miércoles, 12 de febrero de 2020

Anarco-Taoísmo en Tiempo de Crisis y Revueltas


Quizá a muchxs les sorprenda esta publicación, empezando por su título, tanto por su contenido espiritual oriental como porque estamos viviendo una coyuntura de crisis capitalista y revuelta proletaria internacional. Pero en realidad no es contradictorio ni incoherente con la lucha revolucionaria, que es la lucha por cambiar la vida toda. Primero, porque esto no tiene nada que ver, y de hecho es crítico y antagónico, con respecto a todo lo postmoderno, “new age”, neohippie, “millennial” etc. como, por ejemplo, esa nueva espiritualidad capitalista llamada “meditación mindfullness”. Y segundo, porque precisamente en tiempo de crisis y revueltas como el actual no sólo se necesita acción, agitación y organización (como en las que he participado y sigo participando activamente), sino que también se necesita reflexión y meditación, que no significa lo mismo que inmovilismo o quietismo ni mucho menos que comodidad y cobardía, sino que es una parte hoy por hoy olvidada e incluso desconocida de la praxis o acción consciente, mejor dicho, autoconsciente, autocrítica y autotransformadora: en una palabra, una parte de la praxis revolucionaria o de autotransformación integral (psicológica, social y ecológica). Es más: cuestionar, romper y salirse del tiempo lineal y vertiginoso del actual capitalismo financiero e informático; abrir y habitar un tiempo propio y lento para construir otras situaciones, relaciones y subjetividades; y, practicar la reflexión y la meditación dentro de ese tiempo propio de la lucha/vida antisistémica, es lo que evita que caigamos en “el falso recurso del activismo” (hacer por hacer, y mientras más rápido mejor), la desesperación y la paranoia, que es precisamente el efecto que quiere conseguir el Estado capitalista mundial sobre el proletariado mundial en revuelta al aplicarle y lograr que interiorice su lógica económico-cultural cotidiana y su terror psicológico, a fin de desorientarlo, desgastarlo y mantenerlo hundido en la derrota tanto material como espiritual. Además, desde la perspectiva revolucionaria militante, no se trata de hacer por hacer acciones “políticas” (en realidad y en su mayoría, acciones simbólicas y efímeras) según el calendario oficial o la coyuntura impuesta. Ni mucho menos se trata de tener y aparentar una actividad y una identidad “anticapitalistas” o “revolucionarias” para que sean reconocidas por otrxs y valorizadas en el mercado ideológico e identitario (¡vaya contradicción e incoherencia, peor aún si es autoengaño y autocomplacencia!). Se trata de hacer y, sobre todo, de ser la revolución social, por necesidad y deseo, con convicción, decisión, compromiso, seriedad, claridad, radicalidad y coherencia u organicidad en los fines y en los medios, en lo histórico y en lo cotidiano, en lo colectivo y en lo individual. “La manera de hacer es ser”. Y esto requiere otro tiempo, formación, práctica, paciencia y perseverancia; otro “software” mental y otras “operaciones”; otra sensibilidad, otra percepción y otros gestos; otro manera de ser y por ende otra manera de hacer.   

Entonces ¿por qué Anarco-Taoísmo? Porque la Anarquía[1] se enlaza con el Tao dado que ambos comparten el principio y la práctica de la autodeterminación y la autorregulación de los seres vivos, es decir la capacidad de determinarse y de regularse unx mismx tanto individual como colectivamente, “sin dios ni amo”, de modo que el caos y el orden conforman una unidad de opuestos complementarios, dando como “resultado” una especie de equilibrio autónomo, espontáneo y dinámico… “salvaje” entre ambos. Por ejemplo: como ya lo observó Lao Tse y siglos después Kropotkin, el apoyo mutuo y horizontal que existe en la naturaleza y en la humanidad, sin que esto signifique ausencia de fragmentación, poder y conflicto. En realidad, la anarquía no es “el orden natural“, sino que existen algunas prácticas anárquicas y comunistas tanto en la naturaleza como en la humanidad, que es preciso comprender, recuperar y potenciar de manera dialéctica y revolucionaria para que vuelvan a “ser mundo”. Otro ejemplo: en “el mundo andino”, a pesar de estar subsumido dentro del capitalismo, todavía existen “instituciones comunitarias” como la minga, la pambamesa (olla comunitaria), la asamblea, etc., así como también algunas prácticas de comunidad física y simbólica con la “Pacha Mama” y el Universo. Y esto último es algo que muchxs proletarixs mestizxs e indígenas lo pudimos vivir y compartir durante el Paro de Octubre de este año, en “la Comuna de Quito”, así como también en anteriores ocasiones. Desde tal realidad y perspectiva anárquica, entonces, vivir significa ser y dejar ser: contrario a lo que reza la ideología burguesa liberal (“mi libertad termina donde empieza tu libertad”), mi libertad se expande donde empieza tu libertad, lo que significa que libertad individual y comunidad no son contrarias sino complementarias: comunidad en libertad y libertad en comunidad, tanto en los fines como en los medios. Y esto, a su vez, no significa pureza y armonía a priori, sino que, al nosotrxs ser contradictoriamente “hijxs del capitalismo”, la contrarrevolución y la lucha de clases, crear lazos humanos y revolucionarios o comunidad de lucha y de vida nos resulta una construcción desde cero y cuesta arriba, un tejido social complejo y fino que implica incomodidad (cuestionar y salir de “la zona de confort” individual), tensión[2], contradicción, conflicto, ruptura del ego y cambio o transformación de todxs y cada unx de quienes estamos o hemos estado en ello.   

De hecho, reflexiono y digo todo esto no “de la nada” o en abstracto, sino después de participar “en cuerpo y alma” del Paro Nacional de Octubre de 2019 en Ecuador y en actividades-relaciones-organizaciones concretas que surgieron antes, durante y después del mismo. Pero también después de volver a la normalidad capitalista, que en mi caso (y estoy seguro que en el de muchxs otrxs proletarixs sobrantes y anónimxs de aquí y de todas partes) significa volver a la crisis y la "anormalidad": a la pobreza y el sufrimiento psíquico (lo cual sin duda es un sufrimiento social); al hambre, la angustia y el sentimiento de derrota, absurdo, vacío, desadaptación y soledad tanto personal como política (como aquella canción que dice “y la vida siguió como siguen las cosas que no tienen mucho sentido”). En una palabra: depresión post-revuelta… Después de sentir tensión, frustración, ansiedad y malestar tanto por esta vuelta a la normalidad o cotidianidad capitalista como porque las personas, las relaciones y las acciones dentro de la lucha en contra de este sistema obviamente no son como uno piensa que deberían ser o como uno quisiera que fueran. La realidad social golpea y duele. Y está bien que así sea para aprender a romper el ego y el aislamiento. Después de ver y sentir lógicas, dinámicas, relaciones, actitudes y valores capitalistas (ego, competencia, individualismo, relaciones y disputas de poder, autoritarismo, fetichismos y prejuicios ideológicos, miedos también ideológicos, adicciones, agresiones, relaciones tóxicas, moralismo y doble moral, falta de honestidad o de transparencia, injusticia, falta de reciprocidad, falta de comunidad, falta de experiencia y de formación revolucionaria, ambigüedades, activismo postmoderno de izquierda, chismes, calumnias, acusaciones, peleas, resentimientos, venganzas, atomización, etc.) que se reproducen e invisibilizan en espacios anticapitalistas y anarquistas, y los debilitan y hasta auto-sabotean si es que no se los enfrenta, critica y “trabaja” para superarlos. Después de ver y sentir o de experimentar roces, fricciones, contradicciones, incoherencias, desagrados, desplantes, discrepancias, acaloradas discusiones, conflictos, hostilidades, enojos, dolores, decepciones, errores, cagadas y puteadas personales y políticas tanto de otrxs compañerxs como de uno mismo. Después de hacer críticas y autocríticas, cuestionamientos y autocuestionamientos en dichos espacios. Pero también después de compartir con otrxs compañerxs bellos momentos de lucha, convivencia, fiesta y diálogo fraterno, profundo y edificante. Después de pensar, entonces, en botar la toalla y volver al aislamiento individual e inmediatamente pensar lo contrario: seguir en pie de lucha colectiva asumiendo las responsabilidades, tensiones, contradicciones, rupturas y cambios que ello implica o exige para todx ser humanx proletarizadx que se considere revolucionarix por necesidad y por deseo de vivir una vida que merezca ser vivida en libertad y comunidad reales, a pesar de que en este camino de vida (y del guerrero) a veces haya tocado y toque hacer una pausa para sanar, seguir luchando y avanzar...

Después de todo esto, confieso que las siguientes y sabias palabras de un compañero proletario y revolucionario de otro país que conoce de espiritualidad y la practica sin prejuicios ideológicos, han sido, son y serán como un “mantra” para mí en estos momentos. Y espero que también puedan serlo para otras personas que lean esto. Darle ese uso: “tecnología samurái-cyberpunk de autosanación psico-espiritual” en este tiempo de distopía o de catástrofe y resistencias, de crisis y revueltas, de tensiones e incertidumbres. Obviamente no es ni pretende ser “la panacea” al respecto, pero sí una herramienta inmaterial más para dicho propósito humano y revolucionario. Sobre todo, cuando uno mismo se siente en crisis y revuelto, estresado, ansioso, deprimido, desanimado, decepcionado, asqueado, frustrado, fracasado, triste, furioso o irascible, avergonzado, confundido, asustado, desorientado, desesperado, estancado, vacío (porque hay que saber enfrentar y atravesar el vacío, la nada)… Por eso mismo, no voy a botar la toalla, sino que, al mismo tiempo que luchar por la obligada sobrevivencia económica y psicológica como proletario con prole (lo cual es básico pero precario y problemático, de modo que me toca hacer una imprescindible e impostergable pausa de la actividad política), dejaré que la lucha/vida colectiva sólo sea o fluya de manera libre, espontánea e indeterminada, como el agua… como el fuego, y me dejaré llevar por ese fluir o devenir, ni más ni menos. Alguna vez Marx dijo que el proletariado es un “vogelfrei”: un ave libre. Y nada es más bello que ver e imitar a una bandada en pleno vuelo; pero, en el caso de nosotrxs lxs animales humanxs, hay que volar con los pies bien puestos en la tierra. Pues tal cual. Bueno, en realidad ese es el reto: saber y poder equilibrar lo uno con lo otro. Luchar por lograrlo: “El primer paso para salir de la esquizofrenia social es unificar el propio yo escindido, o al menos definir las condiciones de la propia coherencia.” (Fredy Perlman)
           
Concretamente, este nuevo ser y dejar ser para mí se traduce aquí y ahora en aprender a “sentipensar” y actuar con inteligencia emocional, empatía, humildad, ligereza y alegría. “Sentipensar” y actuar también con paciencia, prudencia y perseverancia. Aplacar el ego y ponerse en los zapatos de lxs otrxs, literalmente. Ser el/la otrx o, al menos, devenir el/la otrx. No creerse el centro de atención ni que la lucha debe ser como uno quiere que sea y, si no lo es, cabrearse y abandonarla. La lucha es como es, con todas sus contradicciones. La vida es como es, con todas sus luces y sus sombras (tal como el Yin-Yang). Sí, la vida y la lucha son como son, independientemente de nuestra voluntad y nuestro lenguaje o “discurso” (al contrario de lo que cree y dice el idealismo postmoderno). Y sólo a partir de tal comprensión y aceptación objetiva podemos transformarlas real y efectivamente. Además, esto es una cuestión social y no sólo individual. De hecho, como proletarixs conscientes y hartxs de serlo, nuestro poder para transformar el mundo emana de nuestra sociabilidad, más aún en tiempos de revuelta social. Por lo tanto, es necesario replantear y construir nuevas relaciones, lazos o puentes entre nosotrxs para profundizar y expandir la revuelta contra el orden establecido y la transformación de la vida cotidiana. Y para ello, hay que aprender a “cabalgar” bien la tensión y la contradicción con lxs otrxs pares, semejantes y diferentes. Aprender a “manejar” la crítica, la frustración y el fracaso. Cuestionarse y liberarse de los propios privilegios (en mi caso, de género y de conocimiento). “Matar” al propio opresor interno o que uno mismo como oprimido lleva dentro, y lo exterioriza incluso de forma inconsciente, pero por fortuna ahora existen otrxs compañerxs que son como “espejos” humanos que a uno le hacen tomar consciencia de ello y actuar en consecuencia. Cambiar de actitudes y de hábitos. “Aprende a aplacar tu ira y tu vergüenza, y relaciónate apropiadamente los demás”, dice el primer texto del compañero. Y yo digo: aprende a aplacar tu ego, tu bestia autista, narcisista y autodestructiva, tu Catoblepas. Hay que hacer lo mismo con la impaciencia y la intolerancia. Hay que aprender el arte de la paciencia, la discreción y la distancia. “Deja tranquila a la gente”. No ser “intenso” ni mucho menos invasivo. “Respeta la intimidad de su lucha”. Empezando por respetar la propia lucha íntima o interna… Tener delicadeza, tino y tono. Olfato y tacto. “En esta época, hay que considerar el tacto como la virtud revolucionaria cardinal, y no la radicalidad abstracta”, dice el Comité Invisible, y tiene co-razón. Tacto para relacionarnos apropiadamente con lxs demás y con uno mismo. Y para esto, es preciso quebrar el ego. No creerse más ni menos que lxs otrxs. No creer que uno siempre tiene la razón y el resto no. Mucho menos creerse juez/a de lxs demás. Quebrar el ego. Abrirse a, aprender de y dejarse in-fluir por lxs otrxs. “Habla poco, observa y aprende”. Pero al mismo tiempo, no imponer ni dejarse imponer nada, ni tampoco dejarse “lavar el cerebro”, ya sea explícita ya sea sutilmente. No joder a lxs otrxs con las “sombras” y las “manías” de uno ni tampoco dejar que otrxs lo hagan. Dejarse de huevadas o mierdas. Más bien despejar esas “sombras” y deshacerse de esas “manías”. Compartir y “politizar el malestar” interno. Luchar, sanarse y cambiar juntxs. Desanudar y aliviar las tensiones con lxs otrxs. Re-conocerse, entenderse, respetarse y darse una mano. Saber acompañarse o saber ser compañerxs. Apoyarse mutuamente en todo sentido o aspecto de la existencia humana. Cuidarse (empezando por el autocuidado), tratarse bien, quererse bien. Cultivar la amistad, la complicidad, el apoyo mutuo y el afecto. Aprender a manejar las discrepancias y los conflictos con inteligencia y –por qué no– con ternura y humor. Dialogar para aprender y crear algo nuevo juntxs. Llegar a acuerdos. Discutir los desacuerdos. No guardarse las cosas ni las palabras. Ser prudente pero no reprimirse ni tampoco gilearse. Ser sincero pero no cruel ni torpe. Decir sólo lo que hay que decir, en el momento, el lugar y a las personas que sea necesario decirlo, y de la mejor manera posible, para que no se malinterprete ni emocional ni racionalmente, sino que sea recibido, procesado y respondido de la mejor manera posible también. Ser como el bambú: firme en las posiciones y flexible en el trato. Y “manejar” este bambú con “guante blanco”. “Sentipensar” y actuar con inteligencia emocional, empatía, humildad, ligereza y alegría. Ser y dejar ser (“el mejor gobierno es el que no gobierna”), fluir y dejar fluir como el agua, que es la sustancia primera y universal de todo ser y el bien común por naturaleza (de hecho, la partícula “mu” de la palabra comunismo significa “agua” en acadio). Como dijo Chuang Tse, discípulo de Lao Tse: “Es preciso dejar que el mundo siga su curso y no pretender gobernarlo. En otro caso, las naturalezas, viciadas, no obrarán ya naturalmente, sino artificial, legal, ritualmente. Cuando todas las naturalezas, sanas, se sitúan y obran en su propia esfera, entonces el mundo es gobernado naturalmente y por sí mismo, y no hay necesidad de intervenir”. Y si al principio o en ciertas situaciones no se puede o cuesta hacer esto, entonces sólo hay que observar y escuchar sin juzgar ni intervenir, respirar, meditar, mantener la calma, guardar silencio, silencio, silencio, aprender y tener paciencia, prudencia y perseverancia hasta lograrlo. No desesperarse ni abandonar la lucha colectiva si las cosas no salen como uno quiere que salgan. Hay que aprender y practicar el arte de tratar bien estos flujos o devenires revolucionarios colectivos: tener tacto. Y también tener paciencia y ser realistas. Como decían unos compañeros insurrectos griegos en el 2008: no hacerse expectativas de nada ni nadie es lo más inteligente y saludable. Sin embargo y al mismo tiempo, en la acción se ve y se encuentra a la gente afín y de confianza, que es múltiple y diferente a uno. Entonces, hay que aceptar la diferencia, la diversidad y la incertidumbre o lo indeterminado (que bien puede significar lo anárquico). Saber observar y escuchar sin juzgar ni intervenir, respirar, meditar, mantener la calma, guardar silencio, silencio, silencio, aprender, hacer una pausa (el tiempo que sea necesario) y retomar luego para estar bien y aportar mejor en aquellos espacios o entornos colectivos. “Organiza tu presencia de modo que ésta sea un homenaje a los que se arriesgan a combatir a tu lado. Gánate el derecho a estar ahí conjurando el narcisismo y la cobardía.” Ésto último no significa abandonar la lucha y aislarse de nuevo, no. Significa adoptar otra actitud humana en la lucha y en la vida, con la perspectiva y el compromiso de autotransformación integral y de construir otra manera de ser y de estar. Significa saber darse tiempo, espacio y energía personales para ello, incluso si ello implica retirarse un tiempo o hacer una pausa de los espacios colectivos de lucha y organización, volver a las cosas simples de la vida, para luego retornar a los mismos reconstituido, reequilibrado, con integridad, fuerza, serenidad y naturalidad. O también saber romper por lo sano, pausar y retomar sobre otras bases y con otros lazos. Significa tener consciencia y practicar “el buen arte de las distancias” y, al mismo tiempo, “el buen arte del encuentro de los mundos”. En fin, significa aprender a vivir. Y ciertamente, a mí todavía me falta...

Todo esto significa para mí “ser un buen taoísta” (sobre todo en situaciones de represión estatal y violencia revolucionaria), tal como lo recomienda el sabio y querido compañero que escribe los textos que publico a continuación. Ser un buen equilibrista a contracorriente del orden establecido. También significa luchar, sanarnos y liberarnos juntxs o, al menos, esforzarnos consciente, voluntaria y apasionadamente para que así sea: un espacio de lucha colectivo, sano y transformador. Porque una comunidad de lucha también debe esforzarse por ser un grupo de apoyo mutuo lo más integral que sea posible. Cuestionando, aprendiendo y cambiando todo lo que sea necesario cuestionar, aprender y cambiar. Rompiendo y superando todo lo que sea de romper y superar. Entonces, también significa construir nuevas relaciones y nuevos seres humanos en todos los sentidos de la existencia, al calor de la lucha compartida (de la acción y la convivencia) y dentro de un tiempo-espacio propio; es decir, construir comunidad de lucha y de vida de esta manera es construir comunismo y anarquía aquí y ahora, no como una isla o una burbuja dentro de esta sociedad capitalista (como creen los autogestionistas y los cotidianistas), sino como una tensión y una tendencia reales, como un germen y una grieta del nuevo mundo adentro y en contra de las entrañas del viejo mundo o el desierto social capitalista, hasta que se propague y devenga pradera y “hasta que valga la pena vivir” para todxs, o sea para toda la sociedad una vez comunizada o abolidas las clases, porque Todo es de Todxs (“Omnia Sunt Communia”). Y repito: con todas las incomodidades, tensiones, fricciones, contradicciones, rupturas y cambios que esto implica, porque lxs proletarixs hartxs de serlo no somos purxs y aprendemos de los errores; porque somos la contradicción viviente y luchamos conscientemente para abolir y superar tal condición impuesta. Es cierto que no existe ninguna garantía de que algún día ganemos y veamos la revolución, pero también es cierto que estamos oprimidxs y rotxs por la normalidad del Capital; por eso mismo, rebelarnos es una necesidad, la revolución es una necesidad, y ha sido la lucha la que nos ha devuelto las ganas, el sentido y la alegría de vivir. Confiemos, pues, en nuestra propia potencia revolucionaria y hagamos/seamos la revolución social, como el agua que fluye y la mano que la deja fluir… aun así nos “demoremos” años, décadas y hasta varias generaciones en hacerlo.

Locura Proletaria
Quito, diciembre 2019-febrero 2020

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Notas:

[1] Prefiero hablar de anarquía y no de anarquismo, porque la anarquía (al igual que el comunismo, entendido anti-ideológicamente) es el movimiento real e integral de lxs explotadxs y lxs oprimidxs que subvierte todo el estado de cosas reinante y conduce a una comunidad humana libre de toda forma de explotación y de opresión (clase, género, raza, nacionalidad, especie, etc.). Mientras que el anarquismo es la ideología o la forma de consciencia parcializada, distorsionada, falsificada y falsificadora de este movimiento real de autoemancipación total; su degeneración en dogma y en moral, en mentira con apariencia de verdad, en engaño y autoengaño, en pose o apariencia, en espectáculo de la anarquía, en mercancía ideológica e identitaria tanto individual como grupuscular bajo la dictadura democrática, mercantil e impersonal del Capital o de la Ley del Valor y su máximo guardián, el Estado; por lo tanto, como dice Bob Black, el anarquismo es el principal “estorbo” u obstáculo para la anarquía. Sólo en este sentido des-ideologizado y anti-ideológico debe entenderse, entonces, la expresión Anarco-Taoísmo, la cual además re-une el saber occidental con el saber oriental para la autoliberación integral. A fin de evitar confusiones y críticas infundadas, debo decir también que el Anarco-Taoísmo no se trata de un nuevo eclecticismo ni de un neo-logismo, mucho menos de una nueva corriente ideológica, sino que se trata del nada novedoso diálogo imaginario pero fructífero entre la Anarquía y el Tao dado lo que ambos tienen en común (y comunista): el principio y la práctica de la autodeterminación y la autorregulación cooperativa y horizontal de los seres vivos, lo cual es “empíricamente verificable” en la naturaleza y en la humanidad, en especial en las comunidades. Este es, por cierto, el significado de la bella imagen puesta al principio: la A dentro del círculo enlazada con el Yin-Yang. Ver más al respecto en “Taoísmo y anarquismo” y en “El anarquismo como taoísmo”. Ver también la “Prehistoria del anarquismo” de Ángel Cappelletti, quien, frente al autoritarismo estatal y filosófico de Confucio, considera al taoísmo de Lao Tse (China, siglo VI-siglo V a.C.) como “el más remoto precedente del moderno anarquismo”. 

[2] Aparte de ser inevitable en toda relación humana, la tensión no es “mala” ni hay que huirle u ocultarla; al contrario, es necesaria y “positiva”, siempre y cuando se la entienda y se la practique como la entiende y la practica, por ejemplo, el compañero Alfredo María Bonanno: como “tensión anarquista” o, mejor dicho, como tensión anárquica (por lo dicho arriba contra el ismo o la ideología); es decir, como tensión entre la anarquía en tanto proyecto y modo de vida/lucha cotidiana o modo de ser y de estar vs. la realidad impuesta y controlada por el Capital-Estado-Norma-Espectáculo, en todo sentido y en toda situación. Todo esto, en el seno y al calor de la lucha de clases real, social o “de masas” y desde las bases autónomas y radicales. Así entendida y practicada, esta tensión anárquica puede conducir a la autotransformación revolucionaria colectiva e individual; ser su vehículo inmanente. Obviamente, si es real y viva, dicha tensión no es pura sino impura y contradictoria, y por eso mismo es una tensión que, valga la redundancia, se tensiona a sí misma para transformarse: “Al fin y al cabo, somos lo que hacemos para cambiar lo que somos” (frase escrita en un cartel visto en la calle durante la actual revuelta proletaria en la región chilena). Al fin y al cabo, el sentido de la lucha de lxs explotadxs y oprimidxs es dejar de serlo mediante la revolución o, en otras palabras, si lxs proletarixs asumimos nuestra alienación o enfermedad (mental y física) y hacemos de ella un arma, es para autoliberarnos radical y definitivamente de la misma, y así poder recuperar, potenciar y disfrutar la vida en libertad y comunidad reales.

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[“Sé un buen taoísta. Aprende a aplacar tu ira y tu vergüenza, y a relacionarte apropiadamente con los demás”]

Es importante que entiendas una cosa: no estamos aquí para complacer tu necesidad de atención y de reconocimiento. No hay un lugar en la función especialmente reservado para tu deseo de aplausos. De hecho, no hay ninguna función. Si quieres ser parte del asunto, prepárate para pasar desapercibido. Empieza por admitir que la mayor parte del tiempo no tienes idea de lo que se está tramando. No finjas que sabes. En realidad, nunca leíste el libro, sólo ojeaste las primeras páginas y pensaste que con eso sería suficiente para dar la impresión de que estás dentro. Es más: nunca estuviste allí, nunca te animaste a ir donde se podía salir herido o terminar muerto. No te sientas en desventaja: asume que estás en desventaja. Sé un buen taoísta. Aprende a aplacar tu ira y tu vergüenza, y a relacionarte apropiadamente con los demás. Admite la naturaleza de las cosas y no insultes a la gente pretendiendo que estás a la par de sus experiencias. Eso es como decirles que sus vidas han sido fútiles. No lo hagas. No profanes lo que podría convertirse en amistad. No te hagas merecedor del desprecio de quienes aprendieron antes que tú las virtudes de la discreción. Mejor que eso: honra el hecho de que te hayan invitado, mostrándote dispuesto a aprender. Considera seriamente la posibilidad de que seas uno de esos que abandonan a mitad de camino. No esperes que los otros se esfuercen en retenerte, ni estés tan seguro de que deberían hacerlo porque vale la pena. Los demás siempre se dan cuenta cuando sólo estás tratando de rellenar un libreto medio vacío, así que ni lo intentes. Habla poco, observa y aprende. No hace falta que impresiones a nadie. No es un concurso de talentos. Imagina que un tercio de tus amigos ya fueron asesinados, que el otro tercio está siendo torturado en prisiones clandestinas y que los demás ya salieron huyendo del país. Piensa en ti mismo como una anciana que esconde armas para el Vietcong. Adopta la actitud de un hombre que sabe que su hijo podría morir de hambre en el gueto de Varsovia. Deja de actuar como si tuviéramos que entretener a una audiencia de adolescentes aburridos. Eso quedó atrás, ahora el asunto es otro. Olvídate de los escenarios. No actúes como si fuera maravilloso cada vez que nos encontramos. La mayoría de las veces sólo son circunstancias banales. La vida es casi siempre banal. Aprende a estar en paz con eso. Aprende a vivir. No es necesario que abraces efusivamente a todo el mundo. Piensa que tal vez haya gente que no desea ser abrazada efusivamente, y eso no los hace peligrosos. No consideres la amistad como un hecho dado, sino simplemente como una posibilidad. Si te esfuerzas tanto por demostrar cercanía, es como si estuvieras tironeando los tallos de una planta para obligarla a crecer más rápido. Eso es una violación. Deja a la gente tranquila. Si hay algún mérito en ti, sabrán reconocerlo sin ser presionados. Si no lo hay, no hay forma en que puedas ocultarlo. Sólo sigue tu camino. La grandeza está en no distraerse innecesariamente. Entiende que la guerra que hay que librar tiene tantos frentes que todo lo que hagas está en uno de ellos. No pienses en el sistema como algo que está allá afuera. No creas que al fin encontramos un refugio seguro. Acá también se está librando una batalla. Organiza tu presencia de modo que ésta sea un homenaje a los que se arriesgan a combatir a tu lado. Gánate el derecho a estar ahí conjurando el narcisismo y la cobardía. Es poco probable que llegues a toparte con el enemigo, pero nunca bajes la guardia. No te cobijes en la ilusión de que todos estamos en el mismo bando, porque no es así. Hay líneas de demarcación claramente dibujadas. O estás a un lado o estás al otro, y a veces es necesario decirlo. Si te agitas demasiado nadie sabrá exactamente dónde estás. Pero no te preocupes mucho por eso. La mayor parte del tiempo cada cual estará demasiado ocupado en liquidar al enemigo que lleva dentro. Respeta la intimidad de esa lucha. Déjalos tranquilos. La complicidad no nace del apretujamiento de unos contra otros, sino de un correcto sentido de las distancias. Considera la amistad como una posibilidad, no como un hecho dado. Ponte a la altura de las circunstancias.

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[Sobre la fragmentación, la tensión, “el buen arte de las distancias” y el comunismo]

Nuevas realidades colectivas, nuevas construcciones, nuevos encuentros, nuevos pensamientos, nuevos usos, nuevas llegadas en todos los sentidos, con las confrontaciones necesariamente inducidas por la fricción entre los mundos y los modos de ser. Y a partir de ahí, una intensificación considerable de la vida, una profundización de las percepciones, una proliferación de amistades, de enemistades, de experiencias, de horizontes, de historias, de contactos, de distancias, y una gran finura estratégica. Con la fragmentación sin fin del mundo se incrementa también vertiginosamente el enriquecimiento cualitativo de la vida, la profusión de las formas, por poco que uno se adhiera a la promesa de comunismo que ella contiene.

Existe en la fragmentación algo que apunta hacia aquello que nosotros llamamos «comunismo»: es el retorno a la tierra, la ruina de toda puesta en equivalencia, la restitución a sí mismas de todas las singularidades, el llevar al fracaso la subsunción, la abstracción, el hecho de que momentos, lugares, cosas, seres y animales adquieren todos un nombre propio —su nombre propio. Toda creación nace de un desgarro con el todo. Como lo muestra la embriología, cada individuo es la posibilidad de una especie nueva desde que hace suyos los datos de aquello que inmediatamente lo rodea. Si la Tierra es tan rica en medios naturales es en virtud de su completa ausencia de uniformidad. Realizar la promesa de comunismo contenida en la fragmentación del mundo exige un gesto, un gesto que está por ser rehecho interminablemente, un gesto que es la vida misma: aquel de repartir pasajes entre los fragmentos, de ponerlos en contacto, de organizar su encuentro, de abrir los caminos que llevan de un extremo de mundo amigo a otro sin pasar por tierra hostil, el de establecer el buen arte de las distancias entre los mundos.  

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[Sobre “los puentes que comunican los diversos mundos”]

Hay tantos mundos como hay individuos, y eso podría ser la premisa para un reanudamiento de la comunidad humana, de no ser porque los puentes que comunican los diversos mundos están cayendo hechos pedazos todos los días. Hallar los materiales, las técnicas y la inspiración para construir nuevos puentes, e inventar un propósito que haga que valga la pena cruzarlos: en eso consiste la lucha revolucionaria hoy día.

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[Miedo, valentía, meditación y lucha]

Comprende que la valentía no es carecer de miedo. El miedo es una respuesta natural del organismo humano ante el peligro, sin esa respuesta nuestra especie se habría extinguido hace mucho tiempo. La valentía consiste en integrar esa respuesta en el conjunto de procesos del organismo, junto con el raciocinio y la intuición, y hacer lo que debas hacer sin que el temor te paralice. Recuerda que no tienes que probarle nada a nadie.

Practica a diario, aunque sea unos pocos minutos, ejercicios de respiración consciente, elongación, meditación y desarrollo de destrezas físicas.

Ten en cuenta que lo que está pasando es sólo un episodio de una historia interminable, y que el instante de vida que te ha sido dado vivir es para compartirlo y llenarlo de sentido. Nadie está solo y eso nos hace inmortales.

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La Manera de Hacer es Ser

“Si no cambias la dirección, puedes terminar donde has comenzado.”
Lao Tse

El mando capitalista de la producción social requiere que los proletarios se sometan voluntariamente a las condiciones que hacen de su explotación algo inexorable. El objetivo de todo capitalista es preservarse como capitalista en un medio hostil de competición entre empresas, lo cual exige que su tasa de ganancia sea lo suficientemente provechosa para seguir invirtiendo. Este dinamismo obligatorio no puede darse si no es en las condiciones del libre mercado, condiciones que sólo pueden existir cuando hay igualdad formal entre quienes venden su fuerza de trabajo y quienes la compran. Sin este tácito consentimiento a la desigualdad real que está en la base de la relación de explotación, no puede haber capitalismo.

Este es el motivo de que la represión abierta por parte de la burguesía sea más bien la excepción que la regla. El recurso a la fuerza bruta constituye una medida de su debilidad más que de su fuerza. Siempre que la burguesía desata la violencia coercitiva para mantener disciplinada a la fuerza de trabajo, lo hace a sabiendas de estar contraviniendo el fundamento de la relación social de explotación. Cuando desata la furia represiva de sus cuerpos armados, lo hace temblando de pies a cabeza. Cuando promulga leyes para amordazar y maniatar a una clase trabajadora sublevada, lo hace con el desasosiego de quien se amputa un miembro para evitar la propagación de una gangrena, sospechando que la podredumbre puede haber alcanzado ya un punto sin retorno.

Puede que los patricios romanos hayan sido más fuertes cuando enviaban a sus legiones a aplastar las rebeliones de esclavos, y puede que la alianza entre la nobleza y el clero haya expresado su fuerza en la carnicería que desató contra los campesinos anabaptistas. Pero esa correlación entre el ejercicio de la fuerza armada y el poder social no se aplica a la burguesía. No porque la burguesía sea menos brutal y despiadada que las clases explotadoras que la precedieron, sino porque su poder tiene una base muy diferente. El poder de las clases dominantes del pasado descansaba en gran medida sobre la base fija e inmutable de sus lazos territoriales y sanguíneos, mientras que el poder de la burguesía depende casi exclusivamente de la valorización del valor, un dinamismo ciego en continua aceleración que tiende cada vez más hacia una creciente fluidez y desarraigo. El poder de los capitalistas es el poder de generar entropía a través de la valorización, entropía que a su vez no hace más que disolver progresivamente los fundamentos sociales de su poder.

Esta dinámica tiene la consecuencia, por otra parte, de que la clase a la que el capital explota difiere en un aspecto crucial de las clases explotadas del pasado. En el caso del proletariado su posición no depende de atavismos inamovibles, sino del proceso dinámico-entrópico de la valorización, proceso que disuelve sin cesar cualquier base objetiva de un posible poder político y económico del proletariado. Pero al mismo tiempo que la producción capitalista le niega al proletariado la posibilidad de fundar su poder en factores externos a él mismo, le obliga a convertirse en una potencia productiva de primer orden, siendo la reproducción ampliada de su propia actividad social la condición sine qua non de su existencia física. El proletario que no amplía continuamente su potencia subjetiva en relación con los otros tiende a la inexistencia social, del mismo modo que la vida subjetiva tiende a cero en ausencia de actividad social. La producción de la Gemeinwesen, de la comunidad humana como realidad material y espiritual, no es para los proletarios una elección libre en el sentido en que podría serlo escoger una ocupación o un pasatiempo en compañía de otros. Es, en cambio, la condición misma de su vida y lo que su propia actividad va haciendo de ellos en el transcurso de su existencia. De pronto una masa de proletarios se descubre capaz de organizar de manera espontánea una insurrección, empleando en ello recursos psicoafectivos, culturales, técnicos y materiales que sólo ayer nadie imaginaba que pudiesen aplicarse a ello. La revelación sublime consiste en esto: en esta masa que hasta ayer parecía ser puro automatismo y pasividad, habita una potencia capaz de desplegarse sin freno. Ahora bien: esta potencia, que es capaz de convulsionar un país y al mundo entero mostrándose como un poder real, no depende de ninguna forma exterior, de ninguna implementación material o institucional dispuesta previamente al estallido; proviene exclusivamente de una interioridad, de una fuerza del todo inmaterial, del ser subjetivo y social del proletariado. Su poder emana de su sociabilidad, de su vida misma, y no de equipamiento o institución alguna. No es otra cosa lo que expresa el grito: "Somos choros, peleamos sin guanaco".

Es la iniciativa, creatividad e ingenio, es la fuerza comunicativa y la expresividad, la empatía, lo que funda el poder social de los proletarios, y lo saben. Quienes no lo saben aún lo suficiente, temen que todo ello pueda sucumbir frente a las aventuras represivas emprendidas por la burguesía. Pero lo único que queda comprometido en ese caso son las formas exteriores en que se manifiesta la potencia del proletariado: ciertas modalidades prácticas de su lucha, cierta técnica, ciertos hábitos ligados a una fijación excesiva en las formas y por ello a una fijación excesiva en lo que le ata a las reacciones de sus enemigos. Quienes sí saben que para el proletariado el poder es sólo un efecto colateral del ejercicio de la potencia de su ser, saben que la libertad no es jamás un objetivo a alcanzar. La libertad es ante todo la libertad de autodeterminarse en el transcurso mismo de la acción, de la vida y de la lucha. Los alardes represivos del enemigo son exactamente el negativo opuesto de nuestra potencia: lo único que nos muestran es que estamos obligados a amar la libertad y que si no obedecemos a este mandato estamos perdidos.

Los seres humanos a menudo ignoramos nuestra propia potencia y por diversas razones tendemos a perseverar en esa ceguera. Esto nos hace a veces capitular a un paso de la victoria, creyendo que debíamos medirnos con la vara del enemigo y viéndonos a nosotros mismos, de esta forma, más débiles de lo que somos. Pero todo aquel que haya librado una batalla sabe que en determinado momento es inevitable imponernos nuestra propia medida con independencia de quienes siendo menos que nosotros pretenden ser más. Por otro lado, estando ya instalados en la experiencia de un despertar telúrico, son tantas las libertades que nos hemos tomado que sería por decir lo menos extraño que no nos tomemos ahora la libertad de reinventarnos, a nosotros y a nuestra lucha, justo en el momento en que la burguesía pretende habernos inmovilizado maniatándonos con unas cuantas leyes. Es necesario sopesar esto con cuidado: ellos esperan que reaccionemos ciegamente a su reacción. Que nos abstengamos de seguir luchando o que nos arrojemos desesperados contra la valla que nos han puesto por delante, yendo en masa a la carnicería o propinando golpes aislados que sin detener la megamáquina le dan brío a su violencia represiva. Cualquiera de estas reacciones nos mantendría presos de, precisamente, el juego de reacciones a que el enemigo quiere reducirnos. Pero nosotros no estamos determinados por la forma exterior de nuestras acciones, ni por nuestros hábitos, ni por las reacciones que hemos suscitado en el enemigo, ni por las que nosotros mismos hemos tenido: estamos determinados por nuestras relaciones internas en tanto humanidad en contradicción consigo misma. La contradicción es el campo de la libertad, y esto significa que no estamos peleando para ser libres, sino que estamos peleando porque ya somos libres. No usar esta libertad para proseguir la lucha bajo nuestros propios términos es la única derrota posible. Seguir haciendo lo mismo con la esperanza de obtener resultados diferentes sería perpetuar la contradicción sin superarla.

A nuestros hermanos de clase asesinados, mutilados, torturados y hechos prisioneros, el Estado no les hizo eso por lo que sus acciones son en sí mismas, sino por lo que representan. Las barricadas no han sido prohibidas con penas de cárcel porque hayan paralizado la economía nacional, sino porque son el signo visible de una potencia que podría llegar a paralizarla si se lo propone, y que no lo haría precisamente con barricadas. A Rodrigo Campos no lo procesaron para compensar la rotura de un torniquete, sino para hacer audible ante todos el latigazo como símbolo. No han disparado a los ojos porque sí. Todo esto lo sabemos. Lo que no está tan claro es si hemos sacado las conclusiones correctas y necesarias. EVADIR: quizás no hemos prestado suficiente atención al hecho de que esta consigna haya estado en el centro de la explosión. Evadir es negar el fundamento metafísico de esta sociedad y el mecanismo que le da vida: “se paga por vivir”. Todo lo que vino después no ha sido otra cosa que esa impugnación acrecentada. La exigencia de salarios más altos y tarifas más bajas, de un sistema previsional que no sea un robo, de mejores servicios sociales, responde al anhelo de “pagar menos por vivir”. Pero este anhelo no es sólo eso: expresa aún embrionariamente la revelación de que “no hay que pagar por vivir”. Esta revelación ya se ha manifestado, sólo necesita ser expresada como necesidad para convertirse en un imperativo práctico capaz de cambiar las reglas del juego. Las evasiones en el transporte público podrían continuar y masificarse sin que nadie transgreda ninguna de las leyes represivas vigentes. Podrían extenderse -tal como fueron las “autorreducciones” en la Italia de los años setenta- a los servicios de agua potable, electricidad, gas y conectividad. Podría convertirse en una oleada imparable de robos hormiga hechos en masa en todas partes sin pausa. Podría derivar en un movimiento de desobediencia social y económica efectuado por millones de personas de mil maneras diferentes, transgrediendo muchas normas pero ninguna ley. Podría suceder que las relaciones de comercio habituales lleguen a verse tan perturbadas que no haya otra forma de proporcionar alimentos y suministros a la población que mediante una política de racionamiento. Pero un capitalismo de barracas es una imposibilidad práctica.

En condiciones así, la necesidad de apropiación directa de los bienes de consumo no podría llegar muy lejos adoptando la forma acostumbrada del saqueo. Pero eventualmente podría llevar a los choferes de camiones a sumarse a la desobediencia masiva y a entregar esos bienes a las asambleas en vez de a los supermercados. Esa misma tendencia podría terminar imponiendo a quienes producen los bienes la necesidad de liberarlos sin la mediación del comercio. La interrupción del ciclo de valorización que ello supondría haría inviable la adquisición mediante el salario, abriendo la vía hacia la distribución directa. Sería un bucle de retroalimentación tendiente a la comunización progresiva de todo. En el transcurso, el Estado estaría obligado a prohibir prácticamente todo con excepción de los actos de compraventa, erosionando así la libertad formal que es su propio fundamento.

No cabe imaginar un proceso tal sin que tenga lugar una proliferación de violencias, que en cualquier caso sería el despliegue cinético de la enorme violencia potencial ya contenida en la propia forma social capitalista. De lo que se trata no es tanto de evitar la violencia estatal, que es inevitable, sino de cómo hacerle frente desde la posición de ventaja que nos brinda la masividad y sobre todo la potencia social que nos habita. Todo depende de cuán capaz sea el proletariado de determinar por sí mismo la dinámica de la lucha, fijando él las reglas del juego. Allí donde se le quiera imponer el enfrentamiento directo en condiciones donde sólo puede salir herido de muerte, tendrá que evitarlo llevando la desobediencia a un plano diferente. Allí donde se le quiera arrastrar a un callejón sin salida, tendrá que saber crear una vía imprevista; tendrá que animarse a detener aquello que se suponía no podía parar de moverse, a movilizar aquello que se suponía indefectiblemente quieto, a crear un vacío en el que se precipite cada golpe dirigido contra él. Tendrá que sorprender al enemigo privándole de cada superficie sobre la que esperaba apoyarse para seguir golpeándole, imponiéndole un desgaste progresivo. Cansarlo, agotar sus fuerzas, hasta que le resulte más costoso seguir luchando que abandonar. Todas las armas y recursos materiales no son nada sin el ánimo que hace falta para ponerlos en acción.

Tiene una importancia clave que la lucha sea no sólo en pos de objetivos económicos y políticos, sino que su propio desenvolvimiento sea la demostración práctica de que vivir sin pagar es una forma de vida superior que la actual, y hacerlo con una elocuencia tal que cada vez sean menos los que quieren seguir malviviendo como lo hacían. Esto supone para el proletariado dejar atrás todo aquello a lo que estaba acostumbrado, desaferrarse de la forma de vida que le constituye como proletariado. Pues bien, si algo ha quedado claro en estas semanas es que esto no sólo es posible, sino que se ha vuelto hasta cierto punto inevitable y es, si se lo piensa bien, lo mejor que podría pasarnos. Asumirlo implicaría, para empezar, que dejemos de pedirle respeto a quienes han demostrado no ser en absoluto respetables; y que llevemos nuestra dignidad recién recobrada hasta su última consecuencia: la autodeterminación total.

un Compañero de la región chiLena
Primavera del 2019 

lunes, 10 de febrero de 2020

Ni “Asperger” ni “Hikikomori”: el problema es la atomización social y el sufrimiento psíquico al que nos somete el Capitalismo


«La enfermedad es la necesidad amplia que produce su propio complemento que es la revolución. Por lo tanto, 
LOS ENFERMOS SON EN SÍ Y SUFRIENDO CONSCIENTEMENTE PARA SÍ LA CLASE REVOLUCIONARIA. 
La lucha de clases representa el proceso vital mismo y produce como único valor de uso del futuro la revolución.» 

Viendo un par de películas independientes y cómicas sobre “enfermedades mentales”, leyendo un par de artículos psiquiátricos y sociológicos de mi interés, haciendo memoria de algunas situaciones interpersonales que he vivido (desde la niñez hasta la adultez), y evaluando mi vida cotidiana actual, me cuestiono a mí mismo con un poco de preocupación: ¿será que también sufro de “síndrome de Asperger” (ser una persona “rara” que tiene problemas para relacionarse y comunicarse con las otras personas) y de “síndrome de Hikikomori” (aislarse del mundo exterior y quedarse metido en casa durante meses e incluso durante años)? Después de “rumiarlo” o reflexionarlo críticamente durante algunos días, me respondo: ¡No! El problema, como en todo, no está en la respuesta sino en la pregunta. 

En este caso, el problema es creerse o interiorizar las mentirosas y perversas etiquetas de la psiquiatría y la psicología (policías-mercaderes de la psique humana) para mantenernos engañadxs y controladxs sin saberlo que lo estamos o, peor aún, sabiéndolo o sintiéndolo pero sin hacer ni decir nada al respecto. Por mi parte, no es nada fácil luchar interna y externamente contra esto, pero lo hago para mantenerme con lucidez, con dignidad y, sobre todo, con vida. Y no soy el único ni estoy solo: 3 de cada 10 000 personas en todo el mundo padecen de “Asperger”, y cientos de miles hoy padecen de “Hikikomori” no sólo en Japón sino en todo el mundo también. 

Entonces, ni “Asperger” ni “Hikikomori”: la atomización o el aislamiento social entre los individuos es una de las bases y lógicas de funcionamiento estructural de esta sociedad del trabajo y el dinero cuya absurda razón de ser es producir por producir y acumular por acumular cosas-mercancías mediante la explotación de la fuerza de trabajo colectiva y no satisfacer las necesidades humanas reales, las cuales no sólo son las llamadas “necesidades básicas” sino también las necesidades de asociación, apoyo mutuo, comunicación y afecto; en suma, la necesidad de comunidad humana, pues el ser humano es un ser social y emocional más que un “animal racional” y un “homo economicus”. En pocas palabras, sin atomización social no funcionaría la sociedad capitalista. 

Esta sociedad nos separa de nosotrxs mismxs (el famoso “divide y vencerás”) y de nuestros medios de vida para luego re-unirnos mediante el Mercado y el Estado, poniéndonos a competir para sobrevivir; así como también, mediante un sinnúmero de falsas comunidades de carácter identitario e ideológico (nación, raza, género, edad, subcultura, partido o grupúsculo político, religión, familia, gremio profesional, equipo de fútbol, barra brava, pandilla, grupo de amigxs, comunidades virtuales, “redes sociales”, etc.) que no son más que tentáculos de la gran comunidad ficticia del Capital, el cual no admite otra comunidad que no sea la del dinero, ese fetiche-dios inhumano que aliena, separa, desvaloriza y mata a la mayoría de la humanidad. El capitalismo es la organización sistemática del aislamiento, la privatización de la vida, la competencia y la deshumanización. 

De ahí el extrañamiento (sentir como algo extraño) o la enajenación (sentir como algo ajeno) de y entre los individuos, la individualización extrema, la “fobia social”, el “aislamiento social agudo” y hasta la “discapacidad psicosocial” o la incapacidad para relacionarnos con lxs otrxs de manera natural, transparente, fluida, sana y duradera en esta sociedad tan deshumanizada o cosificada, más aún en estos tiempos tan veloces, “líquidos” y violentos de capitalismo informático-financiero-postmoderno. De ahí también el estrés, la ansiedad, la frustración, la angustia y la depresión, hoy en día tan generalizadas y catastróficas a nivel mundial, puesto que mutan en miles de otras “enfermedades mentales” y, sobre todo, en miles de suicidios y asesinatos. 

El punto es que todxs estamos enfermxs o sufrimos de Capitalismo, en millones de formas individuales. El Capitalismo nos enferma y nos mata a todxs. En las personas dizque “anormales”, esta enfermedad, alienación o aberración humana general es más profunda y al mismo tiempo más pronunciada que en otras personas, pero todxs la padecemos. Nadie, absolutamente nadie se salva, ni siquiera las personas dizque “normales”, muchas de las cuales en realidad ocultan su “enfermedad mental” o sufrimiento psíquico así como también su pobreza por el miedo al “qué dirán” o porque es un tema tabú (por cierto, vivir, leer y pensar críticamente ayuda a deshacerse de la ignorancia, la vergüenza y la hipocresía al respecto, por ejemplo dejar de usar “enfermo mental” como insulto). Es más, el problema es precisamente la normalidad capitalista: sí, nada es más enfermo y asesino que la normalidad. 

En todo caso, la mayoría de la sociedad, el proletariado, sufrimos de malestar económico y emocional a diario y en todas partes. Lxs proletarixs “vivimos” en malestar. Pero también necesitamos y deseamos vivir de verdad, humanamente, por el simple hecho de que somos seres humanos y no estamos tan muertos en vida; por el simple hecho de que todavía corre sangre, dignidad, solidaridad y libertad por nuestras venas. 

He ahí una de las causas “extraeconómicas” de las actuales revueltas sociales en todo el mundo. Sin embargo, entre otras cosas, aún falta observar, sacar a flote y prenderle fuego al aspecto psicológico de estas revueltas, como si de un iceberg se tratase. 

Porque la “enfermedad mental” no es un problema “personal” ni “neurobiológico” que se “soluciona” con esas drogas socialmente aceptadas y embrutecedoras llamadas psicofármacos (ni con ninguna otra droga), las cuales enriquecen y empoderan a las mafias farmacéuticas transnacionales que, a su vez, financian a la psiquiatría. Es un problema social y de clase (por eso hago público este texto supuestamente “personal”) y, por lo tanto, social y de clase será su solución: se llama revolución, sí, revolución. Y no se trata sólo de hacer sino de ser la revolución, porque “la manera de hacer es ser”. 

La actual revuelta proletaria internacional contra el capitalismo mundial es un embrión y un jalón hacia delante de la revolución social o, al menos, de su necesidad y su posibilidad. Claro que todavía falta mucho para la revolución, pero por algo se empieza. Teniendo claro que la praxis revolucionaria es la coincidencia de la transformación “externa” de las condiciones objetivas con la transformación “interna” de los sujetos, incluidos los "raros" o los "anormales". Y que la mejor "terapia" es la revuelta, y el mayor placer la revolución. 

Por lo tanto, reconocer y “trabajar” la propia “enfermedad mental” es el primer paso para erradicarla y superarla, tanto individual como colectivamente, sobre todo colectivamente, porque los millones de enfermedades individuales que hoy existen en el fondo son una sola enfermedad secular de la especie humana llamada capitalismo (y más específicamente, llamada fetichismo de la mercancía, dictadura social del valor valorizándose, tiranía del dios dinero); porque nosotrxs formamos parte de este sistema, lo reproducimos y hacemos que siga funcionando; y porque, dialécticamente, con la misma energía vital que lo reproducimos también podemos combatirlo, destruirlo y superarlo. 

Psicosocialmente hablando, la honestidad, la valentía, la crítica radical, la disidencia, el antagonismo y, sobre todo, la empatía, la solidaridad, el apoyo mutuo, el afecto y la lucha en común por cambiar la vida en todos sus aspectos, por suprimir y superar nuestra condición de clase explotada-oprimida-enferma, son la clave para ello. Lo psicológico es político. La lucha psicológica y antipsiquiátrica es parte de la lucha de clases para abolir la sociedad de clases y fetiches. La autoliberación psicológica es parte de la autoliberación integral o de la revolución social, pues la revolución será la revolución de la vida en todos sus aspectos o no será. 

¡Basta de sobrevivir con tanto malestar y de no hacer ni decir nada al respecto! ¡Asumamos, compartamos y politicemos el malestar interno! ¡Devolvamos el golpe: hagamos de la enfermedad un arma contra este sistema capitalista que nos mata de hambre, cáncer, depresión, aislamiento y bala todos los días en todas partes! ¡Luchemos, sanemos y liberémonos juntos! ¡Vamos hacia la vida! 

Locura Proletaria 
Quito, febrero 2020

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* El eugeNAZI Hans Asperger (los significantes exterminadores iatroracistas - p.ej. (eugeNAZI-)Asperger - están rotos patoprácticamente una vez para siempre en auto-estigmatización]: como director del departamento de pedagogía terapéutica de la clínica universitaria de Viena, mandó en los años 40 masivamente a niños a la institución Spiegelgrund en Viena para ser matados allí por ser “no aptos para ser educados” y por ser “incapaces de adaptarse a e integrarse en la comunidad popular”, según su diagnóstico médico “psicopatía autista”. Este hecho no impidió que en los años 90 la así llamada “comunidad médica-científica” le concediera a ese eugeNAZI póstumamente el honor de darle su nombre al diagnóstico eugeNAZIsta del “comportamiento autista” de niños (véase también imperialismo cerebral en: www.SPKPFH.de/iatroimperialismo.html). Fuente: SPK: http://www.spkpfh.de/Kurzmeldungen2.htm#catastrofe_climatica

domingo, 9 de febrero de 2020

TODOS ESTAMOS ENFERMOS DE CAPITALISMO. ¡ASUMÁMOSLO PARA ABOLIRLO Y SUPERARLO REALMENTE!



Todos, absolutamente todos estamos enfermos, muy enfermos de este sistema de mierda llamado capitalismo. Nadie se salva.

La normalidad y la salud capitalistas en realidad son enfermedad o alienación humana (desde el fetichismo de la mercancía y el trabajo asalariado hasta la ideología y la ciencia), aparte de ser una imposición y un negocio de la clase explotadora y dominante, esa mafia empresarial-estatal de acumuladores y psicópatas que sólo merece ser eliminada de la faz de la Tierra.

Los proletarios y los anticapitalistas (marxistas, anarquistas, feministas, antifascistas, anticolonialistas, antiespecistas, etc.) también estamos enfermos de capitalismo e incluso más que el resto de la sociedad burguesa, porque queremos luchar contra ella para derrocarla, pero en cambio esta siempre nos derrota en el intento, y eso nos produce más sufrimiento psíquico aparte del que ya nos produce la esclavitud asalariada, el desempleo, la pobreza y toda forma de opresión bajo la tiranía del dios dinero. Y, sobre todo, porque reproducimos el capitalismo en nuestras prácticas y relaciones cotidianas, en este caso dentro de los espacios políticos supuestamente anticapitalistas (atomización social, prácticas mercantiles "autogestionadas", individualismos y autoritarismos, competencias o pugnas de poder y de egos, poses o apariencias, prejuicios ideológicos y morales, paranoias, intrigas y calumnias, falsas acusaciones y agresiones, traiciones e hipocresías, falta de comunidad real, etc.). Creyendo que no lo hacemos o encubriéndolo ideológicamente con múltiples ismos izquierdistas y hasta con declaraciones de intenciones de "comunidades de lucha" inexistentes o ficticias. Queriendo incluso llenar vacíos de todo tipo con ello en vano, porque nuestros espacios-guetos activistas y "militantes" actuales no dejan de ser cascarones vacíos que, sobre todo en momentos de post-revuelta o de vuelta a la normalidad, los llenamos con mierda capitalista y los tapamos con membretes "anticapitalistas".

Por eso mismo es que no logramos identificar el problema de raíz y continuamos con esta existencia humanamente miserable como perros que se muerden su propia cola, pero "desde abajo y a la izquierda".

O talvez ya lo sabemos o al menos lo sentimos, pero nos aterra admitirlo para atacar el problema de raíz: que todos estamos enfermos de capitalismo. Que el sistema no es algo externo a nosotros, sino que nosotros también somos el sistema. Que esta gran enfermedad social se manifiesta mental y físicamente de millones de formas individuales o, mejor dicho, que absolutamente nadie se salva no sólo de las enfermedades físicas sino también de las llamadas "enfermedades mentales", por más que lo niegue o lo oculte. Que mientras no reconozcamos ni enfrentemos individualmente (con autoconocimiento y autocuidado) y sobre todo colectivamente (con empatía, apoyo mutuo y afecto) nuestra propia enfermedad a fin de erradicarla y superarla; mientras no nos esforcemos por construir y vivir relaciones humanas y formas de ser/estar lo más saludables, transparentes, horizontales, autónomas, liberadoras, comunitarias, cotidianas y coherentes que sea posible, al mismo tiempo que por revolucionar de manera total y radical las condiciones materiales e históricas impuestas, no como "vanguardia" ni "ombligo del mundo" sino como unos nadies más que lo queremos todo; en fin, que mientras no nos cuestionemos y transformemos a fondo (lo cual ciertamente duele, como todo parto), seguiremos reproduciendo bajo una apariencia "anticapitalista" este sistema capitalista de mierda, en lugar de combatirlo realmente para destruirlo y superarlo realmente. Seguiremos fingiendo o aparentando ser "normales", "sanos" y "radicales", y juzgando a los otros de manera moralista y falsa. Seguiremos entrampados en el autoengaño, la hipocresía y la autodestrucción izquierdistas ad infinitum y ad náuseam hasta morir. Duela a quien le duela, porque la verdad y la libertad duelen. Empezando por la autocrítica y la autoliberación en todos los aspectos de la vida.

Lo cual tarde o temprano será una cuestión de vida o muerte, porque la actual catástrofe capitalista generalizada está devastando el planeta y amenaza incluso con extinguir la especie humana. Por el contrario, la actual revuelta proletaria internacional es la respuesta a esta catástrofe y abre la posibilidad histórica de revolución social. Así como también las formas cotidianas y anónimas de resistencia y solidaridad entre los oprimidos. Pero todavía falta mucho para la revolución, en todo sentido. Precisamente porque los explotados y oprimidos, que somos la mayoría de la sociedad, aún no asumimos a carta cabal que estamos muy enfermos de capitalismo, que somos el sistema, con el fin de destruirlo y superarlo de una vez por todas, y por lo tanto con el fin de destruir y superar nuestra propia condición de clase explotada-oprimida-enferma, antes de que nos mate(mos) de hambre, cáncer, depresión, aislamiento o bala.

En pocas palabras, entonces: asumir, compartir y politizar el malestar interno. Hacer de la enfermedad (la alienación) un arma para abolir la enfermedad (la alienación). Luchar, sanar y liberarnos juntos. Revolución en la revolución o extinción.

Locura Proletaria
Quito, febrero 2020

lunes, 18 de noviembre de 2019

[Chile] Esto no para: ¡ya no volveremos a su normalidad!


ESTO NO PARA: ¡YA NO VOLVEREMOS A SU NORMALIDAD!

“En el viento que siembra la tormenta,
cosecharemos días de fiesta”
Canción “La vida pasa”, de Raoul Vaneigem

Después de la enorme marcha del día viernes 25 de octubre en la ciudad de Santiago, todos los medios de comunicación al unísono, junto al gobierno, hicieron un llamado a volver a la “normalidad”, pretendiendo así desmovilizar y opacar más de una semana de duros combates en las calles que se han saldado con una feroz represión nunca antes vista en “democracia” –que es solo una de las formas que adopta en determinados contextos el despotismo del capital-. Las y los hijos de la burguesía, bajan del barrio alto a “limpiar el centro de la ciudad” de los incontables grafitis y rayados con consignas que se han vuelto parte del paisaje habitual, se suspende el toque de queda, se destituye al gabinete de ministros y se anuncia por todas partes el avance hacia la concreción de un “pacto social” que, supuestamente, pondrá punto final de una vez por todas a esta crisis. Pero para las y los proletarios que hemos estado participando de la revuelta la vida nunca volverá a ser igual: hemos cambiado para siempre y llegado a un punto de no retorno.

Ya no podemos soportar más esta miserable realidad. Su “normalidad”, a la que nos quieren arrastrar, es la esclavitud del trabajo asalariado que nos roba nuestro valioso tiempo, no poder llegar a fin de mes, las enfermedades mentales que nos provoca esta locura de mundo capitalista, la paz de los cementerios, la amnesia histórica, la inexistencia de un conflicto entre clases sociales, el adoctrinamiento de la juventud proletaria a la sumisión en las cárceles-escuelas, la destrucción sin remordimientos de nuestro entorno natural, y en definitiva, una civilización y un modo de existencia suicida que nos tiene al borde de la autodestrucción como especie. ¡A la clase capitalista sólo les importa que produzcamos mercancías, las hagamos circular y las vendamos!

Durante estas emotivas jornadas hemos descubierto que es realmente vivir, abriendo un camino para ir desterrando de nuestras cabezas todo lo que nos impusieron. Nos hemos encontrado colectivamente y vislumbrado que todas nuestras necesidades insatisfechas tienen su raíz en esta forma de vida inhumana que precariza todo lo que toca. Aunque parezca difícil de creer, casi no hemos gastado dinero para subsistir durante estos días, la solidaridad y el apoyo mutuo han sido casi una norma por todas partes: en las poblaciones, caceroleos, barricadas, movilizaciones, asambleas, saqueos, etc. Y esto ha sido posible porque muchísimas personas nos hemos reconocido como iguales, como una clase que se opone a otra clase, y que quiere dejar de serlo, y que, además, ha creado espontáneamente un movimiento de asambleas en donde el proletariado se asocia y se dota de una perspectiva de lucha que pretende ser común.

Nosotras y nosotros lo queremos todo y ahora, a contracorriente de quienes quieren domesticar y encauzar la vitalidad que ha demostrado el proletariado de manera democrática en una “Asamblea Constituyente”. La lucha no amaina, a pesar del desgaste, el oportunismo, las balas y los llamados a la “paz social”. Hagamos de mañana un “super lunes” salvaje que los haga temblar.

¡TODO EL PODER A LAS ASAMBLEAS AUTOORGANIZADAS!
¡NO TENEMOS NADA QUE PERDER!
¡VAMOS HACIA LA VIDA!

Un grupo de proletari@s "anormales" en lucha
Santiago, Región chilena en revuelta
27 de octubre del 2019

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Esto también es locura proletaria jajajajajaja: 

domingo, 17 de noviembre de 2019

LP antes, durante y después del Paro Nacional en Ecuador

Antes del Paro (1-2 de octubre del 2019):

Syd Barrett pasó silbando hoy frente a mi espejo y se fue 


te acuestas con el sol y los pájaros 
te levantas con la luna y los carros 
comes avena con agua caliente 
como para engañar al estómago y a la tristeza 
conoces bien su sabor y su aroma 
es el de la pobreza 
el de cuando no hay nada más que comer 
ni con quién 
porque no encuentras trabajo 
y no puedes vivir sólo del amor 
y menos de la poesía 
caminas en círculos 
no lavas los platos 
y sigues caminando 
prendes un incienso de pachuli 
para recordar a tu madre muerta 
acaricias su foto 
prendes un cigarrillo y quisieras que no se apague 
pero se apaga 
apenas te asomas a la ventana 
y apenas ojeas tus libros 
vas al baño 
meas como si estuvieses llorando urea 
casi por inercia 
y escuchas un remoto silbido 
te lavas las manos y la cara 
te desnudas de tus harapos 
como si estuvieses desvistiendo un polylepis 
te miras al espejo 
estás más delgado que de costumbre 
y con la barba más descuidada 
pareces náufrago o damnificado de esta sociedad 
te miras de nuevo 
y el espejo te pregunta por tu mirada 
después del asombro y el suspenso 
en cuestión de segundos la reconoces 
se parece a la mirada de Syd Barret 
oh no 
un silbido desde la sombra 
tu pupila se abre como un portal 
tu recuerdo es una máquina del tiempo 
sigue brillando loco diamante 
sigue brillando 
oh sí 
un silbido desde la luz 
a pesar del imperio de la ausencia 
del régimen del aislamiento 
del aguijón del sinsentido 
y de la amargura de sentirse marciano 
o saturnino en este mundo 
no botes la toalla 
ni te vuelvas a perder 
en aquellos bosques lejanos y oscuros 
vamos pantera vamos 
que la comunidad humana 
fraguada en la lucha por cambiar la vida 
el amor interestelar de hoy y mañana 
y las calles sí las calles 
te llaman 
sigue brillando loco diamante 
sigue brillando

***

Durante el Paro (3-13 de octubre de 2019):

Panfleto de un@s proletari@s cabread@s de la región ecuatoriana por la revolución comunista anárquica mundial, desde "donde las papas queman"

Estamos luchando en las calles junto a las masas proletarias de la ciudad y del campo. No hay tiempo ni copiadoras disponibles para sacar y repartir este panfleto en papel. Es más agradable y provechoso vivir la experiencia de la rebelión que escribir acerca de ella.

Hicimos huir al presidente-títere de los empresarios y banqueros ladrones del Palacio de Carondelet y nos tomamos la Asamblea Nacional, mediante acciones directas masivas y redes de solidaridad de clase, a pesar del terrorismo de su Estado (estado de excepción, brutal represión policial y militar, cientos de detenidos, decenas de heridos, varios muertos, toque de queda).

No sabemos cuándo ni cómo va a concluir la situación actual. Pero sí sabemos que la lucha social continúa y debe continuar, teniendo claro y firme las siguientes reivindicaciones mínimas e innegociables: 

* Derogar todo el paquetazo económico, no sólo el alza de pasajes.
* Derogar el estado de excepción y el toque de queda.
* Derrocar todos "los poderes" del gobierno de Moreno, sus jefes y sus secuaces. 
* No negociar ni ceder con el Estado de los ricos y poderosos que nos matan de hambre y a bala. No dejarse robar por la burguesía y los políticos oportunistas de derecha ni de izquierda el poder que hemos ganado en las calles estos días. No exigir nuevas elecciones y nuevo gobierno. Ya basta del mismo libreto político de mierda de siempre. Autogobierno de las masas. 
* Mantener las Asambleas en todas partes para autoorganizar la movilización, la solidaridad, el abastecimiento, la salud y la autodefensa de nuestra gente. 
* Exigir la devolución de todo el dinero robado por empresarios, banqueros y políticos, para poder mejorar las condiciones de vida de la clase trabajadora del campo y la ciudad. 
* Expulsar a la Minería y al FMI. 
* Liberar a los compañeros detenidos. 
* Romper el cerco mediático y denunciar el terrorismo económico y policial del Estado. 
* Llamar a la solidaridad de clase internacional concreta en todo el mundo. 

Proletari@s en lucha de este país: 

Ganemos o perdamos, hemos despertado del letargo histórico, respondido a los ataques de todo tipo de la clase dominante, hecho cosas que no se han hecho en muchos años, y estamos aprendiendo en la práctica varias lecciones importantes durante estos días de intensa lucha de clases. 

Ganemos o perdamos, mantengamos encendida la llama de la lucha proletaria para poder construir y sostener a mediano y largo plazo una fuerza social autónoma con la capacidad y la claridad necesarias y suficientes para tomar el poder no del Estado burgués, al cual hay que destruirlo de raíz, sino sobre nuestras vidas. Para hacer la revolución social hasta el fin, es decir la abolición y la superación positiva de la propiedad privada, la mercancía, el trabajo asalariado, el dinero, la sociedad de clases, el Estado, la patria y toda forma de opresión entre los seres humanos y sobre la naturaleza. 

¡No se trata de sobrevivir menos mal, sino de vivir de verdad! 
¡No se trata de cambiar de amo, sino de dejar de tenerlo! 
¡Viva el Paro Nacional y la Huelga General! 
¡Guerra de Clases e Insurrección! 
¡Comunas Libres en todo el país! 
¡Por la Transformación y la Comunización de Todo lo existente! 
¡Vamos hacia la Vida!

Kito, 9 de octubre del 2019: 7mo día del Paro Nacional y 1er día de Huelga General

Ver más información al respecto en Proletarios Revolucionarios

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Después del Paro (16 de octubre del 2019):

Nada peor que volver a la normalidad de precariedad y angustia: tener que disfrazarme y salir a una entrevista de trabajo para un empleo precario con el cual poder sobrevivir y pagar deudas (empiezo desde mañana), contar y "administrar" las pocas monedas que tengo en el bolsillo, comer algo por ahí, caminar solo por la calle mientras fumo un cigarrillo, chatear y hablar con una que otra persona, regresar en bus a la casa a hacer labores domésticas y una chaucha pendiente por entregar, comprar unos poquitos víveres en la tienda, fumar otro cigarrillo, escuchar un blues que también pudiera ser un yaraví... Pero no estoy solo y las cosas ya no son iguales para nadie aquí después de los 11 días que duró el Paro Nacional, en especial para quienes vivimos en carne propia la solidaridad y la combatividad de nuestra clase proletaria contra el Capital y el Estado durante esos inolvidables días, a pesar de las debilidades, contradicciones y errores cometidos y de la victoria con sabor a derrota. Como bien dicen unos compañeros de otra región del mundo: «En cualquier caso, es indudable que el movimiento de [los "zánganos" de Ecuador] hace parte de un proceso de despertar de nuestra clase a nivel internacional, tras la derrota de la oleada de luchas de los años 70. Ante la perspectiva factible de que este movimiento se apague tarde o temprano, si no se produce una recuperación burguesa a la altura de la intensidad que ha vivido y luchado, dejará tras de sí nuevos lazos de solidaridad, quizá algunas estructuras, experiencias de lucha de las que extraer lecciones, un nuevo número de personas que, tras su radicalización en el movimiento, se sumarán a la actividad de las minorías revolucionarias pese a la vuelta a la normalidad. Nuestra clase aprende. Construye su propia memoria. Se despierta.» La lucha por la verdadera vida sigue. Resistencia y revolución hasta el fin.

martes, 29 de octubre de 2019

Cartas del SPK a LP. ¡Enfermedades de todos los países, uníos!

Recibo y publico:

Hola compañeros de Locura Proletaria,

Hace poco nos hemos enterado por SPK/PF EMF Colombia de la existencia de su blog lo cual fue una grata sorpresa.

En lo siguiente solamente algunas pequeñas indicaciones respecto de los artículos sobre el SPK/PF(H) en su blog [ver Hacer de la enfermedad un arma (1)]:

Nuestro libro SPK – Hacer de la enfermedad un arma sí está disponible en nuestra página en internet: http://spkpfh.de/SPK_Hacer_de_la_enfermedad_un_arma_Indice.htm

Por lo demás pensamos que su link a Wikipedia confunde más a los lectores del blog que informarles. Cada palabra de esa gente sobre el SPK es venenosa y hostil a la enfermedad que todos tenemos en común. Hace casi 20 o 15 años tuvimos con aquella gente, especialmente con los wikipulpos alemanes una larga lucha, también a nivel jurídico con denuncias penales contra ellos, que está documentada también en nuestra página en internet en alemán, pero hay también algunos textos en castellano sobre ello: véase en nuestro índice en castellano: http://www.spkpfh.de/index_spain.html bajo el título de Lucha electrónica de clases. 

Una posibilidad, en lugar de un link a aquellos wikipulpos, sería un link p.ej. a http://www.spkpfh.de/Lista_Fechas.html. Pero esto solamente como pequeña indicación, como ya dicho.

Les mandamos muchas fuerzas por la enfermedad!

KRRIM – PF-Editorial para Enfermedad
Heidelberg-Alemania, 9 de agosto de 2019


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Compañeros de Locura Proletaria,

El SPK tiene el completo concepto de la enfermedad: La enfermedad como fuerza productiva revolucionaria, la enfermedad como arma revolucionaria del cambio y del conocimiento.

Hemos ido tan rápida y bruscamente al grano porque nos parece más productivo el atenernos a lo objetivo y no a interpretaciones u opiniones que siempre son algo muy subjetivo y volátil y en su gran mayoría no fundamentadas en lo objetivo, en la realidad y los hechos, sino más bien fundadas en la propia comodidad. Es decir: En lugar de “marxiano y reichiano”, diríamos nosotros que el SPK ha refundido a Marx y a Reich en el concepto de la enfermedad y con ello en el proceso universal de la enfermedad: http://www.spkpfh.de/El_concepto_completo_de_enfermedad.htm

También ya en SPK – Hacer de la enfermedad un arma encontrarán ustedes algunas indicaciones al respecto, por ejemplo que hemos reducido los términos psicoanalíticos de Reich a conceptos materialista-dialécticos.

Exactamente el no ser suficientemente “marxiano y reichiano” fue y todavía es la principal objeción por parte de los así llamados izquierdistas y autodenominados marxianos en sus continuos intentos, es decir intentos fracasados –fracasados exclusivamente a causa del SPK- de excluir a los pacientes y la enfermedad del proceso revolucionario. Con sus abstracciones trilladas aquellos marxianos imposibilitan comprender también su “propia” enfermedad que, unida en un colectivo de pacientes con otras enfermedades singulares, es sustancia y sujeto de la revolución.

Ustedes nos han preguntado por nuestra opinión y como pueden ver: no nos entusiasman las opiniones y todavía menos cuando éstas se dan como hechos y/o se toman por hechos. Más bien insistimos en objetivar esas así llamadas opiniones remitiéndonos, en este caso, a nuestros textos publicados y sobre todo a nuestras patoprácticas.

Ustedes son un blog y para su blog se sirven también del SPK. Y eso tiene su sentido porque su blog es un “blog … exploratorio de la propia ‘enfermedad mental’”, como escriben ustedes mismos en su perfil, y para esta exploración pueden servirles los textos del SPK. Y nosotros tomamos sus preguntas por nuestra opinión como oportunidad para evitar y aclarar algunos malentendidos que pueden llevar a falsas conclusiones.

Por ejemplo su link a la banda post-industrial australiana de música S.P.K. El SPK original no tenía y no tiene absolutamente nada que ver con esa banda de música ni con sus lemas:

- todo al contrario de las opiniones publicadas y una y otra vez repetidas y copiadas de otros copiadores. No obstante este hecho no nos ha impedido publicar en el año 1995 un libro (en inglés): http://www.spkpfh.de/SPK_Krankheit_im_Recht.html con artículos de esa misma banda de música y con un largo texto sobre el SPK original, - todo eso accediendo a una petición de un interesado de los EE.UU.

Y para terminar, aquí algunas notas breves a propósito de “meta-lenguaje”. A esto se podría también volver la hoja, o más bien para gourmets, la tortilla. Si lo nuestro les parece “meta-lenguaje”, entonces lo que se llama marxismo, ¿no es meta-lenguaje? Desde hace más de 150 años se escriben miles y miles de libros acerca de lo que es marxismo, etc., unos más trillados que otros, y todavía hoy día ni siquiera saben deletrear los autodenominados marxianos el primer capítulo de El Capital. ¿”Meta-lenguaje”? Por no hablar de la jerga gangsteril de la clase médica. Todo lo que sabe la gente acerca de la enfermedad – con la cual cada uno está tan estrechamente unido como con ninguna otra “cosa” - proviene de los médicos que no sólo la rechazan, sino que la combaten con todos los medios. Se puede caracterizar este hecho y esta contradicción por lo menos como alienación, como alienación al nivel de la especie (véase el primer y tercer momento del concepto de la enfermedad).

En vez de entregar la enfermedad a los médicos que no solamente la combaten y matan, sino que la convierten en la especie sustitutiva dinero, - los pacientes de frente toman su “propia” enfermedad en sus propias manos lo cual solamente es posible de forma colectiva, y en contra de la clase médica, en colectivos de la enfermedad, en colectivos de pacientes, colectivos libres de médicos.

Tal vez quisieron ustedes decir con “meta-lenguaje” que nuestros textos –que siempre son la expresión de cómo nos las hemos arreglado con toda la mierda iatrocapitalista- son difíciles o/y complejos. Sí, tan complejos y difíciles como la enfermedad misma, la enfermedad como arma revolucionaria, la enfermedad como especie. Los pacientes de frente abordan todo, todas las cosas y asuntos, todos los fenómenos, todo pensamiento, todo sentimiento o sensación, toda volición como síntomas de la enfermedad a la que los médicos amputan de su cumplimiento, de su plenitud revolucionarios; y nos preguntamos en ello si síntoma de la efectividad activa y revolucionaria de la enfermedad o de la efectividad pasiva y reaccionaria de la enfermedad: http://www.spkpfh.de/Oraculo_manual.htm

Y éramos y seguimos siendo los primeros, y Huber el primerísimo, que abordamos todo y a todos/todas desde el punto de vista de la enfermedad. Y Huber, el principiante de todos los principiantes, nunca tenía la suerte o mala suerte, según se mire, de poder recurrir a ni siquiera una sola línea SPK.

Esto solamente como un apunte breve sobre el tema “meta-lenguaje”, tema que está enfocado mucho mejor y desde muchas otras perspectivas en nuestra biblioteca internacional de la especificada aplicación de la enfermedad en http://www.spkpfh.de/

Sobre el tema de los médicos, de la clase médica y la medicina encontrarán lo más fundamental en http://www.spkpfh.de/La_iatrocracia_a_escala_mundial.htm y en

Su blog habla del SPK siempre en tiempo pasado, pero el SPK sigue existiendo desde 1970 hasta hoy día como SPK/PF(H) más los EMFs en diferentes países. Esto solamente de paso, pero por eso no menos importante.

Para terminar, algunas indicaciones acerca de la así llamada “salud” a la cual se refiere el blog sobre todo en la tercera parte sobre el SPK.

En el SPK nadie ha tomado y nadie toma la enfermedad de los demás por la enfermedad de los demás. La enfermedad singular de cada uno se convierte en el colectivo en la enfermedad de todos. Y eso ya cambia mucho, por no decir todo.

Al mismo tiempo el SPK nunca ha pregonado y nunca pregonará mensajes de SaludSalvación. La “salud” es una quimera biologista-nazista en cuyo nombre se cometen genocidios, p.ej. en la Alemania nazi la guerra antes de la segunda guerra mundial, en la cual la clase médica asesinó más de 275.000 pacientes en la así llamada Acción T4, http://www.spkpfh.de/iatrocracia_materiales.htm, véase también: http://www.spkpfh.de/Contra_Salud.htm

Por ejemplo el hecho de que la gente está obligada a presentar un certificado médico de capacidad laboral (= “salud”) después de una baja por enfermedad (también certificada por los médicos), produce confusión, pues se dota, en base a este certificado médico, al ser humano de una naturaleza supuestamente intrínseca llamándola “salud” y que convierte este artificio médico “salud” en un medio de pago obligatorio para poder comprarse el derecho a la sumisión (¡!) a la esclavitud asalariada. En otro contexto hemos hablado de la violencia de valor médica, de la violencia valorativa médica http://www.spkpfh.de/GENOZIDsp.html .

Solamente esto con toda brevedad, porque nos parecía necesario aclararlo.

Como ven ustedes nos hemos centrado sobre todo en sus preguntas.* Sabemos que ustedes y sus paisanos/as están atravesando actualmente una situación difícil debido a los saqueos por parte de los bancos y el capital internacional.

Pero como el cuerpo calor de la enfermedad no conoce ni fronteras ni barreras, estamos con ustedes y les mandamos desde aquí muchas fuerzas de la enfermedad. ¡Enfermedades uníos!

¡Fuertes por la enfermedad!

SPK/PF(H) 
Editorial KRRIM 
Heidelberg-Alemania, 9 de octubre del 2019 

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* 1. ¿Qué opinan de lo que escribí en esta publicación sobre el SPK: "Hacer de la enfermedad un arma (2)": https://lokuraproletaria.blogspot.com/2017/10/hacer-de-la-enfermedad-un-arma-2.html

2. ¿Y de esta otra publicación: "SPK: historia, teoría y práctica. Un ejemplo para el presente": https://lokuraproletaria.blogspot.com/2019/05/spk-historia-teoria-y-practica-un.html?