lunes, 9 de julio de 2018
lunes, 2 de julio de 2018
Zeki in aeternum (o la crítica comunista de la Medicina)
Nota de LP:
Excelente, bello y potente texto del 2016 de unos compañeros de Asturias sobre la muerte por enfermedad de uno de los suyos, en el cual se logra condensar y expresar con claridad y fuerza la crítica total y radical, la crítica comunista de la Medicina (ergo, de la psiquiatría) como parte esencial de la crítica comunista o la crítica radical y total de la sociedad capitalista.
***
ZEKI IN AETERNUM
«Oh, caballeros, la vida es corta…
Si vivimos, vivimos para marchar sobre la cabeza de los reyes.»
Shakespeare. "Enrique IV"
El 4 de
septiembre del 2016, el corazón de nuestro compañero Zeki dejaba de
latir. Su cuerpo sucumbía ante una enfermedad contra la que luchaba
desde hacía tiempo y que finalmente apagó su gran fortaleza y energía.
Ni queremos ni podemos dejar pasar su muerte sin decir algunas cosas.
Pero que no se nos entienda mal. El que espere leer aquí la inagotable
enumeración de elogios que se escribe tras la defunción de un ser
querido, o busque una fuente para avivar el sentimiento de nostalgia, se
equivoca. Nuestro compañero mismo no nos lo permitiría. Y nosotros
tampoco. Sí conocimos a Zeki, sí consolidamos fuertes y sanos lazos
humanos con él, sí compartimos todo tipo de momentos y sentimientos, sí
hasta el último momento, hasta que ya sus fuerzas se encontraban
terriblemente debilitadas, nuestro compañero nos eligió para tenernos a
su lado, ello se debió sobre todo a lo que nos unía: la lucha por la
vida, la lucha por abolir la sociedad de clases, la revolución social…
No puede
ser más que desde esa perspectiva que escribamos estas líneas, no para
dedicarle un texto a nuestro compañero, sino para afirmar con él ante su
muerte esa perspectiva y expresar que siempre permanecerá presente allí
donde nuestra clase se rebele y se organice. Su acción militante se
funde ya con la de millones de combatientes anónimos que nutren la
historia del proletariado mundial y las filas de la revolución. Esa
acción militante también está presente en estas líneas que hoy
escribimos tras su dolorosa pérdida. Nuestra intención es denunciar su
enfermedad y muerte como una consecuencia de la sociedad actual;
denunciar todas las falsas soluciones y alternativas que este mismo
sistema genera, y reivindicar una vez más junto a él, que no hay otra
alternativa a todos los problemas sociales que la revolución social.
Así es,
para nosotros es totalmente claro que la enfermedad que lo mató, el
cáncer, no tiene nada de natural ni de individual sino que como muchas
otras enfermedades y catástrofes que hoy padecemos es producto de la
relaciones sociales capitalistas que en forma cada vez más brutal se
contraponen a toda la vida en el planeta. La vida humana se encuentra
hoy atrapada en los campos de concentración capitalista que han
colonizado la Tierra. Hasta los actos más elementales para vivir se
encuentran determinados no por nuestras necesidades vitales, sino por la
tasa de ganancia. No es otra la razón por la que cosas tan
fundamentales y primarias como el agua que bebemos, la comida que
ingerimos, el aire que respiramos, los hogares que habitamos, o las
relaciones cotidianas que se dan entre los seres humanos contengan cada
vez menos vida y más veneno, menos salud y más enfermedad. Sólo un
imbécil puede disociar la enfermedad de nuestro compañero de las
condiciones de existencia capitalistas.
Pero no
sólo es esa enfermedad generada por la catástrofe capitalista la que
mató a nuestro compañero. La ciencia, materializada en este caso en la
medicina aportó su buen sacado de arena. Efectivamente, ante la
enfermedad generalizada que sufre la humanidad, el capital responde con
más veneno. La medicina, siguiendo las directrices de la ciencia, cuyos
conocimientos y fundamentos han sido históricamente determinados por la
dictadura del capital, aplica todo tipo de métodos y “sanaciones” que
debilitan aún más la salud. Sustancias tóxicas, experimentaciones,
mutilaciones, y un largo etcétera de barbaridades son la moneda de curso
corriente. Con nuestro compañero sufrimos todo este proceso, discutimos
las contradicciones, peleamos contra todo tipo de dificultades para
tratar de asumir colectivamente esa lucha,… Todo ese proceso nos
refuerza en nuestra crítica a la ciencia.
Pero no
nos olvidemos de las “alternativas”. Hay “alternativa” para todo. Para
la contaminación, para la alimentación, para el trabajo, para el
aislamiento, para la vida cotidiana, y por supuesto para la salud y la
medicina. Como en todos los demás terrenos, con la enfermedad de nuestro
compañero volvimos a constatar que en la medicina todas esas
alternativas no pueden ser otra cosa que más de lo mismo. Es evidente
que hay toda una resistencia milenaria de la humanidad a la dictadura
del valor en todos los terrenos sociales, y que es parte inseparable de
nuestra comunidad de lucha, pero aislada de esa comunidad, presentada
como una solución en pleno capitalismo, como una alternativa real, no
hace más que salvaguardar esta sociedad. El capitalismo es una
totalidad, no hay escapatoria en este cementerio, no hay alternativa
real salvo la revolución. La más mínima necesidad humana pide a gritos
la revolución. Uno puede en ocasiones tratar de alimentarse de forma
menos nociva, intentar tener la mente menos intoxicada, tratar de
castigar menos el cuerpo, intentar trabajar lo menos posible… pero de
ahí a creer que por hacer esto se está trazando una alternativa… El
problema de la humanidad es social, no individual. En la salud, como en
todo lo demás, quien individualiza el problema está ocultando consciente
o inconscientemente la raíz social del mismo.
Todo esto
que vivimos con el compañero desde que conoció su enfermedad nos
recordó ese ABC de la lucha revolucionaria. El capitalismo es una
totalidad que se contrapone a la vida, no hay alternativa posible en su
interior, no hay exilio posible. Sólo la revolución proletaria puede
imponer las necesidades humanas y destruir todo este viejo mundo. Sólo
las tareas que sirven realmente a esas perspectiva histórica son
verdaderamente importantes. En esas tareas la existencia de nuestro
compañero perdurará para siempre. El proletariado, la comunidad de
lucha, no es una suma de individuos, es un ser colectivo que rompe todas
las barreras temporales y geográficas. En ese ser colectivo el corazón
de nuestro compañero sigue latiendo con fuerza, sigue acelerándose allí
donde se conspira contra el capital y el Estado, allí donde se azota a
la burguesía, al reformismo, a la democracia, al progreso, a la ciencia y
a todas y cada una de la expresiones del capital, sigue enamorándose
allí donde el humo de la revuelta advierte que hay vida antes de la
muerte y clama por recuperar su lugar. Con su pérdida se nos va un
pedacito de nuestra vida, pero también él nos entregó con generosidad un
buen pedacito de la suya que nos acompañará siempre y nos impulsará en
esta inmensa e interminable batalla que tarde o temprano mandará toda
esta mierda al basurero de la historia.
Compañero Zeki… ¡presente!
Biblioteca Subversiva Crimental
[Tomado de Materiales. Las negritas son nuestras.]
martes, 12 de junio de 2018
A mayor desarrollo económico, mayor atomización y depresión humanas
Nota de LP: Excelente artículo sobre la dictadura de la economía y su inhumano
progreso, la alienación/depresión generalizada y cómo enfrentarla desde
una perspectiva anticapitalista, comunista. Tomado del boletín Comunidad de Lucha (Santiago de Chile), 31 de mayo de 2018 (las negritas son nuestras):
A mayor desarrollo económico, mayor atomización
El progreso, que no es sino el desarrollo tautológico de la economía
por sus propios medios, para su propia autoreproducción, supone el
sumergir a cada vez más humanxs en una forma de subsistencia consistente
en poner la vida al servicio de este desarrollo, lo que se traduce en
la práctica a levantarse cada mañana para abordar las máquinas, por
cierto atestadas de otrxs en similares condiciones a la nuestra, que nos
llevan al claustro de los centros productivos, en los que debemos
rendir cuentas todo el día a quienes muchas veces preferiríamos
partirles la cara –aunque muchas veces su situación sea similar a la
nuestra–, para luego abordar las mismas máquinas de vuelta al claustro
habitacional de nuestras casas o de lo que llamamos nuestros hogares.
Estando la actividad humana encadenada al ciclo cotidiano del
TRABAJA/CONSUME/DUERME, y desarrollándose ésta en un espacio cada vez
menos pensado en las necesidades humanas y cada vez más para la
circulación de humanxs-mercancías, es de esperarse que las relaciones
humanas se vean cada vez más mermadas: las relaciones interpersonales
están ancladas a los centros productivos, y quienes generen encuentros
de camaradería afectiva fuera de los horarios asfixiantes de éstos deben
sortear los obstáculos del dinero (necesario para ‘recrearse’), del
tiempo y, cómo no, contar con la energía suficiente restante de la
jornada laboral. Esto no podría sino hacer de la incomunicación y el
aislamiento unas de las características dominantes en la vida de cada
persona. De ahí que nos enfermemos con lo que la ciencia del Capital
llama comúnmente como depresión, el ‘resfriado común’ de la psicología.
Claro que esto no le importa a quienes dominan sino hasta que es un
problema para la economía, como evidencia la Organización Mundial de la
Salud cuando advierte en su último informe sobre salud mental que ‘la
caída de la productividad y otras dolencias médicas vinculadas a
la depresión tienen un alto coste global, que la OMS cifra en un billón
de dólares al año’, o que ‘por cada dólar invertido por un país en salud
mental, se ahorra otros cuatro en trabajo (al generar mayor
productividad laboral) y en salud (al evitar tratamientos contra estas
patologías)¹. Es decir, la tristeza
apabullante que agobia a la humanidad no es un problema mientras no se
interponga en el camino del desarrollo económico, y si se le tiene en
consideración, es sólo a propósito de este mismo desarrollo.
De paso, el
mismo informe advertiría que Chile lidera el ranking de depresión²,
que por cierto implicaría grandes pérdidas monetarias para el Capital
local a propósito de la cantidad de licencias médicas emitidas a causa
de este ‘trastorno’. Esto probablemente debido a la atomización humana
inherente al desarrollo económico, pero sin una estructura lo
suficientemente fuerte para ‘contener’ los síntomas de este mismo
desarrollo, como suele ocurrir en los llamados ‘países en vías de
desarrollo’. Y no es que en los países centrales de acumulación
capitalista la gente no enferme de tristeza y soledad, pero su
enfermedad ha sido lo suficientemente encauzada en los canales del
progreso como para que esto no suponga un problema considerable para la
economía.
Y teniendo en cuenta este panorama de desolación global y
generalizada, otros datos entregados por este informe, como aquellos que
indican que la depresión se extendió un 20% más en la población global
los últimos 10 años, o que casi 800.000 personas se suicidan cada año en el mundo,
lo que equivale a un suicidio cada cuarenta segundos, no serían sino un
dato secundario al lado de aquel que advierte la afrenta que supone para
la economía que enfermemos de tristeza, soledad y estrés (sea por
exceso de trabajo o por falta de él).
Contra esto, debemos tener claro que la guerra que libramos contra el
Capital y sus agentes (incluso contra aquellxs que nos interpelan en
nombre de nuestra propia salud) no es menos importante que nuestras
prácticas por romper con nuestro propio aislamiento. Habría que ser muy
iluso para creer que uno acaba con su propia alienación simplemente
oponiéndose a la alienación generalizada; en cambio, un primer paso para
la re-construcción de vínculos de camaradería afectiva genuinos podría
ser el constatar la propia alienación y miseria, tomando nota de lo que
esta produce en nuestras propias relaciones interpersonales, incluso con
nuestrxs más cercanxs y entre ellxs: como la neurosis y frustración que
entrañan nuestras relaciones afectivo-sexuales, la imposibilidad de
establecer contacto real con el otrx, la incomunicación con quienes
suponemos nuestrxs seres amadxs, el sentimiento generalizado de soledad
en compañía, la necesidad de constituir nichos identitarios…
La lucha para la reconstitución de una comunidad humana pasa también
por poner en práctica formas de afecto y confraternización que sirvan,
por un lado, para la experimentación de formas de comunidad que entren
en contradicción con la socialización enfermante del Capital, y, por el
otro, para nuestra propia reconstitución y sanación personal: una
práctica colectiva para la reconstitución personal. Si bien estas
prácticas no serían más que mero comunitarismo si a la vez no apuntasen
al corazón mismo de la alienación generalizada -es decir, a esta forma
concreta de producir la vida, su base material (que es la raíz común de
nuestra miseria psíquica, física, afectiva, sexual, etc.)-, creemos que
el autocuidado y que el cuidado entre nosotrxs mismxs son parte
fundamental en la constitución de comunidades que entren en ruptura con
la comunidad ilusoria del Capital, pues creemos que la guerra contra la
domesticación debe librarse también contra nuestra propia domesticación
internalizada.
2. www.biobiochile.cl/chile-lidera-ranking-depresion-oms (si bien no se advierte en la nota citada qué países o regiones participarían en dicho ranking)
martes, 5 de junio de 2018
LA ROJINEGRA EDICIONES. A modo de Presentación
Proyecto
anarco-editorial cartonero, hecho con cabeza y mano propias, desde
Kito-Ecuador para el mundo entero. Nuestra propuesta es 1 rizoma-trinche
de 3 LÍNEAS DE PUBLICACIONES: POESÍA (EN ESPECIAL, POESÍA
MALDITA), ANTIPSIQUIATRÍA & TEORÍA SOCIAL REVOLUCIONARIA.
En diferentes formatos y presentaciones: desde fanzines hasta libros
(muy artesanales), y a precios muy accesibles (de vez en cuando también
aceptamos trueques). Feriamos en recitales, ferias de libros y fanzines,
festivales y tokatas.
Hemos venido trabajando de manera informal, silenciosa y anónima desde hace aproximadamente unos 3 años, pero es en mayo de 2018 que decidimos lanzar nuestra primera publicación como La RojiNegra Ediciones: LA VOZ DEL POETARIADO. UNA ANTOLOGÍA DE POESÍA PROLETARIA HISTÓRICO-MUNDIAL. Varios Autores (cuaderno rojo). La cual lanzamos, a su vez, en el recital homónimo que organizamos por el 1° de Mayo.
Además contamos con MÁS DE 30 TÍTULOS DE OTROS AUTORES Y OTROS TEMAS dentro de las 3 líneas editoriales arriba mencionadas: “CUADERNOS DE NEGACIÓN” (revista – de Argentina), en la línea de teoría social revolucionaria; “ENAJENADXS” (fanzine – de España), en la línea antipsiquiátrica; y, en la línea poética, desde Rimbaud y Baudelaire hasta Panero y Chaparro Madiedo, pasando por Artaud, Bucowski, Parra, Bolaño, Papasquiaro, Dalton, Xu Lizhi, así como también Eluard, Huidobro, Dávila Andrade, Jara Idrovo, Héctor Cisneros (“el poeta de la lleca”) Y MUCHOS OTROS.
Si estás interesadx en adquirir alguna de nuestras publicaciones o en cooperar en proyectos afines, contáctanos a través de nuestro correo electrónico o de nuestra página en Facebook y dialogaremos con gusto.
¡Salud y Autoliberación!
La RojiNegra Ediciones
larojinegraediciones@riseup.net
Kito, 29 de mayo de 2018
miércoles, 23 de mayo de 2018
Otto Gross: psicoanalista anarquista, antipatriarcal, dionisíaco
RAROS. OTTO GROSS (1877-1920)
[Tomado de Amputaciones - Las Semejanzas Salvajes, julio de 2007]
“Era
médico nietzscheano, psicoanalista freudiano, anarquista, sacerdote de
la liberación sexual, maestro de orgías, enemigo del patriarcado,
cocainómano y morfinómano disoluto.”Richard Noll.
“Los mejores espíritus revolucionarios alemanes han sido educados y directamente inspirados por él. En muchas de las creaciones poderosas de la joven generación, uno encuentra esa específica agudeza de sus ideas y las consecuencias de largo alcance que fue capaz de inspirar.”
Otto Kaus.
Schwabing, al norte de la ciudad de Munich, bullía de agitación intelectual ya desde finales de la centuria anterior. Allí vivían o habían vivido y trabajado algunos de los más destacados escritores y artistas del ámbito germanoparlante europeo: desde los hermanos Mann o Rainer Maria Rilke hasta Oskar Panizza o los jóvenes vates que orbitaban en torno al poeta / profeta Stefan George. En los cafés de la zona se proyectaban las revoluciones artísticas y políticas del siglo que echaba a andar. En el Simplicissimus de la Türkenstrasse reinaba el escritor, cabaretista y pintor Joachim Ringelnatz; el régimen parecía ser algo más democrático, sin embargo, en el Café Stefanie emplazado en la Amalienstrasse, y al que muchos llamaban Café Grössenwahn (Café Megalomanía) por la densidad de genios que concentraba en espacio tan reducido. Se sabe que un exiliado ruso de nombre Vladimir Ilich Ulianov frecuentaba el barrio antes de que estallase la guerra, y con el tiempo se llegaría a decir que la revolución consejista de Baviera se había gestado en las madrugadas del Stefanie. No era nada fácil, pues, destacar en un ambiente en el que los futuros dadá Emmy Hennings y Hugo Ball comenzaban a tramar la destrucción del arte o en el que anarquistas como Erich Mühsam o socialistas como Leonhard Frank pergeñaban la del orden burgués. Y, aun así, había una mesa que debía de llamar particularmente la atención del visitante desinformado. La presidía un joven de pelo crespo y barba de fauno, con el chaleco siempre condecorado de motas blancas de cocaína, que recitaba a Nietzsche de corrido, predicaba la liberación libidinal y ofrecía improvisadas sesiones de psicoanálisis a quien quisiera probar la eficacia de los nuevos métodos del doctor vienés Sigmund Freud. Se llamaba Otto Gross y, en aquellos tiempos –pongamos entre 1906 y 1913-, rondaba los treinta años de edad. Su amigo Leo Frank recordaría algo más tarde: “El Café Stefanie era su universidad […] y [Gross] era un Profesor con una Cátedra situada en una mesa cerca de la estufa”.
Otto Hans Adolf Gross había nacido un 17 de marzo de 1877 en la ciudad austriaca de Gniebing. Recibió la esmerada educación que era propia de la burguesía centroeuropea finisecular y, después de sufrir a numerosos tutores y pasar por diversos colegios privados, se doctoró en medicina y empezó a interesarse por la disciplina psiquiátrica. Como su padre. De hecho, antes de que Otto Gross fuese Otto Gross, ya era conocido como el hijo del insigne doctor Hans Gross, una eminencia cuyo talento era reconocido en toda Europa, y aun fuera de ella. Gross padre era nada más y nada menos que el fundador de la criminología científica moderna. Era abogado de formación, pero el hecho de haber ejercido como magistrado de investigación le obligó a recorrer toda Austria analizando pruebas criminales. Así comprendió la necesidad de un acercamiento multidisciplinar al estudio del crimen que tuviese en cuenta, entre otras, las dimensiones químicas, biológicas y clínicas de la conducta desviada, pero sin descuidar, por ejemplo, las aportaciones de las novedosas técnicas de asociación psicológica que jóvenes científicos como el doctor Carl Gustav Jung estaban poniendo en marcha a la sazón. Según afirma Richard Noll, “en su famoso Instituto de Criminología reunió una colección de objetos didácticos para la formación del moderno criminólogo entre los que se incluía una inolvidable exhibición de cráneos de hombres asesinados. También había vitrinas con venenos mortales, armas de fuego, balas, bastones-espada, cañones de fusil, así como libros maravillosos, filtros de amor, cartas astrológicas y versos mágicos que aportaban pistas sobre la mente criminal supersticiosa”. Hans Gross era además un ferviente católico romano, ultraconservador en lo político, antisemita y tan racista como permitían el decoro y las buenas costumbres de alta burguesía germana, que era –por cierto- mucho. A su ver, la razón científica era un instrumento de orden que debía servir a las necesidades del Estado.
Los
primeros pasos de la carrera profesional de Otto Gross se producen a la
sombra del padre. En sus textos primerizos hay de hecho un punto de
lombrosismo evolutivo que, en todas las ocasiones, sirve para apuntalar
las convenciones burguesas y que, sin duda, debe mucho al influjo del
viejo Hans. Sin embargo, Otto elige pronto la senda torcida. En poco
tiempo se convierte en un negador radical de esas mismas convenciones,
en un bohemio que predica el desarreglo de todos los sentidos y se caga
en las instituciones sobre las que asienta su régimen de terror el
decadente orden capitalista y en un luchador por la causa del comunismo
matriarcal. El uso de sustancias psicoactivas desde los veintipocos y el
descubrimiento del psicoanálisis freudiano algo después contribuirán en
forma notable a dicha transformación. Por lo que se refiere a las
drogas, se sabe que Gross había empezado a consumir allá por el año
1898. En un viaje a tierras sudamericanas que realiza entre 1900 y 1901
alivia el aburrimiento con los fármacos que contiene su botiquín de
médico del barco; las dosis que entonces se suministra no son muy
grandes, pero un año después ya es un adicto a la morfina que necesita
inyectarse al menos un par de veces al día si quiere cumplir con sus
funciones como médico en el hospital psiquiátrico de Graz. Enseguida ya
ni siquiera es capaz de trabajar y se pasa la vida en los cafés de la
bohemia, donde piensa, charla y escribe. Alarmado, su padre lo envía a
la clínica Burghölzli, en Zúrich, para que lo sometan a una cura de
desintoxicación. Es la misma clínica en la que, por cierto, ejerce el
doctor C. G. Jung, aunque no hay constancia de que tratase a Gross
durante esta primera estancia. Otto Gross es ingresado en abril de 1902
y, tras unos meses bajo observación, un miembro de la plantilla médica
emite su diagnóstico final: el joven doctor padece una “psicopatía
grave”. Con todo, recibirá el alta médica en el mes de julio de ese
mismo año.
El interés de Gross por la obra de Freud data más o menos de las mismas fechas. En 1907, después de pasar una corta temporada en la conocida clínica muniquesa del psiquiatra Emil Kraepelin, publica un libro en el que contrasta la propuesta biologicista de este último con el psicoanálisis freudiano y cuyo saldo resulta favorable para Freud. La obra llama pronto la atención del círculo psicoanalítico de Viena, que busca prosélitos ilustres y preferiblemente arios, pues el origen judío de su padre fundador y de muchos de sus miembros despertaba la suspicacia de unos medios intelectuales mayoritariamente antisemitas. Jung era ario, y también Otto Gross; de ahí que resultasen tan valiosos para la causa. En una carta enviada al primero de ellos, Freud reconocerá: “Usted es el único capaz de hacer una contribución original; con la excepción, tal vez de O. Gross, pero por desgracia éste no goza de buena salud”. Y Freud no se equivocaba, la aportación de Gross a la teoría y la práctica del psicoanálisis sería de lo más peculiar, pero implicaba de pasada un segundo atentado contra la figura del Padre: si Gross ya había matado simbólicamente a su padre biológico, no tardaría en hacer otro tanto con Freud como progenitor y guía espiritual. En Gross, en efecto, el psicoanálisis se convierte, junto con la obra de Nietzsche, en un arma revolucionaria que se desvía del tratamiento individual de las dolencias psíquicas para apuntar a la liberación de los instintos primordiales – como fuente de creatividad- frente a las constricciones castradoras de la civilización patriarcal. Además –y como señala de nuevo Richard Noll-, gracias a Gross, el psicoanálisis deja de ser un objeto de consumo de la burguesía más o menos neurotizada para integrarse en la contracultura bohemia, iniciando una fascinación que habrá de prolongarse durante decenios. Sin saberlo y acaso sin pretenderlo, Otto Gross se estaba adelantando de esta manera a las propuestas del apóstata Wilhelm Reich y de los surrealistas.
El interés de Gross por la obra de Freud data más o menos de las mismas fechas. En 1907, después de pasar una corta temporada en la conocida clínica muniquesa del psiquiatra Emil Kraepelin, publica un libro en el que contrasta la propuesta biologicista de este último con el psicoanálisis freudiano y cuyo saldo resulta favorable para Freud. La obra llama pronto la atención del círculo psicoanalítico de Viena, que busca prosélitos ilustres y preferiblemente arios, pues el origen judío de su padre fundador y de muchos de sus miembros despertaba la suspicacia de unos medios intelectuales mayoritariamente antisemitas. Jung era ario, y también Otto Gross; de ahí que resultasen tan valiosos para la causa. En una carta enviada al primero de ellos, Freud reconocerá: “Usted es el único capaz de hacer una contribución original; con la excepción, tal vez de O. Gross, pero por desgracia éste no goza de buena salud”. Y Freud no se equivocaba, la aportación de Gross a la teoría y la práctica del psicoanálisis sería de lo más peculiar, pero implicaba de pasada un segundo atentado contra la figura del Padre: si Gross ya había matado simbólicamente a su padre biológico, no tardaría en hacer otro tanto con Freud como progenitor y guía espiritual. En Gross, en efecto, el psicoanálisis se convierte, junto con la obra de Nietzsche, en un arma revolucionaria que se desvía del tratamiento individual de las dolencias psíquicas para apuntar a la liberación de los instintos primordiales – como fuente de creatividad- frente a las constricciones castradoras de la civilización patriarcal. Además –y como señala de nuevo Richard Noll-, gracias a Gross, el psicoanálisis deja de ser un objeto de consumo de la burguesía más o menos neurotizada para integrarse en la contracultura bohemia, iniciando una fascinación que habrá de prolongarse durante decenios. Sin saberlo y acaso sin pretenderlo, Otto Gross se estaba adelantando de esta manera a las propuestas del apóstata Wilhelm Reich y de los surrealistas.
El Café Stefanie (Munich)
Pero
lo cierto es que Freud y Nietzsche no bastan. Las trayectorias teóricas
de estos dos maestros de la sospecha se entrecruzan de hecho en la vida
de Gross con las de Kropotkin y los pensadores anarquistas, pero
también con las del ‘antropólogo’ Johann Jakob Bachofen, en una síntesis
de elementos aparentemente contradictorios a la que sería difícil
asignarle una etiqueta de clasificación académica. La obra de Bachofen
en general y en particular Das Mutterrecht [El derecho matriarcal,
1861] va a ocupar un lugar central y a desempeñar la función de un
pivote organizador de esa ecléctica amalgama por cuanto provee a Gross
de una suerte de marco explicativo global y de un soporte
histórico-etnológico para su proyecto de emancipación erótico-política.
Por resumirlo mucho, lo que Bachofen ofrecía en su libro de comienzos de
los sesenta era un “modelo por etapas” de la evolución cultural del homo sapiens sapiens
que permitía reducir el “ruido y la furia” de la historia de la especie
a unos cuantos elementos de comprensión racional. Según parece, la obra
de Bachofen había llegado hasta los medios de la bohemia muniquesa a
través de Ludwig Klages, que la había dado a conocer a sus camaradas del
Círculo Cósmico de Stefan George ya a comienzos de
siglo. Es más que probable que a Gross se le despertase el interés por
las tesis del antropólogo suizo gracias a que mantenía contacto
cotidiano con varios miembros del grupo. Dicho sea en una aparte, Das Mutterrecht será también un recurso bibliográfico de primer orden para el Engels de El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado. Pero ésta es otra historia.
En El derecho matriarcal, Bachofen defendía que la humanidad había pasado al menos por tres estadios de evolución cultural. En el origen se encontraba lo que el autor llamaba ‘hetairismo’ o periodo ‘telúrico’; una etapa que, en su opinión, estaba marcada por el simbolismo de la tierra y en la que no existían ni la agricultura, ni el matrimonio ni otras instituciones sociales que ahora tenemos por naturales. Los seres humanos se organizaban entonces en pequeñas agrupaciones nómadas en las que dominaba un comunismo tanto económico como libidinal. A ésta le seguiría la etapa del matriarcado propiamente dicho (Mutterrecht). En este momento comienza la agricultura y la domesticación de los animales y, aunque aparecen las primeras instituciones sociales en su forma más rudimentaria, siguen primando los valores igualitarios. Según Bachofen, en este segundo período domina el culto a la Madre Tierra y se glorifica el cuerpo humano. El tercer y último estadio corresponde al patriarcado, caracterizado por el culto al sol, por la exaltación del intelecto y por el control de la sociedad mediante leyes. La originalidad de Otto Gross a la que hacía alusión Freud en la carta citada destella aquí con intensidad, porque lo que Gross va a hacer básicamente es corregir y completar las teorías de la evolución ontogenética de la psique provistas por el psicoanálisis con las tesis de Bachofen sobre el desarrollo filogenético de la especie humana con vistas a desarrollar un método eficaz de terapia no individual, sino social y revolucionaria. Si es cierto –pensaba Gross- que los seres humanos han vivido en pequeñas comunidades nómadas y polígamas durante decenas de miles de años, entonces es harto probable que sus descendientes no hayan sido capaces de desarrollar todas las adaptaciones que resultarían funcionales a un régimen sometido al imperio del Nombre del Padre. El origen de las enfermedades mentales, del malestar en la civilización, se halla justamente aquí, y por eso es necesario acabar con el patriarcado –y su última figura, la sociedad burguesa- y restaurar la poligamia, la igualdad social y el predominio de la simbología femenina.
En El derecho matriarcal, Bachofen defendía que la humanidad había pasado al menos por tres estadios de evolución cultural. En el origen se encontraba lo que el autor llamaba ‘hetairismo’ o periodo ‘telúrico’; una etapa que, en su opinión, estaba marcada por el simbolismo de la tierra y en la que no existían ni la agricultura, ni el matrimonio ni otras instituciones sociales que ahora tenemos por naturales. Los seres humanos se organizaban entonces en pequeñas agrupaciones nómadas en las que dominaba un comunismo tanto económico como libidinal. A ésta le seguiría la etapa del matriarcado propiamente dicho (Mutterrecht). En este momento comienza la agricultura y la domesticación de los animales y, aunque aparecen las primeras instituciones sociales en su forma más rudimentaria, siguen primando los valores igualitarios. Según Bachofen, en este segundo período domina el culto a la Madre Tierra y se glorifica el cuerpo humano. El tercer y último estadio corresponde al patriarcado, caracterizado por el culto al sol, por la exaltación del intelecto y por el control de la sociedad mediante leyes. La originalidad de Otto Gross a la que hacía alusión Freud en la carta citada destella aquí con intensidad, porque lo que Gross va a hacer básicamente es corregir y completar las teorías de la evolución ontogenética de la psique provistas por el psicoanálisis con las tesis de Bachofen sobre el desarrollo filogenético de la especie humana con vistas a desarrollar un método eficaz de terapia no individual, sino social y revolucionaria. Si es cierto –pensaba Gross- que los seres humanos han vivido en pequeñas comunidades nómadas y polígamas durante decenas de miles de años, entonces es harto probable que sus descendientes no hayan sido capaces de desarrollar todas las adaptaciones que resultarían funcionales a un régimen sometido al imperio del Nombre del Padre. El origen de las enfermedades mentales, del malestar en la civilización, se halla justamente aquí, y por eso es necesario acabar con el patriarcado –y su última figura, la sociedad burguesa- y restaurar la poligamia, la igualdad social y el predominio de la simbología femenina.
Nietzsche
Así
que a la altura de 1906, cuando Gross hijo comienza a frecuentar los
cenáculos de la cultura disidente del área de Schwabing, ya está
pertrechado con una muy particular visión del mundo y con un arsenal
conceptual que le va a permitir atacar con fiereza las convenciones del
medio social del que proviene. A pesar de todo, la ruptura con tales
medios nunca va a ser definitiva; no podía serlo. Gross padre vigila
siempre desde las alturas y, una y otra vez, trata de someter al hijo
díscolo. Por otra parte, el credo poligámico de Otto arrastra la rémora
de su temprano matrimonio con Frieda Schloffer –temprano, no por la
juventud de ambos, sino porque entonces Gross todavía no se había
independizado intelectualmente-, con la que tendrá un par de hijos a los
que se bautizará con el nombre de Peter. En cualquier caso, ni la vida
familiar ni los cantos de sirena del mundo clínico y académico logran
embridar la naturaleza nómada e inquieta de Gross. En la misma época
entra como un ciclón en el círculo de intelectuales burgueses que Max
Weber y esposa animaban en la ciudad de Heidelberg. Desde 1907 se aloja
en el hogar de Edgar Jaffe, el más cercano de los colegas del padre de
la sociología alemana. En poco tiempo Otto deja embarazada a Else, la
esposa de Jaffe, y establece relaciones sexuales con la hermana de ésta,
Frieda Weekly. Y el efecto es similar por donde quiera que pasa. Son
éstos también los años en los que su existencia fluctúa entre los
ambientes canallescos de Munich, la relativa calma de Zurich y la utopía
encarnada en Ascona.
Ascona es un pueblecito del cantón de Ticino situado en una ensenada del Lago Maggiore, en plenos Alpes suizos. Hoy en día, con su campo de golf de 18 hoyos, sus tiendas chic y sus restaurantes para gourmets, es destino turístico del pijerío europeo. Pero su clientela era muy diferente antes de que estallase la Primera Guerra Mundial. Ya desde la década de los años setenta del siglo anterior el enclave había llamado la atención de muchos perseguidos en una Europa agitada tras los acontecimientos de París. Pronto la zona se llenó de anarquistas rusos refugiados, entre los que destacaba la figura imponente de Mijail Bakunin. A comienzos del siglo XX, dos curiosos personajes, Ida Hoffmann, profesora de piano, y Henri Oedenkoven, hijo de un conocido industrial, se mudaron a un monte situado sobre la ciudad que llevaba –y lleva- un oportuno nombre en italiano: Monte Verità. Allí emplazaron una suerte de comuna naturalista que habría de satisfacer su hambre de naturaleza salvaje y su aversión por el mundo civilizado. En poco tiempo, la noticia se difundió entre la bohemia centroeuropea y Ascona se repobló con heterodoxos de todo pelaje: naturistas neorrománticos, seguidores de los círculos teosóficos, aspirantes a artista, ácratas, pacifistas, escritores y pintores inclasificables y algún que otro miembro de la familia psicoanalítica. La lista es larga y difícil ser exhaustivos, pero digamos que por allí pasaron gentes como el ya citado Erich Mühsam, Ernst Frick, Otto Braun, los hermanos Gräser, Alexej Jawlensky, Marianne von Werefkin, Paul Klee, Hans Arp, Hugo Ball o Hermann Hesse. Y también, por supuesto, Carl Gustav Jung y Otto Gross, que encontró en Monte Verità terreno fértil en el que hacer fructificar sus ideas. No es extraño, pues, que en Das grosse Wagnis, una novela que Max Brod publica en 1918, Gross se transmute en la figura del dictatorial ‘Doctor Askonas’.
Ascona es un pueblecito del cantón de Ticino situado en una ensenada del Lago Maggiore, en plenos Alpes suizos. Hoy en día, con su campo de golf de 18 hoyos, sus tiendas chic y sus restaurantes para gourmets, es destino turístico del pijerío europeo. Pero su clientela era muy diferente antes de que estallase la Primera Guerra Mundial. Ya desde la década de los años setenta del siglo anterior el enclave había llamado la atención de muchos perseguidos en una Europa agitada tras los acontecimientos de París. Pronto la zona se llenó de anarquistas rusos refugiados, entre los que destacaba la figura imponente de Mijail Bakunin. A comienzos del siglo XX, dos curiosos personajes, Ida Hoffmann, profesora de piano, y Henri Oedenkoven, hijo de un conocido industrial, se mudaron a un monte situado sobre la ciudad que llevaba –y lleva- un oportuno nombre en italiano: Monte Verità. Allí emplazaron una suerte de comuna naturalista que habría de satisfacer su hambre de naturaleza salvaje y su aversión por el mundo civilizado. En poco tiempo, la noticia se difundió entre la bohemia centroeuropea y Ascona se repobló con heterodoxos de todo pelaje: naturistas neorrománticos, seguidores de los círculos teosóficos, aspirantes a artista, ácratas, pacifistas, escritores y pintores inclasificables y algún que otro miembro de la familia psicoanalítica. La lista es larga y difícil ser exhaustivos, pero digamos que por allí pasaron gentes como el ya citado Erich Mühsam, Ernst Frick, Otto Braun, los hermanos Gräser, Alexej Jawlensky, Marianne von Werefkin, Paul Klee, Hans Arp, Hugo Ball o Hermann Hesse. Y también, por supuesto, Carl Gustav Jung y Otto Gross, que encontró en Monte Verità terreno fértil en el que hacer fructificar sus ideas. No es extraño, pues, que en Das grosse Wagnis, una novela que Max Brod publica en 1918, Gross se transmute en la figura del dictatorial ‘Doctor Askonas’.
Sigmund Freud
En
1908, una nueva intervención de Hans Gross lleva a su hijo al hospital
psiquiátrico. Como paciente, no como facultativo. El lugar elegido es,
una vez más, el feudo suizo de Jung: la clínica Burghölzli, de la que ya
se habló más arriba. Parece que Jung pospuso su aceptación, pues había
conocido a Gross hijo en el Congreso de Neuropsiquiatría que se había
celebrado en Ámsterdam el año anterior y, sencillamente, no le había
caído nada bien. Pero la insistencia del padre y la intervención de
Freud vencieron las reticencias del descubridor del ‘inconsciente
colectivo’. La idea de Freud era que Jung aceptase a Gross para
deshabituarlo del consumo de opio y de cocaína, que cada vez afectaba
más a su vida cotidiana, comenzar el análisis y después trasladarlo a
Viena, donde podría llevarse a cabo un tratamiento más profundo. Lo
curioso del asunto es que el más afectado por la relación
psicoanalítica, el que realmente salió transformado, no fue Gross sino
Jung. El transfert que suele producirse en la sesión tiene
estas cosas, sobre todo si uno ha de enfrentarse a una naturaleza tan
fuerte como la de Otto Gross. Sea como fuere, el analista suizo fue
convirtiéndose paulatinamente a la fe poligámica de Gross e incorporando
no pocas ideas de éste a su propia doctrina (la díada extraversión /
introversión pueden, por ejemplo, anotarse en el ‘debe’ de Jung). Sin
embargo, los derroteros que ambos seguirían en el futuro serían
divergentes. Mientras Gross profundizó en su intento de síntesis entre
las propuestas del psicoanálisis y el proyecto igualitario del
anarquismo o del comunismo, en los últimos años de su vida; Jung fundó
“un culto mistérico espiritista de renovación y renacimiento” (Noll),
que debía mucho al neopaganismo de los medios nacional-revolucionarios
alemanes de la época y que, con el tiempo, lo conduciría a simpatizar
con el nazismo.
Lo cierto y verdadero es que Gross jamás abandonó el consumo de estupefacientes y hubo de ser ingresado en diversas ocasiones en los años que le quedaban de vida. Siempre, todo hay que decirlo, contra su voluntad y a instancias de su padre y, en alguna ocasión, incluso por mediación de su santa esposa. En 1911 es internado de nuevo, y el tiempo de encierro le sirve para proyectar la fundación de una escuela para anarquistas en su amada Ascona. Dos años más tarde puede vérsele en Berlín, donde entra en contacto con algunos representantes del movimiento dadaísta de la ciudad como Raoul Hausmann, Hannah Höch o Franz Jung, en el que dejaría una honda huella. Precisamente en Berlín y a finales de ese mismo año de 1913, Hans Gross hace detener a su retoño y lo envía a un manicomio austriaco para que sea liberado de sus adicciones y de sus poco adecuados comportamientos. Inmediatamente se pone en marcha una campaña de apoyo al hijo perseguido y encerrado: diez mil folletos, impresos por una sociedad cultural vienesa, en los que se pide la puesta en libertad de Otto Gross se distribuyen en Munich, Berlín, Viena, Zurich y algunas otras ciudades. Finalmente, recibe el alta en 1914, justo cuando la guerra comienza a extenderse por todo el continente. Durante la contienda Gross ejerce como médico del ejército austro-húngaro en diferentes destinos, y al final se le ve deambular por las calles de Budapest y Praga, donde conoce al ya mencionado Max Brod y a Franz Kafka, que –casualidades de la vida- había sido alumno del viejo Hans Gross en la Facultad de Derecho de la ciudad checa. Se dice que El Proceso debe mucho a la inspiración de la oveja negra del psicoanálisis. De regreso en Berlín, pone en marcha, junto a Franz Jung y al pintor Georg Schrimpf, una revista llamada Die freie Strasse, que debía ser un trabajo preparatorio para la Revolución que ya se anuncia en Alemania, y se ve envuelto en otro rocambolesco lío de faldas. Moriría en el sanatorio berlinés de Pankow el día 13 de marzo de 1920 a causa de una neumonía. Lo habían encontrado poco antes en un almacén abandonado al borde de la inanición.
Lo cierto y verdadero es que Gross jamás abandonó el consumo de estupefacientes y hubo de ser ingresado en diversas ocasiones en los años que le quedaban de vida. Siempre, todo hay que decirlo, contra su voluntad y a instancias de su padre y, en alguna ocasión, incluso por mediación de su santa esposa. En 1911 es internado de nuevo, y el tiempo de encierro le sirve para proyectar la fundación de una escuela para anarquistas en su amada Ascona. Dos años más tarde puede vérsele en Berlín, donde entra en contacto con algunos representantes del movimiento dadaísta de la ciudad como Raoul Hausmann, Hannah Höch o Franz Jung, en el que dejaría una honda huella. Precisamente en Berlín y a finales de ese mismo año de 1913, Hans Gross hace detener a su retoño y lo envía a un manicomio austriaco para que sea liberado de sus adicciones y de sus poco adecuados comportamientos. Inmediatamente se pone en marcha una campaña de apoyo al hijo perseguido y encerrado: diez mil folletos, impresos por una sociedad cultural vienesa, en los que se pide la puesta en libertad de Otto Gross se distribuyen en Munich, Berlín, Viena, Zurich y algunas otras ciudades. Finalmente, recibe el alta en 1914, justo cuando la guerra comienza a extenderse por todo el continente. Durante la contienda Gross ejerce como médico del ejército austro-húngaro en diferentes destinos, y al final se le ve deambular por las calles de Budapest y Praga, donde conoce al ya mencionado Max Brod y a Franz Kafka, que –casualidades de la vida- había sido alumno del viejo Hans Gross en la Facultad de Derecho de la ciudad checa. Se dice que El Proceso debe mucho a la inspiración de la oveja negra del psicoanálisis. De regreso en Berlín, pone en marcha, junto a Franz Jung y al pintor Georg Schrimpf, una revista llamada Die freie Strasse, que debía ser un trabajo preparatorio para la Revolución que ya se anuncia en Alemania, y se ve envuelto en otro rocambolesco lío de faldas. Moriría en el sanatorio berlinés de Pankow el día 13 de marzo de 1920 a causa de una neumonía. Lo habían encontrado poco antes en un almacén abandonado al borde de la inanición.
C. G. Jung
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Ver también:
"La concepción fundamentalmente comunista de la simbólica del paraíso" - Otto Gross (1919)
"La concepción fundamentalmente comunista de la simbólica del paraíso" - Otto Gross (1919)
Escena de diálogo entre Otto Gross y Carl Jung en la película "Un método peligroso" (2011):
domingo, 20 de mayo de 2018
Autoliberación Consciente - Nueva página
«Nadie puede empezar a pensar, a sentir, a actuar, a menos que lo haga partiendo del punto inicial de su propia alienación. Todos somos asesinos y prostitutas, sin importar a qué cultura, sociedad, clase o nación pertenezcamos, ni lo normal, moral o maduro que uno pueda considerarse. La humanidad está apartada de sus auténticas posibilidades. Esta visión básica nos impide tomar una idea inequívoca sobre la cordura del sentido común o sobre la locura del llamado demente. Nuestra alienación alcanza incluso nuestras raíces. El darnos cuenta de esto representa el trampolín esencial para una meditación seria sobre cualquier aspecto de la actual vida interhumana. Somos criaturas confundidas y enloquecidas, extraños a nuestra verdadera identidad, a los demás, al mundo material y espiritual; incluso dementes, desde un punto de vista ideal que podemos vislumbrar pero no adoptar. Hemos nacido en un mundo donde nos aguarda la alienación. Somos hombres en potencia en un estado alienado, que no es el sistema natural. La alienación, como nuestro destino presente, se obtiene sólo mediante una injuriosa violencia perpetrada por los seres humanos contra los seres humanos» (R. D. Laing, Política de la experiencia)
Este archivo contiene libros, artículos y videos que dan cuenta de algunos enfoques psicológicos (y contra-psicológicos) cuya base común es procurar la autoliberación consciente de los seres humanos, a partir de la confianza en su capacidad innata para vencer por sí mismos los obstáculos que encuentran en su proceso de crecimiento. Se trata de concepciones que critican las ideas psicológicas convencionales, denunciando su reduccionismo cientificista, su limitación individualista y su acomodamiento al sistema de dominación social. A partir de esta crítica podemos vislumbrar dos líneas de ruptura: por un lado tenemos que mientras más se profundiza en dirección contraria a la concepción reduccionista y atomizante del sujeto, más difusos se hacen los límites entre psicoterapia, espiritualidad, crítica social y praxis política emancipatoria; mientras que por otro lado, ese mismo cuestionamiento permite captar con mayor claridad el hecho señalado por Ian Parker de que «la psicología, como una fuerza de control social, nunca ha sido monolítica. Por el contrario, existe una historia de desacuerdos y divisiones en la propia disciplina y recuerdos de revueltas revolucionarias que dieron lugar a nuevas ideas. También existen contradicciones, líneas de fuga y espacios para la emancipación a favor y en contra de la psicología, en la misma conciencia alienada que tenemos del mundo y de quienes somos».
En una veta quizás menos alentadora pero ineludible, las palabras de R. D. Laing que dan la bienvenida a este archivo expresan bien el hecho de que para autoliberarnos de forma integral, debemos primero hacernos conscientes de lo que nos impide liberarnos, de la distancia que aún nos separa de nuestro potencial como seres humanos maduros. Aquí aparece inevitablemente el problema de la tensión dialéctica que liga la existencia individual y la colectiva, en una relación que no termina de definirse del todo y cuyo orden de prioridad sigue revelándose tenazmente como centro del conflicto. Hace algunas décadas Gary Snyder nos advirtió sobre lo ridículo de querer transformarse uno mismo sin transformar la sociedad, comparando ese empeño al de intentar enfriar la sopa revolviéndola sin apagar el fuego debajo de la olla. Hoy, cuando la inconformidad social es más o menos políticamente correcta y el statu quo permite un tipo de oposición impotente basada en la autoimagen tranquilizadora del "inconformista" y del "despierto", la advertencia en sentido contrario también es válida. La autoliberación consciente supone no sólo hacer frente a la sociedad alienada, lo cual es comparativamente sencillo, sino también enfrentarse al abismo interior que la alienación abre en uno mismo. El insurgente ucraniano Néstor Makhno apuntaba a esto cuando sugería a los proletarios: «buscad en vuestras profundidades y allí encontrareis la verdad»; mientras que otro revolucionario de aquella época, Anton Pannekoek, señalaba un aspecto igualmente crucial al afirmar que «el proletariado no es débil porque esté dividido, está dividido porque es débil». Todo lo cual significa simplemente que ningún movimiento de transformación social relevante puede surgir de las relaciones trabadas entre un montón de lisiados psicoafectivos, capaces sólo de mirar hacia afuera y por tanto impedidos de poder ver nada.
«Por medio del aislamiento el poder cerca y fija lo irreductible; y sin embargo, el aislamiento es invivible. Los dos brazos de la tenaza son por un lado la amenaza de desintegración: locura, enfermedad, marginalización, suicidio... y por otro las terapias que apuntan a la mera supervivencia: comunicación vacía, cohesión familiar o amistosa, psicoanálisis al servicio de la alienación, curas médicas... La Internacional Situacionista tendrá que definirse tarde o temprano como una terapéutica». (Raoul Vaneigem)
Ver con ojos desnudos lo que esta sociedad realmente es y lo que nos hace puede llegar a ser tan doloroso como ver las partes podridas de la propia personalidad, y cuando ese ver es sincero normalmente una cosa va aparejada con la otra. De modo que nuestro enfoque podría muy bien ser ilustrado por el concepto de pathei mathos, que los griegos antiguos usaban para referirse al importante papel del dolor en la adquisición de la sabiduría: «agradece al dolor que te libera del autoengaño». En efecto, las corrientes psicológicas acogidas en este archivo no consideran el dolor y las crisis como enfermedades que hay que atacar, sino que reconocen su potencia como agentes curativos; y desde ahí tienden a abordar la experiencia humana de forma unitaria, tanto en su aspecto individual y psicosomático, como en su dimensión comunitaria y espiritual, entendiendo dicha experiencia como un proceso de formación y completamiento de potencialidades.
De acuerdo con el concepto de pathei mathos, el dolor es una condición necesaria para alcanzar una sabiduría integral y una genuina liberación. Condición necesaria pero no suficiente, pues para que el dolor pueda enseñarnos algo hace falta interiorizarlo reflexivamente. Aún cuando la emoción es fundamental, se necesita del pensamiento reflexivo y de su expresión consciente para poder unificar de forma creativa los aspectos hoy fragmentados de la existencia humana. En el plano convivencial, esto supone desertar juntos de la hipocresía social que sostiene la apariencia de satisfacción en que envejecen y mueren los humanos reducidos a cosas por la lógica de la producción moderna. Que no sepan lo que les pasa y menos encuentren los medios para expresarlo y compartirlo, que no alcancen esa autenticidad, es el síntoma más elocuente de que no han sabido sobreponerse a la amenaza de aniquilación que pesa sobre cada uno en el competitivo mercado de la personalidad. Nunca una tristeza tan profunda se había calzado tan bien sus máscaras.
El optimismo estoico que asegura a cada cual su supervivencia en la economía de los afectos, es el primer obstáculo a vencer en la lucha por la autenticidad y el goce de vivir. Nada va a pasar mientras no nos sobrepongamos a ese terrorismo de la apariencia, como personas que no tienen miedo de la verdad porque saben sostenerse firmemente sobre sus propios pies. Nada va a pasar mientras no sepamos crear un terreno en que lo individual y lo colectivo se expresen recíprocamente como dos aspectos del mismo sujeto auto-consciente, lo que Marx había llamado Gemeinwesen. La alegría de vivir que queremos no es la pequeña alegría del viejo mundo alienado, sino la que surge de haber descubierto esa fuerza nueva, la capacidad de madurar como individuos sociales a pesar de un extravío ancestral que parecía definitivo.
Nietzsche lo dijo así: «Nosotros somos partos prematuros de un futuro aún no demostrado».
* * *
Mi intención al crear este archivo online es contribuir al enriquecimiento de proyectos emancipatorios, ya sea que tengan un carácter individual o colectivo, personal u organizacional. En los documentos contenidos acá hay innumerables herramientas teóricas y prácticas que podrían servirles, independientemente de cuánto subrayen la dimensión terapéutica de su trabajo, mientras busquen con franqueza la autoliberación de la gente implicada.
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Todos los documentos publicados en este sitio pueden ser impresos en formato de fotocopia anillada, o directamente en formato de libro si lo solicitan a este taller-editorial: inapropiables.wordpress.com
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Este archivo no pretende ser exhaustivo ni mucho menos. Si consideran que algún material que no está incluido aquí debería estarlo, pónganse en contacto para discutirlo, a este correo-e: carloslagos@zoho.com
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El archivo está dividido en las siguientes secciones, a las que se puede acceder por el menú desplegable en la esquina superior izquierda de la página:
viernes, 18 de mayo de 2018
Los locos de mi jardín (poema)
LOS LOCOS DE MI JARDÍN
Luis Páez (Quito, 2017)
A los locos de mi
jardín ya no les señalan con el dedo,
ahora lo hacen
con toda la mano.
Les molesta que salgamos a caminar con ideas tempranas de hace dos días
Les molesta que salgamos a caminar con ideas tempranas de hace dos días
que quieren salir
este día.
O porque olvidamos los zapatos viejos de gusto
O porque olvidamos los zapatos viejos de gusto
que disfrutan
pescando pistas que flotan en un largo mar de árboles,
más viejos que
los zapatos.
Los locos hablamos con peces que se deslizan por nubes escurridizas
Los locos hablamos con peces que se deslizan por nubes escurridizas
tratando de ocultar la última palabra llamada verdad
y cuando tenemos razón,
nos sentimos más locos que de costumbre.
A los locos que conozco les gusta caminar por las noches
A los locos que conozco les gusta caminar por las noches
esperando ver en los tejados a gatos chillando como niños,
que se agachan a recoger las plumas caídas
en adoquines que vibraron con las palabras, el cuento y la poesía.
Los locos de mi jardín se cansaron de la rutina,
Los locos de mi jardín se cansaron de la rutina,
se olvidaron de pagar el pasaje,
ahora se transportan con cualquier porro en la cabeza,
hasta llegar a convencerse que su viaje recién empieza.
Los locos que llegan a mi jardín son pocos
Los locos que llegan a mi jardín son pocos
y nos reunimos en cualquier parque con muchos que no están tan
locos
y seguimos con
curiosidad la conversación de la primera
luciérnaga
que juega con siete más a medir kilómetros,
imaginando ser un tren que desaparece y aparece
golpeando las puertas en cada estación.
A los locos de mi jardín en cualquier parte les abren las puertas de par en par
A los locos de mi jardín en cualquier parte les abren las puertas de par en par
y nosotros elegantes, con las mismas fachas, nos detenemos a ver
una maceta de gente tratando de acomodarse a la sombra de un
puente de orinas
que los protege de la lluvia que cae
sin pan ni pedazo de cobija
que los protege de la lluvia que cae
sin pan ni pedazo de cobija
y eso nos pone mal,
no dormimos, soñamos, sudamos, lloramos y reímos
con dientes despostillados y cuerpos maltratados de algunos días
malos.
Como pueden ver...........
Los locos que conozco no tienen cocina, ni platos, peor ollas,
Como pueden ver...........
Los locos que conozco no tienen cocina, ni platos, peor ollas,
son las tapas que preparan recetas para el alma
y cuando salimos llenos de luz a caminar por las calles
tranquilos,
ya tenemos encima nuestro a los policías y el hambre,
interrogándonos,
pidiéndonos nombres o apellidos que los olvidamos de adrede,
pidiéndonos nombres o apellidos que los olvidamos de adrede,
en el primer sorbo de café del día.
Los locos Recuerdos de mi jardín los reviso más seguido,
Los locos Recuerdos de mi jardín los reviso más seguido,
mis cartas, las fotos de mis queridos,
de los que están más locos que yo y de los que me ponen loquito.
Y cuando llega mi curiosidad a la mitad del álbum de mis recuerdos
arrugados,
me detengo en la hoja del medio,
en la quinta esquina donde reposa una cocha de agua,
espejo de locos donde nos miramos escuchándonos solos,
imaginando la compañía de nuestras familias que están lejos
y a veces cerca muy dentro de nuestras avenidas de callejones sin
salida.
Los locos de mi jardín no descansamos,
Los locos de mi jardín no descansamos,
nos trasnochamos soñando todo el tiempo,
queremos vernos cagándonos de la risa,
cortando los hilos tramposos que suspenden nuestras caídas
y evitan los cambios necesarios.
Los locos de mi jardín si es que dormimos es en vigilia,
Los locos de mi jardín si es que dormimos es en vigilia,
empuñando una rosa que dispara sueños,
merecedora de despertar en uno de nuestros tantos mundos que
imaginamos.
miércoles, 16 de mayo de 2018
Conjuro de un centauro en busca de sí mismo (poema)
Conjuro de un centauro en busca de
sí mismo
(de
“Locura Proletaria” 2017-2018)
¡En este
mundo, pero no de este mundo!
¡¡En este
mundo, pero no de este mundo!!
¡¡¡En
este mundo, pero no de este mundo!!!
Tú:
Proletario porque no eres dueño de nada ni
siquiera de tu vida,
expropiado de tierra y de cielo,
odiado por dios y su rebaño,
arrojado a este gris infierno,
y encima enfermo porque no tienes cura pero aún
no te has muerto,
condenado
entonces porque no tienes ya salvación ni extremaunción;
y, para colmo, extranjero en tu propio pueblo,
extemporáneo en tu propio tiempo:
un completo extraño y excluido,
un otro;
medio loco medio marciano –dicen–,
mitad sarcófago andante mitad fusil errante
–digo–,
centauro galopando en busca de sí mismo,
Sí, Tú,
recuerda y repite conmigo:
“Por la
verdad, todos los lutos”
y “la
ternura no basta:
he
probado el sabor de la pólvora”,
¡soy
“un revólver en medio del dolor de este mundo”!
Conozco bien la miseria y la muerte, la calle
y la noche:
de vez en cuando las recorro y sobrevuelo,
de vez en cuando soy su mirlo –oh andino
cuervo–;
y, como un albatros, surfeo las saladas olas
de la vida
y también soy el agua –al menos una gota
azulvioleta– que empapa la roca
con su estampida de cadáveres exquisitos de
caballos de espuma turquesa:
así cabalgo la contradicción
–en zigzag, de arriba abajo y viceversa–,
¡soy
la contradicción viviente!:
me afirmo negándome y superándome a mí mismo
como animal humano, demasiado humano
que lucha a conciencia y puro pulso
para dejar de ser mercancía-hombre-máquina-billetera-diván-urna,
esclavo moderno lleno de virtualidad,
angustia y muerte a cómodas cuotas;
me afirmo negándome y superándome a mí mismo
como camello que deviene león que deviene
niño
que deviene bandada de risas y estrellas
jugando en la playa un lunes por la tarde,
para siempre,
Yo:
¡En este
mundo, pero no de este mundo!
¡¡En este
mundo, pero no de este mundo!!
¡¡¡En
este mundo, pero no de este mundo!!!
Pantera
Kito, marzo 2018
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