Una introducción desde el afecto y la crítica compañera
Partiendo del hecho de que los seres humanos somos seres sexuales por naturaleza, y de que esta naturaleza se encuentra históricamente alienada o enajenada por la sociedad capitalista, el “científico loco” y “temido” médico psiquiatra y psicoanalista marxista austriaco-estadounidense Wilhelm Reich (1897-1957) tenía razón cuando sostenía que sin revolución sexual no puede haber revolución social y viceversa. Así como también, en que la “economía” debe satisfacer las necesidades y deseos humanos –necesidades y deseos sexuales incluidos–, no al revés. Y –muy importante–, en que para abolir la opresión, el oprimido ha de empezar por matar al opresor que lleva dentro y nunca más desear ser oprimido ni opresor, ni que otro lo sea, en ningún aspecto de la vida cotidiana.
En tales premisas basaba su “sexpol” o “política sexual” revolucionaria, a partir de los problemas de la vida cotidiana de las masas proletarias, y a contrapelo de derechas e izquierdas y de dictaduras y democracias por igual (desde su persecución por parte del nazismo y su crítica compañera pero profunda a la revolución rusa hasta su persecución por parte del macartismo, entre otros); diríase incluso de manera anárquica. Por eso fue "temido", calumniado, marginado, perseguido, expulsado y encerrado por todos los variopintos enemigos de la libertad, la rebeldía, la curiosidad, el descubrimiento, la creación, el goce, la vida. Por eso fue un revolucionario y un adelantado a su época, algunos de cuyos aportes siguen poseyendo vigencia y potencia.
Desde ese punto de vista, la revolución será el carnaval de las y los oprimidos; la liberación de todas las relaciones, las emociones, las pasiones y las energías de la vida en contra de la muerte. Evocando a los situacionistas y en contra de los estalinistas y sus gulags, la revolución será festiva, erótica –mejor dicho, gozosa–, humorística, caótica, catártica y apoteósica o no será. Espiral de insurrección y comunización, la revolución proletaria será orgásmica o no será. Y más importante aún: parafraseando a Marx, la revolución comunista liberará y desarrollará al máximo todas las potencialidades físicas e intelectuales de los individuos, asociados y autorregulados libremente como tales.
Sin embargo, es preciso criticar y superar el biologicismo y el pansexualismo freudianos aún presentes en Reich (recordemos que primero fue freudiano y luego marxista), para tener claro que no sólo se trata de liberar o desreprimir la sexualidad en términos de "liberación sexual" y satisfacción orgásmica generalizada (por más placentero que resulte imaginarlo y más aún realizarlo), sino fundamentalmente de transformarla o revolucionarla social y políticamente. Lo que quiere decir, transformar la sexualidad entendida como relación social y de poder entre los diferentes sexos y géneros de la sociedad capitalista patriarcal. Por consiguiente, hoy resulta necesario y justificado dar este importante paso adelante en la teoría y práctica de la revolución sexual. Mas no por el lado postmoderno de Foucault y sus seguidores/as –valga aclararlo–, sino por el lado del feminismo marxista (Shulamith Firestone, Susan Ferguson, etc.).
Sí, porque por un lado, si bien el capitalismo reprime/sublima la energía sexual/vital humana (que Freud denominó "libido", y Reich "orgón") mediante el trabajo –productivo y reproductivo, remunerado y no remunerado–, no sólo es la sociedad de la represión, el sacrificio, el aburrimiento y "el antiplacer generalizado", como no sin razón critica el GCI. El capitalismo también tiene su propio modo –y modelo– de entretenimiento y de placer, "caricaturas mercantiles del goce realmente humano" (GCI), p. ej.: hacer del trabajo algo placentero, "el placer de comprar", el deporte (enajenación del juego), las drogas, la pornografía como modelo de relación y placer sexual bajo el "patriarcado productor de mercancías" (Roswitha Scholz). Modo capitalista y patriarcal de producción y reproducción social que se basa en el trabajo doméstico femenino o en la mujer –y el género en general– como personificación sexualizada del trabajo no remunerado que reproduce la fuerza de trabajo masculina remunerada por y para el Capital. Lo uno es inseparable de lo otro.
Por su parte, sobre la base de la abolición del trabajo y, por tanto, de su división social y sexual, en el comunismo no todo va a ser felicidad, sino que también va a haber esfuerzo, dolor y sufrimiento... todo el que humanamente puede producir el crear un nuevo mundo a partir de las entrañas, las contradicciones y las ruinas de este mundo. El comunismo será una comunidad realmente humana, pero no será el paraíso en la tierra.
La diferencia esencial entre lo primero y lo segundo radica en que bajo el capitalismo el deseo y el placer están cosificados, deshumanizados, mercantilizados, mediados, espectacularizados, separados, alienados, fetichizados (los fetichismos sexuales derivan del fetichismo de la mercancía y lo refuerzan). Todo esto, paradójicamente, como parte de una verdadera catástrofe sistémica –o sistema catastrófico– donde la humanidad proletarizada es humanidad sufriente e inclusive sobajada a sub-humanidad por parte del Capital y su Estado. Porque a diario y en todas partes, sobre todo su mitad femenina (las mujeres proletarias), es despojada, explotada, empobrecida, violada, prostituida, encarcelada, traumada, neurotizada, deprimida, envenenada, asesinada, suicidada.
Mientras que, muy por el contrario, en el comunismo ya no gozaríamos ni sufriríamos como bestias de carga, mercancías-hombres/mercancías-mujeres ni átomos consumistas y autodestructivos, sino de manera humana, real, transparente, saludable e integral; como una comunidad de personas libres y sanas, amantes de la vida en plenitud y equilibrio. Lo cual, por si acaso, no excluye sino que transforma el caos y la contradicción propias de la vida, la naturaleza, el universo o el cosmos; así como también, la enfermedad y la muerte. En el comunismo, tendremos otros problemas, otros conflictos, otras soluciones, otros placeres y otros sufrimientos. Nada de lo humano nos será ajeno (Marx dixit), pero hasta entonces también ya habremos transformado lo humano y su concepto o la llamada naturaleza humana, porque ésta no es más que el conjunto de relaciones sociales e históricas.
Por otro lado, porque revolucionar la sexualidad significa –como acierta el feminismo marxista– transformar de base las desiguales relaciones de poder realmente existentes entre hombres y mujeres, hombres y hombres, mujeres y mujeres, adultos y jóvenes, adultos y niños/as, otros géneros… en definitiva, subvertir las relaciones de poder entre los sexos/clases, aboliendo la clase y el género en tanto que categorías producidas por, y reproductoras de, la relación Trabajo/Capital. En consecuencia, la revolución sexual también se trata de la abolición del trabajo, la propiedad privada, la cosificación/explotación mercantil y la dominación entre lxs seres humanxs, en sus múltiples relaciones sexuales/sociales; es decir, en/entre sus cuerpos, mentes y corazones.
Algo de eso ya hay en Reich; pero, el feminismo marxista –cuya pionera en este aspecto específico acaso fue Firestone, seguida por Ferguson– lo hizo explícito y lo desarrolló críticamente, yendo más allá de él. Este punto es el que precisamente justifica la presente introducción crítica y superadora a nuestro querido "genio loco" y "temido" Wilhelm Reich. Usando para el efecto, a su vez, el documental ¿Quién teme a Wilhelm Reich? de Antonin Svoboda (2009), que no en vano ha sido eliminado varias veces de YouTube. Así como también, unas citas clave que dan cuenta tanto de su pensamiento como de su influencia, después de esta introducción (ver abajo).
En tal sentido, la recuperación/creación de la comunidad humana real comprenderá necesariamente la abolición del patriarcado, el trabajo doméstico, la familia nuclear, la pareja, el amor romántico, los celos, los crímenes pasionales, la violación, la prostitución, la pornografía, la educación y la ley vigentes. Así como también, la abolición de todos los roles, identidades y comportamientos sexuales tanto normales como “alternativos” propios de esta sociedad mercantil, fetichista, esquizoide y necrofílica (hoy en día, por ejemplo, se dice que en Barcelona y San Francisco ya existe un “capitalismo gay” o "capitalismo rosa". Mientras, por el contrario, también han existido y existen compañeros “maricones” proletarios y revolucionarios en todas partes como, por ejemplo, Mario Mieli o Pedro Lemebel).
Históricamente, como sociedad ya no podemos regresar al comunismo primitivo y matriarcal, ni tampoco “salirnos de este mundo” y formar comunas hippies en el campo, no. Pero, en cambio, con la revolución social/sexual aparecerán nuevas u otras formas de relaciones y de subjetividades sexuales que hoy no nos imaginamos, no comprendemos y mucho menos podemos juzgar con la limitada y limitante moral sexual del mundo burgués-patriarcal-cristiano moderno. Una vez abolida la sociedad mercantil, de clases y de géneros, aquello será la auténtica diversidad en la unidad u organicidad humana liberada y autorregulada: el comunismo sexual y la anarquía relacional.
Comunización anárquica cuyos gérmenes no se hallan en un futuro utópico, sino que ya existen en el seno de las comunidades de lucha y de vida de lxs explotadxs, oprimidxs, reprimidxs, excluidxs de todos los sexos, colores, lugares, edades, gustos, olores y sabores, etc. contra este sistema de dominación y muerte, en su lucha por una vida y una comunidad realmente humanas, y donde lo rico es precisamente su proceso de autonegación/autotransformación como tales y su diversidad. Ello existe como movimiento real y tendencia histórica desde los tiempos rebeldes y "mágicos" de las brujas y los anabaptistas hasta nuestros días donde hay tanta diversidad y tanta miseria sexual a la vez, pasando por la camaradería amorosa entre anarquistas de fines del siglo XIX y principios del siglo XX, la juventud soviética, el naturismo libertario y la liberación sexual de los 60s y 70s.
Porque, en el alfa y el omega de todo, la libido, la pulsión o la energía orgásmica, orgástica, orgónica… en fin, la energía primordial de la Vida es universal y, por lo tanto, común e infinita. Privarla, encadenarla y reprimirla/sublimarla a toda la especie es extinguirla. La vida exige comunizarla. La revolución comunista y anárquica mundial ha de abolir, entonces, todas las cadenas físicas y mentales que hoy impiden su libre y total desenvolvimiento o flujo natural y cósmico en la Tierra para el máximo goce y salud de la especie humana y las demás especies. Cuando el SPK habla de "revolución cósmica y social" tiene en mente a Reich, así como también lo tuvieron en mente las juventudes en la rebelión mundial de 1968, y como lo tenemos en mente hoy en este blog.
Bajo el capital todo lo vital debe ser sacrificado y la vida no es más que un sacrificio. El ser humano ha sido separado de su cuerpo, de su placer, de su sexo, de su energía vital. Siglos y siglos de lo que se llama civilización se han hecho carne y cuerpo. El trabajo, la policía, la familia, la religión, la escuela, la televisión, las prisiones, los hospitales psiquiátricos,... en fin, el Estado, son mucho más que el contexto en que se reproducen, deforman, deshumanizan lo que pretende ser un ser humano; conforman (parte de) esos cuerpos reprimidos, separados, enfrentados. Bajo el capital, el ser humano es incapaz de amar al ser humano, el hombre transformado en enemigo del hombre, llega incluso a reprimir su propia humanidad, su propia pulsión, su propia energía.
La sociedad mercantil hace que los hombres solo se relacionen por medio de las cosas y como propietarios privados de cosas. La sexualidad universalmente enajenada, la impotencia orgástica generalizada, es la concreción palpable de la ausencia de la relación verdaderamente humana en tanto que cuerpos, que totalidad.
Los seres humanos no viven su sexualidad directamente por su vida y su energía, sino a través de todas esas mediaciones hechas cuerpos y de las imágenes espectaculares impuestas por la sociedad. O mejor dicho aún, de esas mediaciones hechas armas y armaduras de esos cuerpos por los cuales el hombre no es más que el lobo del hombre.
La propia sociedad burguesa ha desarrollado su respuesta a esta castración inherente al ciudadano, a esa represión hecha carne que destruye en permanencia la energía de la vida. La misma consiste en la mercantilización de todo lo sexual, se venden mujeres, se venden hombres, se venden niños, se venden imágenes de "felicidad", se venden penes, vaginas, mujeres, hombres de goma...
En cada emergencia revolucionaria del proletariado, al mismo tiempo que pone en cuestión y hace tambalear todo el edificio del Estado burgués, todas las relaciones humanas comienzan a revolucionarse y comienza una verdadera crítica práctica del antiplacer generalizado que es fundamental para que funcione esta sociedad; y recíprocamente, en cada contrarrevolución triunfante o fase de revolución descendente el individualismo y el antiplacer vuelven a hacerse omnipresentes.
Como en cualquier otro aspecto central de la revolución comunista, y en su contra, el enemigo central de la revolución es el reformismo, el conjunto de pequeñas reparaciones para que lo esencial continúe como está. Así, las ideologías del amor libre, de la libertad de cambio en lo sexual, de la realización del placer en plena sociedad capitalista, incluso cuando son algo más que simples métodos de propaganda para vender una cosa o un servicio, tiene por objetivo central el canalizar, desviar, destruir la energía revolucionaria del proletariado.
El goce realmente humano no tiene nada que ver con estas caricaturas mercantiles.
El comunismo, en su afirmación histórica, liberará todo el potencial de goce de la especie humana y al destruir todas las servitudes se constituirá en una sociedad en donde el placer físico y sexual, el goce corporal y orgástico, desarrolle hasta niveles hoy inimaginables, las relaciones humanas, la humanidad del hombre [y la mujer], la especie humana misma.
—Grupo Comunista Internacionalista-GCI (1989). "Tesis de Orientación Programática" nro. 41