tomen alguna terapia, o se pudran en los burdeles designados.

Ante todo, “éxito y fracaso” son las dos partes de una misma ideología que promueve la sociedad burguesa; bien, si buscas el “éxito” vivirás en una bonita casa, tendrás auto del año, una pareja atractiva, status, buen gusto, etc. Si es al contrario, si te rebelas ante esta estupidez, entonces tienes otra opción: el “fracaso”, o sea, ser un drogata, un pandillero, un violador, un borracho, o un vagabundo, como lo quieras, siempre y cuando estés lo suficientemente perturbado y embrutecido como para no tomar conciencia del real funcionamiento de la vida en general y de la tuya en particular.

Rebelarse contra tal degradación y autodenigración, no tiene nada que ver con encerrarse en una especie de pureza social, política y moral. Tiene que ver con tomar por primera vez en la vida una posición de seres humanos ante la debacle de lo social y espiritual bajo las actuales condiciones de sobrevivencia. Y esta toma de posición está mucho más allá de fantasear con el éxito o atascarse en el fracaso, es una posición de constante ruptura con lo que nos está limitando y oprimiendo; no en busca de una supuesta “felicidad” y placeres pasajeros, sino como lucha constante contra todo aquello que nos está hundiendo en la frustración y la compulsión de la vida moderna, ajena a la vida comunitaria del ser humano.

Grupo Anarco Comunista
México D.F., 2011

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CANTOS DE SIRENA

Los derechos humanos son concesiones. 
La miseria sobre-equipada hace enfermar. 
La enfermedad parece ser la única forma de existencia que nos queda bajo la 
égida de la mentira organizada. Y duele.
Fraude: así explicamos el actual espectáculo de las relaciones entre personas.
Un escenario lleno de humo, un engaño tosco y mal urdido.
Deseamos convertirnos en maestros de herejías.
Uníos Hermanos Psiquiatrizados en la guerra contra la mercancía - U.H.P

Lo que comúnmente se conoce como cultura se refiere al compendio de formas sociales, lingüísticas, estéticas y visuales que conforman una identidad humana. Cualquier grupo humano tiene la capacidad de procurarse su “cultura”, pues ésta, entre otras cosas, sirve para el mantenimiento de las recetas sociales que preservan a los grupos humanos.

Lo que se designa como cultura va, desde lo que se trasmite por televisión y lo que se escucha comúnmente en la radio, hasta la obra literaria más culta o la obra de arte de moda. La cultura es el basamento de las sociedades, la cual resguarda las formas, códigos, valores, etc., que las sociedades heredan a las futuras generaciones.

Nuestra cultura (occidental, capitalista) consta de una determinante básica: transformar absolutamente todo sin que cambie nada en esencia. Las cadenas televisivas y de todos los medios de comunicación saturan sus “contenidos” con ideologías varias afines al orden burgués, estilos de vida hedonistas o de apariencia progresista, civilizada, pequeñoburguesa… a la masa popular se la retrata festiva, chévere, soñadora, llena de fe religiosa. Los libros de autoayuda se venden por miles, recetas contra la depresión, la gordura, el amor y demás chucherías llenan las estanterías de las librerías. Literatura ocasional para un público ocasional: novelas de moda, literatura “consagrada”, Harry Potter, Crepúsculo, lo último sobre el narco o la chatarra politiquera del momento. La música es lo peor. El ruido es más bello que las alabanzas a la idiotez que se oyen por todos lados.

Esta es nuestra cultura, aparte del adiestramiento escolar y las tontas idas a los museos, de arte moderno, alternativo, arte urbano…el teatro, o los conciertos de música culta a las que a veces se asiste por puro esnobismo o casualidad. Las salas de cine se atascan de familias y adolescentes aburridos, necesitados de experiencias asombrosas, sin tener que moverse de su butaca acojinada. Los conciertos, entre más gente asista a uno, es sinónimo de la simplonería que se ejecuta sobre el escenario.

Quienes comandan este movimiento de culturización de la sociedad, les importa un carajo las repercusiones que ocasionan, cuando en todo instante nos hablan en sus películas, su música, sus obras literarias, y sus demás desperdicios, de un éxito (inalcanzable), de belleza (transitoria), de felicidad (que no llega), de amor (falsa ilusión) y tantas otras cosas que buscan ser alicientes para el estado de consternación de las personas.

Esta era de miseria hasta lo que aparenta ser más hermoso está infectado de un tufo insoportable por dentro. Cada quien se lamenta de la vida, de lo mal que le va en el amor, de la carrera trunca, de los hijos que se rebelan, de las autoridades que abusan, y sin embargo, los podrás ver todos los domingos frente al televisor viendo el reality show en boga o el futbol de la liga europea.

Seguirán votando por el partido político de siempre, deseando a las rameras de la tv, leyendo las revistas y periódicos de chismes. Ellos quieren ser como sus artistas de moda, como los que salen en la telenovela, como los rockstars que viajan en jets privados y cantan canciones de protesta, como el vecino próspero de la colonia, como el empresario millonario, como el narcotraficante.

Toda su vida han sabido sólo algo, tan elemental y tan jodido que espanta, sólo deben hacer lo que otro les diga que hagan, pensar en el mismo sentido y actuar asimismo. Cualquiera que se salga de la norma está mal, está equivocado. Es la psicología de los pequeños hombrecitos…

«El pequeño hombrecito no está interesado en escuchar la verdad acerca de sí mismo; no desea asumir la gran responsabilidad que le corresponde, que es suya, quiéralo o no. Quiere permanecer así, o cuando mucho quiere volverse uno de esos grandes hombres mediocres -ser rico, jefe de un partido, de la Asociación de Veteranos de Guerra, o secretario de la Sociedad de Promoción de la Moral Pública. Pero asumir la responsabilidad de su trabajo, alimentación, alojamiento, transporte, educación, investigación, administración pública, explotación minera, eso nunca», como bien lo externó Wilhelm Reich.

Debemos escuchar la música de moda, el llamado del amor de los canta-autores analfabetas elevados al nivel de poetas, el eco contagioso de los sonidos del gusto popular.

Canciones de amor, o mejor dicho, de esa aberración que se llama amor y se vende y se compra porque así el mercado lo ordena. Ese falso sentimiento que destruye las relaciones humanas en vez de hacer lo contrario. ¿Por qué? Por estar podrido de lugares comunes: lamentarse por la amada/o, por el infiel, por la relación terminada, y un sinfín de ideas propias del mundo unidimensional en el que vivimos, que gusta de alojarse en el sentimentalismo barato más excesivo y depravado que podría encontrarse.

Esta cultura es decadente, genera sus propios engendros con los cuales ya no puede lidiar: violadores, padres alcohólicos, adolescentes sádicos, vagabundos, un sinfín de mujeres burladas por hombrecillos.

Y también así, a los sepultureros de esta cultura: todos aquellos rabiosos que desatan la destrucción de los convencionalismos, la cultura hipnótica y analgésica de hoy día.

Grupo Anarco Comunista
México D.F., 2011

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«De nada vale interpretar, eso también es apariencia, es idea, es ficción, lo real es transformar, actuar, crear. Los esclavos somos espectadores pasivos, estamos bajo un mundo que nos somete a su dictadura, al control y manutención del Estado, y no hacemos más que negar todo ello en nuestros cerebros, es nuestras ideas, creemos que somos profesores, abogados, jóvenes, viejos, escolares, desempleados, enamorados, buenos, hijos, padres, deportistas, hinchas, rockeros, etc., pero solo somos tuercas dentro de la maquinaria, sin vida propia, sin elección. No reconocemos quienes somos. El sistema te condena a tener diversas formas, diversas apariencias, permitiendo que puedas imaginarte y pensar que eres único y diferente, cuando tu base material es la misma de la de miles de millones humanos degradados a la raza proletaria. En conclusión eres un pobre y triste humano que vive para enriquecer a otro.
Hacemos cosas que parecen nuestras, parecen individuales, parecen decisiones personales, pero sólo seguimos la danza mercantil impuesta por los dueños y amos del mundo, que también se rigen por las leyes de la sacrosanta economía capitalista…
El sistema ha impuesto su lenguaje mistificador y legalizado del mundo bajo la dictadura del dinero. El sistema habla, dialoga, te llama, te escucha, hace que hables y que lo critiques (aparentemente) pero mientras no rompas con su esencia, con la producción mercantil, la propiedad privada, y la plusvalía, todo seguirá siendo parte del show, del espectáculo. No importa si hablas, criticas, o le respondas al sistema, si le hablas en su lenguaje y dentro de él, todo continúa intacto.»
Notas Iconoclastas - Comité de Urgencia

«La expansión de la informática y su dominio sobre todos los aspectos de la vida muestra que estamos sometidos al régimen del aislamiento controlado.
Los estragos cometidos en los 60 por la TV son amplificados por la microinformática que permite a cada cual quedarse en casa conservando la ilusión de hablar con alguien.»
Os Canganceiros #3

«Recordemos las conversaciones que tenemos diariamente, hablamos y hablamos, dialogamos sin parar con la pareja, con la familia, con los compañeros del colegio, del trabajo, del barrio, con los amigos de tiempo, con los parientes lejanos, por facebook, por whatsapp, por celular, qué decimos, de qué hablamos: cómo vamos en los estudios, cómo va el trabajo, cómo va la familia, cómo van nuestras compras, las novedades en las tiendas, los sitios de moda, los conciertos, las fiestas, las chicas, los chicos, el problema de salud de el tío o de la abuela, … en casos más jodidos, del cansancio del trabajo, del mal gobierno de derecha (o izquierda), de la falta de dinero, del profesor que nos reprobó, del aumento que no tuvimos, y en el caso más radical… de la movilización sindical de mañana, del problema en Irak o en España, del Imperialismo norteamericano, del sub-desarrollo, etc.…
Todo esto es sólo una ilusión, nada de esto es real, estas conversaciones no son nuestras, no conversamos para destruir nuestra esclavitud sino que la dejamos en alguna parte del cerebro, encerrada, olvidada, no queremos saber, no queremos oírnos, no queremos ser conscientes de lo que pasa realmente… como dice la película… Una esclavitud voluntaria.»
Notas Iconoclastas - Comité de Urgencia

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